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Principios del Aprender

Primera Parte, Capítulo 1

22 de mayo de 1973

Krishnamurti: La mayoría de las personas trabaja, sea para eludir el castigo que implicaría no hacerlo, sea para vencer algún obstáculo puesto en el camino de las posesiones, del dinero, la fama, etc. Así es que casi todos trabajan bajo una gran presión. Aquí en Brockwood no existe esa extrema presión, ni presión alguna que se ejerza sobre ustedes. Por lo tanto, hay una tendencia ‑ si puedo señalarlo - a descuidarse, a abandonarse, a volverse un poco vacuos y a perder esa vitalidad que es generalmente propia de la juventud ‑ese sentimiento de urgencia, la llama de la acción. Todo eso desaparece poco a poco y a ustedes se les deja librados a su propia responsabilidad, lo cual es más bien difícil.

La mayoría de nosotros necesita de alguien en quien apoyarse, alguien que nos aliente, que nos diga: «¡Lo estás haciendo muy bien, sigue así!», y que nos empuje un poco cuando flojeamos, que nos impulse cuando somos indiferentes, cuando estamos dormidos, que nos sacuda para mantenernos despiertos; y así, ese alguien se convierte poco a poco en la autoridad. ¿No han advertido esto?

Aquí no hay autoridad; por lo tanto, a ustedes se les deja librados a sí mismos, y es muy difícil mantenerse solo, en el punto más alto de energía, de impulso interno, inteligencia y afecto, sin lanzarse a una especie de entonación, a desperdiciar inútilmente el tiempo. Se supone que Brockwood debe darles ‑y espero que lo haga- el terreno, el ambiente la atmósfera en la cual pueda autogenerarse esta energía. ¿Cómo ha de ser creado todo esto? ¿Quién va a hacerlo?

Interlocutor: Todos aquí.

Krishnamurti: ¿Qué significa eso?

Interlocutor: La propia responsabilidad.

Krishnamurti: Cuando emplea una palabra tenga cuidado de saber lo que significa. ¿Conoce el significado de esa palabra «responsabilidad»?, no lo que usted piensa que debería significar, sino lo que ella significa según el diccionario. Primero debemos comprender el significado de esa palabra. Aquí tienen a su maestro de inglés, pregúntenle.

Interlocutor: ¿Significa la capacidad para responder?

Krishnamurti: Eso es correcto, ¿verdad? ‑la capacidad para responder.

Interlocutor: Nosotros asamos a menudo la palabra “responder”; decimos: “Respondo por tal o cual cosa”.

Krishnamurti: Si soy ineficaz no puedo responder, responder con propiedad. De modo que la responsabilidad significa responder adecuadamente al trabajo, al medio ambiente o a los sucesos que tienen lugar a mi alrededor. Debo responder con mi más alta capacidad; eso es lo que significa la palabra «responsable». Vea cuánto hay envuelto en esa sola palabra.

¿Quién, entonces, será el responsable de crear aquí el terreno adecuado, el ambiente, la atmósfera apropiada a fin de que ustedes estén totalmente despiertos, generando por sí mismos la energía?

Interlocutor: Cada uno de nosotros.

Krishnamurti: ¿Puede usted hacerlo, Gregory? ¿Está cada uno de nosotros capacitado para esto?

Interlocutor: Todos nosotros juntos.

Krishnamurti: No. ¿Quién es «todos nosotros juntos»? ¿Será usted el responsable de crear este terreno en el cual responderá a un acontecimiento, a todo cuanto ocurre a su alrededor, de modo adecuado y completo? Si cada uno de nosotros hace eso, no hay problema, ¿verdad? Entonces el lugar será maravilloso, y cada uno de nosotros llevará dentro de sí una luz de mil vatios. ¿Es capaz de esto cada uno de nosotros? O sea, cuando usted dice, «Me acostaré a las diez» ‑lo que fuere que haya convenido- lo hará y nadie necesitará decírselo. ¿Entiende lo que eso implica? Cuando usted estudia pone su atención completa en ello, lo que significa una respuesta adecuada a la asignatura, a todo lo que constituye su responsabilidad. ¿Podemos todos nosotros hacer esto juntos?

Interlocutor: Somos capaces de hacerlo, pero habitualmente no lo hacemos.

Krishnamurti: ¿Por qué no? ¿Es usted descuidado o indiferente hacia lo que hace porque desea hacer alguna otra cosa?

