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El Arte de Escuchar

Pláticas en Oslo y Frognerseteren, Noruega

Tercera plática en Frognerseteren, 9 de septiembre de 1933

Esta mañana sólo voy a contestar preguntas.

Pregunta: ¿Cree usted en la eficacia de la oración y en el valor de la oración orientada, con sincera simpatía, a la desgracia y el sufrimiento de otros? ¿No puede la oración, en su sentido correcto, traer alguno vez la libertad de la que usted habla?

Krishnamurti: Cuando usamos la palabra oración, pienso que la usamos en un sentido muy definido. Tal como por lo general se la entiende, significa orar a alguien, ajeno a nosotros mismos, para que nos dé fuerza, comprensión y demás. O sea, buscamos la ayuda de una fuente externa. Cuando ustedes sufren y acuden a otro para que los alivie de ese sufrimiento, no hacen sino crear en sus mentes y, por ende, en su acción, insuficiencia, dualidad. Por lo tanto, desde mi punto de vista la oración, tal como se la entiende comúnmente, carece de valor. En su oración puede que olviden su sufrimiento, pero no han comprendido la causa del sufrimiento. La oración sólo los ha absorbido, les ha sugerido ciertos modos de vivir. De manera que la oración, en el sentido corriente de la palabra, o sea, recurrir a otro para que nos alivie del sufrimiento, para mí no tiene ningún valor.

Pero, si puedo usar la palabra con un sentido diferente, pienso que hay una oración que no consiste en recurrir a otro por ayuda; es un alerta continuo de la mente, un estado despierto en el que nos comprendemos a nosotros mismos. En ese estado de oración, conocemos la causa del sufrimiento, la causa de la confusión, la causa de un problema. Casi todos nosotros, cuando tenemos un problema buscamos inmediatamente una solución. Cuando encontramos una solución, pensamos que hemos resuelto el problema, pero no lo hemos resuelto. Sólo hemos escapado de él. La oración, en el sentido convencional de la palabra, es así un escape. Pero la verdadera oración, en mi sentir, es una acción con un intenso y despierto interés en la vida.

Pregunta: ¿Piensa usted que la oración de una madre por sus hijos puede ser buena para ellos?

Krishnamurti: ¿Qué piensa usted?

Comentario: Tengo la esperanza de que sea buena para ellos.

Krishnamurti: ¿Qué entiende usted por buena para ellos? ¿No hay alguna otra cosa que uno pueda hacer para ayudarlos? ¿Qué puede uno hacer por otro cuando esa persona está sufriendo? Uno puede darle simpatía y afecto. Supongamos que estoy sufriendo porque amo a alguien que no me retribuye con su amor, y supongamos también que soy su hijo. Su oración no aliviará mi sufrimiento. ¿Qué ocurre? Usted discute el asunto conmigo, pero la pena sigue existiendo porque anhelo ese amor. ¿Qué quiere usted hacer cuando ve sufrir a alguien a quien ama? Quiere ayudarlo, quiere librarlo de su sufrimiento. Pero no puede hacerlo, porque ese sufrimiento es la prisión de esa persona. Es la prisión que ella misma ha creado, una prisión que usted no puede eliminar. Pero eso no quiere decir que su actitud deba ser de indiferencia.

Ahora bien, cuando alguien a quien ama está sufriendo y usted no puede hacer nada por él, recurre a la oración, confiando en que ocurrirá algún milagro que aliviará su dolor. Pero una vez que comprenda que la causa del sufrimiento es la ignorancia creada por esa misma persona, entonces se dará cuenta de que puede darle simpatía, afecto, pero que no puede eliminar su sufrimiento.

Comentario: Pero queremos aliviar nuestro propio sufrimiento.

Krishnamurti: Eso es diferente.

Pregunta: Usted dice: “Enfréntense a todos las experiencias tal como se presentan”. ¿Qué hay respecto de tan terribles infortunios como el de ser condenado a prisión perpetua, o el de ser quemado vivo por sostener ciertas opiniones políticas o religiosas, infortunios que han sido realmente el destino de los seres humanos? ¿Les pediría a esas personas que se sometieran a sus desdichas y no trataran de superarlas?

