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¿Qué es la recta Acción?

Pláticas en la Argentina, 1935

Buenos Aires, Segunda plática, 15 de julio 1935

Amigos, me han entregado muchas preguntas y, antes de responder a algunas de ellas, me gustaría ofrecer una breve charla.

Creo que ningún problema humano puede resolverse aisladamente, por sí mismo. Cada uno de nosotros tiene muchas dificultades, muchos problemas, y trata de abordarlos de un modo exclusivo, no como partes de un todo integral. Si tenemos un problema político, tratamos de resolverlo aparte, digamos, de la religión. O si hay un problema religioso individual, intentamos resolverlo aparte del problema social, y así sucesivamente. Es decir, hay problemas individuales y, al mismo tiempo, problemas colectivos, e intentamos tratar con ellos separadamente. Por hacerlo así, sólo creamos más confusión y más desdicha. Al resolver aisladamente un problema, creamos otros, y de ese modo la mente se enreda en una red de problemas sin resolver.

Tratemos ahora de comprender el problema que debe estar en la mente de muchas personas: el de la realización individual y el trabajo colectivo. Si este último se vuelve compulsivo, como está ocurriendo, y cada individuo es arrastrado forzadamente a él, entonces la realización individual desaparece y cada uno se convierte en el esclavo de una idea colectiva o de un sistema colectivo de autoridad. Así que la pregunta es: ¿Cómo podemos efectuar el trabajo colectivo y, al mismo tiempo, realizamos creativamente en lo individual? De lo contrario, como dije, nos volvemos meras máquinas, piezas que funcionan automáticamente.

Si podemos comprender el profundo significado de la realización individual, entonces el trabajo colectivo no será una fuerza destructiva o un impedimento para la inteligencia.

Cada uno debe descubrir por sí mismo la inteligencia, cuya expresión será entonces la auténtica realización. Si no lo hace, si tan sólo sigue un plan establecido, entonces eso no será realización, sino un mero amoldamiento originado en el temor. Si yo estableciera un plan o les diera un sistema por medio del cual pudieran, imitándolo, llegar a la realización, ello no sería realización en absoluto, sería meramente un ajuste a un determinado patrón. Por favor, vean este punto muy claramente, porque de lo contrario pensarán que no hago sino destruir. Si tan sólo imitan, no puede haber realización. El constante ajuste a un molde determinado, es la base de nuestro pensamiento religioso y de nuestra acción moral; y el vivir ya no es una realización plena y profunda, una comprensión integrada de la vida, sino mero amoldamiento a cierto sistema, amoldamiento por medio del temor y la compulsión. Éste es el principio mismo de la autoridad.

Para que haya plenitud de realización, tiene que existir el más alto nivel de inteligencia. Esta inteligencia es diferente del conocimiento. Ustedes pueden leer muchos libros, pero eso no les dará inteligencia. La inteligencia puede despertarse sólo mediante la acción, comprendiendo la acción como un todo integrado.

Discutir y descubrir intelectualmente qué es la inteligencia sería, en mi sentir, un desperdicio de tiempo y energía, porque eso no eliminaría la carga de ignorancia e ilusión. En vez de indagar qué es la inteligencia, descubramos por nosotros mismos cuáles son los obstáculos impuestos a la mente, que impiden el pleno despertar de la inteligencia. Si yo les diera una explicación de lo que es la inteligencia y ustedes aceptaran mi explicación, sus mentes harían de ella un sistema bien definido y, a causa del temor, se deformarían para poder encajar en ese sistema. Pero si cada uno descubre por sí mismo los múltiples impedimentos fijados en la mente, entonces, por medio de la percepción alerta, no del autoanálisis, la mente comenzará a liberarse, despertando de este modo la verdadera inteligencia, que es la vida misma.

