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El Arte de Escuchar

Pláticas en Adyar, Madrás, India

Cuarta plática, 1º de enero de 1934

(Krishnamurti fue obsequiado con una guirnalda por un miembro del auditorio, quien le deseó un feliz año nuevo).

Krishnamurti: Gracias. Había olvidado que es un nuevo año. Les deseo también a todos un feliz año nuevo.

En mi breve plática de esta mañana quiero explicar cómo puede uno descubrir por sí mismo qué es la verdadera satisfacción. La mayoría de las personas en el mundo se halla atrapada en algún tipo de insatisfacción y busca constantemente la satisfacción. O sea, que su búsqueda de satisfacción es la búsqueda de un opuesto. Ahora bien, la insatisfacción, el descontento, surge del sentimiento de vacuidad, del sentimiento de soledad, de hastío, y cuando uno experimenta esta insatisfacción, busca llenar el hueco, el vacío que hay en su vida. Cuando están insatisfechos buscan constantemente algo que reemplace lo que causa insatisfacción, algo que les sirva como sustituto, algo que les proporcione satisfacción. Recurren a una serie de logros, de éxitos, para llenar el doloroso vacío que experimentan en la mente y en el corazón. Eso es lo que la mayoría de ustedes trata de hacer. Si hay miedo, buscan valor, el cual esperan les produzca contentamiento, felicidad.

En esta búsqueda de lo opuesto, se destruyen poco a poco los sentimientos profundos. Ustedes se vuelven más y más superficiales, más y más vacuos, porque todo su concepto de la satisfacción, de la felicidad, se basa en la sustitución. El anhelo, el hambre de la mayoría de la gente, es por lo opuesto. En su anhelo por obtenerlo, persigue ideales espirituales o busca que se le confiera títulos mundanos, y ambas cosas vienen a ser exactamente lo mismo.

Tomemos un ejemplo que tal vez pueda aclarar un poco más el asunto, aunque, en su mayor parte, los ejemplos resultan confusos y desastrosos para la comprensión porque no proporcionan una percepción clara de lo abstracto; sólo a partir de esa percepción puede uno llegar a lo práctico. Supongamos que deseo algo y que, gracias a mis esfuerzos, termino por poseerlo. Pero esta posesión no me da la satisfacción que había esperado, no me da una felicidad profunda y perdurable. Por lo tanto, cambio mi deseo dirigiéndolo hacia alguna otra cosa y poseo esa cosa. Pero ni siquiera ésta me da una satisfacción permanente. Entonces acudo al afecto, a la amistad; después a las ideas, y finalmente recurro a la búsqueda de la verdad o de Dios. Este proceso gradual de cambio en cuanto a los objetos del deseo es llamado evolución, crecimiento hacia la perfección.

Pero si reflexionan realmente sobre ello, verán que este proceso es nada más que el proceso de satisfacción y, por ende, una vacuidad y superficialidad siempre crecientes. Si lo consideran, verán que ésta es la esencia de sus vidas. No hay alegría en el trabajo que hacen, en el medio donde viven; tienen miedo, sienten envidia de las posesiones de otros. De eso surge la lucha, y de esa lucha emana el descontento. Entonces, para superar ese descontento, para encontrar satisfacción, recurren a lo opuesto.

Del mismo modo, cuando cambian su deseo pasando de lo así llamado transitorio, no esencial, a lo que llaman esencial, permanente, lo que han hecho es cambiar meramente el objeto de su satisfacción, el objeto a ganar. Primero fue una cosa concreta y ahora es la verdad. Sólo han cambiado el objeto de sus deseos y, con eso, se han vuelto más superficiales, más vanos, más vacuos. La vida se ha tornado insatisfactoria, superficial, pasajera.

No sé si están de acuerdo o en desacuerdo con lo que digo, pero si están dispuestos a reflexionar sobre ello, a discutirlo y cuestionarlo, verán que su hambre por la verdad, como he estado tratando de explicarlo durante estas pláticas, es meramente el deseo de gratificación, de satisfacción, el anhelo de seguridad, de certidumbre. Esa hambre jamás contiene en sí lo real. Es hambre superficial, pasiva; su resultado es nada más que artificio, vacuidad y creencia incondicional.

