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Principios del Aprender

Primera Parte, Capítulo 9

27 de septiembre de 1970

Interlocutor: ¿Podemos hablar de la reacción, y de cómo en el momento en que estamos reaccionando no vemos que reaccionamos y sólo lo hacemos después?

Krishnamurti: ¿Todos ustedes quieren discutir eso? Pienso que eso podría ser incluido si pudiéramos discutir algo de mayor alcance. Todos nosotros deseamos realizarnos, ¿no es así?

Interlocutor: ¿Qué quiere usted significar por “realizarnos”?

Krishnamurti: ¿No siente usted que quisiera expresarse a sí mismo de diferentes maneras? ‑ya sea escribiendo un poema, o vistiendo un determinado tipo de ropas o deseando llegar a ser algo en la vida?

Interlocutor: En realidad, cuando uno habla de ello alcanza a verlo, pero es más profundo que eso.

Krishnamurti: Vamos a investigarlo más profundamente. Una mujer siente que ella no se ha realizado si no tiene un hijo. Un hombre se siente frustrado si no trabaja, si no hace algo en la vida. Si usted quiere llegar a ser algo y no puede, se siente frustrado, ¿no es cierto? ‑se siente anulado. ¿Qué es aquello que desea realizarse? ¿Qué hay detrás de ese deseo de realización? ¿Quién es el que se realiza?

Interlocutor: Ello puede ser una idea, por ejemplo.

Krishnamurti: No lo sé, averigüémoslo. Si usted dice : «Esta es mi manera de vestir, ésta es mi manera de actuar, yo quiero expresarme a mí mismo», ¿qué es esa cosa que quiere expresarse a sí misma? Cuando digo «a mí mismo», ¿qué es eso?

Interlocutor: ¿No es una imagen de uno mismo?

Krishnamurti: No sé lo que usted quiere significar con eso ­‑investigue. ¿No siente esto? ¿O estoy hablando de algo que está fuera de lugar? ¿Qué dicen ustedes?

Interlocutor: Por el momento yo no tengo un modo particular de decir. “Esta es mi manera de hacer alguna cosa”.

Krishnamurti: ¿Qué quiere significar con «mi»? ¿Qué quiere significar con, «Esa es mi expresión personal»? ¿Qué cosa es la que está tras de eso, el «mi», el «yo» que dice: «Debo expresarme a mí mismo, debo realizarme»?

Interlocutor 1: ¿Nuestro ego?

Interlocutor 2: Puede ser una reacción al hecho de sentirnos inseguros.

Krishnamurti: Sí.

Interlocutor 1: Y así es como surge el sentimiento: “Esa es mi manera”.

Interlocutor 2: ¿No es una cuestión que no tiene tanto que ver con “mi” manera o “su” manera, sino que se trata más bien de descubrir si existe una manera que no esté influida por “usted” o por “mí”?

Krishnamurti: Lo cual solamente puede ocurrir si comprendo qué es este «mí» que está siempre proyectándose a sí mismo, impulsándose hacia adelante. ¿Qué es eso? «Mi opinión, mi juicio, mi manera de vestir, mi manera de mantener el orden» -¿qué es ese «mí»? ¿Están ustedes aprendiendo acerca del «mí»? ¿Quieren descubrir qué es ese «mí»? Hay dos cosas diferentes: aprender acerca del «mí», y descubrir si en absoluto existe un «mí».

Interlocutor: Para aprender acerca del “mí” uno primero tiene que hacer existir el “mí”

Krishnamurti: Correcto, aprender acerca del «mí» ¿Ve la diferencia?

Interlocutor: ¿Qué quiere decir con “uno tiene que hacer existir el “mí”?

Krishnamurti: Cuando yo dije que hay un «mí», ya he establecido su existencia.

Interlocutor 1: El propósito es aprender acerca del “mí”.

Interlocutor 2: Yo sé que está ahí.

Krishnamurti: Lo cual significa que tengo un sentimiento de que eso está ahí; todo cuanto tengo que hacer es aprender acerca de ese «mí» ‑sus expresiones, su modo de actuar, sus resistencias, sus apetitos, etcétera.

Interlocutor: Se percibe que ésta es la situación en que nos hallamos: uno siente que, de hecho, el “mí” existe. Aunque yo pueda afirmar verbalmente que diciendo eso estoy estableciendo la imagen del “mí”, muy en lo profundo el sentimiento parece indicar ahí la existencia del “mí”, así que tal vez yo pueda observar esos sentimientos.

Krishnamurti: Estamos intentando descubrir si hay un «mí», un «yo» que deba ser estudiado. ¿O no hay un «mí» y, por lo tanto, cuando digo: «Yo quiero expresarme a mí mismo», qué es lo que eso significa? ¿No siente usted que el «mí» es importante? ¿Qué es ese «mí», ese «yo» que dice: «Yo debo realizarme, yo debo llegar, debo ser esto, eso es lo que me gusta, yo puedo hacer lo que quiera»?

Interlocutor: ¿Es algo a lo que me apego?

Krishnamurti: Usted comprende, Sarah, que cuando dice «yo», ya lo ha establecido, ¿no es así? Y resiste cualquier cosa que se oponga a eso.

Interlocutor: ¿Por qué? ¿Por qué debemos resistió?