Ahora bien, uno de los mayores impedimentos impuestos sobre la mente es la autoridad. Por favor, comprendan todo el significado de esa palabra y no salten a la conclusión opuesta. No digan: “¿Debo librarme de la ley? ¿Podemos hacer lo que nos plazca? ¿Cómo puedo verme libre de la moralidad, de la autoridad?” La autoridad es muy sutil, sus recursos son múltiples; su penetrante influencia es tan delicada, tan astuta, que comprender su significado requiere gran discernimiento, no conclusiones apresuradas e irreflexivas.

Cuando hay comprensión profunda, no existe la división de la autoridad como externa e interna, como aplicable a la masa o a la minoría, como la autoridad impuesta desde afuera o la cultivada desde adentro. Pero, por desgracia, esta división de la autoridad en externa e interna, existe. La externa es la imposición de normas, tradiciones, ideales que actúan meramente como un cerco para encerrar al individuo, tratándolo como a un animal que debe ser adiestrado conforme a ciertas exigencias y condiciones. Ustedes ven que esto sucede todo el tiempo en la cerrada moralidad de las religiones, en las normas de los sistemas y partidos. Como una reacción contra estas imposiciones de la autoridad, desarrollamos una guía interna, un sistema, una disciplina conforme a la cual tratamos de actuar, y así forzamos a la experiencia a encajarse dentro de este surco protegido de los deseos y las esperanzas.

Donde hay autoridad y un mero ajuste a ella, no puede haber realización creativa. Cada individuo ha creado esta autoridad a causa de su temor y su deseo de sentirse seguro. Tenemos que comprender nuestro propio deseo que crea a la autoridad y al cual nos esclavizamos; no podemos descuidarlo. Cuando la mente discierne el significado profundo de la autoridad y se libera del temor y sus sutiles influencias, asoma la inteligencia, la cual es verdadera realización. Donde hay inteligencia, hay auténtica cooperación, no compulsión; pero donde no hay inteligencia, el trabajo colectivo se vuelve simple esclavitud. El genuino trabajo colectivo es el resultado natural de la realización del individuo, la cual es inteligencia. Al despertar la inteligencia, cada uno contribuye a crear la oportunidad, el medio apropiado para que otros también se realicen.

Pregunta: Se dice en algunos diarios y en otras partes, que usted ha llevado una vida alegre e inútil, que no tiene un verdadero mensaje, sino que repite tan sólo la jerigonza de los teósofos que lo educaron; que ataca a todas las religiones excepto a la suya, que destruye sin construir nada nuevo, que su propósito es crear duda, perturbación y confusión en las mentes de las personas. ¿Qué tiene que decir a todo esto?

Krishnamurti: Pienso que mejor tendría que contestar esta pregunta punto por punto. (Gritos desde el auditorio: “¡Eso es una infamia! ¡La pregunta es una calumnia!”) Señores, esperen un momento. Por favor, no sientan que se me insulta y que ustedes tienen que defenderme. (Aplausos)

Alguien ha dicho que he llevado una vida alegre e inútil. Me temo que esa persona no puede juzgar. Juzgar a otro es enteramente falso, porque el juzgar implica que la mente del que juzga es esclava de una determinada norma. De hecho, no he llevado una vida así llamada alegre - afortunada o desafortunadamente; pero eso no me convierte en objeto de adoración. Digo que la tendencia que la gente tiene de adorar a otro, no importa a quién, es destructiva de la inteligencia; pero el hecho de comprender y amar a otro no puede ser incluido en la adoración, la cual tiene su origen en el temor sutil. Sólo una mente limitada juzgará a otro, y una mente así no puede comprender la naturaleza profundamente creativa de la vida.

