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El Arte de Escuchar

Pláticas en el Campamento de Ommen, Holanda

Undécima plática, 12 de agosto de 1933

Pregunta: Según usted, la memoria da vitalidad al creador de la ilusión, al ego, a la conciencia del “yo” al manojo de los obstáculos. Por lo tanto, la acción pura jamás puede surgir de esa memoria.

La evocación espontánea de los sucesos del pasado, ¿es un obstáculo, aun cuando no permitamos que nuestras acciones emanen de esa evocación? Si nos libramos de esta memoria, ¿cómo podemos ajustar normalmente nuestras relaciones individuales? ¿No es eso casi imposible en la vida?

Krishnamurti: ¿Han entendido la pregunta? He explicado lo que entiendo por memoria; es decir, una experiencia mal digerida o un suceso que uno no ha afrontado completamente, totalmente, deja un rasguño en la mente, al cual llamamos un recuerdo. Ahora bien, con ese recuerdo tratamos de encarar la vida, y ese recuerdo da vitalidad, porque crea obstáculos. Si tengo el recuerdo de una experiencia, la cual es una experiencia que no he comprendido completamente, ese recuerdo crea un obstáculo ulterior, porque me impide encarar la experiencia en plenitud.

Casi todos tenemos tales recuerdos - muchos de esos recuerdos­ a los que llamamos evocación y con los cuales tratamos de afrontar las experiencias. Naturalmente, cuando encaramos con esa evocación, con el recuerdo, a una persona, un suceso o una experiencia, no los encaramos plenamente; por lo tanto, incrementamos más la carga. Ahora bien, si uno encara a cada persona, cada experiencia, de una manera nueva, con una mente libre, plena, despierta, lo hará con adaptabilidad, no con una fijación mental. La memoria nos ocasiona rigidez, de modo que, cuando tenemos muchos recuerdos, esa rigidez se vuelve tan fuerte que cuando encaramos a una persona o una experiencia, no las comprendemos plenamente. Por lo tanto, ese recuerdo nos estorba; mientras que si uno encara a cada persona o cada experiencia, libre de esa rigidez que es memoria, entonces en eso hay flexibilidad, hay un ajuste, no el ingenio de una mente que trata de ser más que la persona o la experiencia que afronta.

Digamos que alguien me ha engañado hace dos años. Eso ha dejado un recuerdo, y hoy me encuentro nuevamente con esa persona. Me enfrento a él o a ella con ese recuerdo que sigue estando en mi mente; por lo tanto, me las ingenio mucho para que no vuelvan a engañarme. A causa de que soy receloso y no quiero ser engañado, mi mente vigila empleando toda su agudeza y su habilidad. Ahora bien, si no tengo nada que dar o nada que recibir, si no estoy esperando nada de esa persona, jamás puedo ser engañado.