Krishnamurti: Primero he establecido el «yo». «Yo» soy esto, «yo» soy mi prejuicio, «yo» quiero vestir de un modo particular, «yo» pienso que ésta es la manera correcta de tener una habitación ordenada.

Interlocutor: Eso ha sido machacado en nosotros desde la infancia.

Krishnamurti: Ese es el «mí», el «yo» que debe expresarse a sí mismo, de otro modo se siente frustrado. ¿No? Si digo: «Mire, Sarah, no me gusta el modo en que se viste», usted me dirá que ése es el modo en que quiere expresarse a sí misma, que ése es su orden. Ahora bien, antes de que usted afirme: «Este es mi orden, mi manera de vestir», ¿qué es ese «mí»? ¿Usted ha establecido el «mí» que desea expresarse a sí mismo?

Interlocutor: ¿Qué es el “mí” que dice: “No me gusta la manera en que usted se viste”?

Krishnamurti: Si yo le dije que no me gusta la manera en que se viste, ¿qué significa eso?

Interlocutor: Significa que usted está expresando una opinión.

Krishnamurti: ¿Tengo prejuicios? ¿Qué es lo que dice: «No me gusta la manera en que usted se viste»? Y usted replica: «Así es como me gusta». Hay dos afirmaciones opuestas. ¿Quién es el que dice en usted que ésa es la manera en que quiere vestirse? ¿Y quién es el «yo» que dice: «Esa no es manera de vestirse»? Investiguémoslo. ¿Es porque yo tengo un concepto, una imagen de que las minifaldas son mucho mejores? Y usted dice: «A mí no me gustan», porque tiene su propia idea de los vestidos largos; y dice: «Esa es la manera de vestirse». Tenemos que vivir juntos en la misma casa, entramos en contacto. ¿Qué hacemos?

Interlocutor: Yo me apego a las ideas que tengo...

Krishnamurti: No teoricemos porque entonces estamos perdidos. Veamos los hechos como son realmente, así podremos tratar con ellos. Si usted especula al respecto, entonces su especulación es tan buena como la mía. ¿Qué son estos dos «yoes»: su «yo» y mi «yo»?

Interlocutor: Ambos tenemos un manojo de experiencias y recuerdos, hemos desarrollado ciertas preferencia.

Krishnamurti: Ese «yo» y ese «usted» que se afirman a sí mismos, ¿son el resultado del prejuicio?

Interlocutor: Sí.

Krishnamurti: ¿Por qué dice que son el resultado del prejuicio?

Interlocutor: Investiguémoslo.

Krishnamurti: Indaguemos en ello. ¿Reacciono yo a mi condicionamiento y usted al suyo? A usted le gustan los vestidos largos y a mí no me gustan esos vestidos, o lo que sea.

Interlocutor: La manera en que se viste usted es una expresión de su condicionamiento.

Krishnamurti: ¿Es mi prejuicio o es el suyo? Dos prejuicios, al entrar en contacto el uno con el otro, estallan ‑tienen que hacer algo. ¿Por qué doy una importancia semejante a la manera en que usted se viste? ¿Y por qué se resiste usted a lo que yo digo? ¿Por qué no dice: «Qué importa eso»? ¿Por qué no lo hacemos? ¿Por qué esta resistencia?

Interlocutor: Yo pienso que parte de la resistencia se debe al modo en que ello es señalado.

Krishnamurti: Yo puedo señalarlo crudamente, o puedo hacerlo de un modo más suave, ¿pero por qué ofrece usted resistencia?

Interlocutor: Porque si alguien lo golpea de en modo violento, usted reacciona automáticamente. Pero si le dicen: “Mire, investiguémoslo, veamos por qué se viste usted de la manera en que lo hace”, entonces usted lo discute, tal como ahora lo hacemos.

Krishnamurti: Lo estamos haciendo ‑ pero al final de ello bórrelo, no vaya a teorizar día tras día y a conversar sobre ropas - ¡a quién le importa!

Interlocutor: ¿No hicimos una distinción el otro día entre el prejuicio y la preferencia? Usted dijo el otro día...

Krishnamurti: No me interesa lo que dije el otro día ‑usted tiene que investigar. No es importante lo que yo dije -¿qué dice usted? Le estoy preguntando, Sarah; dígame, por favor, cuando afirmo esto sobre su vestido, ¿es un prejuicio de parte mía? Y cuando usted dice: «Esta es mi manera de vestir», ¿es eso un prejuicio suyo?

Interlocutor: Sí.

Krishnamurti: Ahora bien, ¿qué entiende usted por prejuicio? ‑ no repita lo que yo dije.

Interlocutor: Cuando uno tiene una idea acerca de algo y no quiere cambiarla.

Krishnamurti: ¿Por qué no quiere cambiarla? ¿Quién es la persona que afirma esto?

Interlocutor: Es el “yo”.

Krishnamurti: ¿Qué es ese «yo»?

Interlocutor 1: Es una parte de mí mismo, es mi condicionamiento, es algo de lo que dependo porque sin eso, ¿qué soy?

Interlocutor 2: ¿Es usted algo?

Krishnamurti: ¿No forma parte de la educación que reciben el comprenderse a sí mismos?

Interlocutor: Usted preguntó si nos interesa ‑pero es que sí nos interesa, y yo pienso que es muy importante...

Krishnamurti: Lo siento. En lo que todos ustedes si parecen interesarse tremendamente, es en la manera de vestirse.

