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¿Qué es la recta Acción?

Pláticas en Nueva York, 1935

Nueva York, Segunda plática en el Salón del Municipio, 13 de marzo 1935

Amigos, antes de contestar algunas de las preguntas que me han entregado, me gustaría aclarar que lo que he estado diciendo y lo que voy a decir, no es un nuevo juguete intelectual ni una nueva serie de teorías sobre las cuales podamos argüir para la mera estimulación intelectual; tampoco es su propósito proveer de una nueva sensación a una emoción ya agotada. Su verdadera significación y profundidad puede ser descubierta sólo cuando uno experimenta con ello; de lo contrario, no tendrá valor alguno en un mundo donde reina un constante conflicto.

Para experimentar, uno tiene que comenzar consigo mismo, Después de todo, nadie puede experimentar por medio de alguna otra persona. Uno no conocerá ni el resultado ni la significación de ese experimento, si no lo prueba por sí mismo.

Así que, en lugar de considerar al vecino, uno debe empezar a descubrir cómo experimentar verdaderamente consigo mismo. Para ayudar al mundo, es preciso comenzar con uno mismo. Si podemos realmente experimentar con nosotros mismos de modo que haya un ajuste continuo, no el ajuste a una disciplina estereotipada, no el ciego seguimiento de un patrón, no la incesante práctica de una idea, entonces un experimento así en el vivir traerá consigo un cambio significativo en la acción, en la conducta, en la totalidad de nuestro ser.

Yo sugeriría que en vez de considerar superficialmente las ideas que expongo, experimenten con ellas para ver si tienen algún valor práctico en sus vidas cotidianas.

Casi todos nosotros nos hemos formado en ciertos prejuicios, tradiciones y temores, obligados por el medio a seguir y obedecer, y desde ese trasfondo pensamos y actuamos. Este trasfondo se ha convertido en una parte inconsciente de nosotros, y desde este centro inconsciente comenzamos a pensar, sentir y actuar. Todas nuestras acciones, al emanar de esa limitación del corazón y de la mente, es natural que se restrinjan cada vez más, que se vuelvan más y más estrechas, más y más condicionadas. De este modo, nuestro ser inconsciente, esos habituales pensamientos y sentimientos que no hemos cuestionado ni comprendido, continuamente desnaturalizan, interfieren y oscurecen las acciones conscientes. Si no comprendemos y así nos liberamos de ese trasfondo con el cual hemos crecido y madurado, esos prejuicios, esos temores estarán interfiriendo todo el tiempo con lo consciente y lo condicionarán. La conciencia es acción, es discernimiento. Así, nuestra acción está siendo continuamente limitada, condicionada por el temor, por la tradición. En vez de liberarnos, la acción no hace sino incrementar nuestro conflicto, nuestros problemas, y de este modo el vivir se vuelve nada más que una serie de conflictos, una serie de luchas.

Para escapar de estas luchas, hemos creado ciertas ilusiones como un alivio, ilusiones que para nosotros se han vuelto realidades. O sea, tenemos innumerables problemas y conflictos, y para escapar de ellos hemos constituido ciertos alivios regulares generalmente aceptados. Estos alivios son las religiones organizadas, el sistema adquisitivo, el establecimiento y seguimiento de una tradición y los múltiples escapes sensoriales.

Si están atentos a sus acciones, advertirán que eso es lo que está sucediendo con la mayoría de ustedes, que están funcionando a partir de un trasfondo de tradición o de temor y, por lo tanto, están incrementando su conflicto, sus luchas. En vez de liberarse mediante la acción, establecen diversos alivios o escapes, y éstos se vuelven tan reales, tan exigentes, que la mente encuentra inmensamente difícil librarse de ellos.

Librarnos de la causa que da origen a esta acción cada vez más limitada, o sea, librarnos del inconsciente, no es escudriñar dentro del pasado, sino tomar conciencia plena mientras actuamos en el presente. En lugar de estar ocupándonos de ver si somos esclavos de la tradición, del temor, del prejuicio, tenemos que estar totalmente alerta a nuestra acción, y en esa llama de la percepción alerta, la causa de la limitación, como puede serlo el temor, se revelará a sí misma. O sea, si estamos plenamente despiertos, plenamente atentos a una acción que exige nuestro ser completo, entonces percibiremos cómo todas estas ocultas, inconscientes distorsiones brotan desde el fondo y nos impiden actuar do una manera plena, completa. Entonces es el momento de habérselas con ellas, y si la llama de la percepción alerta es intensa, esa llama consume las causas de la limitación.