Krishnamurti: Supongamos que cometo un asesinato; entonces la sociedad me encarcela porque he hecho algo que es intrínsecamente malo. O supongamos que alguna fuerza externa me impulsa a hacer algo que usted desaprueba, y usted, a cambio de eso, me produce un daño. ¿Qué puedo hacer? Supongamos que dentro de algunos años, en este país, usted decide que no me quiere aquí a causa de lo que digo. ¿Qué puedo hacer? No puedo venir aquí. Ahora bien, ¿acaso no es la mente la que, después de todo, da valor a estos términos fortuna e infortunio?

Si sostengo cierta creencia y soy encarcelado por sostenerla, no considero a esa prisión como un sufrimiento, porque la creencia es realmente mía. Supongamos que creo en algo, algo no externo, algo que es verdadero para mí; si soy castigado por sostener esa creencia, no consideraré ese castigo como un sufrimiento, porque la creencia por la que me han castigado no es para mí meramente una creencia, sino una realidad.

Pregunta: Usted ha hablado contra el espíritu de adquisición, tanto espiritual como material. La contemplación, ¿no nos ayuda a comprender y afrontarla vida de manera completa?

Krishnamurti: ¿No es la contemplación la esencia misma de la acción? En la India hay personas que se apartan de la vida, del diario contacto con los demás, y se retiran al bosque para contemplar, para encontrar a Dios. ¿Llama usted contemplación a eso? Yo no lo llamaría contemplación, no es sino un escapar de la vida. La contemplación surge de enfrentarse completamente a la vida. La contemplación es acción.

El pensamiento, cuando es completo, es acción. El hombre que, para pensar, se aparta del diario contacto con la vida, hace de su vida algo que es antinatural; para él la vida es confusión. Nuestra búsqueda misma de Dios o de la verdad es un escape. Buscamos porque encontramos que la vida que vivimos es fea, monstruosa. Decimos: “Si puedo comprender quién creó esto, comprenderé la creación; me apartaré de esto y me acercaré a aquello”. Pero, si en vez de apartarse, tratara usted de comprender la causa de la confusión en la confusión misma, entonces su hallazgo, su descubrimiento, destruiría lo que es falso.

A menos que la haya experimentado, usted no puede saber qué es la verdad. Ninguna cantidad de páginas que la describan ni el hábil ingenio del hombre puede decirle qué es la verdad. Usted sólo puede conocerla por sí mismo, y sólo puede hacerlo cuando ha liberado a su mente de toda ilusión. Si la mente no es libre, usted no crea más que opuestos y estos opuestos se convierten en sus ideales, ideales como Dios o la verdad.

Si estoy atrapado en el sufrimiento, en la angustia, creo la idea de la paz, la idea de la tranquilidad. Creo la idea de la verdad, conforme a mi agrado y desagrado; por lo tanto, esa idea no puede ser verdadera. Sin embargo, es lo que hacemos constantemente. Cuando nos dedicamos a contemplar del modo en que generalmente lo hacemos, sólo estamos tratando de escapar de la confusión. “Pero”, dice usted, “cuando estoy atrapado en la confusión no puedo comprender; tengo que escapar de ella a fin de comprender”. O sea, que usted trata de aprender del sufrimiento.

Pero, tal como lo veo, uno no puede aprender nada del sufrimiento, si bien no debe apartarse de él. La función del sufrimiento es darnos una tremenda sacudida; el despertar causado por esa sacudida nos ocasiona dolor y entonces decimos: “Veamos qué puedo aprender de ello”. Ahora bien, si, en vez de decir esto, nos mantenemos despiertos durante la sacudida del sufrimiento, entonces esa experiencia entregará comprensión. La comprensión se encuentra en el sufrimiento mismo, no lejos de él; el sufrimiento mismo nos libera del sufrimiento.

Comentario: Usted dijo el otro día que el autoanálisis es destructivo, pero yo pienso que analizar la causa del sufrimiento le da a uno sabiduría.