Hay un hambre verdadera, un anhelo verdadero; no es el deseo de un opuesto, sino el deseo de comprender la causa de la cosa misma en la que uno está atrapado. Ahora ustedes están buscando constantemente opuestos; cuando tienen miedo, buscan valor como un sustituto para el miedo, pero ese sustituto no los libera realmente del miedo. En lo fundamental, siguen atemorizados; ese miedo básico lo han tapado meramente con la idea del valor. El hombre que persigue el valor, o cualquier otra virtud, está actuando superficialmente, mientras que si tratara de comprender inteligentemente esta persecución del valor, ello lo conduciría al descubrimiento de la verdadera causa del miedo, descubrimiento que lo liberaría tanto del miedo como de su opuesto. Y ése no es un estado negativo; es el único modo dinámico y positivo de vivir.

¿Cuál es, por ejemplo, nuestro interés inmediato cuando experimentamos un dolor físico? Queremos alivio instantáneo, ¿no es así? No pensamos en los momentos en que no sentíamos dolor ni en los momentos en que no sentiremos dolor. Sólo nos interesa el alivio inmediato de ese dolor. Buscamos el opuesto. Estarnos tan consumidos por ese dolor que anhelamos librarnos de él. La misma actitud existe cuando todo nuestro ser se halla consumido por el miedo. Cuando ese miedo surja, no escapen de él. Afróntenlo completamente, con todo el ser, no traten de desarrollar valor. Sólo entonces comprenderán su causa fundamental y, con eso, liberarán del miedo a la mente y al corazón.

La civilización moderna ha contribuido a adiestrar nuestra mente y nuestro corazón para que no sientan con intensidad. La sociedad, la educación, la religión, nos han alentado a buscar el éxito, a confiar en la ganancia. Y en este proceso de éxito y ganancia, en este proceso de logro y crecimiento espiritual, hemos destruido esmerada y diligentemente la inteligencia, la profundidad en el sentir.

Cuando ustedes sufren realmente, como ocurre cuando muere alguien a quien de verdad amaban, ¿cuál es su reacción? Están tan presos en sus emociones, en sus sufrimiento, que momentáneamente se encuentran paralizados por el dolor. ¿Qué sucede, entonces? Anhelan tener de regreso nuevamente al amigo muerto. Por lo tanto, persiguen todos los medios y recursos para llegar a esa persona: el estudio del más allá, la creencia en la reencarnación, el uso de un médium... persiguen todas estas cosas a fin de entrar en contacto con el amigo que han perdido. ¿Qué ha sucedido, pues? La agudeza de la mente y del corazón que percibieron en medio de su dolor, se ha embotado, ha muerto.

Por favor, traten de seguir inteligentemente lo que estoy diciendo. Aun cuando puedan creer en el más allá, tengan la bondad de no cerrar la mente y el corazón a lo que he de decir.

Desean tener al amigo que han perdido, y ese deseo mismo destruye la agudeza, la plenitud de percepción. Porque, después de todo, ¿qué es el sufrimiento? El sufrimiento es una conmoción para despertarnos, para ayudarnos a comprender la vida. Cuando ustedes experimentan la muerte de alguien, sienten una soledad absoluta, la pérdida de un apoyo; son como el hombre al que han privado de sus muletas. Pero si buscan inmediatamente las muletas de nuevo en la forma de consuelo, compañía, seguridad, despojan a la conmoción de su significado. Llega otra conmoción y pasan otra vez por el mismo proceso. Así, aunque tengan muchas experiencias durante su vida, conmociones de sufrimiento que deberían despertar su inteligencia, su comprensión, ustedes mitigan gradualmente esas conmociones al desear y perseguir el consuelo.

De ese modo, utilizan la idea de la reencarnación, la creencia en el más allá, como una especie de droga o narcótico. En esta idea a la que recurren, no hay inteligencia. Buscan meramente escapar del sufrimiento, aliviarse del dolor. Cuando hablan de la reencarnación, no ayudan a otro a que comprende verdaderamente la causa del dolor, no lo ayudan a librarse del sufrimiento. Sólo le ofrecen un medio de escapar. Si el otro acepta el consuelo, el escape que ustedes le ofrecen, sus sentimientos se vuelven superficiales, vacuos, porque se refugia en la idea de la reencarnación. A causa de esta plácida garantía que ustedes le dan, ya no siente con profundidad la muerte de alguien, porque ha embotado sus sentimientos, ha ahogado sus pensamientos.