Por favor, estoy yendo a la raíz, no al detalle. Usted puede aplicar el detalle para sí mismo cuando reflexiona al respecto. Si una persona lo engaña y usted se siente lastimado por ese engaño, esa herida es un recuerdo, y ese recuerdo reacciona más tarde cuando vuelve a encontrarse con esa persona. Por lo tanto, su mente se ha vuelto más hábil, más astuta; no más adaptable, no más comprensiva. Sólo se ha vuelto más lista, más sagaz, a fin de no ser atrapada nuevamente en la misma situación, con lo cual pensamos que hemos comprendido. Pensamos que nuestra mente es más ingeniosa y que sabemos cómo evitar que nos engañen la próxima vez, creemos que la experiencia nos ha enseñado eso. Usted le ha prestado cierta cantidad de dinero a alguien que no se la ha devuelto. La próxima vez que esa persona viene a verlo, usted piensa que ha aprendido; su mente se ha vuelto más lista y usted se dice: “¿Debo entregarle el dinero o no?” Yo siento que éste es un enfoque erróneo, una manera equivocada de hacer las cosas. O se lo entrega usted y olvida el asunto, sin esta rigidez mental o este prejuicio, o, cuando vuelve a encontrarse con él, le dice: “Lo siento, si pudiera dárselo se lo daría, pero no puedo”. Sea totalmente abierto. No tenga una mente recelosa, astuta, una mente rígida; sea franco. Una mente franca es adaptable y, por lo tanto, capaz de afrontarlo todo de nuevo, con frescura. Su mente es, entonces, tan dúctil, tan flexible, que cuando usted se encuentra otra vez con esa persona hay algo nuevo, no se manifiesta el mismo viejo recelo. Pero en tanto no nos enfrentamos a las personas o a las experiencias de la vida completamente, con la totalidad de nuestra mente y nuestro corazón, tiene que haber conflicto, y ese conflicto origina la memoria. Es realmente muy simple. Cuando no tenemos conflicto en nuestra mente, no hay memoria. Uno puede recordar un acontecimiento, no hablo de eso, pero no hay apego a ese recuerdo, el cual nos perseguirá en el curso del tiempo hasta que hayamos completado ese acontecimiento o esa experiencia. Vivimos constantemente en este conflicto. El conflicto crea la memoria, y la mente está llena de esa memoria y se identifica con ella; y así, en esa identificación, está la conciencia del “Yo”, la cual es conflicto. Existe una diferencia inmensa entre el hombre primitivo y el hombre liberado. El hombre primitivo no tiene memoria porque actúa inmediatamente, sin pensamiento; mientras que el hombre liberado se enfrenta a todo completamente porque actúa con comprensión. En él hay riqueza, plenitud; por lo tanto, es capaz de afrontarlo todo por medio de la inteligencia. Espero haber respondido a esa pregunta.

Pregunta: ¿Hay amoldamiento cada vez que existe un anhelo? Por favor, explíquelo a fondo.

Krishnamurti: Hay un anhelo respecto de una cosa determinada, y un anhelo respecto de algo indefinido. Tomemos, por ejemplo, cuando usted desea o ansía o anhela la felicidad, la verdad, la riqueza, la seguridad y otras cosas por el estilo. En eso hay amoldamiento a un patrón, porque usted ya se ha representado en su mente aquello que desea y va tras eso; sabe cuál es el objetivo y lo anhela, y su objetivo no es sino un opuesto en el que está preso nuevamente. Por lo tanto, sólo se está amoldando, ajustando a una imagen mental que usted mismo ha creado. En eso hay imitación. En cierto sentido, pues, donde hay anhelo tiene que haber amoldamiento.

Pero está el otro tipo de anhelo, el cual es más nebuloso. Uno no sabe qué es lo que anhela, pero hay algo que a uno se le escapa, algo indefinible, impalpable, que está creando un vacío. Ahora bien, cuando uno busca llenar, tapar ese vacío o escapar de él, también existe una imitación. En primer lugar, ¿por qué imitamos? Por favor, comprenda lo que entiendo por imitación. Hay imitación en el arte, en la poesía, en la cultura, pero no me estoy refiriendo a eso. Para mí, sólo puede haber acción verdadera, completa, cuando uno es enteramente individual, cuando, como individuo, ha realizado la total y madura soledad. Cuando uso así la palabra soledad, entiendo por ella una soledad que no es un huir hacia el bosque, sino una soledad interior que adviene cuando uno descubre los valores genuinos. Cuando usted descubre qué es la verdad, está solo, o sea, que sólo existe esa cosa, ese valor genuino, y de él proviene la acción. Para conocer esa acción, esa acción plena, usted no puede imitar, no puede tener ninguna clase de valores falsos. Donde hay un valor falso tiene que haber imitación, porque el valor falso origina el anhelo. Y, con la comprensión de los valores genuinos, uno se libera del anhelo; no descarta ni destruye el anhelo, lo cual es imposible. Uno jamás puede destruir el deseo, porque eso crea verdaderos estragos; es lo que trata de hacer la mayoría de las personas así llamadas espirituales. Mientras que, si descubren los valores genuinos, actuarán desde esa madura soledad interior, y en eso no hay imitación.

