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El Arte de Escuchar

Pláticas en el Campamento de Ommen, Holanda

Novena plática, 10 de agosto de 1933

Como ha habido tanta confusión acerca de lo que he estado hablando, voy a tratar de explicarlo expresándolo de una manera diferente, y espero poder simplificarlo más.

Tenemos una idea formada de que la plenitud, la totalidad, puede ser comprendida o realizada por medio de una parte. Cada uno de ustedes viene con su problema particular, en procura de una solución para ese problema particular, al cual trata de aplicar poco a poco lo que he estado diciendo. Esperan comprender esa totalidad, esa plenitud, por medio de una parte, de un problema individual. Ahora bien, el concepto de una serie de ideas formando una enseñanza, o de llegar a lo total por intermedio de cada una de esas ideas aisladas, es para mí completamente falso. En primer lugar, ustedes dicen que les imparto cierta enseñanza, y después toman una idea aislada de lo total y tratan de aplicar esa sola idea al problema individual que tienen. De ese modo, esperan llegar a la plenitud de lo total por intermedio de lo particular.

Entonces vienen aquí con la mentalidad de que, cualquier cosa que los inquieta, desean tenerla resuelta y esperan que, por intermedio de una enseñanza particular que yo les imparto, encontrarán una solución utilizando una de las ideas de esa enseñanza como un medio para resolver el problema de ustedes. O sea, que acumulando gradualmente una serie de problemas y comprendiéndolos, confían en llegar a la plenitud de lo total, esa inmensidad de la vida. Por lo tanto, se dicen: “Gracias a la comprensión y acumulación de muchos hechos particulares, llegaré a ser lo total”.

Con todas estas acumulaciones, con todos estos métodos, procuran comprender lo que digo. Cada uno tiene un problema diferente y viene a escucharme con la esperanza de que, aplicando a su problema particular una idea extraída de lo que digo, llegará a la plenitud, a la totalidad. Casi todos estamos paralizados por esa idea de que alcanzaremos lo total por medio de la parte.

Entonces vienen con esa idea y dicen: “Por favor, ayúdeme a comprender mi problema particular”. Con esa idea de tratar de resolver un problema, no consideran lo que he estado diciendo, porque lo que quiero mostrarles es que en la comprensión de una experiencia, se realiza lo total. En la comprensión de la causa de un problema, comprenderán lo total si abordan el problema inteligentemente. Tal como ocurre ahora, hacemos un esfuerzo - como un pez atrapado en una red - para escapar de ese problema o para buscarle una solución, para librarnos de él. Nos decimos: “Si sólo pudiera desembarazarme de los muchos obstáculos, podría realizar lo total”. Por lo tanto, hacen un esfuerzo tremendo para desembarazarse de estos obstáculos.

Lo que quiero mostrarles es que, donde existe un esfuerzo para librarnos de algo, creamos otra barrera; mientras que en el movimiento de la acción en el presente, hay una percepción directa de los obstáculos que nos impiden actuar. Ahora decimos: “Debo librarme de los obstáculos, a fin de realizar la totalidad de la vida”. Por consiguiente, hacemos un esfuerzo para librarnos de estos obstáculos. Pero de hecho, en nuestro deseo de conquistar la verdad, lo que hacemos es escapar meramente de los obstáculos, cuando decimos que debemos librarnos de ellos.

Escapamos de nuestros obstáculos a causa de la magnitud que tiene nuestro anhelo por la verdad. Así, al tratar de superar nuestros obstáculos, somos como el pez atrapado en una red; mientras que en el movimiento de la acción, nos daremos cuenta de los obstáculos y así, en esa percepción alerta, estaremos libres de los obstáculos porque habremos comprendido su causa. Ustedes tratan de librarse de los obstáculos porque desean la verdad - poco antes deseaban un salvador, Maestros, el discipulado, el cielo, etc. Ahora, del mismo modo, desean la liberación. Así que dicen: “Debo desembarazarme de los obstáculos”, y hacen un esfuerzo tremendo, desesperado, para librarse de ellos. En tanto que, para comprender la totalidad de la vida, no pueden llegar a ella o realizarla o comprenderla por medio del esfuerzo, porque el esfuerzo es meramente una tentativa de superar algo. Donde hay un intento de superación, hay un escape. Así que no hagan un esfuerzo para librarse de los obstáculos. En el movimiento de la acción ‑ y la acción está siempre en el presente, no en el pasado muerto ‑ en ese movimiento de la acción en el presente, percibirán inteligentemente por qué sus acciones no son completas, qué es lo que les impide completar esa acción en particular. Entonces conocerán la causa.

