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Principios del Aprender

Primera Parte, Capítulo 4

8 de septiembre de 1970

Krishnamurti: ¿Qué clase de seres humanos serán ustedes cuando salgan de aquí y entren al mundo? ¡Tendrán que afrontar tantos problemas! ¿No es así? No tan sólo problemas económicos, sociales, ambientales, sino también problemas de relación, sexo, el problema de cómo vivir inteligentemente, con gran amor y afecto, sin ser sofocados y corrompidos por la sociedad. Aquí, en esta escuela, estamos más o menos protegidos y entre amigos; puede haber confianza, estamos familiarizados con las idiosincrasias de cada uno, con los prejuicios, inclinaciones y tendencias, pero cuando salimos al mundo no conocemos a nadie, y es un mundo monstruoso al que nos enfrentamos.

Tenemos que descubrir cómo vamos a encarar todo esto, qué clase de mente o inteligencia es la que ha de encararlo. Así es que la educación llega a tener la mayor importancia. Siendo la educación no el mero adquirir conocimientos tecnológicos sino la comprensión, con sensibilidad e inteligencia, de todo el problema del vivir ‑en el cual están incluidos la muerte, el amor, el sexo, la meditación, la relación, y también el conflicto, la ira, la brutalidad. etc. ‑ ésa es la total estructura de la existencia humana.

Si pudiéramos encarar un solo problema completamente, examinarlo con profundidad, entonces tal vez podríamos relacionarlo con todos los otros. Ningún problema es algo separado, total por sionismo. Está relacionado con otros asuntos, con otros problemas y cuestiones. De modo que si podemos tomar un problema humano e investigarlo libremente, entonces tendremos la capacidad de ver su conexión con todos los otros problemas. ¿Qué es lo que vamos a considerar juntos, entonces?

Interlocutor: ¿Cuál es el propósito de la vida?

Krishnamurti: Quedó bien en claro el otro día que tener un propósito implica una dirección: Usted fija una dirección y evita todo lo demás. Si digo: «Esta mañana quiero ir a “La Alameda” porque allí hay flores maravillosas», entonces toda mi atención está puesta en ir allá y, por lo tanto, resisto cualquier otra cosa. Igualmente, preguntar cuál es el propósito de la vida implica invitar a una mayor contradicción, a más conflicto. No sé si usted ve eso realmente.

Interlocutor: Tal vez la verdadera dificultad está en la comunicación.

Krishnamurti: ¿Es ésa nuestra dificultad? Cuando usted quiere decir algo lo dice, ¿no es así?

Interlocutor: Sí, pero la comunicación es hacer algo juntos.

Krishnamurti: Usted dice que la comunicación significa hacer algo juntos ‑ comprender juntos, crear juntos. ¿Es eso lo que desean discutir?

Interlocutor 1: Tal vez tenemos el deseo de hacer cosas juntos porque no sentimos que podamos permanecer solos.

Interlocutor 2: ¿Entonces quizá podamos discutir la relación verdadera?

Interlocutor 3: Parece que estamos muy desperdigados en nuestro pensar.

Krishnamurti: Por cierto que sus pensamientos no están desperdigados cuando usted se interesa en algo. Dígame entonces, ¿qué es lo que en verdad le interesa?

Interlocutor: La felicidad.

Krishnamurti: ¿Es en eso que se interesan todos ustedes? ‑¿en la felicidad, el goce, el placer, en pasarlo bien? ¿Es eso lo que va a interesarles, no sólo cuando son adolescentes sino a lo largo de toda la vida? ¿Qué es lo que todos ustedes van a hacer? ¿Buscar meramente la felicidad diciendo: «Si yo pudiera tener más joyas, más sexo, más de esto o aquello, seria feliz» ‑es eso lo que quieren todos?

Interlocutor: Yo podría estar interesado en algunos otros aspectos de la vida, como la política.

Krishnamurti: Muy bien, pero si usted se interesa en la política, ¿le importa solamente un segmento de la vida? Si está realmente interesado en la política, tiene que interesarle el movimiento total de la existencia, y no considerar la política como algo enteramente separado, tal como lo hacen la mayoría de los políticos.