Usted puede descubrir los valores genuinos sólo gracias a una acción completa. Donde hay un valor falso, tiene que haber anhelo, porque ese valor crea un impedimento y, por lo tanto, un anhelo; hay insuficiencia y, debido a eso, un deseo intenso de suficiencia, de plenitud, lo cual también constituye otro anhelo. Donde hay un valor falso, tiene que haber conflicto y ese conflicto crea un deseo de escapar o de resolver ese conflicto particular; y donde hay un deseo de resolver algo o de escapar, tiene que haber autoridad e imitación.

Pregunta: Desde el punto de vista mental, estoy plenamente convencido de la absoluta trivialidad de algo que anhelo. Pero conmigo pasa tal como usted lo señaló la semana anterior: mis emociones no alcanzan todavía el mismo nivel. ¿Tendría usted la bondad de decirme una vez más cómo es posible tener en completo equilibrio y armonía la mente y el corazón?

Krishnamurti: ¿Por qué anhela eso? ¿Por qué quiere que yo se lo diga? Usted desea traer sus emociones al nivel de su mente. Anhela que sus emociones crezcan, que se vuelvan más refinadas, más desapegadas, y quiere que yo lo ayude a crecer. Ahora bien, como lo expliqué el otro día, una cosa que está creciendo no es perdurable. Si su deseo no creara en usted un conflicto tan grande en relación con algo que anhela, no habría jamás equilibrio suficiente para producir armonía. Si su anhelo no generara estragos en usted, un gran descontento, no podría traer artificialmente al mismo nivel a su mente y a su corazón, equilibrarlos. Ninguna cantidad de discusiones o de estimulaciones artificiales produciría jamás esa armonía. Pero si su deseo es tan fuerte que crea descontento, falta de armonía, de esa falta de armonía surge el éxtasis de la armonía.

Usted le teme a la falta de armonía. Me ha oído hablar acerca de lo falso de la seguridad. Si ha prestado atención, como espero que lo haya hecho para su propio deleite, ello debe haber infundido en usted una profunda comprensión. Desde ella hay, de su parte, una decisión, la cual implica una acción y, a causa de esa acción, usted descubrirá si están o no en armonía su mente y su corazón.

Ahora dice: “Intelectualmente, no deseo la seguridad, pero emocionalmente sí la deseo. ¿Cómo puedo unir una cosa con otra?” Yo digo que ambas son falsas. Usted desea seguridad. No diga: “Comprendo intelectualmente lo falso de la seguridad, pero emocionalmente la deseo”. Eso demuestra que desea la seguridad tanto mental como emocionalmente, porque, cuando de verdad comprende una cosa, no la comprende sólo intelectualmente, la comprende de igual modo con el corazón. Así que cuando dice: “Comprendo intelectualmente, mentalmente”, lo que quiere decir es que está de acuerdo con lo que digo, pero en ese acuerdo no hay comprensión. Usted ve lo conveniente, lo bueno que es estar libre de ese tormento, pero no va a hacer nada al respecto. Cuando hace algo al respecto, en esa perturbación sabrá cómo hacerlo naturalmente. Usted no ve realmente lo falso de la seguridad, por eso dice: “He oído a Krishnamurti y creo que puede estar en lo cierto. Por lo tanto, trataré de librarme de la seguridad”. Eso quiere decir que no comprende lo que significa estar libre de la seguridad, la seguridad del dinero, la seguridad de los amigos, de las ideas, de la autoridad y de la imitación. En esa libertad hay infinitas posibilidades, un éxtasis infinito. No ve eso y, no obstante, concuerda vagamente en que debe hacerlo en beneficio de la sociedad, por benevolencia, por evitar la explotación y cosas así. Pero ello no ha despertado una verdadera determinación, y nadie puede despertar esa determinación en usted excepto su propio y continuo interés despierto en la vida, o si está enteramente descontento, inteligentemente descontento.

