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Principios del Aprender

Primera Parte, Capítulo 5

31 de enero de 1970

Krishnamurti: ¿Qué es el orden y qué es la disciplina en una escuela como ésta? La palabra «disciplina» significa «aprender». Un «discípulo» es uno que aprende, no uno que se somete, que obedece; es uno que está constantemente aprendiendo. Y cuando cesa el aprender y se vuelve una simple acumulación de conocimientos, empieza el desorden. Cuando dejamos de aprender en nuestra relación, sea que estemos estudiando, jugando o lo que fuere, y actuamos meramente desde el conocimiento que hemos acumulado, entonces viene el desorden.

La disciplina es aprender. Usted dice algo como, «No dé demasiada comida a los perros» o, «Acuéstese temprano» o, «Sea puntual», «Conserve el cuarto aseado». Usted dice eso y yo estoy aprendiendo. La vida, el vivir, es un movimiento en acción de aprender, y si yo resisto a lo que usted me dice que haga, la resistencia es la afirmación de mi propio conocimiento acumulado; por lo tanto, ceso de aprender y así engendro un conflicto entre usted y yo.

Interlocutor: ¿Es eso aplicable a los estudiantes solamente, o a todo el mundo?

Krishnamurti: A la vida, no sólo a los estudiantes, a los seres humanos.

Interlocutor: Pero todos no son discípulos.

Krishnamurti: Todos están aprendiendo. «Discípulo» significa «uno que aprende». Pero el sentido generalmente aceptado es que el discípulo es uno que sigue a alguien, a algún gurú, a alguna persona necia. Pero ninguno de los dos aprende, ni el seguidor ni aquel que es seguido.

Interlocutor: ¿Pero si seguimos a alguien que no es necio?

Krishnamurti: Usted no puede seguir a nadie. En el momento en que sigue a alguien está haciendo de sí mismo un idiota, y aquel a quien sigue también es un idiota ‑porque ambos han cesado de aprender. Por lo tanto, ¿qué hace usted con respecto a la disciplina, al orden? ¿Aprende acerca de todo ‑no sólo geografía, historia, etcétera, sino que aprende acerca de la relación? Estamos viviendo juntos en esta casa, cada uno tirando en una dirección diferente, cada uno deseando algo, resistiendo a algún otro y diciendo: «Oh, él o ella, se ha vuelto autoritario». Todas esas afirmaciones, esas resistencias, ese hacer lo que uno piensa que quiere hacer ‑¿no engendra desorden todo eso?

Si usted dice: «Yo hago lo que quiero; soy natural; ésa es mi naturaleza y nadie va a decirme qué es lo que tengo que hacer»; si usted dice eso y yo digo lo mismo, ¿qué es lo que ocurre entonces? ¿Qué relación hay entre nosotros? ¿Podemos alguna vez hacer algo de manera espontánea? Esta es una cuestión muy seria, si es que entienden lo que quiero decir. ¿Es natural alguno de ustedes? ¡Por supuesto que no lo son! Cada uno está influido por su padre, por su madre, por la sociedad, por su cultura particular, por el clima, el alimento, las ropas, la propaganda. Están completamente influidos, y entonces dicen: «¡Yo debo ser natural!» Eso no tiene sentido. Usted dice: «Quiero hacer aquello que, según pienso, es lo correcto» o, «Soy una persona libre». ¡Usted no lo es! No es libre. La libertad es algo formidable, y empezar diciendo: «Yo soy libre», no tiene sentido. Aún no sabemos qué significa eso.

Interlocutor: ¿Entonces cómo puede usted decir: “Es algo formidable”?

Krishnamurti: Es formidable cuando uno es libre, pero uno no lo es. ¿Puede uno darse cuenta de que no es libre? Libertad significa libertad con respecto al temor. Significa libertad con respecto a cualquier forma de resistencia. La libertad implica un movimiento en el que no existe aislamiento alguno. Significa no tener resistencia en absoluto. Así, pues, es usted libre? Es evidente que estamos atemorizados, que resistimos, que nos aislamos en nuestras propias ideas insignificantes, en nuestras necesidades y deseos. De modo que cuando usted dice «libertad» y «natural», esas palabras carecen de sentido. Uno sólo puede ser libre cuando ha comprendido lo profundamente condicionado que se encuentra y está libre de ese condicionamiento. Entonces uno puede ser libre, entonces es natural.

