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¿Qué es la recta Acción?

Pláticas en Uruguay, 1935

Montevideo, Segunda plática, 26 de junio 1935

Amigos, me han sido formuladas muchas preguntas. Y antes de responder a algunas de ellas diré unas palabras a modo de introducción.

Creo que sería más bien vano y absurdo si ustedes desechan meramente lo que digo tildándolo de comunista o anarquista, o diciendo que no es nada nuevo. Para descubrir si ello tiene algún valor significativo y comprobar si contiene alguna calidad esencialmente verdadera, uno debe experimentar con ello y no limitarse a desecharlo. Para descubrir la calidad de cualquier idea que expongo, ustedes deben realizarla en la acción con un propósito deliberado y consciente. Sólo entonces podrán conocer la cualidad renovadora le la acción en la vida cotidiana - porque estamos muy interesados en esa acción inteligente que revelará la riqueza y plenitud de la vida. Para descubrir por nosotros mismos esta clase de acción, no debe haber ni rechazo ni ciega aceptación de las ideas que estoy tratando de explicar, sino que éstas deben ser verdadera y conscientemente experimentadas. Entonces conocerán la cualidad siempre renovadora de la acción.

Para vivir inteligentemente, supremamente, tenemos que descubrir por nosotros mismos cuáles son los obstáculos o los prejuicios que impiden el libre flujo de la realidad. A1 comprender el significado de la causa y existencia de estos obstáculos, los abandonaremos espontáneamente, sin compulsión alguna. Sólo entonces podrá existir el movimiento libre le la realidad.

Hay, entre otros obstáculos, uno que causa un daño incalculable a la mente. Antes de que explique cuál es ese impedimento, tengan la bondad de no saltar a conclusiones o pensar en términos de opuestos. Para comprender el profundo significado de ese obstáculo, la mente tiene que ser muy flexible y no tan sólo conclusiva, dado que esto impide e1 continuo discernimiento de la realidad.

Uno de los mayores obstáculos para el libre flujo de lo real, es la autoridad. Es una e las barreras más destructivas que hemos creado en nuestro deseo de autoprotección seguridad. Por conveniencia, dividamos la autoridad en interna y externa. La autoridad externa es el medio, la tradición, el hábito, la cerrada moralidad de la religión, la autoridad de los expertos y la autoridad de los intereses creados. Está el medio externo ejerciendo presión y violencia sobre el individuo, condicionándolo y deformándolo. Mientras no emprendamos esta presión limitadora del medio con su influencia corrosiva, la cual nos obliga a actuar conforme a un determinado patrón - acción que a menudo se considera voluntaria -, mientras no seamos capaces de discernir su verdadero significado, habrá por fuerza continuo conflicto y sufrimiento que limitarán cada vez más la acción.

Al reaccionar a esta compulsión externa, comenzamos a desarrollar una autoridad interna, una ley interna basada en el temor, en la memoria autoprotectora constituida por búsqueda de seguridad y consuelo; conforme a esa ley interna estamos continuamente ajustando y comparando nuestra conducta, lo cual, a su propia y sutil manera, controla y limita el pensamiento y la acción creando así su propio conflicto y sufrimiento.

Tenemos, pues, la compulsión que procede de lo externo, y la compulsión interna que se ha desarrollado a causa de nuestro propio deseo de seguridad y certidumbre y que todo el tiempo está falseando y deformando el discernimiento.

Si la mente comprendiera la realidad, sería una mente nueva, libre de toda carga e influencia. O sea, uno tiene que volverse plenamente alerta, consciente de la sutil influencia que ejercen, por una parte los intereses creados - que, según he explicado, pertenecen al medio -, y por otra parte la compulsión interna basada en la condición adquisitiva y autoprotectora del temor y la memoria. Cuando uno comienza a darse cuenta, a percibir que la influencia o la autoridad en cualquiera de sus formas, grosera o sutil, tienen que corromper el pensamiento, entonces la mente, al liberarse de sus propias limitaciones, es capaz de actuar con verdadero discernimiento. Porque la acción de la autoridad, basada fundamentalmente en el deseo autoprotector, tiene que aumentar por fuerza la estupidez y sus ilusiones, destruyendo la acción creativa hasta convertir al individuo en nada más que un conjunto de reacciones automáticas. Cuando el individuo comprende conscientemente el significado profundo de la autoridad, cuando la mente está por completo desnuda, creativamente vacía, entonces hay un estado de bienaventuranza.