Por lo tanto, no trate de reunir la mente y el corazón, como si eso fuera sólo otra disciplina. Vea lo sutil que es la mente, cómo regresa una y otra vez a las viejas formas de pensamiento. Usted dice: “No debemos tener disciplina”, porque me ha oído hablar al respecto, pero trata de hacer exactamente lo contrario cuando aspira a producir equilibrio entre, la mente y el corazón. ¡No haga una cosa tan artificial! Con ello sólo crea una discriminación ulterior, fortalece a ese observador que está todo el tiempo disecando y analizando la acción. ¡Primero vea si está de acuerdo porque de verdad comprende profundamente! Si piensa realmente que uno debe hallarse libre de todos los conflictos y sus implicaciones, si realmente reflexiona y siente así al respecto y está de acuerdo con ello, entonces todo su ser responde instantáneamente y hay discernimiento. Ahora bien, a causa de que no está de acuerdo, de que no siente la inmensa necesidad de ello, hace esta distinción artificial de mente y corazón. Para mí, tal distinción no existe. Si alguien me habla acerca de la estupidez de la imitación y estoy de acuerdo, hay una intensa percepción alerta en mi acción para ver si tal acción es imitativa. Entonces sabré si mi mente y mi corazón están en equilibrio. En el pleno reconocimiento, no en la repetición o en la aquiescencia, sino en la plena comprensión de la idea del consuelo, o de lo que implica estar libre de la autoridad, cuando usted concuerda profundamente, de esa concordancia surge la acción y en esa acción sabrá si hay o no hay en usted equilibrio de mente y corazón. Si su acción es de verdad armoniosa, entonces su mente y su corazón se hallan en unión perfecta. Así que no busque producir un equilibrio; vea más bien si comprende realmente lo falso de la autoridad, de la seguridad o de cualquiera de estas ideas.

Sólo agitando el fondo fangoso de un estanque, sabrá qué hay en ese fondo. Ahora bien, nosotros sólo rozamos la superficie del agua porque tememos perturbar esa tranquilidad superficial. Y usted sólo puede agitar el estanque - que es realmente de agua estancada - mediante la acción, y tal acción sólo puede nacer de un acuerdo pleno. Si no está de acuerdo, siga como está. Si piensa que necesita consuelo, siga así, pero esté plenamente consciente de que necesita consuelo, dedique a ello por completo su mente y su corazón, y en esa plenitud del deseo de consuelo, descubrirá la futilidad del mismo.

Pregunta: ¿Cómo puede un hombre superar el dolor que siente cuando ve sufrir a alguien y no puede ayudarlo? ¿Es la compasión un error, o es algo necesario en la vida social?

Krishnamurti: Cuando usted tiene compasión no sufre. La compasión es como el perfume de una flor. Sufrimos porque ansiamos un resultado; es así cuando usted dice: “Siento compasión por la persona que está sufriendo; quisiera que mejorara”. En otras palabras, usted desea un resultado para su compasión. No es que yo no quiera que la persona mejore; personalmente hago cuanto puedo por ayudarla a que esté mejor, pero en eso no hay sufrimiento. Usted sufre cuando hay un instinto posesivo. Los muchos que hoy me escuchan, si mañana me enfermara, no sufrirían, porque no me poseen. Pero si yo fuera el marido o la esposa de ustedes, entonces habría sufrimiento, porque les pertenecería. La compasión está libre de dolor porque no es posesiva.

Usted pregunta: “¿Es la compasión un error o es algo necesario en la vida social?”

¿Por qué piensa que ciertas cosas son necesarias en la vida social? Si uno es un ser humano, desaparece la necesidad de comportarse de cierta manera. Ahora decimos: “Estas cosas son necesarias para una conducta correcta en la sociedad”. Si mis acciones, como he estado intentando explicarlo, son completas, si soy realmente un ser humano en el verdadero sentido, no hay exigencias o mandatos que la sociedad pueda imponerse, porque no estoy combatiendo a la sociedad, porque comprendo los valores sociales en toda su falsedad y verdad. Soy plenamente consciente de todo. Tal como yo lo veo, si usted es verdaderamente completo en su acción - lo cual no es una imposibilidad, no diga que es sólo para el liberado, para los pocos -, si sus acciones son completas, entonces no crea una sociedad opuesta a usted. No está en conflicto con la sociedad. Eso no significa que no quiera producir un cambio y demás, pero la sociedad con todos sus falsos valores no se impone sobre usted.