Si en lugar de seguir una norma, una línea trazada de acción, lo cual tiene que mutilar inevitablemente nuestro pensar y sentir, podemos estar plenamente alerta en el instante de la acción ‑ y esto sólo puede suceder cuando el pensar y el sentir son intensos -, entonces las ocultas e inexploradas profundidades de nuestra conciencia, se revelan a sí mismas. Mientras que si meramente examinamos el inconsciente mediante el análisis, encontraremos que nuestras acciones llegan a ser cada vez más restringidas, más superficiales y, en consecuencia, pierden su significado, su profundidad, con lo cual la vida se vuelve trivial y vacía.

Si ustedes empiezan a estar atentos, a tratar con un problema íntegramente, de manera completa, total, entonces verán cómo en sus mentes comienzan a insinuarse todos los múltiples condicionamientos, los pensamientos defensivos, heredados o adquiridos. Entonces descubrirán ‑ si de verdad experimentan con ello ‑ que la mente y el corazón no se hallan en conflicto, no se contradicen entre sí, sino que son la fuente misma el origen de eso que están buscando, ese éxtasis creativo, la verdad.

Si en vez de buscar la paz, la felicidad, o de intentar descubrir qué es la verdad o la inmortalidad, o si existe un Dios, si en lugar de eso la mente y el corazón, en la llama de la percepción alerta, pueden librarse del temor, del prejuicio, do las distorsiones mentales, de las causas condicionantes, entonces esa conciencia es el verdadero éxtasis de la vida, de la verdad.

Pregunta: ¿Qué debería uno hacer para librarse de la soledad y el miedo?

Krishnamurti: Primero averigüemos qué hacemos ahora, y entonces podremos investigar qué debemos hacer. Si nos sentimos solos, ¿qué es lo que hacemos? Tratamos de escapar de la soledad por medio de la compañía, del trabajo, de la diversión, de la adoración, de la plegaria… todos los escapes familiares hábilmente establecidos. ¿Por qué hacemos eso? Pensamos que podemos disimular la soledad mediante estos escapes, mediante estos alivios. ¿Acaso es posible disimular una cosa inherentemente enferma? Podemos encubrir la soledad momentáneamente, pero continúa todo el tiempo.

Por lo tanto, cuando hay escape tiene que haber continuación de la soledad. Para la soledad no hay sustitutos. Si podemos comprender esto con todo nuestro ser, completamente, si podemos comprender esto con todo nuestro ser, completamente, si podemos comprender que no es posible escapar de la soledad, del temor, ¿qué ocurre? La mayoría de ustedes será incapaz de contestar porque jamás ha afrontado de manera completa el problema. Ustedes no saben qué ocurriría si todas las vías de escape fueran completamente bloqueadas y no hubiera la más mínima posibilidad de huir.

Les sugiero que experimenten con ello. Cuando se sientan solos, aislados, estén plenamente alerta y verán que la mente desea fugarse, escapar. Cuando la mente se da cuenta de que está escapando y, al mismo tiempo, percibe lo absurdo que es escapar, en esa comprensión desaparece de hecho el sentimiento de soledad.

Por favor, cuando se enfrentan con un problema y no hay posibilidad alguna de salida, entonces el problema cesa, lo cual no implica su aceptación. Ahora buscan un remedio para la soledad, una sustitución; por lo tanto, el problema no es para ustedes el significado de la soledad, sino cuál es el remedio para la soledad, cuál es la mejor manera de escapar de ella o de disimularla. Pero cuando la mente ya no busca un escape, entonces la soledad o el temor tienen un significado muy diferente.

Ahora bien, para ello no pueden aceptar mi palabra; todo cuanto pueden decir es que no saben. No saben si la soledad y el temor desaparecerán, pero experimentando comprenderán todo el significado de la soledad. Si tan sólo buscamos un remedio para la soledad o el temor, nos volvemos muy superficiales, ¿no es así? Para el hombre que tiene todo lo que desea, o para el hombre que lo desea todo, la vida se vuelve muy trivial. Buscando meramente remedios, la vida pierde su sentido, se vuelve vacía; mientras que si están enfrentados de verdad con un problema que arde y no hay vía posible de escape, entonces verán que ese problema hace con ustedes algo milagroso. Ya no es tan sólo un problema; es una cosa intensamente vital, para ser examinada, para vivir con ella, para comprenderla.