Interlocutor: ¿Pero por qué no deberíamos interesarnos?

Krishnamurti: No digo que no deberían. Ustedes sí se interesan, le dan a eso una determinada importancia, eso es todo. Ahora bien, ¿cuál es el problema?

Interlocutor: Me parece que el problema consiste en que tenemos que aprender cómo no reaccionar aun cuando alguien tenga prejuicios. Tal vez no podamos hacer mucho con respecto a este prejuicio, pero suponiendo que usted me dice: “A mí no me gusta la manera en que se viste”, eso puede o no ser el resaltado de un prejuicio suyo. Pero no es eso lo que debo investigar, sino lo que yo hago al respecto.

Krishnamurti: ¿Qué es lo que usted hará? Vivimos en la misma casa.

Interlocutor: Si yo no comprendo profundamente por qué no debo vestirme de esa manera, si meramente cambio, entonces eso es hipócrita.

Krishnamurti: Sí.

Interlocutor: Y yo no quiero ser hipócrita. Por lo tanto, parece que debo limitarme a no hacer nada.

Krishnamurti: ¿Por qué tenemos opiniones tan fuertes acerca de cosas tan triviales?

Interlocutor 1: Yo no creo que sean los vestidos lo que nos preocupa ‑es el ser hipócritas y tomar por nuestras las ideas u opiniones de otro.

Interlocutor 2: ¿Por qué tener una opinión, sea la que fuere? Es mi opinión contra su opinión.

Krishnamurti: Prosiga, Jimmy, ayúdenos a salir de esto -¡no se limiten todos a estar tranquilamente sentados! Ella dice: «Yo no quiero ser hipócrita», o sea, decir una cosa y hacer otra.

Interlocutor 1: ¿Pero por qué hay necesidad de ser hipócrita?

Interlocutor 2: Tenemos que ser sensibles a los cambios de situación, pero no hay un código establecido ni un estilo establecido de vestir.

Interlocutor 3: Pero la sensibilidad de uno no es la misma que la de algún otro.

Interlocutor 4: No es mi sensibilidad o tu sensibilidad; existe una cosa que puede llamarse sensibilidad.

Interlocutor 5: Eso es lo que estamos tratando de descubrir, si tal cosa existe y cómo da uno con esa cosa.

Krishnamurti: ¿Es ése el problema de ustedes?

Interlocutor: Sí, sí.

Krishnamurti: Cómo ser sensible, no a algún problema en particular o a los propios deseos particulares, sino ser sensible en todos los sentidos. ¿Qué es lo que les impide ser sensibles? ‑sensibles a los propios sentimientos, a los sentimientos de otro, a las ideas, opiniones, prejuicios de alguna persona.

Interlocutor: Esta no es una situación objetiva, todos tenemos una idea diferente de cómo vestir; uno no podría ser igualmente sensible a todas las ideas...

Krishnamurti: Por lo tanto, usted tiene que ser sensible en todo sentido, objetivamente e internamente. ¿Por qué no lo es? ¿Se debe a que no quiere ser lastimado y, por lo tanto, resistirá, erigirá un muro en torno de sí mismo y, al propio tiempo, dirá: «Yo quiero ser sensible»? ¿Es eso?

Interlocutor: Es más una cuestión de que queremos tener capacidad para funcionar.

Krishnamurti: Usted puede funcionar muy bien si es sumamente sensible. Ese es el único modo de funcionar. Usted es muy rápido entonces, flexible, no dice: «Esto es correcto, voy a adherirme tenazmente a ello». Para cada situación está adaptándose rápidamente ‑eso es parte de la sensibilidad. No su sensibilidad, como ella lo señaló, o mi sensibilidad, lo que es absurdo.

Interlocutor: ¿No hay también una dimensión más grande para la sensibilidad? En otras palabras, yo puedo ser sensible a lo que usted dice, pero existe algo más grande.

Krishnamurti: Por supuesto, eso está implícito en lo que quiero significar.

Interlocutor: Nosotros vivimos en un determinado lugar y tiempo, etcétera, y no sería apropiado ponerse una armadura. Hay muchas cosas a las cuales hemos de ser sensibles. Nosotros tendemos a serlo con respecto a nosotros mismos y a ninguna otra cosa.

Krishnamurti: Incluyamos todo eso. ¿Por qué no somos sensibles? ¿Qué es lo que nos impide ser sensibles a todo? ‑a usted, a mí, objetivamente y subjetivamente.

Interlocutor: Es lo que nos impide llegar a conocernos el uno al otro.

Krishnamurti: El dijo que el temor de ser lastimados nos torna insensibles, así es que nos aislamos. ¿Es ésa una de las principales razones de la insensibilidad? Usted ha establecido la imagen de sí mismo que dice: «Yo debo vestirme de tal manera sin importar cuál sea la situación, porque estoy habituado a esa manera».

Interlocutor: Nos importa tanto el lugar que cada uno de nosotros ocupa en el conjunto, que no miramos el conjunto en absoluto.

Krishnamurti: Así es. ¿Tiene usted miedo de ser lastimado? Ahora bien, ¿qué es esa cosa que va a ser lastimada? ¿Por qué no quiere usted ser lastimado, qué son esos temores de ser lastimado?

Interlocutor: El ego, el yo.

