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El Arte de Escuchar

Pláticas en Oslo y Frognerseteren, Noruega

Primera plática en Frognerseteren, 6 de septiembre de 1933

Amigos, nuestra búsqueda misma de una comprensión de la vida, de su significado, nuestra lucha por abarcar toda la esencia de la vida o de descubrir la verdad, destruye nuestra comprensión. En esta plática voy a tratar de explicar que donde existe una búsqueda con el fin de comprender la vida, de descubrir su significado, esa búsqueda misma pervierte nuestro juicio.

Si sufrimos, deseamos una explicación de ese sufrimiento; sentimos que si no buscamos, si no tratamos de descubrir el sentido de la existencia, no estamos progresando o ganando en sabiduría. Así, hacemos constantemente un esfuerzo para comprender, y en esa búsqueda de comprensión establecemos, consciente o inconscientemente, una meta hacia la cual somos impulsados. Establecida una meta, el ideal de una vida perfecta, tratamos de ser auténticos respecto de esa meta, de ese propósito. Lo mismo con un principio o una creencia; una vez establecidos, procuramos ser auténticos al respecto. Así es como tratamos de ser fieles a una experiencia que no hemos comprendido sino sólo parcialmente. Mediante este proceso afirmamos una dualidad.

A causa de que no entendemos lo inmediato con sus problemas y sus convenciones, a causa de que no comprendemos el presente, establecemos una idea, una meta, un propósito hacia el cual tratamos de avanzar. Como no nos hallamos preparados para estar alerta en el acto de afrontar al sufrimiento totalmente tal como se presenta - puesto que no tenemos la capacidad de enfrentarnos directamente a la experiencia -, tratamos de establecer una meta y ser consecuentes con ella. De tal modo, desarrollamos una dualidad en la acción, en el pensamiento y en el sentimiento, y de esta dualidad surge un problema. En ese desarrollo de la dualidad, radica la causa del problema.

Todos los ideales deben serlo, por fuerza, respecto del futuro. Una mente dividida, una mente que se esfuerza en pos del futuro, no puede comprender el presente y, de ese modo, desarrolla una dualidad en la acción.

Ahora bien, habiendo creado un problema, un conflicto, y sin poder afrontar de manera total el presente, tratamos de encontrar una solución para el problema. Eso es lo que constantemente hacemos, ¿no es así? Todos tenemos problemas. Casi todos ustedes están aquí porque piensan que voy a ayudarles a resolver sus numerosos problemas, y se sentirán decepcionados cuando les diga que no puedo resolverlos. Lo que voy a hacer es tratar de mostrarles la causa del problema, y entonces ustedes, al comprenderla, podrán resolver el problema por sí mismos. El problema existe mientras la mente y el corazón actúan divididos. O sea, cuando hemos fijado una idea en el futuro y tratamos de ser consecuentes con ella, somos incapaces de afrontar de manera completa el presente; así, habiendo creado un problema, tratamos de buscar una solución, la cual no es sino un escape.

Imaginamos que encontramos soluciones para diversos problemas, pero al encontrar soluciones no los hemos resuelto verdaderamente, no hemos comprendido la causa del problema. Tan pronto hemos resuelto un problema surge otro, y así continuamos hasta el fin de nuestras vidas, buscando soluciones a una interminable serie de problemas. En esta plática quiero explicar la causa del problema y la manera de disolverla.

Como he dicho, un problema existe en tanto hay reacción, ya sea una reacción a pautas externas o una reacción a pautas internas, como cuando dicen: “Debo ser fiel a esta idea”’, o “debo ser fiel a esta creencia”. Las personas más educadas han descartado las pautas externas, pero han desarrollado pautas internas. Descartarnos una norma externa porque hemos creado una norma interna a la cual tratamos de ser fieles, una norma que continuamente está guiándonos y moldeándonos, una norma que origina dualidad en nuestra acción. En tanto haya normas a las cuales tratemos de ser fieles, habrá problemas y, en consecuencia, existirá la continua búsqueda de solución para estos problemas.

Estas pautas, estas normas internas existen mientras no afrontamos de manera total las experiencias e incidentes de la vida. En tanto haya un principio que guíe nuestras vidas y al cual tratemos de ser fieles, tiene que haber dualidad en la acción y, por ende, un problema. Esa dualidad existirá en tanto haya conflicto, y el conflicto existe dondequiera se encuentra la limitación de la conciencia propia, el “yo”. Aun cuando hayamos descartado las normas externas y hayamos encontrado para nosotros mismos un principio interno, una ley interna a la cual tratamos de ser fieles, sigue habiendo discriminación en nuestros actos y, por esto, la comprensión es incompleta. Sólo cuando comprendemos, cuando ya no vamos en busca de la comprensión, hay una existencia fluida y sin esfuerzos.