Interlocutor: A mí podría interesarme ser ingeniero, pero también vivir como un ser humano.

Krishnamurti: Entonces le interesa la ingeniería pero también le interesa comprender la totalidad de la vida. Ahora bien, ¿qué es lo que usted considera como lo más importante, lo más vital ‑sin poner ambos términos en oposición?

Interlocutor: La totalidad, todo.

Krishnamurti: Lo cual incluye la religión ‑¿entiende? Si pone el acento en la ingeniería y descuida todo lo demás, entonces usted es un ser humano que no está bien equilibrado; de hecho, no es en absoluto un ser humano, es meramente un técnico. Sabiendo, pues, eso, ¿qué es lo que hemos de considerar de modo tal que, al indagar en ello, comprendamos que todos los otros problemas también están incluidos? ¿Qué tema vamos a tratar? ¿Es el sexo un problema tremendo para ustedes, un asunto que merece discutirse?

Interlocutor: Bueno, no tiene por qué ser un problema para mí, pero otras personas que me rodean hacen de él un problema.

Krishnamurti: ¿Lo hacen? ¿Pueden hacerlo?

Interlocutor: ¡Seguro que pueden!

Krishnamurti: Muy bien. Usted va caminando por la calle y las chicas lo atraen, y usted dice que la culpa es de las chicas, ¡que usted está completamente libre de culpa!

Interlocutor: No, no es del todo así. Pero tomemos la relación sexual. Si yo mantengo una relación sexual con alguien y las otras personas lo saben, entonces son ellas las que de algún modo convierten eso en un problema.

Krishnamurti: Espere un momento. Usted está aquí en una escuela, en lo que se llama un Centro Educacional; ha sido enviado aquí por sus padres y usted también ha dicho que quiere venir aquí. De modo que no es meramente un individuo separado haciendo lo que le place, usted es responsable de este sitio. Es su hogar, y usted es responsable por él, por la casa y el jardín, por mantenerlos en orden. Y es responsable ante sus padres, ante la gente de aquí, ante los vecinos ‑ante todos ellos. Y es natural que la gente observe qué es lo que aquí está sucediendo. Esas personas han entregado dinero, tienen hijos aquí, están los vecinos, los visitantes, los que aquí trabajan y están interesados en lo que ocurre, todos ellos observan.

Así es que si yo quiero tener aquí una aventura amorosa con alguien, debo estar completamente despierto viendo los peligros que eso encierra así como todas las posibles consecuencias. Si en este lugar usted tiene una relación así con alguien, entonces los directores que son responsables ante sus padres, ante la vecindad y por el bienestar de la escuela, están moralmente obligados a ocuparse de ello, ¿no es así? Están obligados a vigilarlo muy cuidadosamente; eso no es ser autoritario, ¿verdad?

Interlocutor: ¿Por qué tiene alguien más que saber acerca de eso? ¿Y es necesariamente perjudicial?

Krishnamurti: ¿Puede usted mantenerlo en secreto en un lugar como éste? No hemos dicho que eso sea o no perjudicial. Estamos mirando el hecho, y alguien dice que la otra persona es culpable. La gente que está a cargo de esto y que tiene los ojos puestos en usted, le dice: «Ahora mire, vea lo que sucede, lo que está haciendo». ¿Eso es ser autoritario? ¿Quién está creando el problema? ¿Es usted el que crea el problema, o son las personas que se interesan por todo lo que ocurre en este lugar? Usted tiene que ser sensible, tiene que saber que no puede hacer ciertas cosas. Si hay un bebé, ¿qué ocurrirá?

Interlocutor: Aquel que tiene el bebé es responsable.

Krishnamurti: ¿Entonces la madre tiene el problema?

Interlocutor: Y el padre también.

Krishnamurti: ¿Y qué ocurre con toda la otra gente que se interesa, los padres, la escuela, el vecindario? Tal vez los padres están lejos, en la India o en América; ¿ellos le han enviado aquí para que procreen hijos que deban ser cuidados?