Su pregunta dice: “¿Es la compasión un error o es algo necesario en la vida social?”

Objeto la palabra necesario. Muestra que uno es meramente un diente en los engranajes de la estructura social. Eso es lo que trato de decir. He terminado con lo de la compasión, porque hay muy poco que decir al respecto. Uno no puede hablar de esas cosas. Estoy hablando ahora acerca de esta idea de que ciertas acciones son necesarias para el sostenimiento de la estructura social. Cuando usted usa la palabra necesario, está afirmando meramente ese miedo instintivo a no encajar en la sociedad; por lo tanto, no es verdaderamente individual, lo cual no quiere decir que deba hacer lo contrario. He dicho que dará con la verdadera individualidad sólo cuando haya descubierto los verdaderos valores del patrón social. Hasta entonces no pueden ustedes ser auténticos individuos. Así, cuando usted descubra los verdaderos valores de los patrones sociales o de cualquier otra clase de patrones - religiosos, éticos o políticos, todos los patrones que los seres humanos han creado -, cuando realmente los comprenda, no preguntará: “¿Son necesarias ciertas acciones para el sostenimiento de la sociedad?”

Pregunta: Usted sostiene que el autoanálisis es muerte. Yo entiendo que quiere decir que la disección y el examen intelectual son destructivos. Sin embargo, si el análisis pudiera ser un proceso por medio del cual la energía absorbida hasta ahora por el conflicto, se liberara emocionalmente y, hasta cierto punto, intelectualmente, sin un logro final en vista, ¿no se acercaría un proceso así a una comprensión de la percepción alerta?

Krishnamurti: Usted quiere liberar esa energía que ahora está atrapada en el conflicto. Yo digo que no puede liberar esa energía vital por medio del autoanálisis, sino que puede liberarla únicamente en el movimiento de la acción. Para mí, el autoanálisis implica, no ese movimiento, sino más bien un quedarse atrás y examinar para comprender, implica abstenerse de ese movimiento con el fin de examinar y, a mi entender, eso no libera la comprensión. Mientras que si usted está completamente despierto en la acción, entonces de ello surge la percepción inteligente de los numerosos obstáculos. Por favor, esto es muy simple. Usamos la mente para analizar nuestras acciones, nuestras emociones. Siempre está el observador, el controlador, el guía que vigila. Esa mente es ahora nada más que un instrumento para advertirnos sobre los temores venideros, las esperanzas venideras, siempre alerta a eso, siempre sagaz. Así, nuestras acciones quedan invalidadas. Mientras que si usted afrontara el próximo pensamiento, la próxima emoción o acción con todo su ser, sabría cuáles son los obstáculos que le impiden liberar esa energía creativa. En otras palabras, no trate de resolver el problema, sino afronte plenamente el próximo pensamiento o la próxima emoción o la próxima acción - todo es una sola cosa -, y entonces conocerá la causa del problema en que está atrapado.

Pregunta: Su insinuación de que la nueva estructura social no debe basarse en el egoísmo, no es posible en la vida práctica. El deseo está atrayendo a los hombres cada vez más hacia el egoísmo, tanto en relación consigo mismos como con sus familias. El interés propio en el trabajo obliga a la gente a un esfuerzo mayor para desarrollar las facultades. ¿No puede usted contribuir a un discernimiento más profundo en las posibilidades prácticas de construcción social? Después de todo y por encima de todas las cosas, uno tiene que cooperar en la creación de mejores circunstancias materiales y mejores posibilidades de trabajo.

Krishnamurti: En primer lugar, nunca “insinúo”, porque lo que digo es completamente obvio; no es una insinuación. Me temo que lo que dije al respecto fue un mazazo, pero si gusta, tómelo como una insinuación.