Por lo tanto, cuando digo que no busquen una solución, que no vayan a la búsqueda de un objetivo, no quiero decir que deban volverse a lo opuesto y estancarse. Mi pregunta es: ¿Por qué buscan una solución? ¿Por qué son incapaces de afrontar la vida abiertamente, desnudamente, de manera simple y plena? Es porque todo el tiempo están tratando de ser consecuentes. Por lo tanto, ejercitan la voluntad para vencer el obstáculo inmediato; hay, conflicto, y ustedes no procuran descubrir la causa del conflicto. Para mí, esta continua búsqueda de la verdad, de la comprensión, de una solución para los diversos problemas, no es progreso; este ir de un problema a otro no es evolución. Sólo cuando la mente y el corazón afrontan de manera completa cada idea, cada incidente, cada experiencia, cada expresión de la vida, sólo entonces puede haber un devenir constante que no es estancamiento. Pero la búsqueda de una solución, búsqueda que llamamos erróneamente progreso, no es otra cosa que estancamiento.

Pregunta: ¿Quiere usted decir que tarde o temprano e inevitablemente, todos los seres humanos obtendrán, en el curso de la existencia, la perfección, la liberación completa respecto de todo cuanto los ata? Si es así, ¿por qué hacer un esfuerzo ahora?

Krishnamurti: Vea, yo no estoy hablando de la masa. Para mí no existe esta división del individuo y la masa. Les hablo a ustedes como individuos. Después de todo, la masa no es sino usted mismo multiplicado. Si usted comprende, transmitirá comprensión. La comprensión es como la luz que disipa la oscuridad. Pero si usted no comprende, si lo que digo lo aplica tan sólo al otro hombre, al hombre de allá afuera, entonces no hace sino aumentar la oscuridad.

Por lo tanto, quiere saber si usted - no este hombre imaginario de la masa - obtendrá inevitablemente la perfección. Si así fuera, piensa, ¿por qué hacer esfuerzo alguno en el presente? Estoy completamente de acuerdo. Si piensa que realizará inevitablemente el éxtasis del vivir, ¿por qué preocuparse? Sin embargo, por estar atrapado en el conflicto, hace usted un esfuerzo.

Lo expondré de un modo diferente: es como decir que un hombre hambriento encontrará inevitablemente un medio para satisfacer su hambre. ¿Cómo le ayudará hoy que usted le diga que él será alimentado de aquí a diez días? Durante ese tiempo puede estar muerto. Así que la pregunta no es: “¿Existirá finalmente la perfección para mí como individuo?” Es, más bien: “¿Por qué hago este esfuerzo incesante?”

En mi sentir, un hombre que está persiguiendo la virtud, ha dejado de ser virtuoso. No obstante, es lo que hacemos todo el tiempo. Tratamos de ser perfectos, nos comprometemos en este esfuerzo incesante por ser alguna cosa. Pero si hacemos un esfuerzo porque realmente estamos sufriendo y ansiamos librarnos de ese sufrimiento, entonces nuestro interés principal no es la perfección; no sabemos qué es la perfección, sólo podemos imaginarla o leer al respecto en los libros. Por consiguiente, tiene que ser ilusoria. Lo que nos interesa fundamentalmente no es la perfección, sino la pregunta: “¿Qué es lo que da origen a este conflicto que exige esfuerzo?”

Pregunta: ¿No es siempre perfecto el hombre espiritual?

Krishnamurti: Un hombre espiritual puede que lo sea, pero nosotros no. Es decir, tenemos un sentido de la dualidad; pensamos en un hombre superior que es perfecto y en un hombre inferior que no lo es, y pensamos en el superior como procurando dominar al inferior. Por favor, trate de seguir esto por unos instantes, ya sea que concuerde o discrepe.

Usted sólo puede conocer el presente conflicto; no puede conocer la perfección mientras se halla en conflicto. Así que no necesita interesarse en la perfección, en la cuestión de si el hombre es o no es perfecto, si el espíritu es o no es perfecto, si el alma es perfecta o no lo es; eso no le concierne. Pero sí le concierne, por cierto, lo que da origen al sufrimiento.