Me han entregado muchas preguntas y he escogido aquéllas que considero representativas. Si entre ellas no se encuentra la que alguno de ustedes ha formulado, le ruego que escuche las que contestaré y verá que también estoy respondiendo a su pregunta.

Pregunta: En su primera plática usted nos dio la impresión de que estaba destruyendo los viejos valores y abriendo camino. En las pláticas siguientes, ¿va a construir de nuevo, dándonos la esencia de su enseñanza?

Krishnamurti: Bueno, no puedo destruir valores que han sido creados por cada individuo y que se han convertido en instrumentos de explotación, ya sea por parte de la sociedad o de las religiones. Ustedes, mediante su propio esfuerzo, mediante su propia comprensión del verdadero significado de los valores existentes, pueden empezar a destruir aquéllos que son esencialmente falsos. Si yo sólo destruyo los valores viejos y establezco una nueva serie de valores, ninguno de ustedes se habrá liberado, sólo se habrán convertido en prisioneros de los valores nuevos. No hay una diferencia fundamental, sólo un cambio de prisiones. Así que, por favor, entiendan el propósito de estas pláticas. Nadie puede entregarles la verdad. Ustedes, mediante su propia comprensión creadora, tienen que descubrir por sí mismos lo verdadero en lo falso. Si yo elaborara un nuevo sistema o una nueva estructura de pensamiento, ésta se convertiría en otra clase de autoridad y de prisión, mientras que si ustedes, gracias al propio discernimiento, comienzan a descubrir lo verdadero, estarán liberando la energía creativa de la inteligencia; y ésa es la verdad. La verdad es única; no es polifacética, es completa en sí misma. Cada uno debe llegar a ella sin compulsión alguna, sin seguir a nadie, sin ningún ajuste a un sistema o patrón. Tienen que luchar contra los viejos valores falsos que el hombre ha creado en el curso de los siglos y que hoy le son impuestos despiadadamente, esos valores que ustedes, como individuos, han establecido para sí mismos al desear autoprotección y seguridad.

No importa mucho el nombre que quieran darme, y a ustedes no puede importarles mayormente lo que yo soy. Lo que importa es si ustedes, en su sufrimiento, están destruyendo realmente los valores falsos que los encierran, o si están creando nuevas barreras que aprisionarán al hombre.

El interlocutor pregunta: “En las pláticas siguientes, ¿va a construir de nuevo, dándonos la esencia de su enseñanza?” La mayoría de nosotros busca explicaciones. Las explicaciones son tan sólo mucho polvo en los ojos. Si ustedes toman siquiera una de las ideas que he expuesto y perciben inteligentemente toda su significación, estarán comenzando a liberar la inteligencia creativa. La realización plena la encontrarán mediante la propia acción, no mediante algún sistema particular de pensamiento.

Pregunta: ¿Cree usted que un hombre de poca cultura, oprimido, que gana un salario miserable y debe mantener a su mujer y a sus hijos, puede salvarse espiritual y económicamente sin ayuda, sin una guía?

Krishnamurti: Por cierto que, económicamente, el hombre no puede ser individualista, como lo ha sido durante tantos siglos causando con ello caos, explotación y desdicha. Pero espiritualmente - si es que puedo usar esa palabra de la que tanto se abusa -, debe ser un individuo completo. Es decir, cuando el hombre comienza a descubrir y a descartar los falsos valores que ha establecido en su búsqueda de protección y seguridad, despierta en sí mismo la verdadera inteligencia. Hoy en día, está siendo despiadadamente empujado dentro de este falso sistema individualista.