Interlocutor: En primer lugar, ¿cómo puede uno ser responsable si no conoce lo bastante bien el campo en el cual trabaja? Quiero decir que, antes de que pueda asumir responsabilidad por algo, he de saber con certeza que puedo hacerlo.

Krishnamurti: Sí, que usted es capaz de hacerlo.

Interlocutor: Pero lo que ocurre la mayor parte de las veces es que la gente dice: “Usted es responsable” y se da por sentado que uno sabe lo que tiene que hacer.

Krishnamurti: No, mire, Tungki, acabamos de definir esa palabra. Yo le pregunto si usted es capaz, si es lo bastante inteligente para tratar de manera adecuada con algo que ha de suceder aquí. Si no es así, seamos humildes al respecto, seamos razonables y digamos: no somos capaces. Entonces, ¿cómo hemos de producir esto en nosotros? Discutámoslo, yo no voy a contestar por ustedes.

Interlocutor: Ello tiene algo que ver con la relación. Cuando uno es responsable, uno es responsable en la relación, ¿no es así?

Krishnamurti: No sé, investíguelo.

Interlocutor: Yo veo tantos malentendidos en la escuela, muy a menudo entre los estudiantes, entre el profesorado. Pero ahora me doy cuenta de que para ser responsables primero hemos de ver que tenemos malentendidos, y que éstos deben ser aclarados.

Krishnamurti: Bien, ¿cómo aclara usted un malentendido? ¿Cuál es la cualidad que se requiere para ayudarnos a borrar un malentendido? Usted dice algo, yo lo interpreto mal y me ofendo. ¿Cómo borramos esa ofensa usted y yo, ese sentimiento de «Usted me ha entendido mal»? O yo, por haberlo entendido mal, he hecho algo que usted piensa que no debería haber hecho. ¿Cómo aclara eso?

Interlocutor: Uno vuelve al comienzo y ve qué es lo que estuvo mal.

Krishnamurti: ¿Es necesario hacer todo eso?

Interlocutor: Ello requiere tiempo.

Krishnamurti: No, requiere algo más que eso; ¿qué más se necesita?

Interlocutor: Respeto, una relación adecuada.

Krishnamurti: ¿Y eso qué significa? Continúe, avance.

Interlocutor 1: Se necesita paciencia y cuidado, un anhelo vehemente de hacerlo.

Interlocutor 2: Yo diría afecto.

Krishnamurti: Peter dice que se requiere afecto, ¿comprende? Si yo tengo afecto, digo: «Observemos el malentendido y veamos si no podemos superarlo». Pero si lo examino meramente de manera intelectual y me tomo tiempo al respecto, entonces seré ofendido por algún otro. En consecuencia, el afecto es la base desde la cual uno puede eliminar los malentendidos. ¿Correcto?

Interlocutor: Yo pienso que si uno no tuviera una imagen de sí mismo, no podría ser lastimado por una ofensa.

Krishnamurti: Sí, pero yo tengo una imagen y él tiene una imagen. Yo me ofendo por lo que usted ha dicho; ¿cómo borro eso? ¿Puedo decir, «Vea, entendí mal, lo siento, hablemos de ello otra vez»? Eso requiere cierto afecto, ¿no es así? ¿Ha logrado usted tener ese afecto? El afecto es diferente del sentimiento, seamos muy claros sobre este punto.

Interlocutor: ¿Qué significa sentimiento?

Krishnamurti: Sensación, sentir.

Interlocutor: Pero aquí se trata de un sentir que no es conveniente.

Krishnamurti: Averigüemos entonces la diferencia entre afecto, amor y sentimiento. Dijimos que el sentimiento es sensación, emocionalismo. «Yo tengo la sensación de que debemos hacer esto, siento que soy un gran hombre, me siento enojado» ‑eso es un sentimiento. «Amo a los niños»: en ello hay muchísimo sentimiento, porque yo no quiero hacer cosas que puedan causarles daño. Sentimiento implica sentir. Ahora bien, ¿qué es afecto y qué es sentimiento?

Interlocutor: En cierta manera hay en factor de autoengaño en el sentimiento.

Krishnamurti: Sí, eso es correcto. El sentimiento puede volverse duro, puede convertirse en algo eficiente pero cruel.