¿Saben qué significa el orden? Significa tener muchísimo espacio, ¿verdad? En un cuarto pequeño donde falta espacio, es más difícil tener orden. ¿No están de acuerdo? Lo verán dentro de un minuto. Alguien me habló de un experimento realizado con ratas: una cantidad de ratas fueron puestas en un espacio muy reducido, y porque no tenían espacio comenzaron a matarse las unas a las otras ‑la madre mató a sus crías. Pero nosotros necesitamos también espacio interno. Más y más ciudades se están superpoblando. Ustedes deberían ir a la India y ver alguna de las grandes ciudades como Calcula, Bombay o Delhi ‑no tienen idea de lo qué es eso, el ruido, el vocerío, la gente. Son como hormigas por las calles y, al no tener espacio, estallan en violencia.

Aquí debemos tener espacio. La casa misma es de tamaño limitado; ¿qué es lo que ustedes harán, entonces? Exteriormente hay un espacio restringido y, además, ¿cómo han de tener espacio interior? Nuestras mentes están tan atestadas con miles de ideas, que no hay espacio en absoluto, ni aun entre dos pensamientos, entre dos ideas; no hay espacio ni intervalo entre dos emociones. Pero a menos que uno tenga espacio, no hay orden. Orden significa aprender, ¿no es así? Aprender acerca de todo. De modo que si alguien me dice que soy un necio, yo quiero aprender la verdad acerca de ello; quiero averiguarlo. No me limito a resistirlo diciendo: «Usted también lo es». Quiero ver, quiero escuchar, aprender. Por lo tanto, el aprender produce orden, y la resistencia produce desorden.

De modo que, aunque exteriormente yo pueda carecer de espacio porque el mundo se está superpoblando más y más, quiero ver si puedo tener espacio interiormente. Si carezco de espacio interior, entonces estoy obligado a producir desorden. ¿Qué dicen ustedes a esto? Aquí estamos un grupo de jóvenes, todos menores de veinte años, que se rebelan contra el orden establecido, lo que es natural, inevitable. Hemos venido aquí con esas ideas, esos sentimientos, y a cualquiera que nos dice algo, lo llamamos «autoritario». ¿Qué es, entonces, lo que vamos a hacer?

¿Cómo viviremos aquí de manera diferente, actuando de manera diferente, siendo dichosos de manera diferente? De otro modo, ¿saben qué va a suceder? Ustedes serán llamados a la jungla del mundo, arrojados a un montón de lobos, y serán destruidos. En la India hay cerca de tres o cuatro mil personas que se presentan a solicitar cada empleo. ¿Comprenden lo que eso significa? El anuncio pedía una cocinera, ¿y saben quiénes se presentaron? ‑ Bachilleres en Artes, Maestros de Artes y Doctores en Filosofía. Y eso va a empeorar en todo el mundo.

Por lo tanto, en una escuela como ésta, tenemos que aprender. Estoy empleando la palabra «aprender» en su verdadero sentido: investigar, explorar en la relación porque, después de todo, así es como vivimos. La sociedad es la relación entre hombre y hombre. Y es esencial que aquí aprendamos a vivir, que aprendamos qué es la relación, qué es el amor. Tenemos que aprender, no decir simplemente: «Esto es amor» o, «Eso no es amor». O, «Esto es autoridad», «Aquello no es autoridad» ‑ todas esas afirmaciones absurdas carecen de sentido. Pero si podemos realmente aprender juntos, entonces pienso que esta escuela tiene algún significado.

En la escuela del Sur de la India hay niños de seis hasta dieciocho años, y con ellos hablamos acerca de todo. En la India la palabra «meditación» es una palabra tremenda. Allá la meditación tiene cierto significado. Y mientras yo hablaba acerca de eso, ahí estaban ellos, un grupo completo de niños y, sin embargo, permanecían en completa quietud. ¡Era extraordinario el modo en que lo hacían! Sentados con las piernas cruzadas, cerraban los ojos y permanecían totalmente quietos. Allá forma parte de la tradición el que uno debe meditar ‑cualquier cosa que eso pueda significar para ellos. Ustedes tienen que permanecer completamente quietos, y deben experimentar un sentimiento de afecto por la vida...