Pregunta: ¿Piensa usted que uno debe transigir en la vida diaria?

Krishnamurti: ¿Cree usted que hay transacción posible entre la guerra y la paz? Es decir, si usted piensa realmente que la guerra, el matar por alguna razón patriótica o por cualquier otra razón, es fundamentalmente erróneo, ¿considera que podría transigir respecto a la creación de la guerra o a la participación en ella? De igual modo, ¿piensa que puede haber transacción alguna entre el espíritu adquisitivo y el no adquisitivo?

Hay transacción si en un momento uno es adquisitivo y al momento siguiente es no adquisitivo. Si no es adquisitivo, si realmente no persigue la adquisición, si no es manejado por ella, entonces no hay transacción ni compromiso entre lo adquisitivo y lo no adquisitivo. Pero, cuando uno es posesivo y las circunstancias, las ideas y los ideales lo impulsan a ser no adquisitivo, entonces comienza a transigir, a buscar la forma mejor y menos dañina de someterse a un compromiso.

Si uno está verdaderamente libre del espíritu adquisitivo, aunque pueda vivir en este mundo de posesiones, no hay transacción. Ustedes tienen que descubrir si son adquisitivos. Esto es muy simple. Para hacerlo, no empiecen a analizar sus acciones, con lo cual sólo las limitan, sino estén plenamente atentos en el momento de la acción misma.

El tiempo no los liberará del deseo de adquirir. O sea, no pueden aprender a ser no adquisitivos postergándolo para un futuro; sólo en el presente pueden librarse de ser adquisitivos, no a la larga. El significado de ello sólo pueden discernirlo ahora, instantáneamente. Pero, como no queremos discernir esto en lo inmediato, decimos - engañándonos a nosotros mismos - que aprenderemos a ser no adquisitivos más adelante, en los años venideros. Sólo en el presente podemos comprenderla estupidez de ser adquisitivos, y no en el futuro. La libertad respecto de nuestra condición adquisitiva no es el resultado de un lento desarrollo evolutivo de la mente y del corazón.

Un amigo mío se convirtió en sacerdote hace unos diez años. Me dijo el otro día que le había tomado diez años ver la necedad de su acto. Me pregunté si de verdad lo había hecho, o si fue tan arrebatado por sus deseos, por sus emociones, por sus temores, por las tradiciones, que no fue capaz de pensar con claridad entonces y comenzó a pensar claramente sólo cuando se sintió desilusionado. Lo que ocurrió es que estaba emocionalmente arrebatado e influenciado por el temor, por la autoridad, por la tradición. Si hubiera estado plenamente alerta y consciente en el momento de su decisión, no le habría tomado diez años descubrir la necedad de ese acto.

La pregunta es: ¿Debe haber transacción? Naturalmente, hay transacción cuando usted es adquisitivo y al mismo tiempo quiere ser no adquisitivo. En ese conflicto de los opuestos tiene que haber una transacción. Para eso no hay solución, y cuando la vida se vuelve un conflicto continuo entre opuestos, existe entonces una lucha estúpida y carente de sentido. Pero si uno discierne verdaderamente todo el significado que tiene el ser adquisitivo, entonces en esa libertad hay riqueza, existe la perdurable belleza de la vida.

Pregunta: Usted dice que la memoria es una barrera. ¿Por qué?

Krishnamurti: Cualquier cosa que percibimos directamente, que comprendemos de manera completa, no deja cicatriz alguna en la mente. Si usted vive una experiencia en su totalidad, aunque pueda recordar el suceso, ello no producirá esas reacciones que uno utiliza para su defensa propia. Si tengo una experiencia cuyo significado no comprendo por completo, la mente se convierte en un centro de conflicto, y este conflicto continúa hasta que comprendo esa experiencia en su totalidad. Mientras la mente está cargada con estos conflictos, no es más que un depósito de reacciones defensivas llamadas recuerdos, y con tales recuerdos protectores abordamos la vida, creando así una barrera entre la vida y nosotros mismos, de lo cual resultan todos los conflictos, temores y sufrimientos. Esto es lo que hacemos la mayor parte del tiempo. En vez de hallarse en ese estado de vacío creativo, la mente se vuelve un mero depósito de recuerdos defensivos. A este manojo de reacciones defensivas lo llamamos el “yo”, esa conciencia limitada.