Interlocutor: Uno encuentra que a menudo la persona sentimental puede ser también brutal según sea su estado de ánimo. Como los nazis, que eran sentimentales con respecto a la música y las artes, pero que también eran muy brutales.

Krishnamurti: Así es. Pero todos hemos tenido también este sentimiento en nosotros, así que no lo atribuyamos a cierto tipo de personas. O sea, que podemos ser sentimentales, penetrar en alguna clase de vacuidad extática con respecto a la música, a la pintura; podemos decir «amo a la Naturaleza», y al minuto siguiente golpearle la cabeza a alguien porque nos estorba. Por lo tanto, el sentimiento es una cosa y el afecto es otra. Si yo le tengo afecto, discutiré las cosas con usted. Diré: «no se irrite, quédese tranquilo, tome asiento y hable conmigo, le he entendido mal. Quiero discutirlo con usted porque le tengo afecto». No se trata de algo sentimental, yo tengo afecto por usted. No sé si ve la diferencia, ¿la ve?

Interlocutor: Yo pienso que los jóvenes consideran a menudo al sentimiento como una cosa poco consistente.

Krishnamurti: De acuerdo.

Interlocutor: Porque si uno tiene sin sentimiento, éste se vuelve mecánico, uno reacciona automáticamente.

Krishnamurti: Vea, el idealismo es sentimentalismo y, por lo tanto, engendra hipocresía. No sé si usted ve eso.

Interlocutor: Porque el idealismo varía con los estados de ánimo.

Krishnamurti: Correcto, todo eso está envuelto en el sentimiento. Si ello está claro, ¿tenemos nosotros ese afecto, de modo que cuando surja un malentendido podamos discutirlo y olvidarlo sin que eso se acumule?

Interlocutor: Quizá la palabra “sentimentalismo” necesite una definición. Quiero decir que ella parece indicar algo más que el sentimiento. Es una emoción de segunda mano.

Krishnamurti: Eso es una cosa fea.

Interlocutor: Es lo que se le atribuye la mayoría de las veces.

Krishnamurti: Sí, correcto, como una máscara que usted se pone.

Interlocutor: Parece difícil distinguir eso en la vida diaria. Tomemos un ejemplo: veo en árbol hermoso. ¿Qué es ese sentimiento?

Krishnamurti: ¿Es eso sentimiento? Miro ese árbol y digo; «Qué árbol tan maravilloso, qué hermoso es», ¿es sentimiento eso?

Interlocutor: Señor, cuando usted dice eso, ¿se lo está diciendo a sí mismo?

Krishnamurti: Sí, me digo a mí mismo; «Qué hermoso es». Puede que usted se encuentre ahí, y entonces yo le diría: «Mire, mire qué bello es ese árbol». ¿Es eso sentimiento?

Interlocutor: Es un hecho. Pero cuando uno ve un árbol y piensa que debería sentir que es hermoso, eso es en sentimiento.

Krishnamurti: Sí, así es; ¿lo ha comprendido? ¿Lo ha asimilado usted?

Interlocutor: Sí. O sea, cuando uno piensa que está obligado a...

Krishnamurti: Así es. De modo que cuando me vuelvo sentimental con respecto a algo, le impongo una falsa fachada: estoy «obligado» a sentir que ése es un árbol hermoso.

Interlocutor: Uno se lo impone como un acto de conducta.

Krishnamurti: Sí, un acto de conducta. Me alegro de que estemos penetrando en esta cuestión.

Interlocutor: Sí, pero ahora prosiguiendo con su ejemplo, usted se interesa en ese árbol y queda apegado a él. ¿Se introduce entonces el sentimentalismo?

Krishnamurti: Sí. Cuando usted se apega a algo, en ello se desliza subrepticiamente el sentimentalismo. De modo que absórbalo, es un alimento que usted está masticando, tiene que digerirlo. Usted pregunta: ¿cuando existe el afecto, hay apego?

Interlocutor: No, pero a veces uno salta a lo otro sin darse cuenta.

Krishnamurti: Por supuesto.

Interlocutor: Parece no haber un límite.

Krishnamurti: Así es que uno debe andar muy despacio. Estamos tratando de establecer la diferencia entre el afecto y el sentimentalismo. Vemos lo que el sentimentalismo implica. La mayoría de nosotros no nos tornamos sentimentales cuando somos jóvenes, pero a medida que envejecemos nos ponemos muchas máscaras innecesarias y decimos: «Debo sentir la belleza de ese árbol». O bien, «Ese poema tiene que gustarme porque lo escribió Keats o Shelley». El afecto es algo por completo diferente. El sentimentalismo es afectación, hipocresía. Ahora bien, ¿qué es el afecto?