Pero, me dirán ustedes: “El obstáculo del pasado está plenamente activo, me sujeta; está tan activo que no puedo actuar con libertad en el presente”. ¿Qué es lo que da vida a los obstáculos del pasado? La vitalidad de esos obstáculos es causada por la memoria, consciente o inconsciente, y nosotros actuamos desde esa memoria. Tengo un obstáculo y, consciente o subconscientemente, mi memoria está atada a ese obstáculo y actúo desde esa reacción que llamo memoria. Es simple, si piensan un poco en ello. Actuamos desde la memoria, memoria de una idea, de una imagen mental, de una norma social, etc., y así damos vida a los obstáculos del pasado. Todo el tiempo incrementamos y vitalizamos esos obstáculos. Ahora bien, esta memoria que existe cuando hay una acción incompleta, esta serie de recuerdos, estas capas de la memoria, componen la conciencia de sí mismo, el “yo”, desde el cual tienen lugar todas las acciones. Esta memoria, esta insuficiencia que está siempre grabándose en nuestras mentes y en nuestros corazones, crea el “yo”, es el origen del “yo”.

Para expresarle de una manera diferente, el “yo”, la conciencia de sí mismo, ese “yo” tan activo, no es más que un haz de corrupciones heredadas, de virtudes sociales y sus opuestos, Nuestra acción, pues, que no es sino una reacción, proviene de esta memoria a la cual llamamos el “yo”. Ese “yo” es, entonces, el creador de la ilusión, y lo que hacemos es tratar de librarnos de las ilusiones una por una. Ustedes dicen: “Estoy preso en una ilusión particular y debo librarme de ella”. Y así luchan, hacen un esfuerzo tremendo para librarse de esa ilusión. Pero en el esfuerzo mismo están creando otra ilusión a causa de la propia idea de librarse, de escapar, de superar esa ilusión. Mientras que, a mi entender, cuando comprenden eso, toda la serie de sus problemas deja de existir. Ustedes no pueden abordar esa totalidad a través de una serie de problemas, pero eso es lo que tratamos de hacer, ése es todo nuestro concepto acerca de la acumulación de conocimientos, virtudes, cualidades.

Para comprender lo total, comprensión que disolverá todos los otros conflictos y problemas, es necesario comprender correctamente una experiencia o un problema, porque ello revelará la causa que da origen al problema. Ahora tratamos de resolver la dificultad sin comprender quién o qué creó la dificultad. Tratamos de resolver nuestro problema particular con el mero deseo de librarnos de él, aplicándole una idea particular o sumergiéndolo en una representación mental o intentando olvidarlo mediante la sensación. En ese proceso mismo no hacemos sino crear otro problema, y así seguimos creando un problema tras otro hasta que morimos, haciendo todo el tiempo innumerables esfuerzos para librarnos de esos problemas. Pero para comprender lo total que liberará a la mente de todas estas particularidades, de esta acumulación, tenemos que comprender quién crea las ilusiones, estas ataduras, estos obstáculos. Todas esas cosas son creadas por este haz de recuerdos que llamamos el “yo”, por la memoria, la cual es acción incompleta.

Les digo, pues: No examinen, consciente o subconscientemente, los obstáculos que se encuentran en el pasado, no desentierren desde el pasado muerto, trayéndolos al presente, todos los obstáculos agotados; comiencen más bien a vivir en el presente, y entonces, en esa cualidad vital entrarán en actividad todos nuestros obstáculos sin que tengamos que volver expresamente a ellos. En eso hay júbilo. Mientras que, al regresar a los obstáculos del pasado tratando de comprenderlos desenterrándolos con esfuerzo, no hacemos sino crear otro centro del “yo”; en vez de estar en el pasado, penetra en el presente. El egotismo sigue ahí; por lo tanto, es en sí mismo un obstáculo.