Krishnamurti: ¿El ego? ¿Qué es ese ego? ¿Qué es aquello que dice: «No quiero ser lastimado»?

Interlocutor: Es todo nuestro pasado.

Krishnamurti: Vaya paso a paso, de otro modo lo pasará por alto. Cuando usted dice: «Yo no quiero ser lastimado», ¿por qué dice eso? ¿Es porque ya ha sido lastimado? ¿Es eso? Usted ha sentido ese dolor y dice: «No quiero que vuelvan a lastimarme». Usted retrocede, ha sido lastimado en la niñez y dice: «No quiero que me lastimen». Ahora bien, cuando dice tal cosa, eso significa, ¿no es cierto?, que usted ya ha sido lastimado, que recuerda la herida pasada y no quiere que ella se repita. Obsérvelo: «Yo no quiero que me lastimen». El «yo» es el recuerdo de la ofensa pasada, que dice: «Debo tener cuidado». ¿Qué sucede, entonces, cuando usted dice: «Yo no quiero que me lastimen»? ¿Cuál es el próximo paso?

Interlocutor: Uno ha engendrado resistencia.

Krishnamurti: Usted se resiste, ¿no es así? ¿Entonces qué ocurre? Obsérvalo, no hable, observe lo que ocurre. Usted construye un muro en torno de sí mismo para no ser lastimado. ¿Qué sucede entonces?

Interlocutor: Uno queda más lastimado.

Krishnamurti: No voy a ayudarle con esto. Prosiga, Jimmy. Cuando construyo un muro a mi alrededor para no ser lastimado, ¿qué ocurre? Usted lo hace y yo hago otro tanto, todos estamos haciendo esto. ¿Qué ocurre?

Interlocutor: No hay comunicación.

Krishnamurti: ¿No hay comunicación? Y ustedes están tratando de hacer cosas juntos, tratando de cooperar mientras cada uno construye un muro alrededor de sí mismo, o de sí misma. Ese es el fundamento de la hipocresía. Cuando usted dice: «No quiero ser una hipócrita», lo que está diciendo realmente es: «Déjeme sola, no me lastimen». Usted es sensible a su manera, yo soy sensible a mi manera ‑ lo cual no tiene sentido.

Interlocutor: Yo quiero comprender, no quiero aceptar meramente lo que me dicen.

Krishnamurti: Yo digo que no quiero ser lastimado y construyo un muro alrededor de mí, y usted hace lo mismo ‑ y en tanto exista este muro no hay cooperación. Yo hablo acerca de la cooperación, y cuando le digo: «Por favor, esta ocasión no requiere esa clase de vestido», usted dice: «Eso es un prejuicio».

Interlocutor: ¿Qué es lo que hay en una ocasión que imponga en vestido específico?

Krishnamurti: Dejemos el vestido por el momento. Usted tiene un muro a su alrededor, que es una opinión y significa: «Yo soy esto, no vaya más allá» ‑usted está ofreciendo resistencia porque no quiere ser lastimada. Por lo tanto, construye un muro de opinión, de afirmación, de agresividad. Usted no es flexible, no hay un libre juego en eso.

Interlocutor 1: Hay dos cosas: la persona que está expresando su propia opinión, y hay una situación objetiva. Esas dos cosas se confunden. Cuando uno dice que aquí la situación está imponiendo algo, ello proviene de lo que uno hace aquí, de lo que aprende, del modo en que se comporta.

Interlocutor 2: ¿Cómo puede uno separar lo que es nuestra propia evaluación condicionada de la situación, y la situación real? No hemos comprendido cuál es la situación aquí en Brockwood.

Krishnamurti: Esto es verdaderamente muy simple. La situación es que cada uno se está protegiendo a sí mismo contra el otro, eso es todo. ¿Correcto?

Interlocutor: Yo diría que eso es más importante que todas las otras cuestiones que se han estado suscitando.

Krishnamurti: Todas las otras cuestiones carecen de importancia. Cuando comprendamos esto todo lo demás ocupará su justo lugar. En este mundo moderno se nos ha incitado a hacer y pensar lo que cada uno quiere. Y hemos desarrollado este antagonismo hacia cualquiera que dice: «Esto es diferente».

Interlocutor: Yo no creo que se nos haya incitado a hacer lo que queremos. Pienso que desde la niñez, la gente nos ha estado diciendo: “No hagas esto”.

Krishnamurti: Y entonces ustedes lo resisten. Después, cuando se desprenden de ello, desarrollan sus propias resistencias. Detrás de todo esto ‑sólo estoy sugiriendo, no digo que sea así- existe este acto de resistencia; usted con lo suyo, yo con lo mío, cada persona tiene el sentimiento que dice: «Yo debo protegerme» ‑justa o injustamente. Entonces, ¿qué hemos de hacer? Viviendo en una pequeña comunidad como ésta, si cada uno tiene un muro de resistencia a su alrededor, ¿cómo trabajaremos juntos? ¿Saben?, éste es un eterno problema, no sólo aquí en Brockwood.

Interlocutor: Todos tendrán que desprenderse de sus defensas, lo cual significa que deberán renunciar a lo que piensan con respecto a cosas particulares para poder mirarlas.

Krishnamurti: ¿Entonces qué? Yo vuelvo vestido con ciertas absurdas ropas hindúes y viene usted y me dice: «¡No se vista de esa manera, no es apropiado para esta ocasión!» Y yo lo resisto.