Interlocutor: Literalmente significa moverse hacia alguien.

Krishnamurti: Sí, ¿verdad?

Interlocutor: Ser afectado por algo.

Krishnamurti: Primero escuche lo que dijo Mr. Simmons. Tenemos que escucharnos el uno al otro. El dijo: «Moverse hacia alguien». ¿Qué significa eso?

Interlocutor: Que uno siente algo por ellos.

Krishnamurti: Tenga cuidado ‑no diga «siente». Yo me muevo hacia usted, usted puede permanecer rígido pero yo me muevo hacia usted, tengo un gesto para con usted. Le tiendo mi mano, usted puede no desearlo pero yo se la tiendo. El afecto significa «moverse hacia» ‑el árbol, el pájaro, el lago o un ser humano ‑extender su brazo, tener un gesto, sonreír; todo eso es afecto, ¿verdad? Si yo le tiendo mi mano aunque lo haya entendido mal, usted dice inmediatamente: «Si, trataré de borrarlo». A menos que haya un movimiento hacia usted, el malentendido no puede ser disipado.

Interlocutor: Pero algunas personas podrían tender su mano tan sólo mecánicamente.

Krishnamurti: Eso es sentimentalismo, es hipocresía.

Interlocutor: Y si usted se siente conmovido por alguien, ésa también puede ser una forma de excitarse igual que la otra.

Krishnamurti: Es cierto.

Interlocutor: Pronto tendremos que abandonar Brockwood y entonces nos encontraremos con gente que es sentimental: nuestra madre o alguna persona así. Uno tiene que responder a sus sentimientos.

Krishnamurti: Lo sé. Vea, entonces el amor no es mero sentimiento o sentimentalismo. El amor es algo muy riguroso, si es que puedo emplear esa palabra. No riguroso en el sentido de cruel; no tiene hipocresía, ni sentimentalismo, no viste ropajes.

Interlocutor: ¿Usted quiere decir que es auténtico genuino?

Krishnamurti: Si le gusta expresarlo de ese modo.

Ahora ya sabemos qué queremos significar por afecto, amor y sentimentalismo. ¿Cómo creamos aquí el ambiente, el terreno, el suelo en el que haya ese sentido de libertad con respecto a toda presión y, por lo tanto, a toda dependencia, de modo que sean ustedes los que por sí mismos generen este sentimiento tremendo de vivir, esta vitalidad, esta llama? ‑ como quieran llamarlo. ¿De qué modo emprendemos esto? Es la responsabilidad de ustedes. ¿Comprenden ahora el significado de esa palabra? ¿Qué harán para crear esta atmósfera? ‑ porque cada uno de nosotros es responsable. No Mr. o Mrs. Simmons, o X, Y, Z ‑ usted es el responsable.

Interlocutor: Ciertamente el afecto no puede ser cultivado.

Krishnamurti: Entonces, ¿qué hará usted? Dijimos que el afecto es necesario, pero nos estamos preguntando cómo crearán ustedes esta atmósfera en la cual el afecto pueda funcionar.

Interlocutor: Si cuando ocasionalmente tenemos este afecto pudiéramos verlo, entonces veríamos la situación que nos estimula a tenerlo.

Krishnamurti: Usted no responde a la pregunta. Aquí en Brockwood tenemos la responsabilidad de crear el terreno en donde haya libertad, en donde no exista la dependencia. Con esa libertad, con esta energía podemos florecer en bondad. ¿Cómo hemos de crear eso?

Interlocutor: Quizá podríamos introducir ahí lo que planteó Tungki porque pienso que varios de nosotros hemos sentido lo mismo. Lo que él dijo es que en el pasado hemos tenido momentos de afecto y que si pudiéramos analizar eso, quizá podríamos ver qué es lo que lo produjo. Si ése es un indicio falso, tal vez fuera posible terminar con ello. Nosotros sabemos que hemos experimentado afecto, eso ha ocurrido.