¿Qué hemos de hacer, entonces, todos nosotros para crear esto juntos? No usted solamente, o Mrs. Simmons o quien les habla ‑ sino todos nosotros juntos. ¿Cómo podemos hacer esto?

Interlocutor 1: ¿Es únicamente juntos que podemos hacer esto?

Interlocutor 2: ¿Dijo usted, “no individualmente, sino juntos”?

Krishnamurti: Juntos. ¿Sabe qué significa la palabra «individuo»? ‑indivisible. Un individuo implica uno que no es divisible dentro de sí. Pero nosotros somos divisibles, estamos fragmentados, no somos individuos. Somos pequeños fragmentos, rotos, divididos. Mire, ¿dónde se siente uno completamente seguro, a salvo, protegido? Y ustedes deben tener completa seguridad.

Interlocutor: ¿Cuándo uno tiene confianza en el otro?

Krishnamurti: Sí, y también en el hogar, ¿no es así? Se supone que el hogar es ese sitio donde usted está completamente a salvo, en el que puede confiar, donde se halla protegido. Este es su hogar, ¿no es cierto? ‑por ocho meses en el año éste es su hogar. Pero usted no se siente seguro aquí, ¿verdad?

Interlocutor: Sí, me siento seguro.

Krishnamurti: ¿Sí? Eso es bueno. ¿Pero lo sienten así todos ustedes? Vean lo que significa estar completamente en el hogar donde uno se encuentra completamente seguro. El cerebro exige seguridad; de otro modo no puede funcionar con eficiencia, claramente. Es sólo cuando las células cerebrales se sienten inseguras que uno se vuelve neurótico, que pierde el equilibrio mental. Y éste es un sitio donde ustedes están en el hogar, donde están completamente seguros.

Interlocutor: ¿Y qué hace uno si esto no es así?

Krishnamurti: Estoy llegando a eso. Uno necesita seguridad, protección, fe, confianza y un sentimiento de que puede hacer cualquier cosa sin destruir esto. En un sitio como éste usted no se siente en el hogar en ese sentido, ¿verdad? ¿Quién va a hacerlo por usted? ¿Comprende de qué estoy hablando? ¿Quién va a proporcionarle este medio ambiente de completa protección? No sé si lo comprende. ¿Sabe qué significa estar completamente protegido? Usted sabe cómo un bebé requiere completa protección, de otro modo llora. Necesita tener su alimento con regularidad, hay que bañarlo, cuidarlo, porque de no ser así se le causa daño. Ahora nosotros ya estamos crecidos, ¿y quién va a encargarse de este hogar por nosotros? ¿Mrs. Simmons, o alguien como yo? Pasado mañana me habré ido. ¿Quién va a proveer eso por ustedes?

Interlocutor: Todos nosotros.

Krishnamurti: Son ustedes los que han de crearlo, de construirlo. Y si no lo hacen, la falta es de ustedes. No pueden decirle a Mrs. Simmons: «Yo quiero completa seguridad y usted no me la proporciona». Este es el hogar de ustedes, y son ustedes quienes lo están construyendo, lo están creando. Si no se sienten en el hogar aquí, la falta es de ustedes. Investiguen eso, prodúzcanlo. Produzcan este sentimiento de que están completamente en el hogar.

Interlocutor: ¿Podría usted discutir esta cuestión de la seguridad? Porque pienso que nosotros no la comprendemos. ¿Seguridad con respecto a qué? No seguridad en una idea. Ya ve, nosotros nos identificamos con una idea.

Krishnamurti: ¡No! La seguridad, el sentimiento de estar completamente a salvo, seguridad no con las ideas sino con la gente. ¿Sabe lo que eso significa?

Interlocutor 1: No estoy seguro.

Interlocutor 2: Eso es algo que no conocemos. Algunos de nosotros hemos venido aquí porque tenemos ideas al respecto.

Krishnamurti: ¡Antes que nada, observe! Yo no he estudiado neurología y la estructura del cerebro, pero obsérvese simplemente a sí mismo y podrá descubrirlo con facilidad. Donde el cerebro se siente en completo reposo, a salvo, protegido, funciona perfectamente, bellamente. ¿Lo ha probado alguna vez? Entonces el cerebro piensa con mucha claridad, con gran rapidez, con belleza, sin fricción ‑eso es seguridad. Eso es estar completamente seguro. Las propias células cerebrales sienten que no hay conflicto. ¿Por qué debe usted estar en conflicto conmigo o yo con usted?