Es como un barco. En su movimiento conoce sus obstáculos. Si está inactivo no puede conocerlos. Ahora ustedes están inactivos y tratan de desenterrar sus obstáculos desde el pasado o tratan de librarse de ellos. Pero eso es puramente una imagen mental, un proceso, un esfuerzo de la mente que, para mí, es destructivo de la acción, del vivir. Mientras que, si en su movimiento, en su acción, cualquiera que sea, están plenamente despiertos tanto mental como emocionalmente, entonces sabrán qué es lo que los está estorbando, y en esa llama de la percepción directa, el impedimento es destruido porque han comprendido la causa.

Espero, pues, que vean que no es mediante la acumulación de ideas, de experiencias, de conocimientos, como pueden llegar a esa plenitud de vida; ni tampoco haciendo un esfuerzo para librarse de los obstáculos, lo cual también es completamente falso. Sólo en la acción misma toman plena conciencia de sus obstáculos, y si actúan de manera completa, con la totalidad de la mente y del corazón, entonces, en esa percepción plena y directa, sabrán qué son los obstáculos y, por ende, cuál es la causa.

Pero entonces me dirán: “Soy incapaz de afrontar la experiencia plenamente. Por lo tanto, penetraré en el subconsciente, lo dragaré y sacaré de allí todos los obstáculos, de modo que pueda afrontar con plenitud el presente”. Pero uno afronta plenamente, completamente, todo aquello en lo que de verdad se interesa. En esa acción, o si ese problema es realmente vital, uno lo encara, de hecho, plenamente. ¿Qué es, entonces, lo que ocurre? Ustedes no encaran las cosas plenamente, porque todo el tiempo están tratando de escapar. No digan que deben librarse del escape, sino tengan conciencia de que están escapando y entonces dejarán de escapar.

Lo que quiero transmitir es muy difícil de poner en palabras. Ustedes no pueden comprender el significado total de la vida, a través de una división, de una parte, y todo nuestro esfuerzo pasa por la parte, por la individualidad, por librarnos de los obstáculos, todo lo cual crea otra particularidad. El esfuerzo existe en tanto hay una parte, y no podemos llegar a lo total por intermedio de una parte.

Ustedes no pueden comprender eso, no pueden realizar la belleza total de esa plenitud a través de una cosa pequeña, si bien una experiencia, abordada correctamente, habrá de entregarles lo total. Si llega a su fin el creador de las ilusiones y, por lo tanto, se terminan las ilusiones mismas, entonces conocerán lo total, pero no pueden destruir lo ilusorio por medio del esfuerzo, porque cuanto más se esfuercen contra ello, mayor será la resistencia. Por favor, comprendan esto, porque para mí es la cuestión vital. Donde realizamos un esfuerzo, no hacemos sino incrementar y acentuar la parte; por ende, no hay comprensión de lo total. Y hacemos un esfuerzo porque todo el tiempo deseamos ganar, acumular, librarnos de cosas, mientras que en esa llama de la percepción que surge cuando un problema es realmente agudo, cuando están de verdad interesados, con toda la mente y todo el corazón, en esa llama conocerán al creador de la ilusión, al “yo” con todos sus obstáculos, cualidades, virtudes, limitaciones. Tan pronto conocen al creador de la ilusión, hay una terminación de la causa que da origen a las ilusiones.

Pregunta: He pensado mucho acerca de la liberación y ansiaba alcanzarla. Ahora tengo una nueva idea. Tal vez sea la vida la que requiere ser liberada de mí. Tal vez la vida podría fluir a su propia y bella manera si yo, con todos mis obstáculos e impedimentos, no me interpusiera en su camino. Si este pensamiento es verdadero, ¿cómo he de eliminarme y desaparecer para que la vida pueda actuar totalmente a su propio modo?

Krishnamurti: En primer lugar, ese conocimiento que usted ha acumulado buscando la liberación, debe desaparecer totalmente, porque lo ha acumulado con la idea de ganar algo, con la idea de que debería liberarse, de que existe la liberación y de que, por lo tanto, uno tiene que buscarla. Todo conocimiento debe desaparecer para que se comprenda aquello que es total; ese conocimiento usted lo ha acumulado a causa de este anhelo de liberación y, por consiguiente, no es un verdadero conocimiento. Eso es lo primero y lo más difícil de comprender.