Krishnamurti: ¿Y por qué desapareció? ¿Puede desaparecer? ¿O fue sentimentalismo y por eso se ha ido? Usted dice: «A veces, o a menudo he experimentado este sentimiento de gran afecto, pero de algún modo se va y regresa en ocasiones». Ahora bien, ¿puede el afecto desaparecer, o es el sentimentalismo el que se marchita?

Interlocutor: Sentimos afecto y al tratar de aferrarnos a él y perpetuarlo nos tornamos sentimentales porque intentamos reconocer sus síntomas y sus efectos y actuamos entonces de acuerdo con la memoria.

Krishnamurti: O puede ser que lo que llamamos afecto sea sentimentalismo.

Interlocutor: Sí; si el verdadero afecto no veo cómo puede disolverse.

Krishnamurti: Correcto.

Interlocutor: Tal vez queda sumergido pero no se disuelve. Puede sumergirse a causa de los malentendidos, pero puede emerger de nuevo.

Krishnamurti: ¿Puede? Si yo tengo verdadero afecto, ¿puede usted ocultarlo? No. La mayoría de nosotros no hemos alcanzado a tener este sentimiento extraordinario de afecto. Ahora bien, ¿cómo hemos de crearlo? No diga «cultivándolo», eso toma tiempo.

Interlocutor: ¿No forma ello parte del ver su necesidad? Durante las primeras conversaciones que usted sostuvo con nosotros, intentó mostrarnos la necesidad de un lugar como éste.

Krishnamurti: Mire, el afecto no puede ser cultivado, ¿verdad? Para decir «yo te amo», ese sentimiento debe venir naturalmente, no ser forzado o estimulado. Uno no puede decir: «Es necesario, por lo tanto, yo debo amarte». ¿Cómo experimenta usted afecto? ¿Puede dejar que el tiempo se encargue de ello? Descúbralo. Tal vez deba llegar a eso indirectamente ‑¿comprende lo que quiero decir?

Interlocutor: Quizá sea preciso descubrir qué es lo que le impide a uno experimentar afecto.

Krishnamurti: Pero usted debe experimentarlo antes de que pueda descubrir qué es lo que lo impide. La ira, los celos, la desavenencia ‑¿Impedirán todas esas cosas el afecto?

Interlocutor: Sí.

Krishnamurti: ¿Lo impedirán? Usted dice algo que es cruel ‑¿destruirá eso mi afecto? Yo estoy lastimado, pero la cosa real, la belleza del afecto, ¿eso será destruido? Pues bien, tal vez podamos dar con ello desde una dirección diferente. ¿Vamos a investigar esa posibilidad? Yo estoy lleno de sentimentalidad, emocionalismo, idealismo acerca de que «esto debería hacerse», «aquello debe hacerse», «lo intentaré». Esos son todos sentimentalismos. Dijimos que el afecto es una realidad muy rigurosa, es un hecho, usted no puede distorsionarlo, no puede destruirlo. Si no he logrado experimentar ese afecto, quiero descubrir cómo puedo dar con él. No puedo cultivarlo, no puedo alimentarlo con buenas acciones, diciendo: «Debo ir a ayudarlo cuando usted está enfermo»; eso no es afecto. Tiene que haber un modo de hacer algo que lo produzca. Lo descubriremos. ¿Qué piensa usted?

Interlocutor: Si nunca lo he experimentado, ¿cómo puedo saber que está ahí?

Krishnamurti: Voy a averiguarlo, no lo sé, no he experimentado afecto alguno. Puedo sentirlo en ocasiones cuando estoy medio dormido, pero en realidad no lo he experimentado cuando estoy viviendo, luchando. Ahora bien, ¿cómo ha de florecer en mí esa semilla?

Interlocutor: Uno tiene que perder las imágenes que posee de la gente.

Krishnamurti: Ese es un aspecto. Yo quiero llegar mucho más cerca.

Interlocutor: También hay muchas cosas que lo impiden tal vez podamos examinar esas cosas.

Krishnamurti: Sí, prosiga. ¿Pero eso lo hará?

Interlocutor: No puedo hacerlo antes de haber examinado aquello que me lo impide.

Krishnamurti: Puede ser que yo esté enojado, me irrito fácilmente y entiendo mal las cosas. Entonces digo: déjeme borrarlo. ¿Surgirá el afecto? Conozco a muchas personas, los así llamados monjes, trabajadores sociales, etc., que se han entrenado a fin de no enojarse. Pero la verdadera llama los ha abandonado, nunca la han tenido; ellos son benévolos, son personas generosas, desean ayudarlo a uno, quieren darle el dinero que poseen, su chaqueta, su abrigo, pero la cosa real no se encuentra ahí por ninguna parte. Yo quiero descubrir cómo es posible dejar que esta cosa florezca en nosotros; una vez que ella florece, ya nadie puede destruirla.