Interlocutor: Pero entonces, señor, si los muchachos y las chicas quieren tener relaciones sexuales, eso crea un conflicto si uno no puede hacerlo.

Krishnamurti: De modo que lo hace. ¿Y entonces, qué?

Interlocutor: Bueno, entonces eso se convierte en un problema.

Krishnamurti: ¿Qué es lo que crea el problema?

Interlocutor: Hay un problema en el hecho de que los estudiantes dicen cosas que son contradictorias. Por un lado, ellos no quieren amoldarse, y por el otro, dicen: “¿Por qué no puedo hacer lo que quiero?”, y eso es amoldarse.

Krishnamurti: Ambos lados dicen eso. Tenemos que profundizar un poco más. Por favor, póngase en el lugar del padre que ha enviado aquí a su hijo o hija para que se le eduque, o en el lugar de la persona que tiene la responsabilidad de dirigir esta escuela donde están juntos los muchachos y las chicas. ¿Cuál es la responsabilidad que le corresponde a usted? (Pausa.) ¿Ve cómo se queda callado, cómo sonríe de manera diferente?

Interlocutor: Aun si una madre y un padre están muy interesados en su hijo, eso no significa necesariamente que le impidan tener una relación sexual.

Krishnamurti: Eso es algo diferente. El hecho es que estamos aquí, en esta escuela, juntos los muchachos y las chicas. Y puede ser que todas sus glándulas estén trabajando a alta velocidad debido a los instintos biológicos, y existe toda esa excitación de alardear, de exhibir el propio cuerpo, etc. Ustedes conocen todo eso mejor que yo. ¿Qué es, entonces, lo que ha de suceder en un lugar como éste? Aquí se les enseña a inquirir en la conformidad, a comprenderla, a emplear sus mentes, su inteligencia. Entonces aparece este problema sexual, el instinto sexual ha surgido en un lugar donde viven juntos gran cantidad de muchachos y chicas. ¿Qué es lo que harán ustedes? ¿Seguir, abierta o secretamente, al impulso biológico? Vamos, discutamos esto a fondo.

Interlocutor: Bueno, en América muchos estudiantes dirían, “Sí”.

Krishnamurti: Yo sé que muchos estudiantes de América, o Francia, o de las universidades de aquí dicen: «Eso no le incumbe a usted».

Interlocutor: Y si uno lo plantea a la inversa, si uno dice: “Yo no seguiré mi impulso biológico”, ¿qué ocurre entonces?

Krishnamurti: Primero veamos qué hay envuelto en todo ello ‑no sólo mi personal impulso biológico. No diga meramente que los padres y las personas que son responsables por este lugar hacen que se ajuste, que son autoritarios. El público tiene puesto el ojo en este lugar. El ojo del público puede ser corrupto, estúpido, pero si este centro adquiere mala fama, entonces todo el futuro de la escuela está comprometido; entonces este lugar puede tener que cerrarse. Usted debe tomar en consideración todo esto. ¿Qué hará entonces con su instinto biológico? Vamos, discutámoslo. ¿Qué es lo que hará? Hasta aquí usted ha investigado, ha pensado en sus padres, en su responsabilidad aquí, en la responsabilidad de los encargados de este lugar para con los padres, con la vecindad, con el futuro de la escuela.

Interlocutor: ¿Pero no están los estudiantes igualmente encargados de este lugar, no sólo el cuerpo de profesores?

Krishnamurti: Eso es lo que he dicho. Este es su hogar, el hogar de todos ustedes y, por lo tanto, son responsables por lo que aquí ocurre. Entonces, ¿cuál es su acción? Sabiendo que biológicamente todo está sobrecargado, ¿qué es lo que hará? Después de todo, usted lee revistas, diarios, novelas, va al cinematógrafo, ha visto a las chicas medio desnudas y conoce acerca de todo eso. ¿Cuál es, entonces, su responsabilidad? Por favor, discútalo conmigo. Ese es uno de los problemas que plantea la vida, y usted no quiere afrontarlo. Pero no puedo barrerlo bajo la alfombra. ¿Cómo va a encarar un problema de esa índole con una mente que no está por completo madura? Porque todos ustedes son muy jóvenes, ¿comprende? Sus mentes no se han vuelto todavía tremendamente activas, sensibles e inteligentes. Se enfrentan con este problema y es natural que deseen evitarlo. Hay temor y aprensión.