Interlocutor: Pero con esto se desperdicia una gran cantidad de energía.

Krishnamurti: Estoy de acuerdo con usted, eso es un desgaste de energía.

Interlocutor: Señor, ¿podríamos quedarnos con el ejemplo que usted dio del absurdo traje hindú? Yo puedo vivir con una persona que lleva puesto un traje hindú.

Krishnamurti: No se trata de que usted pueda vivir con una persona que lleva puesto un absurdo traje hindú, ése no es el punto. ¿Soy yo incapaz de ser sensible a la ocasión que exige un tipo diferente de traje?

Interlocutor: Veamos por qué una ocasión exige un traje determinado.

Krishnamurti: Se lo mostraré. ¿Ha visto a las damas hindúes vistiendo saris? El otro día vi en Londres a una señora hindú que llevaba un largo sari; en la India ésa es la moda. Ella estaba barriendo la calle con su sari, que se llenaba de suciedad, pero era absolutamente inconsciente de ello. ¿Cómo llamaría usted a eso?

Interlocutor: Es apropiado para ella.

Krishnamurti: No, usted no capta el punto. Ella no se daba cuenta en absoluto de lo que estaba haciendo ‑de que el largo vestido hindú barría la calle. Era inconsciente de ello.

Interlocutor: Pero entonces, eso ocurre exactamente igual en Bombay.

Krishnamurti: (Ríe.) Usted no ve el punto: ella era por completo inconsciente de eso.

Interlocutor: Bueno, es el problema de ella...

Krishnamurti: Por favor...

Interlocutor: ¿Puede aclarar si el problema consiste en que el vestido de ella era largo y se estaba ensuciando, o si radica en el hecho de que ella estaba usando en vestido hindú en Inglaterra?

Krishnamurti: No, no es eso. Estoy señalando la insensibilidad de una persona que no se da cuenta de lo que está haciendo. Eso es todo.

Interlocutor: Pero si uno es sensible a la situación...

Krishnamurti: Es cuanto estoy diciendo. Lo que señalo es que si esa mujer hindú en Londres estuviera atenta a lo que estaba haciendo, es obvio que habría levantado su sari.

Interlocutor: Porque así no hubiera necesitado gastar su energía en lavarlo.

Krishnamurti: No sólo eso, no, mucho más. Es el estar totalmente inatento a la ocasión.

Interlocutor: Es cuestión de estar dormido o estar despierto.

Krishnamurti: Sí. No es, «¿Por qué le importa el modo en que ella camina o lo que hace? Es su manera de hacerlo», tal como usted dijo. Lo que pregunto es: ¿Se da usted cuenta, está atento a lo que hace? No a la ocasión, no a lo que viste, sino si se da cuenta de por qué se viste de ese modo. ¿Por qué siente que es tremendamente importante para usted hacer las cosas de la manera en que las hace? Ese es el problema, ¿verdad?

Interlocutor: Usted parece querer significa que una vez que yo esté atento a la manera en que me visto, ella cambiará.

Krishnamurti: No, yo no dije eso. Usted puede cambiar o no, es cosa suya. Lo que estoy sugiriendo es: ¿está atento a ello? ¿Y al estar atento, ve todo lo que ello implica ‑no sólo está atento al hecho de que se ha puesto los pantalones? ¿Está atento cuando le digo: «Siéntese correctamente con la espalda derecha»? Voy a contarle algo muy interesante. Los muchachos brahmines de la India, hasta la edad de siete años, pueden hacer lo que les place, juegan por todas partes. A los siete años pasan por cierta ceremonia y en el transcurso de la misma se les dice que se sienten completamente quietos, con los ojos cerrados. Después de esa ceremonia se convierte en un verdadero brahmín, etc. A partir de ese día debe sentarse correctamente, debe meditar, se le entrena. Le digo esto para mostrarle cómo se forman los hábitos en nosotros, cómo nos condicionamos, y la mayoría somos así. Para destruir ese condicionamiento uno tiene que estar atento a lo que hace, darse cuenta de ello. Eso es todo.

Interlocutor: ¿Destruir tanto los buenos hábitos como los malos?

Krishnamurti: Todos. Hábito significa condicionamiento, una repetición mecánica, lo que evidentemente implica falta de sensibilidad. Ahora bien, ¿usted está atento a lo que hace? Cuando yo le digo: «Por favor, vístase de una manera diferente», ¿toma usted mi proposición como un modo de ayudarle a estar atento y, por lo tanto, a ser sensible, o lo resiste? ¿Qué hace? Ser sensible implica aprender. Yo le digo: «Jimmy, no se vista de esa manera». ¿Lo encarará usted como una ayuda para que esté atento, o lo resistirá? ¿O siente que se le lastima: «Yo soy tan bueno como usted, ésa es sólo su opinión», ‑toda la batalla de las palabras y el desatino?

Interlocutor: ¿Dónde es entonces que reaccionamos erróneamente?

Krishnamurti: Usted debe tomar en consideración el conformismo, la imitación, el miedo a ser lastimado, el tratar de encontrar su propia libertad aparte de la mía. Dominic dijo: «No quiero que usted hiera mis sentimientos, yo no hiero los suyos». ¿Está usted atento a lo que envuelve todo lo que prosigue? Si no lo está, se vuelve un hipócrita. ¿Sabe que está lastimado y que no quiere que lo lastimen más?