Usted ha dicho: ver las cosas que la impiden. Eso significa que está cultivando deliberadamente el afecto. Cuando dice: «Veré cuáles son las cosas que me están bloqueando», eso es un acto deliberado con la finalidad de lograr el afecto. No sé si alcanza a ver esto.

Interlocutor: Sí.

Krishnamurti: Por lo tanto, usted trata de cultivarlo, ¿no es así? ‑ sólo que lo hace de un modo tal que disfraza el hecho.

Interlocutor 1: Usted dijo que debemos tratar de encontrar el terreno para el afecto, para este sentido de responsabilidad.

Interlocutor 2: Si nosotros tratamos de crear una determinada relación, una atmósfera ‑ cualquiera sea el nombre que se le dé- en la cual esto pueda florecer, ¿no será eso quizá lo que ella quiso significar?

Krishnamurti: Estoy tratando de señalar que usted no puede cultivarlo.

Interlocutor: ¿Pero no puede uno producir ese “algo” verdadero?

Krishnamurti: Es lo que estoy intentando descubrir. Por lo tanto, ya que no puede usted cultivar el afecto, olvídelo. Me pregunto si comprende esto. Usted puede cultivar crisantemos u otras cosas, pero no puede cultivar el afecto ‑ no hay ardil, inconsciente o deliberado, que sea capaz de producirlo. ¿Qué hemos de hacer entonces?

Interlocutor: A mí me parece que hay algo ‑no para ser hecho- pero que se puede reconocer. Cuando uno mira a alguien, o considera una situación determinada y reconoce que no hay afecto, eso no toma tiempo.

Krishnamurti: Eso puede hacerse. ¿Qué ocurre cuando usted dice, «Sí, cuando lo miro veo que realmente no experimento afecto por usted»? ¿Qué es lo que ha ocurrido?

Interlocutor: Uno ha encarado un hecho. Algo ocurre.

Krishnamurti: ¿SÍ? Escuche: inconscientemente, profundamente, existe esta idea de que debe haber afecto. Yo hago diversas cosas con el fin de capturarlo. Y eso no puede ser capturado. Todos ustedes están sugiriendo métodos para capturarlo.

Interlocutor: Yo no estaba sugiriendo un método, sólo decía: uno reconoce que no lo ha logrado.

Krishnamurti: Sí, no lo he logrado, eso lo sé muy bien. Esa llama no está ahí.

Interlocutor: Es muy duro ver realmente que ella no está; continuamos pretendiendo que sí está.

Krishnamurti: Me gusta mirar las cosas tal como son y encarar los hechos; personalmente, no tengo en mí sentimentalismo de ninguna clase, descarto todo eso. Entonces digo: «No tengo esta cosa». Y también sé que ella no puede ser cultivada subrepticiamente de manera indirecta. Sin embargo, vagamente veo su belleza. ¿Qué he de hacer entonces? ¿Podemos dejarlo y regresar a ello un poco más tarde? (Pausa.) Sólo escuchen lo que tengo que decir. ¿Se sienten aquí como en su hogar? ¿Saben lo que es un hogar?

Interlocutor: El lugar donde uno sabe que siempre encuentra sostén y ayuda, donde uno se siente cómodo donde no es consciente de sí mismo. Uno se mueve más fácilmente en el hogar que allí donde es un extraño.

Krishnamurti: En el hogar usted no es un extraño. ¿Es eso?

Interlocutor 1: En ese caso uno tiene muchos hogares, porque puede tener muchos amigos y hermanos. Yo puedo sentirme cómodo en muchos lugares.
Interlocutor 2: Uno puede tener una casa y vivir en ella, pero eso no significa que sea un hogar.

Krishnamurti: ¿Qué es lo que la hace un hogar?

Interlocutor 1: Que haya afecto y cooperación entre las personas que viven ahí.
Interlocutor 2: Un hogar es un sitio donde usted tiene seguridad.

Krishnamurti: ¿Es eso lo que usted llama hogar? ‑¿donde tiene seguridad, donde se siente cómodo, donde no es un extraño?