Cuando usted me dice: «Mantenga el cuarto en orden», ¿por qué debo sentir, «Oh, qué terrible»? ¿Por qué no ha de decírseme eso? Pero eso origina un conflicto en mí. ¿Por qué? Porque he cesado de aprender. ¿Nos estamos entendiendo? Éste es el hogar de ustedes, y ustedes deben construirlo, no algún otro. Aquí es donde se sienten por completo seguros, de otro modo no pueden estudiar apropiadamente, de otro modo rebajan este lugar a algo que es exactamente igual que el mundo exterior, donde cada uno está en contra del otro. Seguridad significa que las mismas células cerebrales están en perfecta armonía, en equilibrio perfecto, en el sentido de que están sanas, de que se hallan en quietud. Eso es el hogar; y este sitio es el hogar de ustedes. Si no lo hacen así, de ustedes es la falta. Y si uno ve que hay desorden en su propio cuarto, tiene que hacer orden ahí porque éste es su hogar.

Así que nunca puede uno decir: «Voy a dejar este sitio», porque ésta es una casa (aunque uno deba abandonarla un día). ¿Saben qué es lo que ocurre cuando se sienten completamente en su casa, sin miedo, cuando están abiertos, cuando confían el uno en el otro? No es que usted deba confiar en alguien, sino que debe tener la capacidad de confiar, de ser generoso ‑sin importar lo que haga el otro. No sé si siguen todo esto.

Interlocutor: Cuando usted dice: “Sin importar lo que haga el otro”, ¿qué quiere significar?

Krishnamurti: Mire, yo le digo algo. ¿Por qué se lo digo?

Interlocutor: Porque ésa es su idea de lo que se necesita.

Krishnamurti: No, no. ¿Por qué Mrs. Simmons o algún otro le dice que mantenga su cuarto en orden? Antes de decir que quiere o que no quiere hacerlo, averigüe por qué le dicen eso.

Interlocutor 1: Porque no lo estoy haciendo.

Interlocutor 2: Porque a ellos les agrada el orden.

Krishnamurti: No. Ustedes no han entendido mi pregunta. Escúchenla antes de contestar. Yo le he dicho diez veces que conserve su cuarto en orden, y a la undécima vez me irrito. Entonces usted me dice que soy un mandón. Bien, ¿por qué he tenido que decirle esto en modo alguno? Investigue el porqué. ¿Es porque deseo expresar mi egotismo, mi idea de lo que es el orden, mi idea de que usted debería conducirse de este modo, que le digo: «Vaya a acostarse», «Sea puntual»? ¿Estoy imponiendo mi idea sobre su idea? Usted responde: «¿Por qué debería mantener mi cuarto en orden? ¿Quién es usted? Este es mi cuarto». ¿Qué ocurre entonces?

Interlocutor: Una lucha.

Krishnamurti: ¿Qué significa eso?

Interlocutor: Confusión...

Krishnamurti: Eso significa, realmente, que usted no se siente en el hogar. Usted no está aprendiendo. ¿Correcto? El conflicto sólo existe cuando uno no aprende. Usted viene y me dice: «Mantenga su cuarto en orden», y yo lo escucho, aprendo. Y descubro también por qué me lo está diciendo. ¿Entiende lo que quiero decir? Si usted quiere quemar este sitio hasta los cimientos... éste es su hogar. Si quiere mantener los jardines, la casa, los cuartos en desorden, y desea tener una manera desarreglada de comer, bueno, éste es su hogar. Pero si alguien me dice: «No ponga los pies sobre la mesa cuando está comiendo», yo digo: «De acuerdo». Aprendo.

Interlocutor: Si alguien me dice: “Este es su país...”

Krishnamurti: Oh, no. Por favor, no lo proyecte. No se trata de «mi país». Hablo acerca de un hogar. Si alguien me dice que éste es mi país y que por este país debo matar a alguien, eso es un completo desatino...

Interlocutor: ¿Pero puede uno también aprender en esa relación?

Krishnamurti: ¡Por supuesto! Aprender quiere decir aprender.

Interlocutor: Sí, pero también hay resistencia.

