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¿Qué es la recta Acción?

Pláticas en Nueva York, 1935

Nueva York, Tercera plática en el Salón del Municipio, 15 de marzo 1935

Amigos, antes de contestar las preguntas, quiero explicarles brevemente algo que quizá sea difícil de comprender. Trataré de hacerlo tan simple y claro como sea posible.

Pienso que casi todos nosotros tratamos de descubrir cuál es la verdadera felicidad, porque si no somos inteligentemente felices, la vida se vuelve muy superficial, vana y más bien deprimente. Y así, en la búsqueda de lo que llamamos felicidad, vamos de una experiencia a otra, de una creencia a otra, de una teoría a otra, hasta que encontramos las creencias e ideas que puedan darnos satisfacción. Estas satisfacciones no son sino escapes. La búsqueda misma de la felicidad tiene que dar como resultado una serie de escapes; pueden ser, como dije, por medio de la autoridad, de la sensación, de la mera multiplicación de experiencias, y al aumentar su poder, estos escapes se convierten en patrones o valores mediante los cuales disimulamos el conflicto.

Después de todo, cuando estamos conscientes del conflicto, hay una perturbación que era infelicidad; y para escapar de esa infelicidad buscamos diversas experiencias y desarrollamos ciertos valores, patrones, medidas que se convierten en nuestros escapes. Así, poco a poco, llegamos a estar inconscientes de todo excepto de estos patrones, estas normas, y nuestra vida es nada más que una viviente imitación de estos valores que hemos establecido en nuestra búsqueda de la felicidad.

Si examinamos nuestra mente y nuestro corazón, veremos que están presos en una serie de normas y valores. Al estar tan atada, la mente está asignando siempre nuevos valores, estableciendo nuevas normas, asumiendo el derecho de juzgar a otros. Hasta que la mente se libere de este continuo proceso de atribuir valores, jamás será fresca, nueva; jamás estará creativamente vacía - si es que puedo usar esa palabra sin que se me entienda mal. Porque sólo en el vacío creativo surge a la existencia la verdad.

El conflicto, el sufrimiento, es el proceso de acabar con este hábito de atribuir valores. Tenemos un conjunto de valores establecidos por la experiencia, por la tradición, y estos valores se han vuelto nuestros guías; con estas normas y valores del pasado, abordamos una experiencia nueva, lo cual, naturalmente, tiene que crear un conflicto. Este sufrimiento es nada más que la ruptura de los viejos valores a los cuales la mente se aferra.

Ahora bien, es la esencia misma de la estupidez escapar del conflicto por medio de una serie de valores establecidos o formando una nueva serie de valores. La esencia misma de la inteligencia es comprender la vida o la experiencia con una mente y un corazón frescos, nuevos, desahogados de todas sus cargas.

En vez de afrontar la vida sin ninguna exigencia previa, ustedes la abordan con una mente y un corazón ya llenos de prejuicios, casi incapaces de un ajuste veloz, de una rápida flexibilidad. La falta de este discernimiento instantáneo del movimiento de la vida, crea dolor. El conflicto indica esclavitud, la cual no puede ser superada pero cuyo significado debe ser comprendido. Toda superación de obstáculos mediante un nuevo conjunto de valores, no es sino otra forma de escape.

Ustedes dirán tal vez que una mente que no asigna valores a las cosas es, en realidad, la mente de un primitivo. Eso es cierto en un sentido: el primitivo encara la vida inconscientemente, de manera incompleta, sin comprender plenamente su significado. Encarar la vida de manera completa y comprender plenamente su significado requiere una mente no condicionada por el ayer, y esto puede ocurrir sólo gracias a una intensa percepción alerta, gracias al discernimiento. A diferencia de lo que ocurre con la mente del primitivo, esto exige una acción integrada en el presente sin la presión del temor o la búsqueda de una recompensa. Esa acción es la inteligencia de la completa y madura soledad del ser.