Así, en esta búsqueda de contentamiento, de consuelo, su pensar y su sentir se vuelven superficiales, estériles, triviales, y la vida llega a ser una cáscara vacía. Pero si ven el absurdo de la sustitución y perciben la idea del contentamiento con sus logros, entonces hay una gran profundidad en el pensar y el sentir, entonces la acción misma revela el significado de la vida.

Pregunta: Hay muchos sistemas de meditación y autodisciplina adaptados a los distintos temperamentos, y todos esos sistemas tienen el propósito de cultivar y agudizar la mente, las emociones, o ambas a la vez. Ahora bien, la utilidad y el valor de un instrumento son grandes o pequeños según el instrumento esté afilado o desafilado; por lo tanto: 1) ¿Piensa que todos estos sistemas son igualmente inútiles y perjudiciales sin excepción? 2) ¿Cómo abordaría usted las diferencias temperamentales de los seres humanos? 3) ¿Qué valor tiene para usted la meditación del corazón?

Krishnamurti: Diferenciemos entre concentración y meditación. Cuando ustedes hablan de meditación, la mayoría entiende por tal el mero aprendizaje de un truco de concentración. Pero mediante la concentración no se llega al júbilo de la meditación. Consideren lo que ocurre en lo que llaman meditación, la cual es para ustedes nada más que el proceso de adiestrar la mente para que pueda concentrarse sobre un objeto o una idea en particular. Excluyen de su mente todos los otros pensamientos o imágenes, excepto aquello que deliberadamente han escogido; tratan de enfocar la mente sobre esa idea, imagen o palabra. Ahora bien, eso es mera contracción, limitación del pensamiento. Cuando durante este proceso de contracción surgen otros pensamientos, ustedes los desechan, los dejan de lado. De ese modo, la mente se vuelve cada vez más estrecha, cada vez menos elástica, menos libre.

¿Por qué desean concentrarse? Porque ven que un atractivo, una recompensa los espera como resultado de la concentración. Quieren convertirse en discípulos, quieren encontrar al Maestro, quieren evolucionar espiritualmente, quieren comprender la verdad. Por consiguiente, la concentración que practican se vuelve destructivo respecto del pensamiento y las emociones, porque consideran la meditación, la concentración, desde el punto de vista de la ganancia, la utilizan para escapar de la confusión en que viven. Sólo reflexionen sobre ello un momento aquéllos de ustedes que han practicado por años la meditación, la concentración. Han estado forzando a la mente para que se ajuste a un patrón determinado, para que se amolde a una imagen o idea en particular, para que se conforme a cierta idiosincrasia, a cierto prejuicio. Ahora bien, todas las creencias, los ideales, las idiosincrasias dependen de los agrados y desagrados personales. La autodisciplina de ustedes, la así llamada meditación, es meramente un proceso mediante el cual tratan de obtener, algo a cambio. Y esta garantía de obtener algo a cambio, este buscar una recompensa, también explica el gran número de miembros de las iglesias y sociedades religiosas: estas instituciones prometen un premio, una recompensa a los seguidores que adhieran fielmente a su disciplina.

Donde hay control, no hay meditación del corazón. Cuando están buscando con miras a ganar, a obtener una recompensa, su búsqueda ya ha terminado. Tomen, por ejemplo, el caso de un científico, un gran científico, no un seudocientífico. Un verdadero científico está experimentando continuamente sin buscar resultados. En su búsqueda existen lo que llamamos resultados, pero él no está limitado por ellos, porque experimenta constantemente. Encuentra alegría en ese movimiento mismo de experimentar. Eso es la verdadera meditación. La meditación no consiste en la búsqueda de un resultado, de un subproducto. Tal resultado es meramente accidental, una expresión externa de esa gran búsqueda que es extática, eterna.

Entonces, en lugar de desterrar cada pensamiento que surge, como hacen cuando practican la así llamada meditación, traten de comprender y vivir el significado de cada pensamiento a medida que se les presenta; hagan esto no en un período determinado, a una hora o en un momento particular, sino a lo largo del día, continuamente. En esa conciencia despierta comprenderán la causa y el significado de cada pensamiento. Esa percepción alerta liberará de los opuestos a la mente, la liberará de su pequeñez, de su superficialidad; en esa percepción alerta hay libertad, plenitud del pensamiento. Es un movimiento eterno, sin limitación, y en ese movimiento está el verdadero júbilo de la meditación, hay una paz vital. Pero cuando ustedes buscan un resultado, la meditación que practican se vuelve superficial, vacua, como queda demostrado por sus actos.