¿Cómo sabe que la liberación existe, para anhelarla? Usted dice: “Lo sé porque he tenido una vislumbre momentánea de ella”. Entonces pregunta: “Esas vislumbres, ¿son verdaderas o falsas?” Ése es el segundo punto. Entonces le digo: ¿Por qué pregunta si son verdaderas o falsas? Porque quiere averiguar si ha experimentado esa realidad. Mientras que para mí eso no es importante. ¿Qué es lo que le interesa cuando tiene un dolor físico, como un tobillo o un brazo dislocado, o un dolor de estómago o de cabeza o cualquier otro dolor? Cuando no experimenta dolor, no pregunta: “¿Son reales los momentos en que no siento dolor?” Le interesa librarse del dolor. Entonces sabrá por sí mismo si eso que ha experimentado es verdadero o falso, permanente o transitorio. Ahora su interés principal es por la liberación, sólo que ha cambiado la palabra. Tenía el mismo deseo antes: Maestros, salvadores, ceremonias, virtudes. Ahora ha cambiado la palabra y desea igualmente eso, lo desea o bien como un escape o porque está harto de la vida, de todos los incidentes de la vida. Quiere algo más, más sensación. Por lo tanto, sólo puede ser consciente de la lucha, no de la liberación. La lucha, el conflicto, la pena, el sufrimiento, son las únicas cosas que podemos conocer y afirmar; todas las otras cosas son una negación, son imaginación, representaciones mentales que actúan como drogas.

Su búsqueda de la liberación es, en consecuencia, completamente falsa; es un deseo mental, una estimulación; por lo tanto, no puede contener ni una partícula de la verdad. Estando, pues, consciente del sufrimiento, su siguiente pregunta es: “¿Cómo podré librarme de él?” Dice: “No debo buscar la liberación, pero tengo que librarme del sufrimiento”. Para librarse del sufrimiento crea otra idea, y así continúa. Mientras que si está agudamente consciente, alerta respecto de su sufrimiento, conocerá la causa. Si quiere captar algo, deja de escapar de ello. Intelectualmente, ustedes han creado múltiples agujeros a través de los cuales escapan. Yo digo que bloqueen todos esos agujeros mediante la comprensión, y entonces se enfrentarán a sus problemas completamente y descubrirán al que los crea, descubrirán la causa del problema. Y en esa libertad está la realización de la plenitud.

Así que no digan “debo tornarme consciente de los obstáculos”, o “debo librarme de las trabas, de las barreras, y espero realizar de ese modo la verdad”, sino empiecen a vivir, empiecen a moverse, a actuar con percepción plena, es decir, tanto con la mente como con el corazón. Entonces sabrán cuáles son los impedimentos. Toda otra manera es una imagen mental, exige un esfuerzo, crea otra serie de barreras. De este modo, descubrirá usted los verdaderos valores de su acción, no los valores que la sociedad, los prejuicios heredados, sus propios escapes y temores adjudican a esa acción en particular. En el movimiento mismo de la acción, cuando está actuando, si se halla de verdad despierto tanto mental como emocionalmente, en esa acción descubrirá los valores genuinos. Por lo tanto, estará libre de lo falso. Y así, en ese descubrimiento de lo verdadero, se realiza la totalidad.

Pregunta: ¿Querría usted hablar más de la relación que existe entre comprensión y acción? Por ejemplo, en el tratar de estar alerta, encuentro cierto deseo o anhelo, pero aunque he procurado ejercer coacción sobre él, francamente, sigue ahí. ¿Es que no he llegado hasta la raíz del problema? ¿Por qué debería el ‘yo’ dejar de desear al tornarse alerta, consciente de este deseo?”

Krishnamurti: Para mí, acción y comprensión son la misma cosa. La comprensión no es una cosa mental ni es algo que está aparte de su sentir y pensar; es todo uno. Su acción, si es completa, sólo puede originarse en la armonía de mente y corazón, y la comprensión es eso. Uno no puede dividir, pues, la acción de la comprensión.