Se dice que no tengo un verdadero mensaje, sino que “repito tan sólo la jerigonza de los teósofos que me educaron”. En realidad, no pertenezco a la Sociedad Teosófica ni a ninguna otra sociedad. Pertenecer a cualquier organización religiosa es perjudicial para la inteligencia. (Objeciones del auditorio) Señores, ésa es mi opinión; no necesitan estar de acuerdo con ella. Pero tienen que descubrir si lo que digo es o no es verdadero, y no limitarse a objetarlo. Sucede que cuando hablo en la India, me dicen que enseño hinduismo, y cuando hablo en países budistas, ellos afirman que lo que digo es budismo, y los teósofos y otros sostienen que estoy explicando de nuevo sus propias doctrinas especiales. Lo que importa es que ustedes, que me escuchan, comprendan el significado de lo que digo, y no si alguien piensa que estoy repitiendo la jerigonza de una determinada sociedad. Desde nuestro propio sufrimiento, gracias a nuestra propia comprensión acerca de nuestros actos, adviene la verdadera inteligencia, la cual es genuina realización creativa. Lo que tiene gran importancia, pues, no es si pertenezco a alguna sociedad o si estoy meramente repitiendo una y otra vez viejas ideas, sino que ustedes comprendan profundamente el significado de las ideas que he expuesto y, de ese modo, puedan completarlas en la acción. Entonces descubrirán por sí mismos si lo que digo es verdadero o falso, si tiene algún valor esencial en la vida. Desafortunadamente, somos muy propensos a creer cualquier cosa que aparece publicada. Si ustedes pueden considerar una idea completamente, de principio a fin, descubrirán la verdadera belleza de la acción, de la vida.

Se dice que ataco a todas las religiones excepto a la propia. No pertenezco a ninguna religión. Para mí, todas las religiones no son sino reacciones defensivas contra la vida, contra la inteligencia.

El interlocutor sugiere que mi propósito es crear duda, perturbación y confusión en las mentes de las personas. Ahora bien, a fin de comprender, ustedes necesitan el bálsamo purificador de la duda; de lo contrario, se vuelven meros esclavos del interés establecido, ya sea el de la religión organizada o el del dinero y la tradición social. Si comienzan a cuestionar de veras los valores que ahora los encierran y sujetan, aunque ello pueda causar confusión y perturbaciones, si persisten en comprenderlos profundamente en la acción, habrá claridad y felicidad. Pero la claridad o la comprensión no se producen de manera superficial, artificial; tiene que haber un profundo cuestionamiento.

La duda, nacida del sufrimiento, es la despertadora de la inteligencia. Pero el hombre cuya mente se halla atrapada en la corrupción del interés creado, del poder y la explotación, declara que la duda es perniciosa, una traba que causa confusión y produce destrucción. Si ustedes quieren de veras despertar la inteligencia, deben comenzar a comprender, a través de la duda y el sufrimiento, el significado de los valores. Si quieren comprender el movimiento de la vida, de la realidad, la mente tiene que estar despojada de todos los valores autodefensivos.

Pregunta: Para mí está claro que usted se ha decidido a destruir todos los ideales que nosotros estimamos. Si éstos fueran destruidos, ¿no se derrumbaría la civilización y el hombre volvería al salvajismo?

Krishnamurti: Primero que nada, yo no puedo destruir los ideales que ustedes han creado. Si pudiera destruirlos, crearían otros en su lugar y, por lo tanto, serían prisioneros de éstos. Lo que debemos descubrir es, no si por la destrucción de los ideales va a haber salvajismo, sino si los ideales ayudan realmente al hombre a vivir de manera completa, inteligente. ¿Acaso no hay salvajismo, caos, desdicha, explotación, guerra, a pesar de sus ideales, de sus religiones y de su cerrada moralidad? Averigüemos, pues, si los ideales son una ayuda o un obstáculo. Para comprender esto, nuestra mente no debe tener prejuicios ni estar a la defensiva.

Cuando hablamos de ideales, nos referimos a esos focos de luz por los cuales buscamos guiamos a través de la confusión y el misterio de la vida. Eso es lo que entendemos por ideales: aquellos conceptos acerca del futuro que ayudarán al hombre a orientarse a través del caos de la presente existencia.
El sutil deseo de ideales y su permanencia indican que ustedes desean cruzar sin sufrimiento el océano de la vida. Como no comprenden en plenitud el presente, desean tener guías en la forma de ideales. Así que dicen: “Como la vida es un conflicto semejante, como hay tanta desdicha, tanto sufrimiento en ella, los ideales me darán aliento, esperanza”. De este modo, los ideales se vuelven un recurso para escapar del presente. La mente y el corazón de ustedes se hallan mutilados y abrumados por los ideales, ideales que les brindan sutiles formas de escape respecto del siempre vital presente y, de ese modo, tapan y eluden el conflicto y el sufrimiento del ahora. Así, gradualmente, terminan por vivir de teorías y no pueden comprender la realidad.