Interlocutor: Es todas estas cosas.

Krishnamurti: Díganme más.

Interlocutor 1: Donde uno no tiene miedo.

Interlocutor 2: Yo no considero que tenga realmente un “hogar”; tengo una casa en California y aquí voy al colegio.

Krishnamurti : El dijo algo que, desgraciadamente, fue pasado por alto. Dijo: «Amigos y hermanos», y también, «Dondequiera que esté, estoy en el hogar». Usted dijo eso ‑¡no se retracte! ¿Qué es, entonces, un hogar para todos ustedes? Usted dijo: dondequiera que esté me siento en el hogar; donde no soy un extraño, donde estoy cómodo, donde no me tratan como a un intruso, donde puedo hacer todo lo que quiera sin ser reprendido ‑ ¿es eso un hogar? Ellos sí lo reprenden, ellos lo mandan a la cama a una hora determinada. ¿Qué es, entonces, un hogar?

Interlocutor: ¿Un sentimiento interno de que uno está en el hogar?

Krishnamurti: ¿Qué es ese sentimiento? ¿Sentimentalismo? Aquí debemos ser muy cuidadosos. Por favor, preste atención, voy a apremiarlos en esto. Quiero averiguar qué es un hogar para usted, realmente, no teóricamente. Yo recorro todo el mundo ‑ excepto Rusia y China - soy alojado en diferentes lugares, habitaciones grandes o pequeñas. He dormido sobre el piso, he dormido en lechos de plata, he dormido en toda clase de sitios y me he sentido en el hogar ‑¿comprende? Para mí, el hogar significa dondequiera que me encuentre. A veces hay una pared desnuda frente a mi ventana, a veces hay un bello jardín, a veces hay al lado un lugar de mala vida ‑le hablo de cosas exactamente como son, no de algo meramente imaginario. A veces hay un ruido tremendo a mi alrededor, el piso está sucio, etc. ‑¡los colchones en que he dormido! Estoy en el hogar, tal como estoy en el hogar aquí. Eso significa que yo llevo mi propio hogar ‑¿comprende?

¿Es Brockwood un hogar para usted? ¿En el sentido de un lugar donde puede conversar con los otros, sentirse feliz, jugar, trepar a un árbol cuando desea hacerlo, un lugar donde no hay reprensión, ni castigo, ni presiones, donde usted se siente completamente protegido, siente que alguien cuida de usted, se preocupa de que esté limpio, de que sus ropas estén limpias, de que se peine el cabello? ¿Un lugar en el que se siente completamente seguro y libre? Eso es un hogar, ¿no es así?

Interlocutor: Lo que produce eso es la propia responsabilidad, de modo que algún otro no debe empujarlo para que haga las cosas.

Krishnamurti: No, no se desvíe hacia algo diferente. ¿Es esto un hogar para usted, en ese sentido?

Interlocutor: Sí.

Krishnamurti: ¿Está seguro de que se siente a salvo, protegido, vigilado, cuidado, no culpado jamás, que se le dice afectuosamente que no haga ciertas cosas?

Interlocutor: ¿Nos sentimos siempre a salvo, dondequiera que estemos?

Krishnamurti: ¡Oh, no teorice! Yo le pregunto, Tungki, si usted se siente en el hogar aquí, en el sentido en que todos estamos de acuerdo en lo que, más o menos, es un hogar. ¿Usted siente eso?

Interlocutor: Sí, más o venenos

Krishnamurti: Cuando dije «más o menos» fue con el sentido de que puedo agregar a ello más cosas ‑ sean buenos libros, buen alimento, un lugar donde impere el buen gusto donde nadie lo reprenda. ¿Comprende lo que quiero decir?

Interlocutor: Creo que es un lugar tan ideal que nadie se atreve a decir que sí regañamos.

Krishnamurti: Los ideales son sentimentalismo.

Interlocutor: De acuerdo, pero nosotros sí somos regañados.

Krishnamurti: Regañados afectuosamente, eso se comprende. Bien, ¿es esto un hogar para usted? No conteste al azar.

Interlocutor: Uno siente de veras que aquí se interesan por uno.

Krishnamurti: Dígame, pues, si se siente en el hogar ‑no le estoy diciendo que sí o que no, a usted le corresponde decírmelo. Si no quiere decírmelo, es igual, está bien. Si aquí se siente en el hogar, ¿es usted también responsable?