Usted dice: “En el tratar de estar alerta encuentro cierto deseo o anhelo, pero aunque he procurado ejercer coacción sobre él, francamente, sigue ahí”. Vea, usted continúa tratando de estar alerta - no estoy usando evasivas. Su percepción alerta no es natural; por consiguiente, usted hace un esfuerzo para alcanzar la liberación, tal como hace un esfuerzo para librarse de los impedimentos. Así, cuando dice: “Trato de estar alerta”, eso carece de valor, porque la percepción alerta es armonía de acción en la cual no hay tal dualidad como el control y el controlador, como el actor y la acción. Esa armonía completa en la acción tiene lugar cuando hacemos algo con todo nuestro ser. Ahora usted no lo hace, porque tiene miedo de la sociedad, de sus amigos, de sus vecinos. Tiene miedo; por lo tanto, actúa parcialmente, incompletamente.

Así que cuando hace algo, hágalo completamente. No trate de estar alerta. En ese hacer algo completamente, descubrirá. Y usted actúa así cuando está enamorado, cuando se siente arrebatado por algo inmenso. Pero eso es meramente un estímulo. Cuando ve un cuadro hermoso, una bella pintura, se siente arrebatado: momentáneamente son una sola cosa, su acción es armoniosa, completa. O sea, que una belleza externa ha eliminado completamente de usted esta idea del “yo”, esta cosa particular.

El interlocutor quiere saber si no ha llegado hasta la raíz del problema tratando de percibir qué es lo que causa este anhelo. “¿Es que no he llegado hasta la raíz del problema? ¿Por qué debería el ‘yo’ dejar de desear, al tornarse alerta, consciente de este deseo?” Lo he explicado. Usted sabe, cuando se siente celoso, o bien no está del todo consciente de sus celos, o lo está. Si no se da cuenta de que está celoso, ése es un asunto distinto. Si se da cuenta, comprende intelectualmente la necedad de los celos. Dice: “¡Qué absurdos”, “¡qué infantil!”, “¡qué irreal!” Pero emocionalmente está devorado por los celos, porque quiere poseer, quiere estar seguro y todo eso. No es bueno luchar contra los celos. Usted no debe decir: “Tengo que superarlos, tengo que librarme de ellos” - todas las imágenes mentales que se superponen a esta cosa emocional que experimenta los celos. Mientras que si de verdad descubre, tanto mental como emocionalmente, que está celoso, estará libre de los celos. ¿Sabe?, nos gusta estar celosos porque eso nos produce cierta sensación, y también dolor. Nos deleitamos en los celos y, al mismo tiempo, queremos librarnos de ellos. Si usted quiere librarse de ellos, líbrese totalmente. O sea, cuando los celos se vuelven agudos y son realmente un problema, enfréntese a ellos completamente. Ahora bien, queremos los celos y, al propio tiempo, no los queremos y, en consecuencia, la mente trata de imponer una disciplina, librarse de ellos, sofocarlos, reprimirlos. Por eso digo: Vivan todo el tiempo intensamente; dejen que todo sea una crisis, y si una cosa se encuentra realmente en crisis, ustedes descubrirán al creador de la ilusión, el cual da origen a esa crisis.

Pregunta: Usted habla a menudo del tiempo y de la intemporalidad, pero a mí me parece que el tiempo es una ilusión. Aunque no podamos librarnos de ella, tiene que serlo, porque cada momento es una ilusión. El momento mismo lo es, ha pasado. Es algo así como un cuchillo que divide una cosa en dos partes (pasado y futuro) pero que en sí mismo no existe. Por lo tanto, para mí el tiempo es mentalmente una ilusión.

La vida que usted conoce, ¿incluye el hecho de que usted vive en esa realidad intemporal, de que realmente ve la totalidad del tiempo? Tenga la bondad de explicarlo, ya que todo lo que en el mundo se conecta con el tiempo, a mí me parece tan vano.

Krishnamurti: ¿Por qué lo pregunta? Si el tiempo es una ilusión, es una ilusión. Pero usted va más lejos y explica que el tiempo es una ilusión mentalmente; eso lo sabemos todos. Todos decimos: “El tiempo es una ilusión”. Ésa es una frase.