Krishnamurti: No, no. Usted no ha comprendido el significado.

Interlocutor: Yo no voy y no mato.

Krishnamurti: Estamos discutiendo acerca de una escuela, de vivir juntos aquí. Si yo sé cómo vivir aquí, aprender aquí, entonces sabré qué hacer cuando el Gobierno o el Estado digan: «Vaya y mate a alguien». Si no sé cómo aprender a vivir, no podré responder apropiadamente.

Interlocutor: Hay algo que yo realmente no tengo claro. Si camino por ahí y no quiero usar zapatos y alguien me dice: “Usted debe ponerse zapatos...”.

Krishnamurti: ¿Qué ocurre? Usted no quiere usar zapatos y vengo yo y le digo «Por favor, póngase los zapatos».

Interlocutor: Yo responderé probablemente: “¡No quiero ponerme los zapatos!”

Krishnamurti: Investigue por qué se lo pido. Hay dos personas comprometidas en esto, ¿verdad? ‑usted y yo. Yo le pido que se ponga sus zapatos. ¿Por qué? O bien soy convencional, o deseo mandar en usted, o veo que sus pies están sucios y que usted va a ensuciar la alfombra, o es a causa de que no está bien tener los pies sucios. Quiero ver que usted comprende de qué estoy hablando.

Interlocutor: ¿No tendría usted que decírmelo, entonces?

Krishnamurti: Sí, es por eso que se lo digo. No se lo digo porque soy convencional, ¿entiende? Le explico todo esto y usted resiste diciendo: «¿Por qué no? Yo lo hacia en mi casa, ¿por qué no aquí?» Porque aquí es un país diferente, el clima es distinto. Y la gente que lo rodea por todos lados, los vecinos, dicen: «¿Qué les pasa a todas esas personas, andando por ahí medio desnudas?» Usted sienta una mala reputación. Vea todo lo que hay envuelto en ello. De modo que debe aprender acerca de todo esto, lo que no significa que usted se amolde a lo burgués.

Interlocutor: Yo no comprendo. Si usted está preocupado por lo que piensan los otros, los otros de ahí afuera...

Krishnamurti: No estoy preocupado. Yo vivo en el mundo. Si la gente de afuera da a este lugar una mala reputación, ¿qué sucede?

Interlocutor: Disgustos, probablemente.

Krishnamurti: Así es. Pronto tendría que clausurar este lugar. Hay personas con mentes torcidas en el mundo.

Interlocutor: Y entonces no habría aquí la seguridad que necesitamos.

Krishnamurti: Es justamente eso. ¡Así que aprendan acerca de ello! No digan: «por qué no debería hacer lo que me gusta? Al infierno con el mundo exterior, ¡son unos estúpidos!» Tengo que aprender, tengo que vivir en el estúpido mundo.

Volvamos al punto en cuestión. ¿Cómo haremos nosotros, cada uno de nosotros, para que éste sea nuestro hogar? ¡Es tarea de ustedes! Hogar significa el sitio donde tienen energía, donde son creativos, felices, donde están activos, llenos de vida, y no meramente aprendiendo de uno que otro libro.
He estado viajando, hablando durante los últimos cincuenta años. Voy de país en país, de un sitio a otro sitio diferente, diferentes climas, diferentes alimentos. Dondequiera que esté, ese pequeño sitio es mi hogar. ¿Comprenden? Estoy en el hogar, me siento completamente seguro porque no ofrezco resistencia.

¿Cómo harán, entonces, para que a partir de hoy éste sea su hogar? Si no lo hacen así, ¿dejarán que venga alguien a decirles que no lo han hecho? Si yo vengo y les digo: «Vean, ustedes no están convirtiendo esto en su hogar», ¿entonces me escucharán? O responderán: «¿Qué quiere decir con eso? Este es mi hogar, yo interpreto el “hogar” de manera diferente a la suya». Usted interpreta la idea de hogar de una manera y yo la interpreto de otra, y peleamos. ¡Entonces éste no es un hogar! La interpretación de una idea acerca de lo que ustedes consideran que es un hogar, no produce un hogar, pero tener el verdadero sentimiento de ello, eso sí que lo produce, sin duda alguna. Lo cual no significa que uno acepte la autoridad.