Krishnamurti: La sabiduría no está en el análisis. Usted sufre, y analizando procura encontrar la causa; o sea, que está analizando un suceso muerto, la causa que ya se encuentra en el pasado. Lo que tiene que hacer es encontrar la causa del sufrimiento en el instante mismo del sufrimiento. Analizando el sufrimiento no encuentra la causa; analiza sólo la causa de un acto particular. Entonces dice: “He comprendido la causa de ese sufrimiento”. Pero en realidad sólo ha aprendido a evitar el sufrimiento; no ha liberado del sufrimiento a la mente. Este proceso de acumulación, de aprender mediante el análisis de su acto particular, no genera sabiduría. La sabiduría surge sólo cuando la conciencia del “yo” ‑ que es el creador, la causa del sufrimiento ‑ se disuelve. ¿Estoy haciendo difícil esto?

¿Qué sucede cuando sufrimos? Deseamos alivio inmediato, y así aceptamos cualquier cosa que nos ofrecen. La examinarnos superficialmente por el momento y decimos que hemos aprendido. Cuando esa droga demuestra ser insuficiente para proveernos alivio, tomamos otra, pero el sufrimiento continúa. ¿No es así? Pero cuando uno sufre completamente, totalmente, no sólo de modo superficial, entonces algo ocurre; cuando todas las vías de escape que la mente ha inventado han sido entendidas y bloqueadas, sólo queda el sufrimiento, y entonces uno lo comprende. No hay terminación del sufrimiento mediante una droga intelectual. Como dije el otro día, para mí la vida no es un proceso de aprendizaje; no obstante, tratamos a la vida como si fuera meramente una escuela para aprender cosas, meramente un sufrimiento a fin de aprender, como si todo sirviera únicamente como un medio para alguna otra cosa. Ustedes dicen que si pueden aprender a contemplar, afrontarán la vida plenamente, mientras que yo digo que, si la acción de ustedes es completa, o sea, si la mente y el corazón se encuentran en armonía total, entonces esa acción misma es contemplación, ausencia de todo esfuerzo.

Pregunta: ¿Puede un ministro que se ha liberado de las doctrinas, seguir siendo un ministro en la iglesia luterana?

Krishnamurti: Pienso que no permanecerá en el ministerio. ¿Qué entiende usted por ministro? ¿Uno, que le da lo que usted desea espiritualmente, o sea, consuelo? La pregunta ya ha sido, por cierto, contestada. Usted acude a mediadores para que le ayuden. Me convierte también a mí en un ministro - un ministro sin doctrinas, pero piensa en mí como en un ministro. Me temo que no lo soy. No puedo darle nada. Una de las doctrinas convencionalmente aceptadas es que otros pueden conducirlo a uno hacia la verdad, que uno puede comprenderla mediante el sufrimiento de otro. Pero yo digo que nadie puede conducirlo a uno hacia la verdad.

Pregunta: Supongamos que el ministro está casado y depende de su posición para vivir.

Krishnamurti: Usted dice que si el ministro renunciara a su trabajo, su mujer y sus hijos sufrirían, lo cual es para él un verdadero sufrimiento, tal como lo es para su mujer y sus hijos. ¿Debería renunciar? Supongamos que yo soy un ministro, que ya no creo en las iglesias y siento la necesidad de librarme de ellas. ¿Considero la situación de mi mujer y mis hijos? Una decisión así necesita muchísima comprensión.

Pregunta: Usted ha dicho que la memoria representa una experiencia que no ha sido comprendida. ¿Significa eso que nuestras experiencias carecen de valor para nosotros? ¿Y por qué una experiencia plenamente comprendida no deja recuerdo?

Krishnamurti: Me temo que la mayoría de las experiencias que tenemos carecen de valor. Repetimos la misma cosa una y otra y otra vez, mientras que para mí una experiencia realmente comprendida libera a la mente de toda búsqueda de experiencias. Ustedes se enfrentan con un acontecimiento del cual esperan aprender, del cual esperan obtener un beneficio, y multiplican las experiencias, una tras otra. Con esa idea de la sensación, del aprendizaje, de la ganancia, se enfrentan a diversas experiencias y lo hacen con una mente predispuesta. Así, usan estas experiencias sólo como un medio para obtener alguna otra cosa: para enriquecerse emocional o mentalmente, para disfrutar. Piensan que estas experiencias no tienen un valor intrínseco, las consideran sólo como un medio para obtener de ellas alguna otra cosa.