Veamos un ejemplo que, espero, aclarará lo que quiero decir. Como cristianos, ustedes manifiestan amar a su prójimo: eso es el ideal. ¿Qué sucede en realidad? El amor no existe, sino que tenemos miedo, hay dominación, crueldad y todos los horrores y absurdos del nacionalismo y la guerra. En teoría es una cosa y en los hechos es todo lo contrario. Pero si dejan de lado por el momento sus ideales y de verdad se enfrentan a lo real, si en vez de vivir en un futuro romántico afrontan sin ilusión alguna lo que tiene lugar en todo instante, entregando a ello por completo la mente y el corazón, entonces actuarán y conocerán el movimiento de la realidad.

Ahora están confundiendo los hechos con las teorías. Han separado lo real de lo teórico, de las esperanzas y los anhelos. Cuando se enfrentan con lo real, hay acción; pero si escapan hacia ideales, hacia la seguridad de la ilusión, entonces no actuarán. Cuanto mayor es el ideal, mayor es su poder de mantener al hombre en una ilusión, en una prisión. Sólo comprendiendo el movimiento profundo de la vida con todo su sufrimiento y su felicidad, la mente puede liberarse de las ilusiones y los ideales.

Cuando la mente se halla mutilada por las esperanzas y los anhelos que se convierten en ideales, no puede comprender el presente. Pero cuando comienza a liberarse de estas esperanzas e ilusiones respecto del futuro, entonces la acción despertará esa inteligencia que es la vida misma, el devenir eterno.

Pregunta: Estoy profundamente interesado en sus ideas, pero encuentro la oposición de mi familia y del sacerdote. ¿Cuál debería ser mi actitud hacia ellos?

Krishnamurti: Si usted desea comprender la verdad, la vida, entonces no existe la influencia, el refugio de la familia; y el sacerdote, con su imposición y su forma sutil de explotación, deja de ser un factor determinante en la vida. Por lo tanto, es usted mismo quien tiene que contestar esta pregunta. Si quiere comprender la belleza de la vida y vivir de manera profunda y extática, sin esta continua creación de limitaciones, entonces debe estar libre de creencias organizadas ‑ como la de las religiones con su explotación ‑ y del espíritu posesivo de la familia con sus refugios astutos y autodefensivos, lo cual no significa desechar todo esto y volverse una persona licenciosa. Si desea comprender profundamente y vivir con inteligencia y plenitud de realización, entonces la familia, el sacerdote o la opinión pública no pueden ser un obstáculo.

¿Qué es la opinión pública, qué son los sacerdotes, qué es la familia cuando uno considera realmente y a fondo todo esto? Para discernir, ¿no debe cada uno permanecer solo, sin apoyo ninguno? Esto no significa de ningún modo que uno no pueda amar, que no pueda casarse y tener hijos. A causa de nuestro propio deseo de seguridad y consuelo, creamos un medio que, a través del temor, ejerce influencia sobre nuestra mente y nuestro corazón, limitándolos y dominándolos. Un hombre que quiera comprender la verdad, debe estar libre del deseo de seguridad y consuelo.

Pregunta: Algunos dicen que usted es el Cristo, otros que es el Anticristo. En realidad, ¿qué es usted?