Si alguien viene aquí y dice: «Estos son todos un montón de niños más bien inmaduros» (lo siento, pero ustedes lo son), «¿Qué es lo que está pasando aquí?» ‑y ese alguien es un factor perturbador- ¿cómo lo encararán? ¿Dirán: «Votemos por él. Nos agrada su cara, su apariencia ‑ o lo que fuere - y, por lo tanto, estamos todos de acuerdo en que debe venir»? ¿Es ésa la razón por la cual van a aceptarlo? El puede ser un borracho; puede hacer toda clase de cosas. ¿Cómo procederán? Estos son los problemas que ustedes tendrán que afrontar en la vida, ¿comprenden? ¿De qué modo van a encarar todo eso? Gracias a Dios que yo no tengo hijos ‑ pero esto lo siento muy fuertemente estando aquí. Ustedes dejarán este lugar y serán arrojados a los lobos, y no tienen la capacidad de enfrentarse a todo esto. Piensan que son muy inteligentes ‑ pero no lo son.

¿Cómo, entonces, podemos vivir aquí sabiamente, con estima y afecto, de modo tal que cuando ustedes salgan al mundo estén preparados para las cosas monstruosas que están sucediendo? ¿Cómo producirán orden en esta casa? Por favor, consideren esto de veras, considérenlo seriamente. Si cuando pasan por una habitación ven que todo yace sobre el piso ‑¿qué es lo que harán?

Interlocutor: Recogerlo.

Krishnamurti: ¿Y hará eso todos los días? (Risas)

Interlocutor: Uno le dice que quite sus cosas de ahí.

Krishnamurti: ¡Y él no lo hace!

Interlocutor: Entonces le digo por qué debe hacerlo. Se lo recuerdo.

Krishnamurti: Muy bien. ¡Usted me lo recuerda diez veces!

Interlocutor: Le digo por qué.

Krishnamurti: Sí, usted me dice todo eso, pero yo estoy dormido. No me importa. No aprendo, soy un lerdo. ¿Qué hará? ¿Va a pegarme? Y yo considero que ésta es mi casa también, tanto como lo es suya. ¿Qué hará conmigo?

¡No me contesta! Es su casa, y si usted tiene una habitación en desorden, una parte de la casa está siendo destruida. Es como poner fuego a una casa. ¿Qué hará?

Interlocutor: ¡Apagarlo!

Krishnamurti: ¿Usted lo apaga todos los días y yo vuelvo a encenderlo? Investigue. No se dé por vencido. ¡Es su vida! (Pausa) ¿Qué dice usted, qué hace? Es su hogar y yo ensucio el piso todos los días. ¿Cómo se las habrá conmigo?

Interlocutor: El problema es que alguien se preocupa por eso y que algún otro no se preocupa por eso.

Krishnamurti: ¿Qué es lo que usted hará?

Interlocutor: Averiguar por qué.

Krishnamurti: Sí. ¡Y yo le explicaré todas las razones! Usted no ve el punto, es evidente. Yo mantengo mi cuarto en desorden; hay suciedad sobre la alfombra, lo ensucio todo. ¿Qué hará conmigo? Usted me lo ha dicho diez veces y yo sigo haciendo lo mismo.

Interlocutor: Si no hay comunicación...

Krishnamurti: ¿Qué es lo que hará? No diga «no hay comunicación». Todos ustedes encuentran excusas. Pongámoslo de otro modo. Usted es el responsable, es el Director. ¿Qué es lo que hará?

Interlocutor: Es como dice. Si hay suciedad y eso es como un fuego, la cosa no tiene fin. O uno dice: “Usted es parte de este hogar, debe cuidarlo” o, “Usted no puede destruir el hogar”.

Krishnamurti: ¿Qué hará conmigo, entonces?

Interlocutor: Bueno, si usted siente que éste es su hogar, hará lo correcto, ¿no es así?

Krishnamurti: Entonces, ¿por qué no lo hago?

Interlocutor: (Muchas intervenciones.)

Krishnamurti: Examínenlo y verán. Desde el mismo momento en que vengo aquí es la responsabilidad de ustedes ver que yo comprenda el significado de sentirse en el hogar. No después que he hecho de ello una terrible confusión. Tal vez ustedes y yo nos sintamos en el hogar. Pero hagan que el otro que llega se sienta en el hogar, y así tendrán orden. Pero si a ustedes eso no les importa y a mi no me importa, entonces la tercera persona dice: «Muy bien. Haré lo que me plazca».