Ahora bien, si eso no es práctico, ¿por qué le preocupa? ¿Lo ha probado para averiguar si es práctico? Lo que usted llama “práctico”, es un sistema completo, un molde completo en el cual pueda encajar sin la más mínima dificultad para seguir siendo como es sin cambio alguno, sin reflexión, sin profundizar en el proceso de la vida. Entonces, puesto que no ha experimentado con ello, ¿cómo puede decir que es práctico? Usted no experimenta porque está atemorizado. Vea, si algunos de ustedes sintieran realmente lo inútil que es acumular y experimentaran con esto - no haciendo propaganda ni tratando de convertir al prójimo -, si de verdad percibieran esto y lo probaran y actuaran a partir de esa percepción, verían lo práctico que es y lo sencilla que se vuelve la vida.

Tememos por nuestra seguridad, por lo que sucederá. “Soy viejo”, se dice usted a sí mismo, “¿qué puedo hacer cuando soy viejo?”, o “como soy viejo, no puedo renunciar a la seguridad”. Eso es muy cierto. Yo no le pido que renuncie, sino que se libere de la idea de seguridad. Esto necesita una reflexión muy cuidadosa y franca, de lo contrario, usted dirá: “Estoy libre de la seguridad, pero puedo tener un buen saldo en el Banco”. No le digo que no deba tener dinero; de lo que se trata es de la idea de seguridad.

De modo que, amigos, primero que nada, para hacer práctica cualquier cosa tienen que experimentar con ella, y no creo que usted la haya experimentado como para decir que no es práctica. No siente intensamente al respecto, de aquí la falta de sentido práctico, la vaguedad de todo ello.

En cuanto a la cooperación, que también está implicada en la pregunta, pienso que no puede haber cooperación hasta que no existe una verdadera individualidad. Por favor, comprendan lo que entiendo por verdadera individualidad; no la acción individualista, que es una acción limitada. Ahora estamos todos dispuestos a cooperar con un jefe, con una autoridad superior que nos dice exactamente lo que debemos hacer espiritual, social y económicamente. En todos nuestros actos estamos muy dispuestos a ser guiados, a que se nos diga lo que debemos hacer. Sentimos que si tan sólo hubiera un buen líder, el mundo estaría perfectamente bien. Así, prestamos atención a los líderes y a la verdadera función de la individualidad. Cuando procuran comprender la verdadera individualidad, es inevitable que cooperen, porque eso forma parte de la comprensión. En ella no existe la individualidad como algo contrario a la cooperación. Ahora ustedes colocan a la cooperación como opuesta a la individualidad, y eso, en mi sentir, ocasiona el completo caos que reina en este mundo. Tenemos organizaciones cada vez mayores para controlar políticamente a los hombres, una enorme legislación para moldearlos más y más, y yo pienso que habrá un caos cada vez más grande. Por medio de una legislación pueden convertirlos a todos en esclavos de una idea particular, y pocos años después, también mediante la legislación, en otros esclavos de otra idea. Por lo tanto, somos nada más que piezas de diferentes máquinas, de diferentes sistemas, movidas de prisión en prisión. Yo no llamo cooperación a eso. Es ceguera. En eso no hay vida, no existe la espontaneidad de la plenitud. Mientras que hay, habrá y tiene que haber cooperación cuando uno, como ser humano, comprende la verdadera función de la individualidad, que es la de descubrir los valores auténticos. Ningún sistema, ningún filósofo, nadie en la Tierra va a decirle cuáles son los valores auténticos. Hay valores auténticos eternos. Usted los descubrirá. Yo puedo hablarle de ellos, pero eso nada significa, porque usted los adoptará en lugar de los viejos. O sea, que será esclavo de una nueva clase de orden. Éste podrá estar bien arreglado superficialmente, pero adentro habrá un núcleo corrupto.