Con tal conciencia limitada, que no es sino una serie de autoprotectoras, invulnerables capas de recuerdos, abordamos la vida y todas sus experiencias. Las experiencias, en vez de disipar estas numerosas capas y así liberar la fuerza creativa de la vida, producen y añaden tan sólo nuevos recuerdos defensivos, y así la vida se convierte en una serie continuada de conflictos, confusión y sufrimiento. En lugar de ser completamente vulnerable a la vida, de estar completamente vacía - no en el sentido negativo de la palabra -, de hallarse totalmente libre del sentido de defensa propia, la mente se ha vuelto una máquina de advertir, de guiar, de protegerse y defenderse a sí misma. Para mí, tales recuerdos autoprotectores, defensivos, son barreras fundamentales porque impiden el goce completo de la vida, el cual se encuentra únicamente en la verdad.

Considere por sí mismo cómo su mente no es vulnerable. La vulnerabilidad completa es sabiduría. Cuando tenga una experiencia, observe lo que ocurre: todos sus prejuicios, sus recuerdos, sus respuestas defensivas surgen y le dicen cómo actuar, cómo comportarse. De este modo usted ya ha establecido la manera como su mente ha de afrontar lo nuevo, lo fresco.

Al fin y al cabo, para comprender la verdad, Dios, lo desconocido o cualquier nombre que gusten darle, la mente y el corazón deben llegar a ello desprevenidos, inseguros. En lo vital de la inseguridad, está lo eterno.

Al protegerse a sí mismos, ustedes han desarrollado hábiles certezas, seguridades, sutiles recuerdos, y requiere una gran inteligencia librarse de todo eso. No pueden borrarlo o tratar de olvidarlo. Pueden descubrir estas barreras sólo en la plena percepción alerta de la acción misma.

La acción de escucharme también tiene que ser para ustedes una experiencia. Si están de algún modo interesados atentos a lo que digo, verán que lo reciben con toda clase de objeciones. No lo abordan abiertamente, con el deseo de descubrir, de experimentar. Sólo cuando la mente y el corazón son flexibles, cuando están alerta y no son esclavos de teorías, certidumbres, seguridades, pueden ustedes comenzar a descubrir las barreras de los recuerdos como reacciones autoprotectoras, defensivas. Estas cicatrices que llamamos recuerdos se interponen continuamente entre el movimiento de la vida, que es eterno, y nosotros mismos, ocasionando con ello conflicto y sufrimiento.

Pregunta: ¿Cómo puedo despertar la inteligencia?

Krishnamurti: ¿Por qué quiere despertar la inteligencia? ¿Puede usted realmente despertar la inteligencia, o la mente tiene que despojarse de sus múltiples estupideces y así encontrar que ella misma es inteligencia? Por favor, vean el significado de la pregunta. El interlocutor quiere saber qué debe hacer para despertar la inteligencia. Quiere saber el método, la manera, la técnica. Cuando la mente desea saber cómo, en realidad está buscando un sistema definido, y entonces se vuelve una esclava de ese sistema. Mientras que si ustedes comienzan a descubrir por sí mismos cuáles son las estupideces, entonces la mente se vuelve exquisita y delicadamente alerta. En el descubrimiento y en la comprensión de cuáles son las estupideces y en el abstenerse de ellas, está el despertar de la verdadera inteligencia.

Cuando ustedes preguntan cómo puede uno despertar la inteligencia, en realidad están requiriendo reglas y regulaciones, de modo que puedan forzar a la mente a lo largo de una rutina particular. A esto lo llaman una manera positiva de abordar la vida: que les digan exactamente lo que deben hacer. Eso es, en realidad, una negación del pensar, los convierte en esclavos de cierto sistema. Mientras que, si de verdad comenzaran a percatarse del medio que los rodea - del medio pasado y del presente -, si se dieran cuenta de sus propios pensamientos, de sus propias acciones, entonces, en el descubrimiento de lo que es estúpido, despertarían la verdadera inteligencia. Las definiciones acerca de la inteligencia tienden a esclavizar la mente y el corazón.

Podemos descubrir por nosotros mismos cuáles son las estupideces. Uno no necesita dar toda una lista de ellas. La verdadera causa de la estupidez tenemos que descubrirla por nosotros mismos. Si podemos hacer eso, entonces no necesitamos efectuar un inventario de estupideces.