Vea, un hombre confinado en una prisión se interesa en destruir esa prisión para ser libre; no se ocupa de la libertad como una idea abstracta. Ahora bien, usted no se interesa en la causa del sufrimiento, sino en el modo de escapar del sufrimiento hacia la perfección. Por consiguiente, quiere saber si, como individuo, realizará alguna vez la perfección.

Yo le digo que eso no es lo fundamental. Lo fundamental es: ¿Tiene usted conciencia en el presente, percibe en el presente, de manera completa, las limitaciones que crean el sufrimiento? Si conoce la causa del sufrimiento, gracias a eso sabrá qué es la perfección. Pero no puede conocer la perfección antes de estar libre del sufrimiento. Ésa es la causa de la limitación. Por lo tanto, no pregunte si alguna vez obtendrá la perfección, si el alma es perfecta o si el Dios que hay en usted es perfecto; tome, más bien, plena conciencia de las limitaciones de su mente y de su corazón. Y estas limitaciones puede descubrirlas sólo cuando actúa, cuando no trata de imitar una idea o una guía o un principio.

Vea, nuestras mentes están obstruidas con patrones nacionales e internacionales, con normas que hemos recibido de nuestros padres y normas que nosotros mismos hemos desarrollado. Afrontamos la vida guiados por estas normas. En consecuencia, somos incapaces de comprender. Sólo podemos comprender cuando nuestras mentes son de verdad sencillas, frescas, entusiastas, no cuando están agobiadas por las ideas.

Ahora cada uno de nosotros tiene muchas limitaciones, limitaciones de las que somos por completo inconscientes. La pregunta misma: “¿Existe la perfección?”, implica la conciencia de la limitación. Pero uno no puede descubrir estas limitaciones analizando el pasado. El intento de analizarse es destructivo, pero es lo que ustedes tratan de hacer. Dicen: “Sé que tengo muchas limitaciones; por lo tanto, las examinaré. Buscaré y descubriré cuáles son mis barreras y limitaciones y entonces seré libre”. Cuando proceden así, no hacen sino crear un nuevo conjunto de barreras, de obstáculos. Para descubrir realmente los falsos patrones y las barreras del pasado, tienen que actuar con percepción plena en el presente, y en esa actividad toman conciencia de todos los obstáculos ocultos. Experimente y lo verá. Comience por moverse con percepción plena, con una conciencia plenamente despierta en la acción, y verá que tiene innumerables barreras, creencias, limitaciones que le impiden actuar libremente.

Digo, por lo tanto, que el autoanálisis, el análisis para descubrir la causa en el pasado, es falso. Ustedes no pueden descubrir jamás desde aquello que está muerto, sino sólo desde lo que está vivo; y lo que está vivo se halla siempre en el presente y no en el pasado. Lo que deben hacer es enfrentarse al presente con plena percepción alerta.

Pregunta: ¿Quién es el salvador de almas?

Krishnamurti: Si uno piensa por un instante en la frase “el salvador de almas”, ve que no tiene sentido. ¿Qué es lo que queremos decir con “un alma”? ¿Una entidad individual? Por favor, corríjame si me equivoco. ¿Qué queremos decir cuando hablamos acerca de un alma? Nos referimos a una conciencia limitada. Para mí, sólo existe esa vida eterna, en contraste con la conciencia limitada que llamamos el “yo”. Cuando ese “yo” existe, hay dualidad: el alma y el salvador de almas, lo inferior y lo superior. Usted puede comprender la completa unidad de la vida sólo con la cesación de la conciencia del sí mismo, del “yo”, la cual crea la dualidad. Para mí, la inmortalidad, ese devenir eterno, no tiene nada en común con la individualidad. Si el hombre puede liberarse de sus numerosas limitaciones, entonces esa libertad es la vida eterna; la mente y el corazón conocen la eternidad. Pero el hombre no puede descubrir la eternidad mientras existe la limitación.

Por lo tanto, la pregunta: “¿Quién es el salvador de almas?”, pierde toda significación. La pregunta se suscita porque miramos la vida desde el punto de vista de la conciencia autolimitada que llamamos el “yo”. Por eso decimos: “¿Quién me salvará? ¿Quién salvará mi alma?” Nadie puede salvarlo. Ustedes han mantenido esa creencia por siglos y, no obstante, están sufriendo; sigue habiendo un caos completo en el mundo. Usted, mismo tiene que comprender; nada puede darle sabiduría excepto su propia acción en el presente, la cual debe crear armonía exenta de conflicto. Sólo de ahí puede surgir la sabiduría.