La intemporalidad es algo que uno tiene que realizar. No es una imagen mental. Por lo tanto, no hablemos de ella. Averigüemos qué es lo que da origen al tiempo en el que la mente está presa. ¿Ve la diferencia? La intemporalidad, o más bien aquello que no tiene principio ni fin, es algo de lo que uno no puede hablar, no más de lo que puede hablar de la verdad o de Dios. Tiene que ser experimentado plenamente. Por lo tanto, sería falso describirlo. No es algo que pueda ser realizado mentalmente. En tanto que podemos descubrir por qué la mente y el corazón están presos en el tiempo. ¿Alcanza a ver la diferencia? Usted me formula la misma pregunta que cuando dice: “Explíqueme qué es la verdad, dígame qué es Dios”. Del mismo modo, dice: “Dígame qué es la intemporalidad”. Le contesto. No puedo decírselo, no es posible hablar de ello, uno no puede ponerlo en palabras. Cualquier cosa que puede explicarse, no es verdadera. Por consiguiente, podemos descubrir cuál es la causa del pasado, presente y futuro. Cuando hayamos comprendido eso, podremos penetrar en un inundo diferente de intemporalidad.

No pregunte, pues: “¿Acaso no existe un mañana? ¿No va usted a hacer arreglos para una plática de mañana? ¿No va a ser puntual para su plática? ¿No necesitamos una guía de horarios para tomar nuestros trenes?” No hablo de esa clase de cosas. Para mí, lo que crea al tiempo es la memoria, y la memoria se origina en la acción incompleta.

¿Qué es, entonces, lo que da origen a la insuficiencia en nuestras mentes? Yo digo que es nuestra acción, la cual no es sino una reacción nacida de esta conciencia del “yo”, que es la que causa la ilusión. Actuamos y nuestra acción no es completa, no es más que una reacción nacida del temor, de corrupciones heredadas, de normas sociales que no hemos comprendido, de buscar una recompensa y eludir el castigo; es una reacción nacida del dolor. Actuamos desde todo esto. Una acción semejante está obliga a crear memorias, porque no comprendemos y no encaramos plenamente cada experiencia, sino que lo hacemos con estas reacciones. Es como la luz del sol atravesando el cristal simple o un cristal coloreado.

Actuamos, pues, con este trasfondo de valores falsos y, en consecuencia, nuestra acción evoca la insuficiencia, y de aquí las numerosas capas de memoria que dividen la vida en pasado, presente y futuro.

¿Cómo actúa usted? Dice que no lo sabe. Es justamente eso. Nadie va a revelárselo. Puede estar actuando desde un prejuicio, desde un temor, desde el deseo de acumular una reserva para el futuro, ya sea de riqueza o de experiencias. Por lo tanto, es inconsciente de su acción. Pero está actuando de esta manera todo el tiempo. Por consiguiente, tiene que tomar conciencia del trasfondo desde el cual actúa. Para tomar conciencia de ese trasfondo, no se dedique a investigar el pasado.

El tiempo existe, pues, a causa de nuestra acción. Para mí, el tiempo es karma, acción limitada. Donde hay memoria, ésta tiene origen en la acción incompleta, y esa memoria es la que crea al tiempo.

No diga, entonces: “¿Debo librarme de la memoria?”, lo cual es, nuevamente, una manera errónea de abordar la cuestión. Lo que importa es la causa, no el efecto. La causa de la memoria es esta acción que se origina en la reacción, en un trasfondo.

No trate de imaginar qué es la intemporalidad o qué es la ausencia de tiempo. Para mí, todas esas cosas carecen de valor intrínseco. Lo que tiene valor perdurable, permanente, es comprender los valores genuinos, y usted no puede comprenderlos con una mente presa en un trasfondo de reacciones o en una reacción preconcebida. Cada vez que sus acciones provengan de ahí, tendrán que ser incompletas. Por lo tanto, siempre existe esa incrustación de la memoria y, en consecuencia, hay más y más limitación de la conciencia del “yo” que da origen al tiempo.

El Arte de Escuchar

Pláticas en el Campamento de Ommen, Holanda

Novena plática, 10 de agosto de 1933

Jiddu Krishnamurti. El Arte de Escuchar. Obras Completas Tomo 1. 1933 - 1934. The Collected Works of J.Krishnamurti Volume 1. 1933 - 1934. The Art of Listening. Jiddu Krishnamurti en español.

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