Así es que todos nosotros vamos a crear este sentimiento de que estamos en nuestro hogar. No Mrs. Simmons yendo de un lado a otro para poner todo en orden y diciéndonos qué debemos hacer y qué no hacer. Lo haremos todos juntos. ¿Saben qué vitalidad les dará eso, cuánta energía tendrán? Porque ahora la energía se disipa en el emocionalismo sentimental y en los conflictos. Cuando sintamos que éste es nuestro hogar, tendremos una vitalidad tremenda.

Interlocutor: Bueno, cada cual viene con un trasfondo diferente, y por eso es...

Krishnamurti: Muy bien. Pero todos ellos desean una cosa: seguridad.

Interlocutor: Sí, pero ésa es meramente su propia forma de seguridad.

Krishnamurti: Ah, no, no se trata de su forma de seguridad y mi forma de seguridad, sino del sentimiento en el cual no existe el temor. Un sentimiento de estar completamente unidos. Un sentimiento de «yo puedo confiar en usted», «yo puedo decirle cualquier cosa de mí». No que yo le cuente mis peculiaridades o mis idiosincrasias particulares, sino que me sienta en el hogar, que experimente un sentimiento de completa protección. ¿No saben lo que todo ello significa? Probablemente no sientan esto cuando regresen a sus hogares.

Interlocutor: Bueno, cuando uno vuelve a su casa se siente en el hogar. Yo lo creo así. Pero ahí no conservo mi habitación tan aseada. No sé por qué debo ser tan pulcro cuando vengo aquí.

Krishnamurti: No es una cuestión de pulcritud. En primer lugar, se trata del sentimiento. Como hemos dicho, uno funciona mejor cuando se siente completamente seguro, y la mayoría de nosotros no nos sentimos seguros en ninguna parte porque construimos un muro de resistencia a nuestro alrededor, nos hemos aislado a nosotros mismos. En ese aislamiento podemos sentirnos a salvo, pero eso puede ser quebrado en cualquier momento. Ahora bien, ¿existe el sentimiento de no ofrecer resistencia? No sé si usted comprende esto. Cuando somos realmente amigos, cuando yo lo amo y usted me ama ‑nada de sexo y todas esas cosas, sino el verdadero sentimiento de estar unidos- entonces estamos seguros, ¿no es así? Usted me protegerá y yo lo protegeré en el sentido de trabajar juntos, pero no en el sentido de resistir a otros. Bien, ¿no podemos vivir de este modo? ¿No podemos crear ese sentimiento aquí? Porque de no ser así, ¿cuál es el sentido de todo esto? ¿No podemos tener un sentimiento de bienestar, de estima mutua, de afecto, de amor? ¡Es indudable que entonces crearemos algo totalmente nuevo!

Vean lo que ocurre. Una madre cría a su bebé. Piensen en el cuidado ‑ meses y meses de levantarse a las dos de la madrugada; y después, a medida que los niños crecen, son llamados al mundo exterior. La sociedad se los traga y los manda a Vietnam o a alguna otra parte. Y aquí está este sentimiento de hallarnos a salvo. Y son ustedes quienes deben crearlo porque éste es su hogar, éstos son sus muebles sus libros, su comida, su alfombra. ¿Comprenden?

Conozco a un hombre que le decía a su hija: «Vas a casarte y yo sé lo que eso significa. Estarás siempre en dificultades, estarás en lucha con tu marido, etc. Pero aquí tienes siempre un sitio. Este es tu hogar». ¿Saben qué ocurrió? Hubo una tremenda desavenencia entre marido y mujer. Pero ella solía venir a este lugar y se aquietaba, descansaba y era feliz en él aunque sólo fuera por un ratito. Conocí bastante bien a la familia.

Interlocutor: Pero en la historia esa muchacha sólo está tranquila descansando en el lugar.

Krishnamurti: Sí, pero usted puede ver lo que implica este lugar.

Interlocutor: Cuando uno ha logrado este sentimiento de estar en el hogar, esté en el hogar dondequiera se encuentre.

Krishnamurti: Entonces comience aquí. Así estará en el hogar en todas partes.