Krishnamurti: No creo que importe demasiado qué soy yo. Lo que importa es si ustedes comprenden inteligentemente lo que digo. Si uno posee una apreciación profunda de la belleza, tiene poca importancia saber quién pintó el cuadro o quién escribió el poema. (Aplausos y objeciones) Señores, no estoy eludiendo la pregunta, porque no creo que importe en lo más mínimo quién soy yo. Si empezara a afirmar o a negar, me convertiría en una autoridad. Pero si ustedes, mediante el propio discernimiento, comprenden y viven aquello que es verdadero y vital en lo que digo, entonces habrá realización creativa. Después de todo, lo que tiene fundamental importancia es que vivan de manera plena, completa, y no el saber qué soy yo.

Pregunta: ¿Existe alguna diferencia entre el verdadero sentimiento religioso y la religión como creencia organizada?

Krishnamurti: Antes de que conteste esta pregunta, debemos comprender qué entendemos por creencia organizada. Una estructura de credos, dogmas y creencias que se basan en la autoridad, con su boato, su sensación y su explotación; esto es lo que yo llamo religión organizada, con sus múltiples intereses creados. Y están esos sentimientos y esas reacciones personales que uno llama experiencias religiosas. Usted puede no pertenecer a una religión organizada con todas sus sutiles influencias de autoridad, imposición y temor, pero puede tener experiencias a las que llama sentimiento religioso. No necesito explicar nuevamente cómo la creencia organizada, o sea, la religión, mutila fundamentalmente el pensamiento y el amor, porque ya lo he examinado a fondo.

Esas experiencias que llamamos religiosas pueden ser el resultado de una ilusión; tenemos que comprender cómo se originan. Si hay conflicto, sufrimiento, es natural que la mente busque consuelo. En la búsqueda de consuelo lejos del sufrimiento, la mente crea ilusiones de las cuales deriva ciertas experiencias y ciertos sentimientos que llama religiosos o con otro nombre. Al comprender la causa del sufrimiento y liberarse de ella, la mente realizará, no una experiencia objetiva que actúa sobre una mente limitada y subjetiva, sino ese movimiento de la vida misma, de la realidad, movimiento del que la mente no se halla separada. Como la mayoría de la gente sufre y como la mayoría tiene experiencias religiosas de alguna clase, estas experiencias son tan sólo un modo de escapar de la causa del sufrimiento hacia una ilusión que asume el carácter de realidad mediante el contacto constante y el hábito. Ustedes tienen que descubrir por sí mismos si lo que llaman experiencia religiosa es una forma de escapar del sufrimiento, o si es la libertad con respecto a la causa del sufrimiento y, en consecuencia, el movimiento de la realidad. Si buscamos la experiencia religiosa, entonces ésta tiene que ser falsa, porque estamos meramente anhelando escapar de la vida y de la realidad; pero cuando la mente se libera del temor y de sus numerosas limitaciones, entonces existe el fluir del éxtasis de la vida.

Pregunta: ¿Cómo puedo liberarme del temor?

Krishnamurti: Creo que el interlocutor quiere saber cómo liberarse de la profunda y significativa causa del temor.
Para estar verdaderamente libre del temor, usted debe perder todo sentimiento de egoísmo; y eso es algo muy difícil de hacer. El egoísmo es tan sutil, se expresa de tantas maneras, que somos casi inconscientes de él. Se expresa mediante la búsqueda de seguridad, ya sea en este mundo o en algún otro mundo llamado el más allá. Uno anhela estar a salvo, ahora y en el futuro, y de este modo impide la inteligencia y la realización creativa. Mientras exista este deseo de seguridad, tiene que haber temor. Una mente que busca la inmortalidad, la continuación de su propia conciencia limitada, tiene que crear temor, ignorancia e ilusión. Si la mente puede liberarse del deseo de seguridad, entonces cesa el temor; y para descubrir si está persiguiendo la seguridad, la mente debe tornarse alerta, totalmente consciente.

¿Qué es la recta Acción?

Pláticas en la Argentina, 1935

Buenos Aires, Segunda plática, 15 de julio 1935

Jiddu Krishnamurti. ¿Qué es la recta Acción? Obras completas tomo 2. 1934 - 1935. The Collected Works of J.Krishnamurti Volume 2. 1934 - 1935. What is Right Action? Jiddu Krishnamurti en español.

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