Muchos de ustedes han meditado durante años. ¿En qué los ha beneficiado? Han divorciado el pensamiento, de la acción. En los templos, en los santuarios, en las capillas de meditación han llenado sus mentes con la supuesta imagen de la verdad, de Dios, pero cuando salen de ahí para entrar al mundo, sus acciones no exhiben ninguna de esas cualidades que tratan de obtener. Sus acciones son completamente lo opuesto: son crueles, explotadoras, posesivas, destructivas. Por lo tanto, en esta búsqueda de un premio, de una recompensa, han diferenciado entre pensamiento y acción, los han dividido, y la que llaman meditación está vacía, carece de hondura, de profundidad en el sentir o grandeza en el pensar.

Si están constantemente atentos, plenamente alerta a cada pensamiento y emoción que aparece, en esa llama la acción de ustedes será el armonioso resultado de su pensar y sentir. Ése es el júbilo, la paz de la verdadera meditación; no lo es este proceso de autodisciplina, este retorcer la mente adiestrándola para que se amolde a una actitud particular. Tal disciplina, tal distorsión, sólo significa deterioro, aburrimiento, rutina, muerte.

Pregunta: Durante la Convención Teosófica de la semana anterior, hablaron algunos líderes y admiradores de la Dra. Besant, rindiendo tributo a sus elevados méritos. ¿Cuál es su tributo y su opinión respecto de esa gran figura que fue su madre y amiga? ¿Cuál fue la actitud de ella hacia usted durante los muchos años en que fue tutora suya y de su hermano y también con posterioridad? ¿No siente gratitud por la guía, la educación y el cuidado que recibió de ella?

Krishnamurti: Mr. Warrington me pidió amablemente que hablara acerca de esta cuestión, pero le dije que no deseaba hacerlo. Ahora no me condenen usando palabras tales como “tutoría”, “gratitud”, etc. Señores, ¿qué puedo decir? La Dra. Besant fue nuestra madre, se ocupó de nosotros, nos cuidó. Jamás me dijo: “Haz esto”, “no hagas aquello”. Me dejó tranquilo. Bueno, con estas palabras le he rendido el más grande de los tributos. (Aplausos).

Ustedes saben, los seguidores destruyen a los líderes, y ustedes han destruido a los suyos. En su seguimiento de un líder, explotan a ese líder; en el uso constante que hacen del nombre de la Dra. Besant, sólo la están explotando. La explotan a ella y a otros maestros. El peor servicio que pueden hacer a un líder es seguir a ese líder. Veo que inclinan la cabeza a manera de aprobación. Pero déjenme citar su nombre y santificar su memoria, y podré explotarlos porque ustedes desean ser explotados; desean ser usados como instrumentos, porque eso es para ustedes más fácil que pensar. Son todos piezas, partes de máquinas usadas por los explotadores. Las religiones los usan en el nombre de Dios, la sociedad los usa en el nombre de la ley, los políticos y los educadores los usan y los explotan. Los así llamados maestros y guías religiosos, los explotan en nombre de las ceremonias, en nombre de los Maestros. Yo meramente los insto a que vean estos hechos. Pueden hacer lo que quieran en relación con ellos; eso no me interesa porque no pertenezco a ninguna sociedad y es probable que no regrese aquí nuevamente.

Comentario: Pero nosotros queremos que venga.

Krishnamurti: Por favor, no se pongan sentimentales acerca de esto. Probablemente algunos de ustedes se alegrarán de que no vuelva otra vez.

Comentario: No.

Krishnamurti: Esperen un momento, por favor. Yo no quiero que me pidan o que no me pidan que vuelva. Eso no tiene ninguna importancia.

Señores, estas dos cosas son por completo diferentes: lo que ustedes piensan y hacen y lo que yo hablo y hago. Las dos cosas no pueden combinar. Todo el sistema de ustedes se basa en la explotación, en el seguimiento de la autoridad, en la creencia en la religión y la fe. No sólo su sistema, sino los sistemas de todo el mundo. No puedo ayudar a aquéllos de ustedes que están satisfechos con este sistema. Deseo ayudar a los que están ansiosos por romper con él, por comprender. Naturalmente, ustedes me rechazarán porque me opongo a todo lo que consideran caro, sagrado y meritorio. Pero su rechazo no me importará. No estoy apegado a éste ni a ningún otro lugar. Repito, lo que ustedes están haciendo y lo que yo hago son dos cosas por completo diferentes, no tienen nada en común.