Pregunta: Algunos dicen que su enseñanza es sólo para los eruditos y los intelectuales y no para las masas, las que están predestinadas a la lucha constante y al sufrimiento en la vida cotidiana. ¿Está de acuerdo?

Krishnamurti: ¿Usted qué dice? ¿Por qué debería yo estar de acuerdo o en desacuerdo? Tengo algo que decir y lo digo. Me temo que no es el erudito el que comprenderá. Tal vez esta breve historia aclare lo que quiero decir: Cierta vez, un mercader que tenía un poco de tiempo disponible, fue a ver a un sabio de la India y le dijo: “Tengo una hora para concederle; por favor, dígame qué es la verdad”. El sabio contestó: “Usted ha leído y estudiado muchos libros. Lo primero que tiene que hacer, es suprimir todo lo que ha aprendido”.

Lo que yo digo no sólo es aplicable a la clase ociosa, a las personas que se supone son inteligentes, muy educadas - empleo deliberadamente las palabras se supone -, sino también a las así llamadas masas. ¿Quienes mantienen a las masas en la dura faena cotidiana? Los inteligentes, los que son supuestamente instruidos, ¿no es así? Pero si fueran de verdad inteligentes, encontrarían una manera de liberar de la dura faena cotidiana a las masas. Lo que yo digo es aplicable no sólo a las personas instruidas, sino a todos los seres humanos.

Usted tiene tiempo libre para escucharme. Puede que diga: “Bien, lo he entendido un poco; por lo tanto, voy a usar ese poco de comprensión para cambiar al mundo”. Pero de ese modo no cambiará ni modificará al mundo. Puede que escuche por un rato y quizá piense que ha comprendido algo y se diga: “Voy a usar este conocimiento para reformar al mundo”. Tal reforma sería meramente a base de remiendos. Pero si de verdad comprendió lo que estoy diciendo, creará perturbación en el mundo - esa inquietud emocional y mental que da origen a un mejoramiento de las condiciones. Es decir, si comprende tratará de crear un estado de descontento a su alrededor, y eso puede hacerlo sólo si cambia usted mismo; no puede hacerlo si piensa que lo que digo es aplicable sólo para el erudito y no para usted. El hombre en la calle es usted. Así que la pregunta es: Usted, ¿comprende lo que estoy diciendo?

Si se halla intensamente atrapado en el conflicto, necesita descubrir la causa de ese conflicto. Ahora bien, si está plenamente consciente del conflicto, encontrará que su mente trata de escapar, procura evitar tener que enfrentarse de un modo completo con ese conflicto. No es cuestión de si me comprende o no, sino si usted, como individuo, está plenamente alerta, despierto como para enfrentarse de un modo completo con la vida. ¿Qué le impide hacerlo? Ése es el punto clave. Lo que le impide afrontar la vida de un modo total es la continua acción de la memoria, de un patrón mental que da origen al temor.

Pregunta: Según usted, parece no haber conexión entre el intelecto y la inteligencia. Pero habla de una inteligencia despierta como uno podría hacerlo respecto de un intelecto adiestrado. ¿Qué es la inteligencia y cómo puede ser despertado?

Krishnamurti: Adiestrar el intelecto no da como resultado la inteligencia. Antes bien, la inteligencia adviene cuando uno actúa en perfecta armonía, tanto intelectual como emocionalmente. Hay una diferencia inmensa entre intelecto e inteligencia. El intelecto es meramente pensamiento que funciona independientemente de la emoción. Cuando el intelecto, sin tener en cuenta a la emoción, es adiestrado en una dirección particular, uno puede tener un gran intelecto pero no tiene inteligencia, porque en la inteligencia hay una capacidad inherente tanto de sentir como de razonar; en la inteligencia ambas capacidades están igualmente presentes de manera intensa y armónica.

Ahora bien, la educación moderna desarrolla el intelecto, ofreciendo más y más explicaciones de la vida, más y más teorías, sin la armoniosa calidad del afecto. Así, hemos desarrollado mentes hábiles para escapar del conflicto; en consecuencia, nos satisfacen las explicaciones que nos dan los científicos y los filósofos. La mente - el intelecto - está satisfecha con estas innumerables explicaciones, pero la inteligencia no lo está porque, para comprender, el corazón y la mente tienen que estar completamente unidos en la acción.