Interlocutor: Si uno presta atención completa al momento no tiene tiempo para recordar que ha sido lastimado.

Krishnamurti: No, pero la mayoría de nosotros no sabe cómo prestar atención completa al momento. Todo lo que recordamos es que hemos sido lastimados y que no queremos serlo de nuevo. ¿Tiene usted tales heridas internas? ¿Qué hará con respecto a ellas? Vea lo que ocurre cuando tiene esas heridas, ellas responden mucho más aprisa que su razón. Esas heridas irrumpen más rápidamente que «investiguemos, aprendamos». Así es que primero tiene que abordar eso. ¿Qué hará con esas heridas?

Interlocutor: Pero esas heridas son el pasado

Krishnamurti: ¿Son el pasado y están muertas?

Interlocutor: Eso es lo que reacciona.

Krishnamurti: Sí.

Interlocutor: Eso no tiene que reaccionar.

Krishnamurti: Por supuesto que no tiene que hacerlo, pero lo hace. Si usted comprende todo el mecanismo de la ofensa nunca más volverá a ser lastimado. ¿Sabe qué implica el mecanismo por el cual uno es lastimado? Investigue. Todos hemos sido lastimados de un modo u otro. En primer lugar, ¿por qué hemos sido lastimados?

Interlocutor: A veces es a causa de nuestro orgullo, de nuestras ilusiones.

Krishnamurti: ¿Por qué es usted orgulloso? ¿Con respecto a qué está orgulloso? ¿Escribió un libro? ¿O puede jugar mejor al tenis, a correr más rápidamente que algún otro? Nosotros hacemos estas afirmaciones y decimos: «Sí, estoy orgulloso». ¿Qué significa eso? Ése debe a que es tan bien parecido, tan talentoso? Y viene alguien que es aún más talentoso que usted, y entonces se siente lastimado ‑está celoso, se amarga, se enoja, lo cual es parte del estar lastimado. Qué hará, entonces, con esas ofensas que ha acumulado y que dicen: «No debo ser ofendido nunca más»? ¿Qué hará, sabiendo que esas ofensas van a responder con tanta rapidez?

Interlocutor: Yo diría que, en realidad, las ofensas son desilusiones, y que las desilusiones implican realmente aprender, de modo que no son ofensas.

Krishnamurti: Sí, pero eso es sólo una explicación. Subsiste el hecho de que usted está lastimado. Yo deposité mi confianza en usted y súbitamente descubro que mi confianza ha sido traicionada: me siento lastimado. ¿Qué hay detrás de esta ofensa?

Interlocutor: Que uno es sensible.

Krishnamurti: ¿Es eso? ¿Puede la sensibilidad ser lastimada alguna vez?

Interlocutor 1: Sólo el yo que está en medio de ello.
Interlocutor 2: Lo realmente difícil es la franqueza.

Krishnamurti: Exactamente. Y la sensibilidad es inteligencia. De modo que cuando usted dice: «Yo estoy lastimado», ¿quién es el «yo» que afirma esto todo el tiempo? ¿Quiere usted aprender acerca de ese «yo»? O dice: «¿Qué hay que aprender acerca del «yo»? ¿Ve la diferencia?

Interlocutor: ¿Puede usted investigarlo un poco más?

Krishnamurti: He sido lastimado por varias personas debido a diversas razones. Por lo tanto, construyo un muro de resistencia y usted viene y dice: «Aprenda acerca de ello», «Mírelo». ¿Miro al «yo» que se siente lastimado, a los recuerdos, lo cual implica otro «yo» que mira al «yo», un «yo» superior que dice: «Debo aprender acerca del “yo” inferior»? ¿Ve la falsedad de esto? Usted ha establecido el «yo» acerca del cual hay que aprender. Pero no existe algo que pueda llamarse el «yo» ­éste es sólo una serie de recuerdos. En realidad no hay un «yo» sino sus recuerdos de haber sido lastimado. Pero usted ha dicho: «Ese es el “yo” acerca del cual voy a aprender». ¿Qué es lo que hay que aprender acerca del «yo»? ‑éste es sólo un haz de recuerdos, no hay nada que aprender acerca de eso.

Interlocutor: ¿Quiere usted decir que no hay conocimiento de uno mismo?

Krishnamurti: Hay abundancia de ello, eso es lo que estamos haciendo ‑mire cuánto hemos avanzado en el conocimiento de uno mismo.

Interlocutor: Si cuando estamos hablando yo veo algo claramente, en ese momento todo está muy bien. Después, la cosa que he visto se vuelve conocimiento y yo pienso que todavía estoy viendo claramente. Y viene alguien y me dice: “Usted no está viendo claramente”, y yo digo: “Sí, lo estoy”, porque recuerdo haber visto claramente. Quizá la razón de que yo quiera ver claramente sea, en primer lugar, para fortalecer este sentimiento tan agradable.

Krishnamurti: Evidentemente. Usted ha sido lastimado y no quiere serlo nunca más, de modo que ofrece resistencia. ¿Qué es lo que hará? ‑sabiendo que eso impide el afecto, el amor, toda forma de cooperación, de comunicación, de relación. ¿Qué es lo que hará con eso?