Cuando uno comienza espontáneamente a cuestionar, a investigar y descartar los valores falsos que las religiones y la sociedad han establecido, despierta esa inteligencia única, la cual es acción cooperativa, no ajuste compulsivo, servil. Sin esta inteligencia, ustedes actúan meramente como máquinas.
Para que ocurra un cambio fundamental que dé origen a la acción cooperativa, tiene que haber una completa, verdadera e individual libertad de pensamiento; pero ésta es una de las cosas más difíciles de realizar, porque durante siglos hemos sido educados para obedecer y ajustarnos a una norma. El deseo de crear autoridades y seguirlas, está sutil y profundamente arraigado en nosotros. Cuando hay un problema, buscamos ayuda que encontramos con demasiada facilidad. Así, de manera gradual y casi inconsciente, establecemos la autoridad, a la cual nos abandonamos por completo hasta que ya no existe un pensamiento que se aparte del sistema, de la tradición y de las ideas establecidas.

Ahora bien, el interlocutor quiere saber si un hombre de condición inferior, de escasa educación, puede realizar esa espiritual y genuina inteligencia, esa unicidad. Puede hacerlo si comienza vigorosamente a cuestionar y descubrir el significado de los valores establecidos y así libera el pensar creativo. Desafortunadamente, esas personas tienen muy poco tiempo para sí mismas, al final del día están agotadas, exhaustas. Pero ustedes, que supuestamente son educados, que disponen de tiempo libre, pueden ocuparse de que estas otras personas también tengan un medio apropiado en el que puedan vivir y pensar, y no sean incesantemente embaucadas y explotadas.

La profunda calidad de la inteligencia no se encuentra mediante la mera educación; no es el resultado de la servil obediencia a la autoridad o de la impuesta moralidad social, sino que surge gracias al diligente descubrimiento de los valores genuinos. Cuando exista esa inteligencia única, no existirán la explotación ni la dominación ni la cruel persecución del éxito personal y egoísta.

Pregunta: ¿Cómo podemos estar seguros de que la destrucción de los prejuicios científicos, religiosos, morales y psicológicos, dará como resultado la felicidad?

Krishnamurti: Usted desea de mí la garantía de que si renuncia a algo, obtendrá alguna otra cosa a cambio. (Risas) Abordamos la vida con una mentalidad mercantil y no vemos que el prejuicio es inherentemente falso, Antes de renunciar a lo que poseemos, deseamos que se nos asegure que recibiremos algo a cambio. Y en esto consiste realmente toda la persecución de la virtud. Pero la mentalidad que renuncia a fin de obtener alguna otra cosa, jamás podrá encontrar la felicidad; una mentalidad así nunca puede comprender la naturaleza pura de la verdad, la cual ha de comprenderse por su propia belleza, no como una recompensa.

Ahora bien, si piensan seriamente al respecto, verán que todo nuestro sistema de pensamiento se basa en esta idea de la recompensa. Después de todo, el hombre verdaderamente culto actúa sin buscar una recompensa. Esto requiere no sólo el reconocimiento de la falsedad de la recompensa, sino la comprensión, el discernimiento de los valores intrínsecos. Si uno es un verdadero artista o un hombre que ama realmente su trabajo, no busca recompensas. Sólo la persona que no está enamorada de la vida busca constantemente, de manera vulgar o sutil, una recompensa o un premio, porque sus acciones se originan en el temor. ¿Cómo puede una persona semejante comprender el rápido movimiento, la naturaleza sutil de la verdad?

Pregunta: ¿Trata usted de liberar al individuo, o trata de despertar en él el deseo de libertad?

Krishnamurti: Si usted no está sufriendo, si no se halla en conflicto, si no hay problemas ni crisis en su vida, entonces es muy poco lo que se le puede decir. O sea, si está dormido, entonces la acción de la vida debe despertarlo primero. ¿Pero qué ocurre, por lo general, cuando comienza a sufrir? Busca inmediatamente un remedio que alivie su sufrimiento. Así, gradualmente, en su búsqueda de consuelo, se adormece nuevamente a causa de su propio esfuerzo; y lo que otro puede hacer es señalarle tan sólo cómo está haciendo esto. Usted se adormece buscando consuelo, y a esto lo llama la búsqueda de Dios, de la verdad. Cuando la mente está despierta a causa de un choque emocional al que usted llama sufrimiento, ése es el momento justo para investigar la causa del dolor, desde luego, sin buscar consuelo. Si observa bien, verá que cuando hay un sufrimiento agudo, su pensamiento busca un consuelo, un remedio. y de hecho, usted encuentra un remedio, el cual no hace sino embotar la mente y apartarla de la causa del sufrimiento, creando de ese modo una ilusión.