El éxtasis de la verdad existe sólo cuando la mente y el corazón, vulnerables y libres de toda carga, se enfrentan a la vida, a lo desconocido, a lo inmensurable. Cuando la mente no está cargada de valores, de recuerdos, de ideas preconcebidas y es capaz de encontrarse con lo desconocido, en ese encuentro de la mente con lo desconocido nace la sabiduría, la bienaventuranza del presente.

Por lo tanto, el conflicto es el proceso mismo de despertar al hombre a la plenitud de la conciencia; y si no estamos continuamente alerta, creamos una serie de escapes a los que llamamos valores, aunque éstos pueden variar, y por medio de tales valores tratamos de encontrar la felicidad.

Los valores se convierten en el instrumento del escape. Una mente que se halla en conflicto y lo afronta sin tratar de interpretarlo conforme a ciertos valores, alcanza un estado de plena, completa percepción alerta, Entonces esa mente y ese corazón despertarán a la realidad de la vida, a la bienaventuranza del presente.

Pregunta: ¿Aboga usted por la renunciación y la abnegación de sí mismo como un medio de encontrar la felicidad personal?

Krishnamurti: La felicidad personal no existe, así que no hay medios para lograrla. Sólo existe el éxtasis creativo de la vida, cuyas expresiones son numerosas. Esta idea del sacrificio, de la renunciación, de la abnegación propia, es falsa. Usted piensa que la felicidad puede encontrarse renunciando a ciertas cosas, siguiendo ciertas acciones. De este modo, en realidad está comerciando, canjeando su sacrificio, su abnegación, por felicidad. La abnegación o el renunciamiento no existen, sólo hay comprensión; en esa comprensión hay felicidad creativa, la cual no es personal, individualista.

Lo expondré de un modo diferente. Empiezo a acumular porque pienso que la felicidad se encuentra en la acumulación, pero al cabo de cierto tiempo encuentro que las posesiones no me traen felicidad. Por lo tanto, comienzo a renunciar a las posesiones y trato de perseguir y poseer la abnegación, lo cual sólo es otra forma del espíritu adquisitivo. Pero si discierno el significado intrínseco del afán de poseer, entonces en eso hay felicidad creativa.

Pregunta: ¿No es verdad que lo esencial puede encontrarse en todas las fases de la vida y en todas las cosas?

Krishnamurti: No creo que exista lo esencial o lo no esencial. ¿Qué es lo esencial? Un día deseo una cosa y eso se vuelve lo más esencial, lo más importante; y en el propio hecho de poseerlo, se ha vuelto lo no esencial. Entonces deseo alguna otra cosa; y así prosigo, yendo de una cosa esencial que se vuelve no esencial, a otra cosa esencial que, a su vez, se convierte en no esencial.

En otras palabras, donde hay anhelo no puede haber un discernimiento profundo. Como casi todos son esclavos del anhelo, están en el constante conflicto de lo esencial y lo no esencial. De la mera posesión de cosas, que ya no les causa satisfacción, se trasladan a la posesión mental y emocional de virtudes, de la verdad, de Dios. Desde las cosas, que una vez fueron esenciales, han “avanzado” hacia la abstracción, Esta abstracción se vuelve lo esencial.

¿No podemos considerar la vida, no desde este punto de vista de lo esencial y lo no esencial, sino desde lo inteligente, lo comprensivo? ¿Por qué tenemos esta división de lo esencial y lo no esencial, lo importante y lo no importante? Es porque siempre estamos pensando en términos de adquisición, de ganancia; pero si lo miramos desde el punto de vista de la comprensión, entonces esta división toca a su fin, estamos afrontando la vida siempre como una totalidad. Ésta es una de las cosas más difíciles de realizar, porque hemos sido y estamos siendo educados en sistemas religiosos y económicos que nos imponen ciertos conjuntos de valores. Para una mente que de verdad no atribuye valores, sino que procura vivir de manera completa, sin el deseo de ganancia, para una mente así no hay categorías de valores cambiantes; por lo tanto, no hay conflicto entre lo impermanente y lo permanente, entre lo estacionario y el movimiento constante de la vida.