Interlocutor: Uno tiene que encontrar un modo de vivir donde no esté construyendo todo el tiempo una imagen de sí mismo.

Krishnamurti: Ante todo, usted ha construido una imagen; el próximo paso es evitar que ella aumente. Hay dos problemas, ¿no es así? Tiene que evitar que esa imagen aumente, tanto como tiene que curar y destruir la enfermedad que padece. ¿Cómo procederá al respecto? Yo lo he explicado ‑usted no se relaciona con ello, eso es todo.

Interlocutor: Uno tiene que ser altamente sensible todo el tiempo.

Krishnamurti: ¿Y eso qué significa?

Interlocutor: Ver exactamente cuáles son las influencias...

Krishnamurti: No.

Interlocutor: Poner fin a la ofensa.

Krishnamurti: No. Mire, esté atenta a lo que hace, a lo que piensa, a lo que siente. Y si yo le digo que se vista de otra manera, no resista riñendo conmigo; más bien use mis palabras para ayudarse a estar atenta. Usted ha sido lastimada, ha construido un muro de resistencia, y yo le digo: «Sarah, no haga eso porque impedirá toda forma de relación, será desdichada toda su vida». ¿Recibe usted lo que le digo con comprensión porque ello le ayudará a derrumbar el muro? ¿O dice: «No, quién es usted para decírmelo?; ése es mi modo de vivir» ¿Cuál de esas cosas hará usted sabiendo que esas heridas y cualquier muro de resistencia impide toda clase de relación? ¿Se da cuenta de que eso es lo que realmente sucede ahora? ¿Qué ocurrirá si yo vengo y le digo: «Sarah, usted no es tan bien parecida como yo pensaba que era»? ¿Lo rechaza?

Interlocutor: No.

Krishnamurti: ¿Qué ocurre, entonces?

Interlocutor: Aprendo acerca de ello y no lo rechazo.

Krishnamurti: Entonces, ¿qué hará?

Interlocutor: Veré si lo que dice es cierto.

Krishnamurti: ¿Qué significa eso, entonces? Usted no tiene una conclusión acerca de sí misma. ¿Es eso lo que realmente ocurre?

Interlocutor: Lo es en este momento.

Krishnamurti: Tome sus heridas e investíguelas. ¿Sabe lo que significa no tener ninguna imagen acerca de sí misma?

Interlocutor: Podemos imaginar cosas al respecto.

Krishnamurti: Puedo imaginar un buen alimento, ¡pero yo quiero gustarlo plenamente! Primero dijimos: «Estamos lastimados»; de modo que vemos realmente, inteligentemente, sensiblemente, que hemos erigido en torno de nosotros un muro de resistencia. Por lo tanto, somos unos hipócritas al decir: «Cooperaremos, haremos esto juntos». Ese es un punto. El segundo punto es: ¿qué haré, qué hará esta mente para impedir la formación de imágenes? Porque si tengo una imagen cualquiera, ésta va a ser lastimada.

Interlocutor: ¿No nos formamos imágenes de los otros?

Krishnamurti: Cualquier imagen, tanto si la crea de sí mismo o de otro es, no obstante, una imagen. ¿Ve usted ambos problemas? Yo tengo recuerdos de haber sido lastimado, lo que crea un muro de resistencia; y veo que eso impide toda forma de relación. El otro problema es: ¿puede la mente no formar más imágenes en absoluto? ¿Qué he de hacer con las heridas pasadas, con las imágenes del pasado? ¡Vamos, ustedes están dormidos! ¿Cómo me ayudarán a librarme de mis heridas pasadas? Necesito la ayuda de ustedes, lo cual significa que quiero establecer una relación en la que esta cosa pueda disolverse.

Interlocutor 1: Usted me ayudará a aprender que estoy lastimado y a ver cuándo mi herida está reaccionando. Por lo tanto, yo sólo puedo tener una relación superficial con usted.

Interlocutor 2: Sí, pero lo que quiero es mostrarle que yo estoy lastimado.

Krishnamurti: Yo quiero estar libre de las heridas pasadas, porque veo con lógica, con razón, con sentido común, que si la mente conserva heridas no tiene contacto con nada ‑estoy atemorizado todo el tiempo. Ahora bien, ¿eso lo veo muy claramente? ¿Lo comprende usted, lo ve con tanta claridad como ve esta mesa o esta silla? ‑lo cual significa que está prestando atención a lo que se dice y observándolo en sí mismo. ¿Lo hace así, o lo mira como por casualidad, con su mente puesta en alguna otra parte? Si concede su atención a las heridas pasadas, es obvio que ellas disminuirán. La próxima cosa es: ¿cómo impedirá usted que se acumulen nuevas imágenes? Supongamos que vengo yo y le digo: «¡Qué inteligente es usted!» o, «¡Qué asno es usted, está medio dormido!» ¿Qué hará? ¿Cómo evitará que se forme inmediatamente una imagen cuando yo le digo eso?

Interlocutor: Usted está creando una imagen de mí al decir eso.

Krishnamurti: Evidentemente, ¡soy un asno yo mismo cuando le digo que usted es un asno! Pero lo que le pregunto es cómo impide usted que se formen las imágenes ‑sean ellas placenteras o dolorosas.

Interlocutor: Uno tiene que estar despierto al proceso de formación de las imágenes.