Lo expondré de otra manera. Cuando la mente reside en una rutina acostumbrada de pensamiento, no hay conflicto, no hay sufrimiento ni un intenso interés por la vida. Pero cuando usted tiene alguna clase de experiencia que le produce una conmoción emocional a la que llama sufrimiento y que lo despierta de su hábito, entonces la reacción inmediata es buscar otro consuelo al cual el pensamiento pueda acostumbrarse nuevamente. La mente busca todo el tiempo certidumbres a fin de sentirse segura y no ser perturbada; en consecuencia, la vida se llena de temores y reacciones defensivas. Pero la experiencia está destruyendo continuamente nuestras certidumbres; no obstante, buscamos sutilmente crear otras. Por lo tanto, la vida se vuelve un proceso continuo de lucha y sufrimiento, de creación y destrucción. Pero si la mente no buscara finalidades, conclusiones y seguridades, encontraría que hay un ajuste constante, una comprensión de lo que significa el movimiento de la vida; sólo entonces existe la realidad permanente, sólo en eso hay felicidad.

Pregunta: ¿Qué entiende usted por “religión”? Yo me siento reunido con Dios a través de Cristo. ¿A través de quién está usted reunido con Dios?

Krishnamurti: Por religión entiendo la creencia organizada, el credo, el dogma y la autoridad. Ésa es una forma de religión. Luego está la religión de las ceremonias, que no es sino sensación y ostentación. Después está la religión de la experiencia personal. La primera forma obliga al individuo a amoldarse, por su propio bien y mediante el temor, la fe, el dogma y el credo, a cierto patrón. La segunda inculca la divinidad en el adorador, haciéndolo por medio del espectáculo y el boato. Con la tercera, la experiencia personal, trataremos enseguida.

Ahora bien, la religión organizada debe, inevitablemente, crear divisiones y conflictos entre los hombres. Uno puede ver esto en todo el mundo. El hinduismo - como el cristianismo, el budismo y otras religiones organizadas - tiene sus propias creencias y dogmas familiares que son barreras casi impenetrables entre los hombres, barreras que destruyen su amor. ¿Qué valor, qué significado tienen estas religiones, cuando se basan fundamentalmente en el temor? Si ustedes disciernen la falsedad de la creencia organizada, si ven que no pueden comprender la realidad mediante ninguna creencia particular, que la inteligencia no puede ser despertada por ninguna autoridad en absoluto, entonces como individuos, no como grupo organizado, se liberarán de esta imposición destructiva. Esto significa que deben cuestionar, desde el principio mismo, toda la idea de la creencia; pero esto implica gran sufrimiento, porque no es un mero proceso intelectual. Un hombre que investiga sólo intelectualmente la cuestión de la creencia, no encontrará sino polvo. Si un hombre que está sufriendo cuestiona toda esta estructura basada en el miedo y la autoridad, entonces encontrará esas aguas de la vida que aplacarán su sed.

Tenemos, entonces, esa experiencia personal que también es llamada experiencia religiosa. Requiere mayor franqueza, mayor esfuerzo de nuestra parte desenredarnos de las ilusiones que se relacionan con esta experiencia. Cuando hay tanta confusión, desdicha e incertidumbre, anhelamos encontrar estabilidad, paz y felicidad. O sea, en lugar de discernir la causa del sufrimiento, queremos escapar del conflicto hacia algo que pueda darnos satisfacción intensa, estímulo y felicidad; a la sensación y excitación que eso nos produce las llamamos, por lo general, experiencia religiosa. Si ustedes examinan impersonalmente, sin ningún prejuicio, estas experiencias así llamadas religiosas, verán que no son sino compensaciones para el sufrimiento que han sido desarrolladas por la propia mente. Lo que las personas llaman experiencia religiosa es, por consiguiente, un escape hacia una ilusión que ellas consideran una realidad, en la que viven pensando que eso es Dios, la verdad, etc. Si están sufriendo, en vez de buscar lo opuesto, la felicidad, disciernan la causa fundamental del sufrimiento y empiecen a liberarse de la causa; entonces existe esa realidad que no puede sor medida por las palabras.