Pero estaba contestando la pregunta acerca de la Dra. Besant. La mente humana es perezosa, apática. Ha sido tan embotada por la autoridad, tan moldeada, controlada, condicionada, que no puede sostenerse por sí misma. Pero sostenerse por uno mismo es el único modo de comprender la verdad. Entonces, ¿están ustedes verdadera y profundamente interesados en comprender la verdad? No, la mayoría no lo está. Sólo les interesa apoyar el sistema que hoy mantienen, encontrar sustitutos, buscar consuelo y seguridad; y en esa búsqueda explotan a otros y ustedes mismos son explotados. En eso no hay felicidad ni riqueza ni plenitud. A causa de que siguen este estilo de vida, tienen que escoger. Cuando basan su vida ya sea en la autoridad del pasado o en la esperanza del futuro, cuando guían sus acciones por la grandeza pasada o las ideas pasadas de un líder, no están viviendo; meramente imitan, actúan como piezas de una máquina. ¡Y ay de una persona así! Para ella la vida no contiene felicidad ni riqueza, sino sólo superficialidad y vacuidad. Esto me parece tan claro, que me sorprende que la pregunta surja una y otra y otra vez.

Pregunta: Usted ha hablado en términos claros sobre el tema de la existencia de los Maestros y el valor de las ceremonias. ¿Puedo formularle una pregunta directa y franca? ¿Nos revela usted su genuino punto de vista sin ninguna reserva mental? ¿O la despiadada manera en que presenta usted su parecer es meramente un modo de poner a prueba nuestra devoción a los Maestros y nuestra lealtad a la Sociedad Teosófica a la que pertenecemos? Por favor, formule su respuesta francamente, aun cuando pueda ser lesiva para algunos de nosotros.

Krishnamurti: ¿Qué piensan ustedes que soy? No les he dado una reacción momentánea, les he dicho lo que realmente pienso. Si desean usarlo como prueba para fortalecerse, para atrincherarse en sus viejas creencias, yo no puedo evitarlo. Les he dicho lo que pienso, lo he dicho francamente, directamente, sin disimulo alguno. No intento hacerlos actuar de un modo u otro, no trato de atraerlos hacia ninguna sociedad ni a una forma particular de pensamiento, no agito una recompensa delante de ustedes. Les he dicho francamente que los Maestros no son esenciales, que la idea de los Maestros es nada más que un juguete para el hombre que busca realmente la verdad. No trato de atacar sus creencias, me doy cuenta de que soy un invitado aquí; ésta es meramente mi opinión franca, como lo he declarado tantas y tantas veces.

Sostengo que donde hay falta de rectitud, hay ceremonias, ya sea en Mylapore, en Roma o aquí. Pero, ¿por qué discutir más acerca de esto? Ustedes conocen mi punto de vista, ya que lo he expresado repetidamente. Les he dado las razones de mi opinión en relación con los Maestros y las ceremonias. Pero, a causa de que desean a los Maestros, de que gustan de practicar ceremonias porque tal práctica les da cierta sensación de autoridad, de seguridad, de exclusividad, continúan con sus prácticas. Las continúan con fe ciega, con aceptación ciega, sin razonar, sin que haya detrás de sus actos un verdadero pensar o sentir. Pero de esa manera jamás comprenderán la verdad, jamás conocerán la terminación del dolor. Podrán encontrar olvido al dolor, pero nunca descubrirán la raíz, la causa del dolor ni se liberarán de él.

Pregunta: Usted condena con toda justicia una actitud hipócrita de la mente, así como los sentimientos y las acciones que se derivan de ella. Pero, ya que dice que no nos juzga, sino que, por alguna razón, parece considerar como hipócrita la actitud de algunos de nosotros, ¿podrá decirnos qué es lo que le da tal impresión?