¿Cómo ha de tener su mente la inteligencia necesaria para habérselas con el problema? Porque la sociedad que lo rodea empuja en esa única dirección, por medio de las ropas, la moda ‑todo conduce hacia el sexo. En la India no está permitido besarse en la pantalla. Cuando usted sale al mundo el problema está ahí, aun si se encuentra casado el problema está ahí. ¿Cómo, entonces, tendrá la inteligencia que pueda encarar este problema sin resistencia de ninguna clase, sin conflicto ni represión? Si usted se somete, eso se tornará en otra forma de neurosis; si lo reprime, también habrá de conducirlo a la neurosis; si lo resiste, eso le hará a usted cosas terribles. ¿Sabe qué sucede con las personas que resisten todas estas cosas? Quedan atrapadas en ello, se encolerizan por nada, se vuelven histéricas.

¿Cómo puede uno, entonces, producir una mente que sea capaz de actuar sin resistir ni reprimir ni ceder? Este es el verdadero problema. ¿Cómo ha de tener usted una mente que sea sensible, alerta, aguda y que también tenga la extraordinaria capacidad de responder a la belleza ‑la belleza de una mujer o de un niño? ¿Cómo da usted con eso?

Cuando ha examinado un problema en su totalidad y llega a este punto, ¿qué hace usted? ¿Verdad que dice: «Yo no sé qué hacer»? Y después dice: «Renunciemos a ello». ¿Entiende? Vivir una vida sin esforzarse, sin amoldarse, sin reprimir, sin resistir, sin seguir a la multitud ‑ yendo a fiestas sociales, todo el embotador proceso de la existencia moderna- ésa es la verdadera educación.

¡Ahora observe! ‑porque este problema existirá a lo largo de toda la vida. Como hemos dicho, si usted lo reprime hay peligro de que ello estalle en otras direcciones; y si cede o hace trampas, eso lo destruirá, destruirá la mente.

Así es que la mente ha aprendido a no reprimir y a no ceder, a no hacer de eso un problema inmenso. ¿Está claro esto, significa algo para ustedes? ¿O es que dicen: «Dejémoslo hablar, nosotros tendremos nuestros placeres, nos casaremos, seguiremos con lo nuestro y después vamos a encarar eso»?

¿Se han preguntado alguna vez por qué los seres humanos conceden tan extraordinaria importancia a esta única cosa, el sexo? En todo el mundo el sexo es más importante que el dinero, mucho más importante que la religión. En Occidente se habla libremente de él, se pone de manifiesto. En el Oriente todo eso se mantiene a puertas cerradas, sea que uno esté casado o no. ¿Por qué piensan ustedes que ello se ha vuelto una cosa de tan colosal importancia?

Interlocutor 1: Quizá sea a causa del placer; es algo que no puede tener sin dinero.

Interlocutor 2: ¿Podría ser que las personas poseen muchísima energía dentro de sí, energía que no han empleado en otras cosas y, por lo tanto, la utilizan en esta dirección?

Krishnamurti: ¡Prosigan, arremetan con ello, creen juntos, contribuyan! ¡No se queden simplemente sentados ahí dejándome hacer todo el trabajo!

Interlocutor: Puede que sea en escape de algún pesar, o de un problema.

Krishnamurti: ¡De modo que mírenlo! Hemos estado trabajando juntos, comprendiendo juntos, comunicándonos. Ustedes han dicho que el sexo se ha vuelto tan importante a causa del placer, del exceso de energía, o como un escape de la rutina diaria. Ahora bien, ¿es eso lo que les ocurre a ustedes? No digo que tengan relaciones sexuales, sólo pregunto: ¿Es detrás de eso que anda a tientas la mente de ustedes? ‑¿buscando placer, escapando de la monotonía escolar, del aprender esto o aquello y, en consecuencia, abandonándose a la creación de imágenes?