Krishnamurti: ¡Ayúdeme a descubrir cómo hacerlo! Supongamos que le digo: «Qué persona tan encantadora es usted»; eso produce inmediatamente una reacción y una imagen, ¿no es así? Ahora bien, ¿cómo evitará que eso ocurra?

Interlocutor: La imagen ya está ahí, se ha formado -¿no podemos simplemente ver que hemos construido esta imagen?

Krishnamurti: No. Hay dos cosas involucradas en esto. En primer lugar, el pasado, y en segundo lugar, el impedir que se formen nuevas imágenes. Porque de otro modo voy a ser lastimado otra vez, y yo no quiero ser lastimado porque quiero vivir libremente, no quiero tener muros a mi alrededor. ¿Qué he de hacer, entonces?

Interlocutor: Necesito averiguar por qué me siento halagado o lastimado por lo que usted dice.

Krishnamurti: Lo uno es placer, lo otro es temor.

Interlocutor: ¿Pero cuál es la base de esto?

Krishnamurti: Usted depende de lo que yo digo, no sé por qué pero es así. Ese no es el punto. ¿Cómo evita usted que se forme esta imagen? ¿Quiere saberlo? ¿Qué pagará por ello?

Interlocutor: Mi vida.

Krishnamurti: ¿Cuál es el precio de esa vida? ¿Sabe lo que eso significa, señor? Eso significa que usted es realmente serio al no formar ninguna imagen de nadie, sea lo que fuere aquello que le digan. ¿Quiere usted hacer eso? ¿Cómo lo haría? Yo se lo diré. Cada uno me dará diez dólares. (Risas)

Interlocutor: No los tenemos.

Krishnamurti: Obsérvenlo cuidadosamente. He dicho que éste es un asunto muy serio, mucho más importante que graduarse. Ustedes pagan muchísimo para que se les eduque, pero descuidan esto. Sin esto la vida no tiene sentido, y ustedes ni siquiera pagan un centavo para averiguarlo. Lo cual significa que ni siquiera dedican a ello mucha energía. Jimmy dice: «Yo daré mi vida para averiguarlo». Y eso significa que él quiere llegar hasta el mismo fin para descubrirlo. Yo dije: «Mire, Jimmy, usted ha sido lastimado, y esa ofensa reacciona de muchas maneras. La raíz de esa herida es una imagen interna que usted tenía, y esa imagen no desea ser lastimada». Usted vio la verdad de ello. Quiere investigarlo, y como vio la verdad de ello, dijo: «Ya lo comprendí, sé cómo habérmelas con eso. Cada vez que aparezca voy a estar alerta, prestaré atención completa a cada momento en que alguien diga: ¡Haz esto, no hagas aquello!» Ahora bien, ¿por qué no presta usted la misma atención cuando alguien dice: «Eres un asno»? Entonces no formará una imagen. Sólo cuando está inatento, el viejo hábito se afirma a sí mismo. El estar atento, significa que la mente dice: «En tanto haya cualquier forma de resistencia, toda relación carece de sentido». Eso lo veo muy claramente. No de manera verbal, sino que lo palpo, lo siento. Y digo que la resistencia existe porque yo no quiero ser lastimado. ¿Y por qué soy lastimado? Porque tengo una imagen de mí mismo, y veo que no sólo existe la imagen de mí mismo sino que hay en mi otra imagen que dice: «Yo debo librarme de esta imagen». De modo que hay en mi interior una batalla entre las dos imágenes ‑la imagen «superior» y la imagen «inferior». Ambas imágenes son creadas por el pensamiento. Por lo tanto, veo todo eso muy claramente ‑en el sentido de ver claramente algo que es peligroso. En consecuencia, la claridad de percepción es su propia acción. Entonces he terminado con ello, el pasado no regresa nunca más.

Ahora bien, con la misma atención voy a ver, cuando usted me adule o me insulte, que no haya imagen, porque estaré tremendamente atento. ¿Hará usted eso? No tiene importancia lo que se diga, yo escucho, no digo: «Usted tiene prejuicios» o, «Usted no tiene prejuicios». Escucho porque la mente quiere descubrir si está creando una imagen de cada palabra, de cada contacto. Estoy tremendamente despierto y, por lo tanto, encuentro en mí a una persona que está inatenta, embotada, dormida, que construye imágenes y se siente lastimada ‑no encuentro en mí a un hombre inteligente. ¿Lo ha comprendido usted, por lo menos verbalmente? Ahora aplíquelo. Entonces usted es sensible a cada ocasión y ello produce su propia acción correcta. Y si alguien le dice algo, está tremendamente atento, no a cualquier prejuicio que pueda haber, sino a su propio condicionamiento. Por lo tanto, usted ha establecido con esa persona una relación que es por completo diferente de la que esa persona establece con usted. Porque si él tiene prejuicios, usted no los tiene; si él está inatento, usted está atento. En consecuencia, usted nunca creará una imagen de él. ¿Ve la diferencia? ¿Hará esto? No tiene usted idea de cuanta vitalidad tendrá.

Interlocutor: Pienso que debemos ayudarnos los unos a los otros para hacerlo.

Krishnamurti: Así es, eso es cooperación. Usted me ayuda y yo lo ayudo. Usted está aprendiendo de mí y yo estoy aprendiendo de usted a no crear imágenes.

Principios del Aprender

Primera Parte, Capítulo 9

27 de septiembre de 1970

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