Pregunta: Está muy bien que usted hable sobre las cosas fundamentales de la vida, ¿pero qué hay acerca del hombre común?

Krishnamurti: ¿Qué estamos discutiendo? Estamos discutiendo, hasta donde me concierne, cómo vivir inteligentemente y, por lo tanto, divinamente, humanamente, cómo vivir sin esta competitiva, despiadada brutalidad del afán adquisitivo, de la explotación, ya sea por parte de una clase social o de un maestro, explotación económica o religiosa. Esto es aplicable, obviamente, a todos nosotros, o sea, al hombre común. Yo no me segrego del hombre promedio, del hombre común. Las personas que se interesan en “el hombre común”, se han separado a sí mismas de él. Se interesan en el hombre corriente. ¿Por qué? Dicen: “Puedo renunciar a la tradición, ¿pero qué pasa con el hombre común de la calle? Si él renuncia a ella habrá caos”. Por consiguiente, debe tener una tradición, mientras que las personas que se ocupan de él, no la necesitan.

Ahora bien, si uno no piensa en términos de distinciones, sean de clase o de necesidades, si discierne el significado de una cosa en sí misma, entonces ayudará a ese hombre común de la calle sin imponerle, digamos, la tradición. O sea, si usted está convencido de la futilidad de la tradición, si ve su significado, entonces ayudará naturalmente a otro sin imponerle nada, sin explotarlo. Comprendiendo inteligentemente las cosas fundamentales de la vida, usted ayudará al otro a desenredarse de este caos inhumano.

Si nosotros, todos los que estamos aquí, sintiéramos profundamente estas cosas, si de verdad las comprendiéramos, actuaríamos con inteligencia. Por cierto, primero tiene uno que empezar consigo mismo. Tiene que abordar las cosas fundamentales porque son las más simples; y en una civilización que se está volviendo cada vez más compleja, si no comprendemos por nosotros mismos estas cosas simples y fundamentales, no haremos sino agregar más confusión, explotación e ignorancia a las que ya existen.

Por lo tanto, lo que estamos discutiendo se aplica a todos, y como ustedes tienen la oportunidad que, desafortunadamente, no todos tienen, si se vuelven conscientes, si están alerta, si comienzan a comprender y, por ende, a actuar, tal acción ayudará a disipar la ignorancia, o sea, la causa del sufrimiento.

Pregunta: ¿Cómo puede uno arreglárselas con la memoria y lo obsesión de sus imágenes?

Krishnamurti: Primero que nada, comprendiendo cómo se forma la memoria, cómo se origina. Ahora bien, como he tratado de explicarlo el otro día, la memoria es nada más que la acción que no se ha completado. No incluyo en eso la capacidad de recordar acontecimientos. Pero la memoria es el residuo, la cicatriz dejada por la acción que no ha sido vivida o comprendida completamente. Hasta que esa acción no se comprende en su totalidad, el recuerdo o la cicatriz que ha dejado en la mente, continúa. La mente es, en su mayor parte, el residuo o las cicatrices de muchas acciones incompletas, incumplidas. Si uno tiene conciencia de clase o si tiene prejuicios religiosos, es natural que no pueda afrontar la experiencia totalmente, con plenitud; la aborda con una predisposición, lo cual crea, inevitablemente, un conflicto. Hasta tanto uno no comprenda por completo la causa y el significado de ese conflicto, existirán por fuerza nuevas cicatrices o barreras como los recuerdos. En ese conflicto, si uno tan sólo escapa o busca sustituciones, entonces la memoria, como una barrera, tiene que estar distorsionando continuamente la plenitud de la comprensión; y sólo en esa plenitud puede cumplirse totalmente la acción. Espero no estar explicándolo en un lenguaje muy complicado.