Si no cooperamos, no podemos hacer nada en la vida. Tiene que haber cooperación. Todo cuanto hacemos tiene que ser hecho por dos, tres, cuatro o por un millón. Para producir una verdadera cooperación, tiene que haber una correcta comprensión de la individualidad, y si esta comprensión no existe, no hay cooperación. Ésta es meramente el ejercicio de una autoridad brutal, espiritualmente, políticamente o del modo que prefiera.

Pregunta: En la vida tanto de los individuos como de los grupos, hay acciones que no sólo están condicionadas individualmente, sino que también están condicionadas por factores históricos que apelan a nosotros desde el pasado: su efecto inminente e imposible de evadir - no sólo en lo intelectual - choca conmigo en todas partes, aunque yo personalmente me he liberado por completo de las tradiciones, de las ceremonias, etc. Un ser humano, al ignorar esto que constituye la fuente misma de su existencia, es como un árbol que tratara de impedir el crecimiento en la profundidad de sus propias raíces. Me pregunto por qué no habla usted de este aspecto de la vida, a pesar de que no es, por cierto, menos esencial que todo cuanto un ser humano puede ser y hacer respecto de sí mismo.

Krishnamurti: Yo siento que lo esencial es descubrir en la acción todos los valores verdaderos, mientras que usted saca a colación todo el pasado, ya sea el de ayer o el de un siglo atrás. Me tocó ser un hindú, un brahmin, empapado en una tradición más vieja y más rígida que cualquiera de las de ustedes. No me siento a examinar la tradición histórica que me ha atado a la herencia de los siglos, a las diversas tradiciones pequeñas que me sujetan como hindú, sino que al moverme, en el movimiento mismo, tomo conciencia de todas esas anclas, históricas, religiosas, nacionales, familiares, de los prejuicios personales. Y en ese movimiento del pensar realmente creativo, hay inteligencia. Ése es un verdadero pensar, no esta mera reacción de acá para allá de un trasfondo establecido desde el cual ustedes piensan. A eso lo llamamos “pensar” y, debido a eso, el “pensar” nos deja cada vez más vacíos, cada vez más superficiales.

Pregunta: ¿Cuál es, desde su punto de vista, el lugar normal del sexo en la vida del individuo?

Krishnamurti: Hay regulaciones y legislaciones sexuales para un hombre que es esclavo del sexo. Existe la energía creativa y, a causa de que hemos perdido la verdadera comprensión de esa energía creativa, estamos atrapados en los problemas sexuales; no se trata de que el sexo no sea también creativo o que sea algo para ser tenido a menos, para ser despreciado o para deleitarse en él - es lo mismo deleitarse en los problemas sexuales que despreciarlos. Ustedes podrán decir: “Hemos perdido el verdadero poder creativo”. En tanto no realicen ese poder creativo, serán esclavos de sus pasiones y tendrá que haber leyes para controlar a las personas demasiado apasionadas, porque las personas demasiado apasionadas son promiscuas; carecen del sentido de la proporción y, por esto, para ellas tiene que haber una legislación. La cuestión es, entonces, cómo realizar ese poder creativo. Forma parte de nuestro ser; no está ahí para inquietarnos ni para que lo despreciemos ni para que nos deleitemos en él. Para realizar esa cosa creativa que es la vida misma, para realizar esa divinidad, ese devenir infinito, libere a su mente de todos los amoldamientos, de este proceso de pensar al cual se ha adaptado, de su acción que es tan limitada. Si de verdad libera de la imitación al corazón y a la mente, si su mente se libera de la certidumbre, en eso hay un éxtasis creativo que es la vida misma. Entonces no hay problema sexual ni moral ni intelectual. Entonces usted no distingue el sexo de los otros actos, entonces es usted un ser humano completo, porque un ser humano semejante es auténticamente creativo y, en consecuencia, espontáneo.

El Arte de Escuchar

Pláticas en el Campamento de Ommen, Holanda

Undécima plática, 12 de agosto de 1933

Jiddu Krishnamurti. El Arte de Escuchar. Obras Completas Tomo 1. 1933 - 1934. The Collected Works of J.Krishnamurti Volume 1. 1933 - 1934. The Art of Listening. Jiddu Krishnamurti en español.

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