Una mente que desea comprender la verdad, debe estar libre de estas tres ilusiones: de la creencia organizada con su autoridad y sus dogmas, de las ceremonias con su boato y su sensación, y de esas ilusiones que, creadas por la propia mente, van acompañadas de satisfacciones y de una destructiva felicidad. Cuando la mente se halla en verdad exenta de todo prejuicio, cuando no busca una recompensa ni cultiva una deidad ni espera la inmortalidad, entonces, en esa claridad de discernimiento, surge a la vida la realidad.

Pregunta: Soy un sacerdote y pienso que soy bastante representativo del sacerdocio en general. No he tenido ninguna revelación, ninguna experiencia mística en absoluto, pero creo sinceramente en lo que predico desde el púlpito porque lo he leído en los libros sagrados. Mis palabras ofrecen consuelo a aquéllos que escuchan. ¿Debo renunciar a ayudarlos y abandonar mi ministerio a causa de que no he tenido tal experiencia directa?

Krishnamurti: Señor, ¿a qué llama usted ayudar a las personas? Si quiere pacificarlas, drogarlas para que duerman, entonces necesita la revelación y la autoridad. A causa de que hay tanto sufrimiento, pensamos que consolando a las personas las estamos ayudando. Este consolarlas no es sino adormecerlas, así que el que consuela se vuelve el explotador.

No se limiten a reír ante la pregunta pasándola por alto, diciendo que no es pertinente para ustedes. ¿Qué es lo que están buscando? Si están buscando consuelo, encontrarán quienes los consuelen y les provean de drogas que los satisfagan. Pero “¿qué es lo que alguien puede enseñarles verdaderamente? Lo que otro puede ayudarles a hacer es discernir por sí mismos si están escapando de la realidad hacia una ilusión. Esto quiere decir que la persona que habla, que predica, debe ella misma estar libre de ilusiones. Entonces será capaz de ayudar a otros, aun sin leer los libros sagrados. Ayudará al individuo a mantenerse despierto, consciente de las realidades de la vida, liberado de toda ilusión. Al discernir una ilusión, la mente se libera de ella gracias a la comprensión profunda y destruye al creador de ilusiones, que es ese centro de conciencia limitada, el “yo”, el ego.

Si usted quiere ayudar realmente al ser humano porque usted mismo percibe el completo caos y el sufrimiento que existen, no le dará ninguna droga que lo adormezca, sino que lo ayudará a descubrir por sí mismo las causas que impiden el nacimiento de la inteligencia. Es difícil enseñar auténticamente sin dominar, sin imponerse; y tanto el maestro como el discípulo deben hallarse libres de la sutil influencia de la autoridad, porque la autoridad corrompe y destruye toda comprensión.

Pregunta: ¿Cree usted en Dios?

Krishnamurti: Lo importante es descubrir por qué buscan ustedes a Dios, ya que cuando son felices o cuando aman, no buscan el amor, la felicidad. Entonces no creen en el amor, son el amor. Sólo cuando no hay alegría ni felicidad, tratan de buscarlas. Ustedes buscan a Dios porque se dicen: “No puedo comprender esta vida con su desdicha, su injusticia, sus explotaciones y crueldades, con su amor cambiante y sus constantes incertidumbres. Si pudiera comprender la realidad que es Dios, entonces todas estas cosas llegarían a su fin”.

Para un hombre que se halla en prisión, la libertad sólo puede estar en la fuga imaginaria. Nuestra búsqueda de la realidad, de Dios, no es sino un modo de escapar de los hechos. Si comenzamos a liberarnos de la causa del sufrimiento, si liberamos a la mente de las brutalidades propias de la ambición personal y del éxito, del anhelo de seguridad individual, entonces existe la verdad, la realidad. Entonces no preguntarán a otro si Dios existe. La búsqueda de Dios, para la inmensa mayoría de las personas es nada más que un escapar del conflicto, del sufrimiento. A este escape lo llaman religión, búsqueda de la eternidad; pero lo que realmente están buscando es sólo una droga que las adormezca.