Donde hay anhelo tiene que haber memoria, la cual crea al tiempo. Y la mayoría de las mentes, por estar presas en el tiempo, encaran la vida con esa limitación. Es decir, atadas por esta limitación tratan de comprender algo que no tiene límites. Por lo tanto, hay conflicto. En otras palabras, las experiencias de las cuales tratamos de aprender, se originan en una reacción. No hay tal cosa como aprender de la experiencia o por medio de la experiencia.

El interlocutor quiere saber por qué una experiencia comprendida plenamente no deja recuerdo. Nos sentimos solos, vacíos; estando conscientes de esa vacuidad, de esa soledad, recurrimos a la experiencia para llenarlas. Decimos: “Aprenderé de la experiencia; llenemos la mente con la experiencia que destruye la soledad”. La experiencia destruye, efectivamente, la soledad, pero nos torna muy superficiales. Es lo que siempre estamos haciendo. Pero si nos damos cuenta de que este anhelo mismo origina la soledad, entonces la soledad desaparecerá.

Pregunta: Yo siento el enredo y la confusión del apego en los pensamientos y sentimientos que componen la riqueza y variedad de mi vida. ¿Cómo puedo aprender a desapegarme de la experiencia, de la cual parezco incapaz de escapar?

Krishnamurti: ¿Por qué quiere desapegarse? Porque el apego le ocasiona sufrimiento. La posesión es un conflicto en el cual hay celos, una vigilancia continua, una lucha interminable. El apego le causa sufrimiento; por lo tanto, dice: “Tengo que desapegarme”. O sea, que su desapego es meramente un escapar del sufrimiento. Dice: “Debo encontrar una manera, un medio por el cual dejar de sufrir”. En el apego hay conflicto que lo despierta, que lo provoca; para no ser despertado, anhela usted el desapego. Va por la vida deseando el opuesto exacto de lo que le ocasiona sufrimiento, y ese deseo mismo no es sino un escapar de la cosa en la que está atrapado.

No es una cuestión de aprender a desapegarse, sino de mantenerse despierto. El apego le causa dolor. Pero si, en vez de tratar de escapar, procurara mantenerse despierto, encararía abiertamente cada experiencia y la comprendería. Si está apegado y se siente satisfecho estándolo, no experimenta ninguna perturbación. Sólo en época de aflicción y sufrimiento anhela usted lo opuesto que, espera, le traerá un alivio. Si está apegado a una persona y hay paz y quietud, todo se mueve suavemente por un tiempo; luego ocurre algo que le causa aflicción. Tome, por ejemplo, un marido y su esposa; en su posesión mutua, en su amor, hay ceguera completa, felicidad. La vida se desliza suavemente hasta que algo sucede ­él puede abandonarla o ella puede enamorarse de otro. Entonces hay sufrimiento. En una situación así uno se dice a sí mismo: “Tengo que aprender a desapegarme”. Pero si vuelve a enamorarse, repite la misma cosa. Al experimentar otra vez dolor en el apego, uno anhela lo opuesto. Así es la naturaleza humana, eso es lo que cada ser humano desea.

No es, entonces, una cuestión de adquirir desapego. Se trata de ver la necedad del apego cuando uno está sufriendo a causa del apego; entonces uno no se dirige hacia lo opuesto. ¿Qué ocurre ahora? Usted desea apegarse y, al mismo tiempo, desea desapegarse, y en este conflicto hay sufrimiento. Si en el sufrimiento mismo comprende usted la finalidad del sufrimiento, si no trata de escapar hacia lo opuesto, entonces ese sufrimiento lo liberará tanto del apego como del desapego.

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Pláticas en Oslo y Frognerseteren, Noruega

Tercera plática en Frognerseteren, 9 de septiembre de 1933

Jiddu Krishnamurti. El Arte de Escuchar. Obras Completas Tomo 1. 1933 - 1934. The Collected Works of J.Krishnamurti Volume 1. 1933 - 1934. The Art of Listening. Jiddu Krishnamurti en español.

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