Krishnamurti: Muy simple. Ustedes hablan de hermandad y, no obstante, son nacionalistas. Yo llamo hipocresía a eso, porque el nacionalismo y la hermandad no pueden existir juntos. Además, hablan acerca de la unidad del hombre, hablan de ella teóricamente; sin embargo, tienen sus religiones particulares, sus prejuicios particulares, sus diferencias de clase. A eso lo llamo hipocresía. Por otra parte, recurren a la autoglorificación, una autoglorificación sutil en lugar de la que consideran autoglorificación grosera, propia de los hombres de mundo que buscan distinciones, concesiones y honores del gobierno. Ustedes también son hombres de mundo y su glorificación es exactamente la misma, sólo que un poco más sutil. Ustedes, con sus distinciones, sus reuniones secretas, su exclusividad, también están tratando de llegar a ser nobles, de obtener honores y grados, pero en un mundo diferente. A eso lo llamo hipocresía. Es hipocresía porque pretenden ser abiertos, hablan de la hermandad y unidad del hombre, mientras que, al mismo tiempo, sus actos son completamente opuestos a sus palabras.

Que esto lo hagan consciente o inconscientemente, carece de importancia. El hecho es que lo hacen. Sí lo hacen conscientemente, con interés totalmente despierto, entonces, al menos lo hacen sin hipocresía. Entonces saben lo que están haciendo. Si dicen: “Quiero glorificarme a mí mismo pero, dado que no puedo obtener distinciones y honores en este mundo, trataré de adquirirlos en otro; me convertiré en discípulo, seré llamado esto y aquello, seré honrado como un hombre de calidad, de virtud”, entonces, al menos, son perfectamente honestos. Entonces hay alguna esperanza de que descubran que este proceso no lleva a ninguna parte.

Pero ahora están tratando de hacer simultáneamente dos cosas incompatibles. Son posesivos y, al mismo tiempo, hablan de estar libres de la posesión. Hablan de tolerancia y, no obstante, se están volviendo más y más exclusivos con el fin de “ayudar al mundo”. Palabras, palabras sin profundidad alguna. Eso es lo que yo llamo hipocresía. En un momento hablan de amor por el Maestro, de reverencia a un ideal, a una creencia, a Dios; sin embargo, al momento siguiente actúan con terrible crueldad. Sus actos son actos de explotación, afán posesivo, nacionalismo, maltrato de mujeres y niños, crueldad con los animales. Son insensibles a todo esto y, no obstante, hablan de afecto. ¿No es hipocresía eso? Dicen: “No advertimos estas condiciones”. Sí, es justamente por eso que existen. Entonces, ¿por qué hablan de amor?

Así que, para mí, sus sociedades, sus reuniones en las que hablan de sus creencias, de sus ideales, son reuniones de la hipocresía. ¿No es así? No estoy hablando con dureza, todo lo contrario; ustedes saben lo que siento con respecto al estado del mundo. No obstante, ustedes que pueden ayudar, que dicen que desean ayudar, ustedes que tratan de ayudar, se están volviendo cada vez más estrechos, más fanáticos, más sectarios. Han dejado de gritar, de llorar, de sonreír. La emoción nada significa para ustedes. Sólo se interesan en la ganancia incesante, en ganar conocimiento que los sofoca, que es meramente teórico, que es ciega vacuidad. El conocimiento no tiene nada que ver con la sabiduría. La sabiduría no puede comprarse; es natural, espontánea, libre. No es una mercadería que puedan comprar, al precio de la disciplina, a un gurú, a un maestro. La sabiduría, digo, no tiene nada que ver con el conocimiento. Aun así, ustedes buscan el conocimiento, y en esa búsqueda de conocimiento, de ganancia, están perdiendo el amor, todo sentimiento por la belleza, toda sensibilidad respecto de la crueldad. Se están volviendo cada vez menos impresionables.

Eso nos trae a otra cuestión que tal vez discutiremos más adelante, la cuestión de las impresiones y las reacciones. Están poniendo el énfasis en la conciencia egocéntrica, en la limitación. Cuando dicen: “Hago esto porque me gusta, porque me da satisfacción, placer”, estoy enteramente con ustedes, porque entonces comprenderán. Pero si dicen: “Estoy buscando la verdad, trato de ayudar a la humanidad”, y al mismo tiempo incrementan su conciencia egocéntrico, su autoalabanza, entonces a esa actitud y a esa vida de ustedes la llamo hipocresía, porque están buscando poder mediante la explotación de otros.