Por ejemplo, supongamos que un hombre nacido en la India tiene ciertos prejuicios religiosos. Con estas distorsiones del pensamiento, aborda la vida. Naturalmente, no discierne su plena significación, porque siempre está mirando la vida a través de estas distorsiones y, por lo tanto, tiene que haber conflicto. Desde ese conflicto desarrolla una serie de recuerdos autodefensivos, barreras que él llama valores. Tales reacciones defensivas tienen que distorsionar más aún la comprensión de la experiencia o de la vida.

Cuando uno se da cuenta plenamente de que el prejuicio o cualquier otra distorsión está corrompiendo, deformando continuamente la plenitud de la comprensión, comienza a estar alerta; en esa percepción alerta uno descubre los obstáculos. Sólo mediante la llama de la percepción alerta, mediante la plenitud del estado consciente, no mediante el autoanálisis, puede uno discernir los prejuicios, los escapes, los valores autodefensivos que deforman continuamente la experiencia. Las barreras que se oponen al discernimiento tienen que ser descubiertas y comprendidas en la plenitud de la experiencia misma, no mediante al autoanálisis o la autodisección intelectual. Si usted está intensamente alerta en la plenitud de la experiencia, podrá ver cómo brotan las distorsiones, los impedimentos, las limitaciones.

Si la mente y el corazón pueden liberarse de estos valores - que no son sino recuerdos acumulados para propósitos autodefensivos, recuerdos heredados o adquiridos -, entonces la vida es un devenir eterno. Pero eso requiere, como dije, gran determinación, una investigación incesante en la causa y el significado del sufrimiento, del conflicto. Si usted se arrellana cómodamente en la vida o sólo busca satisfacción, entonces la bienaventuranza del presente eterno no es para usted. Únicamente en momentos de una gran crisis, de un gran conflicto, la mente se libera de todas estas acumulaciones y acreciones autoprotectoras. Sólo entonces existe el éxtasis de la vida, de la verdad.

Pregunta: Si todos renunciaran a sus posesiones, como usted sugiere, ¿qué ocurriría con todos los negocios y las ocupaciones corrientes de la vida? Si hemos de vivir en el mundo, ¿no son necesarios los negocios y las posesiones?

Krishnamurti: Jamás dije que renuncien. He dicho que el espíritu adquisitivo es la causa de la competencia, de la explotación, de las distinciones de clase, de las guerras, etc. Ahora bien, si uno discierne el verdadero significado del deseo de poseer, ya sea cosas o personas o ideas - el cual, al fin y al cabo, es el anhelo de poder en distintas formas -, si la mente puede liberarse de eso, entonces podrá haber inteligente felicidad y bienestar en el mundo.

A través de muchos siglos, hemos establecido un sistema adquisitivo, posesivo, al buscar el poder personal y la autoridad. En tanto ese sistema exista en nuestras mentes y en nuestros corazones, podremos cambiarlo momentáneamente por medio de la revolución, a causa de las crisis, de las guerras, pero mientras subsista ese anhelo, conducirá inevitablemente, en otra forma, al viejo sistema. y, como dije, la libertad con respecto al espíritu adquisitivo, no puede aprenderse a la larga, postergando las cosas; tiene que ser discernida inmediatamente, y ahí es donde radica la dificultad. Si no podemos ver inmediatamente la falsedad del afán posesivo, no seremos capaces en lo individual y, por ende, en lo colectivo, de tener una civilización diferente, una diferente forma de vivir.

Por lo tanto, todo mi ataque - si puedo usar esa palabra - no va dirigido a ningún sistema, sino sólo al deseo de poseer, de adquirir, el que finalmente conduce a la búsqueda de poder.

Ahora piensan que las posesiones les dan felicidad. Pero si reflexionan profundamente sobre ello verán que este anhelo de poder no termina jamás; es una lucha continua en la cual no cesan el conflicto y el sufrimiento. Pero liberar del espíritu adquisitivo a la mente y al corazón, es una de las cosas más difíciles que hay.