Interlocutor: ¿No es también porque estamos buscando afecto? Esta cosa única no se encuentra debido a que la gente está siempre señalando que eso no es correcto.

Krishnamurti: ¿Es eso lo que usted hace? ¿Dice que necesita afecto, que quiere bondad, ternura, cariño, algo que sea real, y que al no obtener eso piensa que lo obtendrá por medio del placer, por medio del sexo? Por supuesto que usted necesita afecto, como necesita la luz del sol, la lluvia y las nubes. ¿Pero por qué lo busca? ¿Por qué dice que Fulano de Tal no le demuestra afecto?

Interlocutor: Porque el afecto le hace sentir a uno mejor.

Krishnamurti: Profundice más.

Interlocutor: Alimenta el ego.

Krishnamurti: Prosiga, ¡arremeta con ello!

Interlocutor: Uno se acerca más a alguien, y uno realmente quiere estar cerca de la gente y conocerla.

Krishnamurti: O sea, usted dice que quiere el afecto de otros porque eso le proporciona bienestar, le hace feliz, siente que así puede florecer.

Interlocutor: Y uno también quiere dar algo.

Krishnamurti: Sí, usted quiere dar y compartir, todo eso. Así que prosiga, ¿qué es lo que todo ello significa? Yo busco el afecto de los otros: ¿qué significa eso?

Interlocutor: Hay una falta de afecto en mí.

Krishnamurti: ¿Qué es lo que eso significa, la falta de afecto en usted? Mire, un manantial de agua brota todo el tiempo, ¿no es así? ‑dándose, fluyendo a borbotones. Es sólo cuando en lo profundo no funciona mi propio manantial de afecto, que necesito el afecto de otro ¿Verdad?

Interlocutor: No siempre el de ese modo.

Krishnamurti: ¿Por qué dice, «no siempre»? Por favor, escuche esto cuidadosamente. Si usted tiene dentro de sí un profundo afecto por todo, no sólo por uno sino por todo ‑afecto por los árboles, los pájaros, las flores, los campos y los seres humanos- si en verdad siente de ese modo, ¿diría, aun ocasionalmente: «Desearía que alguien me demostrara afecto»? Sólo cuando se está vacío interiormente, se desea que otros estén con uno, ¿no es así?

De modo que usted ha aprendido algo, ¿verdad? Su mente está ahora observando activamente, mirando con inteligencia, y usted ve que donde no hay afecto en uno mismo, se desea el afecto de los otros. Esto se traslada al sexo, a la relación, y cuando esa vacuidad interna busca una relación a través del sexo y de la constante compañía de alguien, entonces usted se vuelve celoso, temeroso, irritable ¿Entiende? Vea, por favor, todas las consecuencias de ello. De modo que el sexo no es el problema. El problema es tener una mente inteligente, y ella se torna inteligente en alto grado mediante la misma observación de todo esto. Y esta inteligencia sabrá tratar con el sexo. No sé si usted lo capta ¿Lo ha comprendido?

Interlocutor: Eso también significa, a su vez, que uno puede mantener una relación sexual sin tener un problema.

Krishnamurti: Yo no digo eso.

Interlocutor: Quiero decir que es una posibilidad.

Krishnamurti: No, no. Yo no lo pondría de ese modo. En primer lugar sea inteligente, entonces esa inteligencia responderá correctamente al problema, cualquiera que sea. Tenga una mente inteligente, no una mente distorsionada. Una mente distorsionada dice: «Eso es lo que deseo e iré tras ello». Lo cual significa que ella no tiene interés por la totalidad, sino solamente por sus propias mezquinas urgencias; no ha estado observando la totalidad del proceso. Por lo tanto, aquí es responsabilidad suya tener esta inteligencia, y si usted no la tiene, entonces no culpe a otro. ¿Sabe?, vivir inteligentemente de este modo se vuelve una cosa extraordinaria, algo tremendo; hay un verdadero júbilo en esto. Pero de la otra manera, usted vive permanentemente con miedo.

Principios del Aprender

Primera Parte, Capítulo 4

8 de septiembre de 1970

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