Pregunta: El verdadero espíritu crítico, según usted, excluye la mera oposición, lo cual viene a ser lo mismo que decir que excluye toda censura, toda crítica mezquina o destructivo. El espíritu crítico, en el sentido en que usted lo expresa, ¿no es lo mismo que el pensamiento puro dirigido a aquello que está bajo consideración? Si es así, ¿cómo puede despertarse o desarrollarse la capacidad de un verdadero espíritu crítico o de un pensar puro?

Krishnamurti: Para despertar ese verdadero espíritu crítico exento de oposición, uno debe saber primero que no es auténticamente crítico, que no está pensando con claridad. Eso es lo primero que hay que considerar. Para despertar el claro pensar, primero debo saber que no pienso claramente. En otras palabras, tengo que darme cuenta de lo que estoy pensando y sintiendo. Sólo entonces puedo saber si pienso correctamente o falsamente. ¿No es así? Cuando ustedes dicen que son críticos, sólo se están oponiendo a causa del prejuicio, del agrado y desagrado personal, de las reacciones emocionales. En ese estado dicen que piensan claramente, que son críticos. Pero yo digo que para ser inteligentemente críticos, debemos estar libres de esa predisposición y oposición personal, debemos darnos cuenta primeramente de que nuestro pensar es estrecho, fanático, personal, que está sometido a influencias, aunque no hayamos sido conscientes de esta esclavitud. Lo primero, pues, es tomar clara conciencia de esto.

Vean cómo la tensión del auditorio ha disminuido. O bien están ustedes cansados, o este tema no les interesa tanto como las ceremonias y los Maestros. No ven la importancia del espíritu crítico porque sus capacidades de dudar, de cuestionar, han sido destruidas por la educación, por la religión, por las condiciones sociales. Temen que la duda y el juicio crítico puedan demoler la estructura de la creencia que tan esmeradamente han edificado. Saben que las olas de la duda socavarán los cimientos de la casa que han construido sobre la arena de la fe. Tienen miedo de dudar y de cuestionar. Por eso su interés, su tensión, han descendido. Pero la tensión es necesaria para actuar; sin tal tensión ustedes no podrán hacer nada, ni en el mundo físico ni en el mundo del pensamiento y el sentimiento, que son todos una sola cosa.

Así que, primero que nada, tienen que darse cuenta de que están pensando de una manera muy personal, de que ese pensamiento está dominado por los agrados y los desagrados, por las reacciones de placer y dolor. Ahora se dicen a sí mismos: “Me agrada su apariencia; por lo tanto, seguiré lo que usted enseña”. O, de otro, dicen: “No me agradan sus creencias; por lo tanto, no lo escucharé. Ni siquiera trataré de averiguar si lo que dice tiene algún valor intrínseco, simplemente me opondré a él”. O bien: “Él es un maestro con autoridad, por consiguiente, tengo que obedecerlo”. A causa de un pensar semejante, de tales actitudes, destruimos gradualmente pero con certeza, todo sentido de verdadera inteligencia, todo pensar creativo. Nos estamos convirtiendo en máquinas cuya única actividad es la rutina, cuyo único final es el hastío y el deterioro. Aun así, nos preguntamos por qué sufrimos y buscamos una disciplina por medio de la cual podamos escapar de ese sufrimiento.

Pregunta: ¿Cuáles son las normas y principios de su vida? Ya que, presumiblemente, se basan en su propia concepción del amor, de la belleza, de la verdad, de Dios, ¿cuál es esa concepción?

Krishnamurti: ¿Cuáles son mis normas y principios de vida? No tengo. Por favor, entiendan crítica e inteligentemente lo que digo. No objeten: “¿Acaso no debemos tener normas? De lo contrario, nuestra vida sería un caos”. No piensen en términos de opuestos. Piensen intrínsecamente en relación con lo que estoy diciendo. ¿Por qué quieren normas y principios? ¿Por qué los quieren, ustedes que tienen tantos principios por los que moldean, controlan, dirigen sus vidas? ¿Por qué quieren normas? “Porque”, contestan, “no podemos vivir sin ellas. Sin normas y principios, haríamos exactamente las cosas que nos placen; podríamos comer en exceso o ser demasiado indulgentes con el sexo, podríamos desear poseer más de lo que debemos. Necesitamos principios y normas que guíen nuestras vidas”. En otras palabras, para restringiese sin comprensión, ustedes deben tener estos principios, estas normas. Esta es toda la estructura artificial de sus vidas ­­- restricción, control, represión -, porque detrás de esta estructura está la idea de ganancia, de seguridad, de consuelo, la cual da origen al temor.