Vean, en la India tenemos ciertas personas llamadas sannyasis, quienes abandonan el mundo en busca de la verdad. Poseen, por lo general, dos taparrabos, uno que llevan puesto y uno para el día siguiente. Cierto sannyasi, en su búsqueda de la verdad, escogió a diversos maestros. Andando por aquí y por allá, le dijeron que cierto rey era un iluminado y estaba enseñando la sabiduría. Así que este sannyasi fue a ver al rey. Ustedes pueden apreciar el contraste entre el rey y el sannyasi: el rey que lo poseía todo, palacios, joyas, cortesanos, poder; y el sannyasi que sólo poseía dos taparrabos. El rey lo instruyó en relación con la verdad. Un día, mientras le estaba impartiendo su enseñanza, el palacio se incendió. Serenamente, el rey continuó con su enseñanza, mientras que el sannyasi, ese hombre santo, estaba grandemente perturbado porque su otro taparrabo se estaba quemando.

¿Saben?, todos ustedes están en esa situación. Pueden no ser posesivos con respecto a ropas, casas, amigos, pero hay alguna oculta búsqueda de ganancia a la que están apegados, a la que se aferran y que les corroe la mente y el corazón, Mientras existan estos ocultos e inexplorados venenos, tiene que haber continuo conflicto y sufrimiento.

Pregunta: Usted dice que no está afiliado a ninguna organización; sin embargo, es obvio que procura hacer que la gente piense de cierta manera. ¿Puede el pensamiento del mundo ser cambiado sin una organización cuyo propósito sea presentar constantemente sus ideas al público?

Krishnamurti: Me pregunto si les estoy haciendo pensar de cierta manera definida. Espero que no. Trato de mostrar que el pensar es necesario, que enamorarse es necesario; y para pensar profundamente y estar grandemente enamorados, ustedes no pueden tener un depósito de reacciones y recuerdos autodefensivos. Por cierto, cuando se enamoran son vulnerables. Si yo sólo les hago pensar de cierta manera, por favor, cuídense de mí, porque entonces los estaré forzando y, de ese modo, los estaré explotando y ustedes me explotarán para sus propios fines.

Lo que yo digo es que, para vivir con grandeza, para pensar creativamente, uno tiene que estar completamente abierto a la vida, sin ninguna reacción autoprotectora, tal como lo está cuando se enamora. Por lo tanto, deben enamorarse de la vida. Esto requiere gran inteligencia, no información o conocimiento, sino esa gran inteligencia que se despierta cuando abordan la vida abiertamente, de manera completa, cuando la mente y el corazón son totalmente vulnerables a la vida.

Usted pregunta: “¿Puede el pensamiento del mundo ser cambiado sin una organización cuyo propósito sea presentar constantemente sus ideas al público?” Naturalmente no, una organización resulta necesaria, es obvio. Así que no necesitamos discutir eso. Pero cuando usted habla de una organización, creo que se refiere a una cosa por completo diferente. Para convertir a las personas a ciertas ideas, para forzarlas, para incitarlas mediante la opinión, mediante las presiones, a adoptar cierto método, ciertas ideas, para ese propósito tienen que formarse organizaciones - no sólo con el fin de que impriman libros y los distribuyan. Así es como están constituidas todas las religiones, así es como los seguidores destruyen a los maestros, haciendo de sus enseñanzas dogmas absolutos que se convierten en la autoridad para la explotación. Para ese propósito es necesaria la clase indebida de organización. Pero si usted está interesado en estas ideas que estoy exponiendo, ayudará naturalmente a imprimir y distribuir libros, pero sin el deseo de convertir, de explotar a la gente.

Pregunta: Aun después de haber sobrepasado la necesidad de una autoridad organizada, la mayoría de las personas está angustiada por el conflicto interno entre el deseo y el temor. ¿Puede usted explicar cómo distinguir el deseo genuino, o qué deseo considera usted que es genuino?