La causa principal del sufrimiento del hombre es su egoísmo, que se expresa de muchas maneras, esencialmente en su búsqueda por intermedio de la inmortalidad, del afán posesivo y la autoridad. Cuando la mente se libere de estas causas que crean conflicto, ustedes comprenderán, sin creencias, aquello que es inconmensurable, que es la realidad. Una mente abrumada por la creencia, por el prejuicio, una mente predispuesta, no puede descubrir lo desconocido. Tiene que estar completamente desnuda, sin ningún apoyo, sin anhelar ni esperar nada. Entonces existe la realidad, la cual no puede ser medida por las palabras.

Así que no busquen vanamente aquello que es, sino descubran las trabas, los obstáculos que impiden a la mente percibir la verdad. Cuando la mente se halla creativamente vacía, existe lo inconmensurable.

Pregunta: ¿Qué es la inmortalidad?

Krishnamurti: Para comprender la inmortalidad y su verdadero significado, la mente tiene que estar libre de todo prejuicio religioso. Es decir, usted ya tiene una idea de lo que la inmortalidad debe ser, y esa idea es el resultado del intenso deseo de continuar como una conciencia limitada. Todas las religiones del mundo prometen esta inmortalidad egoísta. Si usted quiere comprender la inmortalidad, la mente debe estar libre de este anhelo de continuación individual.

Ahora bien, cuando usted dice que el “yo” debe continuar, ¿qué es este “yo”? El “yo” es nada más que la forma, el nombre, ciertas cualidades y recuerdos, ciertos temores y prejuicios, ciertos deseos limitados, ciertas acciones incompletas. Todo esto compone el “yo”, el cual se convierte en la conciencia limitada, el ego. Usted desea que esta conciencia limitada continúe. Es decir, cuando pregunta si la inmortalidad existe, está preguntando si el “yo” continuará, ese “yo” que es, inherentemente, una conciencia frustrada.

Para expresarlo de un modo diferente: En momentos verdaderamente creativos del pensamiento o de la expresión, no hay una conciencia como el “yo”. Sólo en momentos de conflicto, de sufrimiento, la mente toma conciencia de su propia limitación, llamada el “yo”; y nos hemos acostumbrado tanto a ese “yo”, que ansiamos su continuación pensando que esto es la inmortalidad. Así, cualquiera que nos garantiza esta inmortalidad individual, se convierte en nuestra autoridad. De modo grosero o sutil, esa autoridad nos explota por medio del temor. Por lo tanto, ustedes que buscan esta inmortalidad egocéntrica, ilusoria, crean a los explotadores con todas sus crueldades. Pero si están realmente libres de esta conciencia limitada con sus ilusiones, esperanzas y temores, entonces existe el movimiento eterno, el continuo devenir, no del “yo”, sino de la vida misma.

Pregunta: ¿No piensa usted que cualquier movimiento o revuelta social que tenga éxito en educar a la generación joven sin ninguna clase de ideas religiosos o concepciones acerca del más allá, es un paso positivo en el progreso humano?

Krishnamurti: Las ideas religiosas no se limitan tan sólo al más allá. Se trata de algo mucho más profundo. El deseo de estar seguros da origen a la concepción acerca del más allá y a muchas otras sutilezas que engendran temor, para librarnos de todo eso, necesitamos un gran discernimiento. Sólo una mente insegura comprenderá la verdad; una mente no predispuesta, no condicionada por el temor, estará abierta a lo desconocido. Ocupémonos, pues, de las limitaciones y de su causa.

La pregunta es ésta: ¿Podemos educar a los niños de modo que no busquen la seguridad? Ahora bien, para educar a otro uno debe empezar antes que nada consigo mismo. ¿Están ustedes fundamentalmente libres de esta idea de la seguridad” ¿Son enteramente vulnerables a la vida, sin ningún muro autoprotector? Para descubrir esto, empiecen a estar alerta, empiecen a cuestionar todos los valores que rodean y encierran a la mente. Entonces descubrirán, gracias al propio despertar de la inteligencia, el verdadero significado de la seguridad.

¿Qué es la recta Acción?

Pláticas en Uruguay, 1935

Montevideo, Segunda plática, 26 de junio 1935

Jiddu Krishnamurti. ¿Qué es la recta Acción? Obras completas tomo 2. 1934 - 1935. The Collected Works of J.Krishnamurti Volume 2. 1934 - 1935. What is Right Action? Jiddu Krishnamurti en español.

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