Interlocutor: Si no lo fuera, no me sentiría en el hogar.

Krishnamurti: Por eso es que pregunto. Yo transporto un mueble de esta habitación a la siguiente, y como no tengo cuidado lo golpeo con fuerza. Si es mi hogar tendré cuidado –
¿entiende?

De modo que esto es lo que quiero significar por interesarse, por ser responsable. Cuando usted se siente en el hogar, cuida las cosas, cuida de sí mismo, usted no quiere lastimar a su madre, no quiere darle demasiado trabajo. Es una cualidad de movimiento afectivo, mutuo, creador. ¿No conoce todas estas cosas? Cuando usted se siente en el hogar, ¿qué es lo que ocurre?

Interlocutor: Hay afecto.

Krishnamurti: Afecto, ¿no es así? Entonces usted puede decirme: por el amor de Dios, no rompa ese mueble; y debido a que yo me siento en el hogar, no seré lastimado por eso. Me pregunto si comprende de qué estoy hablando. Por lo tanto, allí donde ustedes están en su hogar, la semilla comienza a germinar, no tienen que cultivarla, ella empieza a florecer. ¿Es eso lo que ocurre con todos ustedes? Si aquí no se sienten en el hogar, averigüen de quién es la falta, si es de ustedes o de algún otro. Corríjanlo, no se queden sentados diciendo: «Bueno, no me siento en el hogar» ‑hagan algo al respecto. Cuando crezcan dejarán este lugar y tendrán que enfrentarse al mundo. Y si aquí carecen de esta semilla en ustedes, el mundo los destruirá. Ellos van a atropellarlos, a pisotearlos, son lobos, son asesinos ‑no se equivoquen al respecto. Este sentimiento de que están completamente relajados, completamente en el hogar ‑en el sentido con que empleo tal palabra- eso da origen a la responsabilidad, que es afectiva. ¿Comprenden esto? Háganlo, por favor. Y cuando ustedes tengan esa semilla y ella florezca aquí, la seguirán conservando durante toda la vida. Pero si ella no opera, entonces el mundo los destruirá; el mundo hace de ustedes lo que él quiere que sean: un animal astuto.

Averigüemos entonces si están aquí en el hogar, y si no lo están, ¿por qué no? El afecto es no dependencia, no sé si se dan cuenta de esto. Algunos de ustedes se casarán; dirán a su mujer: «Te amo, querida». Luego saldrán para ir a la oficina o hacia alguna otra clase de trabajo, y allí estarán llenos de ansiedad, deseando progresar, llenos de ambición, codicia. De vuelta en el hogar, dirán: «Querida, te amo». ¿Ven lo absurdo de ello? Eso es lo que está sucediendo en el mundo. En eso hay apego, celos, temor, ansiedad; ella no debe mirar a nadie más que a mí.

Si los padres se interesaran realmente por sus hijos, no habría guerras. Ellos dirían: «Vivan, no maten, vivan». No habría ejércitos ‑vean lo que ocurriría. Por lo tanto, aquello que generalmente se llama hogar no es hogar en absoluto. En consecuencia, éste debe ser nuestro hogar; aquí se pasan ocho o nueve meses del año, y es responsabilidad de ustedes ‑ sabemos lo que eso significa - hacer de esto un hogar, decirme o decir a Mrs. Simmons o a quien sea: «Este no es mi hogar porque usted no hace determinadas cosas» - ¿entienden? Entonces toman parte en esto. ¿Están meramente escuchando o participando activamente? Conságrense a ello, sean creativos, no dejen que algún otro haga todo el trabajo mientras ustedes dicen: «Si, estoy muy cómodo aquí, éste es mi hogar». Entonces éste no es el hogar de ustedes, porque no lo han construido.

Vean, desde edad temprana he estado viviendo en las casas de otra gente y nunca he tenido un sitio del cual pudiera decir: «Esta es mi casa». Pero existe el sentimiento de que uno se halla en el hogar dondequiera que esté, porque uno es responsable, es afectivo. El hogar no es una creación del sentimentalismo, es una creación surgida de un hecho ‑ el hecho de que me siento en el hogar. Vale decir que soy libre, que soy responsable, que soy afectivo. La total responsabilidad es el sentimiento de estar en el hogar.

Principios del Aprender

Primera Parte, Capítulo 1

22 de mayo de 1973

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