Krishnamurti: ¿Hay tal cosa como el deseo genuino? ¿El deseo esencial y el deseo no esencial? Un día desea usted un sombrero, otro día un automóvil, etcétera, que satisfacen sus anhelos. Sin embargo, otro día desea obtener la verdad suprema o Dios. Pasa por toda la serie de deseos. ¿Cuál es, entre todos estos deseos, el esencial? Las cosas son esenciales, el amor es esencial, la comprensión de la verdad es esencial. ¿Por qué, entonces se separa el deseo en falso y verdadero, en importante y no importante? ¿No puede usted considerar al deseo de manera diferente, afrontarlo inteligentemente? Las mentes de ustedes se hallan tan mutiladas por los valores contradictorios, que no pueden discernir correctamente.

Me pregunto si estoy explicando esto. Supongamos que usted es posesivo. No se diga a sí mismo: “Bueno, esta tarde he oído decir que no debo ser posesivo, así que me libraré de ese deseo”. No desarrolle una resistencia contraria. Si es posesivo, sea completa y totalmente consciente de ello; entonces verá qué ocurre. La mente debe liberarse de este deseo contrario, el deseo comparativo que, en realidad, es una reacción autoprotectora contra el sufrimiento; entonces discernirá todo el significado del afán adquisitivo. El afán adquisitivo, o cualquier otro problema, sólo puede comprenderlo tal como es, no comparándolo o contraponiéndolo a otros problemas. Cuando no hay un deseo opuesto o contradictorio, entonces sólo existe el discernimiento del verdadero significado del deseo. La continua contradicción en el deseo crea temor, y donde hay temor tiene que haber escape. Y así sobreviene una incesante batalla entre el deseo, la razón, el impulso de realizarse y los opuestos correspondientes.

En esta batalla se pierde totalmente la inteligencia, la verdadera realización. Mientras la mente esté atrapada en el conflicto de los opuestos, sólo puede haber escape, una sustitución como la de lo esencial y lo no esencial, lo falso y lo verdadero. En esto no hay felicidad creativa.

Pregunta: ¿No hay períodos en los que uno necesita separarse de la confusión externa para ayudar a la realización del verdadero ser?

Krishnamurti: Si pone en primer lugar las necesidades, ellas se convierten en sus amos y la inteligencia se destruye. Descubrir las propias necesidades requiere inteligencia, porque las necesidades cambian, se renuevan constantemente. Pero si usted empieza a descubrir cuáles son exactamente sus necesidades y, habiéndolas descubierto, limita la vida únicamente a esas necesidades, entonces su vida se volverá muy superficial, estrecha, mezquina.

De igual modo, si está buscando el retiro sólo con el fin de averiguar qué es la verdad, entonces el retiro se vuelve un simple medio de escape. Pero en su búsqueda durante su vida activa, llegan naturalmente períodos de retiro. Esos momentos de retiro no son, entonces, falsos; son espontáneos, naturales.

Pregunta: El lunes usted dijo que para tener verdadera inteligencia, uno debe haber pasado por un estado de gran soledad interior. ¿Es éste el único modo de llegar a la verdadera inteligencia?

Krishnamurti: Consideremos lo que hacemos ahora. Estamos buscando la seguridad, rodeándonos constantemente de certidumbres. Toda vez que llega un estado de total incertidumbre, de duda, inmediatamente escapamos de él. De este modo, hemos establecido consoladoras seguridades, certezas. Reflexione, por favor, sobre ello y verá que es así. Sólo cuando nos hemos despojado de toda esperanza - en el sentido de seguridad, certidumbre -, cuando estamos completamente desnudos, privados de todas las medidas y reacciones protectoras, sólo entonces existe el éxtasis de la verdad. En esos momentos de completa soledad interna, que llegan cuando hemos discernido verdaderamente todos los escapes y su significación, existe la gloria del presente.

¿Qué es la recta Acción?

Pláticas en Nueva York, 1935

Nueva York, Tercera plática en el Salón del Municipio, 15 de marzo 1935

Jiddu Krishnamurti. ¿Qué es la recta Acción? Obras completas tomo 2. 1934 - 1935. The Collected Works of J.Krishnamurti Volume 2. 1934 - 1935. What is Right Action? Jiddu Krishnamurti en español.

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