Interlocutor: Y uno no sólo lo “logra”, sino que continua lográndolo.

Krishnamurti: Pero si usted no sabe qué es ese sentimiento ahora cuando es joven, y no lo crea, entonces después es demasiado tarde.

¿Conocen algo acerca de la meditación? Ustedes se interesan en el sexo, ¿no es cierto? Están interesados en que se les entretenga; se interesan, de un modo fortuito, en aprender geografía, historia. Les interesan muchas cosas, ¿verdad? La meditación es parte de la vida; no digan que es algo ajeno y propio de personas tontas. Ello es parte de la existencia, así que deben saber al respecto como saben acerca de la matemática, la electrónica o lo que fuere. ¿Saben qué significa meditar? El significado que el diccionario da a la palabra es «pensar», «reflexionar acerca de», «rumiar», «investigar». ¿Hablaremos un poco de eso?

Cuando uno se sienta o se acuesta muy quietamente, el cuerpo está por completo relajado, ¿no es así? ¿Han probado alguna vez permanecer muy, muy quietos? Sin forzarlo, porque en el momento que lo fuerzan se terminó todo. Se trata de permanecer muy quietos, con los ojos cerrados o abiertos. Si tienen los ojos abiertos hay un poco más de distracción, empiezan a ver cosas. Así, después de mirar las cosas, la comba del árbol, las hojas, los arbustos, después de mirar atentamente todo eso, cierran los ojos. Entonces no se dirán: «Veamos qué está sucediendo». Primero mírenlo todo ‑los muebles, el color de las sillas, el color del suéter, miran la forma del árbol. Después de esto, el deseo de mirar lo externo es menor. He visto ese cielo azul y he terminado con ello, no volveré a mirarlo otra vez. Pero primero tengo que mirar. Entonces puedo sentarme quietamente. Cuando uno lo hace así, o cuando se acuesta y permanece muy quieto, la sangre fluye fácilmente a la cabeza, ¿verdad? No hay tensión. Por eso es que se dice que uno debe sentarse con las piernas cruzadas y la cabeza muy recta, porque de ese modo la sangre fluye con mayor facilidad. Si uno se sienta agachado, a la sangre se le hace más difícil llegar a la cabeza. Por lo tanto, ustedes se sientan o se acuestan y permanecen muy, muy quietos. No lo fuercen, no se agiten. Si se agitan, entonces obsérvenlo sin decir: «No debo hacerlo». Así, cuando uno está muy quieto, observa su mente. Es lo primero: uno observa su mente. No la corrige. No dice: «Este pensamiento es bueno, aquel pensamiento no es bueno» ‑simplemente la observa. Si lo hacen, entonces verán que existen un observador y lo observado. Hay una división. En el momento en que existe una división, hay conflicto.

Ahora bien ¿pueden ustedes observar sin el observador? ¿Hay un observar sin observador? Es el observador quien dice: «Esto es bueno y aquello es malo», «Esto me gusta y eso no me gusta» o, «Yo desearía que ella no hubiera dicho esto o aquello», «Desearía tener más comida».

Observen sin el observador ‑pruébenlo alguna vez. Ello es parte de la meditación. Empiecen con eso sólo. Es suficiente. Y verán, si lo han hecho, qué cosa tan extraordinaria ocurre... el cuerpo se torna muy, muy inteligente. Ahora el cuerpo carece de inteligencia porque lo hemos echado a perder. ¿Saben lo que quiero decir? Hemos destruido la inteligencia que el cuerpo posee naturalmente en sí mismo. Entonces descubrirán que el cuerpo dice: «Acuéstate a la hora debida». El cuerpo mismo lo desea, él tiene su propia inteligencia y actividad. Igualmente, si quiere ser perezoso, dejémoslo que lo sea.

¡Oh, ustedes no saben qué significa todo esto! Pruébenlo. Cuando yo vuelva en abril, nos sentaremos juntos dos voces por semana e investigaremos todo esto, ¿de acuerdo? Siento que ustedes deben dejar este lugar con un alto nivel de inteligencia. No sólo aprobar algunos exámenes, sino ser bellas personas, tremendamente inteligentes, sensibles, alertas. Al menos eso es lo que siento con respecto a ustedes.

Principios del Aprender

Primera Parte, Capítulo 5

31 de enero de 1970

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