Pero el hombre que no persigue la adquisición, que no está atrapado en la promesa de recompensa o en la amenaza del castigo, no requiere normas; el hombre que trata de vivir y de comprender por completo cada experiencia, no necesita de principios y normas, porque son sólo las creencias que nos condicionan las que exigen que nos amoldemos. Cuando el pensar es libre, incondicionado, entonces se reconocerá como eterno. Ustedes tratan de controlar el pensamiento, de moldearlo y dirigirlo, porque han establecido una meta, una conclusión hacia la cual anhelan dirigirse, y ese objetivo es siempre lo que ustedes quieren que sea, aunque puedan llamarlo Dios, perfección, realidad.

Ustedes me preguntan acerca de mi concepción de Dios, de la verdad, de la belleza, del amor. Pero yo digo que, si alguien describe la verdad, si alguien les habla de la naturaleza de la verdad, ¡cuídense de esa persona! Porque la verdad no puede ser descrita, no puede ser medida por las palabras. Ustedes inclinan sus cabezas en señal de asentimiento, pero mañana tratarán nuevamente de medir la verdad, de encontrar una descripción de ella. La actitud que tienen hacia la vida se basa en el principio de crear un molde y, entonces, encajarse a sí mismos dentro de ese molde. El cristianismo les ofrece un molde, el hinduismo otro, el mahometanismo, el budismo, la teosofía, les ofrecen los suyos. ¿Pero para qué quieren ustedes un molde? ¿Por qué sienten estima por las ideas preconcebidas? Todo lo que pueden conocer es la pena, el sufrimiento y algunas alegrías efímeras. Pero quieren escapar de la pena sin conocer su causa, quieren escapar del sufrimiento sin conocer su profundidad. Antes bien, recurren a lo opuesto en busca de consuelo. En medio de su dolor, dicen que Dios es amor, que Dios es justo, misericordioso. Mental y emocionalmente acuden a este ideal de amor, de justicia, y se moldean a sí mismos conforme a ese patrón. Pero el amor podrán comprenderlo sólo cuando ya no sean posesivos; todo el dolor surge de ese afán de poseer. Sin embargo, todo su sistema de pensamiento y emoción se basa en ese instinto posesivo; ¿cómo pueden, entonces, saber del amor?

Así que nuestro primer interés es liberar del instinto posesivo a la mente y al corazón, y eso podemos hacerlo sólo cuando tal instinto posesivo se vuelve un veneno para nosotros, cuando sentimos el sufrimiento, la angustia que ese veneno ocasiona. Ahora ustedes tratan de escapar de ese sufrimiento. Quieren que yo les diga cuál es mi ideal del amor, de la belleza, de modo que puedan convertirlo en otro patrón, en otra norma, o comparar mi ideal con el de ustedes, esperando con eso comprender. La comprensión no adviene comparando. Yo no tengo ningún ideal, ningún patrón de conducta. La belleza no está divorciada de la acción. La verdadera acción es la armonía misma de todo el ser. ¿Qué significa eso para ustedes? Significa nada más que palabras vacías, porque sus acciones carecen de armonía, porque piensan una cosa y hacen otra.

Uno puede encontrar la libertad duradera, la verdad, la belleza, el amor - que son una y la misma cosa -, cuando ya no busca nada de eso. Por favor, traten de comprender lo que estoy diciendo. El significado que le asigno es sutil sólo en el sentido de que ello puede ser realizado infinitamente. Digo que la búsqueda misma de ustedes está destruyendo el amor, destruyendo su sentido de la belleza, de la verdad, porque esa búsqueda no es sino un escapar, un evadirse del conflicto. Y la belleza, el amor, la verdad, esa esencia divina de la comprensión, no puede hallarse escapando del conflicto; se encuentra en el conflicto mismo.

El Arte de Escuchar

Pláticas en Adyar, Madrás, India

Cuarta plática, 1º de enero de 1934

Jiddu Krishnamurti. El Arte de Escuchar. Obras Completas Tomo 1. 1933 - 1934. The Collected Works of J.Krishnamurti Volume 1. 1933 - 1934. The Art of Listening. Jiddu Krishnamurti en español.

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