¿Cuál es la causa de la estupidez? Todo pensamiento, toda emoción y acción que brotan de la conciencia limitada, del “yo”, dan origen a la estupidez. En tanto la mente sea tan sólo una entidad autodefensiva, adquisitiva, cualquier acción que brote de ella tiene que conducir inevitablemente a la confusión y al sufrimiento.

Pregunta: ¿Qué es, exactamente, lo que usted entiende por medio?

Krishnamurti: Hay un medio externo, tal como el país, el lugar, la clase, etc.; luego está el medio interno de la tradición, de las ideas heredadas y adquiridas. Podemos dividir, pues, el medio, en externo e interno, pero en realidad no existe una división así de definida, ya que ambos están íntimamente entrelazados.

Tomemos, por ejemplo, una persona nacida en la India. Se ha criado en cierto sistema religioso, con muchas creencias, con prejuicios de casta, con ventajas sociales y económicas, con incapacidades y demás. Con este trasfondo heredado, desarrolla un ulterior condicionamiento de la mente y del corazón. No sólo ha heredado cierto condicionamiento de sus padres, de su religión, de su país y de su raza, sino que también está añadiendo a eso sus propias reacciones, sus propios recuerdos y prejuicios basados en su trasfondo heredado.

Todo el tiempo lo acompaña el trasfondo de los prejuicios y pensamientos heredados y adquiridos, el trasfondo de temores, deseos, anhelos, recuerdos y esperanzas. Todo eso constituye el medio. Con ese trasfondo, con esa mente condicionada, aborda la vida, el constante movimiento de la vida, y trata de comprenderla. Es decir, desde un punto fijo intenta enfrentarse a la vida que está deviniendo eternamente. Tiene que haber conflicto, es natural, entre ese punto fijo y la cosa siempre viva, en movimiento. Cuando hay conflicto, existe el deseo de liberarse, de escapar, y la religión llega a ser nada más que una de las reacciones defensivas contra la inteligencia. Las religiones, la conciencia de clase, el afán adquisitivo, no son sino las vías de escape, las maneras de resguardarse del conflicto que resulta entre ese punto fijo o prejuicio - los recuerdos, los temores, la conciencia limitada, el “yo” - y el movimiento de la vida.

Puede haber comprensión, verdadera alegría de vivir, sólo cuando hay unidad completa, o cuando ya no existe el punto fijo, o sea, cuando la mente y el corazón pueden seguir libremente, rápidamente, los movimientos cambiantes de la vida, de la verdad. En eso hay éxtasis. Eso es inmortalidad.

Hasta tanto uno no haya discernido el verdadero significado del medio, la mente y el corazón se hallan sujetos a ese punto fijo de la conciencia limitada. De esto surgen el conflicto y el dolor, la batalla constante entre ese punto fijo y el movimiento eterno de la vida, lo cual da origen a una reacción defensiva contra la vida, contra la inteligencia.

La vida se vuelve una serie de conflictos con sus alivios correspondientes. Nos hemos rodeado completamente de estas ilusiones, de estos escapes que para nosotros se han convertido en realidades gracias a las cuales esperamos tener felicidad y paz, pero jamás pueden darnos esto. Por medio de la continua percepción alerta, del discernimiento, de la constante agudeza de la mente, de la duda, del cuestionamiento, es posible acabar con los muros de ese punto fijo de la conciencia, con ese centro de las ilusiones. Sólo entonces hay inmortalidad.

Comprender la inmortalidad, la vida, requiere una gran inteligencia, no algún estúpido misticismo. Requiere un discernimiento incesante, el cual sólo puede existir cuando hay constante penetración, cuando se acaban los muros de la tradición, del afán adquisitivo, de las reacciones autoprotectoras. Ustedes podrán escapar hacia alguna ilusión que llaman paz, inmortalidad, Dios, pero eso carecerá de realidad, porque seguirán existiendo la incertidumbre, el sufrimiento. Lo que liberará del dolor, de las ilusiones a la mente y al corazón, es la total percepción del eterno movimiento de la vida. Esto puede discernirse sólo cuando la mente está libre de ese centro, el centro fijo de la conciencia limitada.

¿Qué es la recta Acción?

Pláticas en Nueva York, 1935

Nueva York, Segunda plática en el Salón del Municipio, 13 de marzo 1935

Jiddu Krishnamurti. ¿Qué es la recta Acción? Obras completas tomo 2. 1934 - 1935. The Collected Works of J.Krishnamurti Volume 2. 1934 - 1935. What is Right Action? Jiddu Krishnamurti en español.

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