O sea, ahora ustedes tienen una mente comercial, una mente religiosa, una mente sentimental. Sus pasiones no tienen nada que ver con los negocios; la mente utilitaria de todos los días no tiene nada que ver con sus emociones, y ustedes dicen que esta condición no puede ser cambiada. Dicen que si introducen las emociones en los negocios, éstos no pueden ser bien manejados o ser honestos. Así, dividen la mente en compartimentos: en un compartimento guardan su interés religioso, en otro sus emociones, en un tercero su interés por los negocios, el cual nada tiene que ver con su vida intelectual y emocional. La mente comercial trata a la vida meramente como un medio de ganar dinero para vivir. Así es como continúa esta existencia caótica de ustedes, esta división que hacen de la vida.

Si realmente usaran su inteligencia en los negocios, o sea, si sus emociones y su pensamiento actuaran armoniosamente, sus negocios podrían fracasar. Probablemente fracasarían. Y es probable que los dejaran fracasar si realmente sintieran el absurdo, la crueldad y la explotación que contiene esa forma de vivir. Hasta que realmente lo aborden todo en la vida con inteligencia en vez de hacerlo meramente con el intelecto, ningún sistema en el mundo salvará al hombre de la incesante y dura lucha por el pan.

Pregunta: Usted habla a menudo de la necesidad de comprender nuestras experiencias. ¿Querría explicar qué entiende por comprender una experiencia en el verdadero sentido?

Krishnamurti: Para comprender una experiencia plenamente, debemos llegar a ella de una manera nueva cada vez que la afrontamos. Para comprender una experiencia, ha de tener usted una claridad abierta y natural de mente y corazón. Pero nosotros no abordamos las experiencias de la vida con esa actitud. La memoria nos impide abordar la experiencia abiertamente, desnudamente. ¿No es así? La memoria nos impide encarar la experiencia de un modo total; por lo tanto, nos impide comprenderla completamente,

¿Cuál es, entonces, la causa de la memoria? Para mí, no es sino el signo de una comprensión incompleta. Cuando afrontamos una experiencia de modo total, cuando la vivimos plenamente, esa experiencia o ese acontecimiento no deja la cicatriz del recuerdo. Sólo cuando vivimos parcialmente, cuando no nos enfrentamos a la experiencia de un modo total, hay recuerdo; sólo en la insuficiencia hay recuerdo. ¿No es así? Tomemos, por ejemplo, nuestra consecuencia con un principio. ¿Por qué somos consecuentes? Porque no podemos afrontar la vida de una manera abierta, franca; por lo tanto, decimos: “Debo tener un principio que me guíe”. De aquí la lucha constante por ser consecuentes, y con esa memoria como trasfondo, encaramos cada acontecimiento de la vida. Así, nuestra comprensión es incompleta porque abordamos la experiencia con una mente ya cargada. Sólo cuando nos enfrentemos a todas las cosas, cualesquiera que fueren, con una mente aliviada de sus cargas, sólo entonces, tendremos verdadera comprensión.

“Pero”, dicen ustedes, “¿qué he de hacer con todos los recuerdos que tengo?” No pueden descartarlos. Pero pueden afrontar de manera total la experiencia siguiente; entonces verán cómo esos recuerdos del pasado entran en acción, y entonces es el momento de encararlos y disolverlos.

Por consiguiente, lo que produce una verdadera comprensión no es el residuo de muchas experiencias. No podemos encarar totalmente las nuevas experiencias cuando el residuo de las experiencias pasadas carga nuestra mente. Sin embargo, ése es el modo como las encaramos. O sea, nuestra mente ha aprendido a ser cauta, a ser astuta, a actuar como una señal, a dar un aviso; por lo tanto, no podemos encarar de manera plena ningún acontecimiento. Para liberar de la memoria a la mente, para liberarla de esta carga de la experiencia, tenemos que encarar la vida plenamente; en esa acción entran en actividad los recuerdos del pasado y se disuelven en la llama de la percepción alerta. Pónganlo a prueba y lo verán.

Cuando se vayan de aquí se encontrarán con los amigos; verán la puesta del Sol, las largas sombras. Estén plenamente atentos en estas experiencias y encontrarán que suben a la superficie toda clase de recuerdos; en la aguda percepción alerta comprenderán la falsedad y la fuerza de estos recuerdos y podrán disolverlos. Entonces afrontarán en estado de atención total cada experiencia de la vida.

El Arte de Escuchar

Pláticas en Oslo y Frognerseteren, Noruega

Primera plática en Frognerseteren, 6 de septiembre de 1933

Jiddu Krishnamurti. El Arte de Escuchar. Obras Completas Tomo 1. 1933 - 1934. The Collected Works of J.Krishnamurti Volume 1. 1933 - 1934. The Art of Listening. Jiddu Krishnamurti en español.

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