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Principios del Aprender

Primera Parte, Capítulo 11

24 de junio de 1971

Interlocutor: Estuvimos hablando acerca de por qué uno no puede decir que ama a alguien.

Krishnamurti: ¿Podemos abordar eso de un modo diferente? ¿Saben ustedes lo que es la agresividad? Significa oposición, ir en contra de algo. De ahí surge la pregunta: ¿cómo van a encarar ustedes la vida cuando hayan pasado por aquí y hayan llegado a ser lo que llamamos personas educadas? ¿Quieren ser absorbidos por la sociedad, por la cultura en que viven, o van a oponerse a ella, a rebelarse en contra, lo cual será una reacción y no una acción total? ¿Van a recorrer el camino fácil de la vida, amoldándose, imitando, ajustándose al patrón, cualquiera sea ese patrón, tanto si es el orden establecido o si es algo diferente a lo establecido, etcétera? ¿O serán seres humanos por completo diferentes, que se dan cuenta y saben que han de enfrentarse a la adversidad y a las contrariedades, y que no hay un camino fácil de satisfacción? Porque la mayoría de nosotros desea una vida de comodidad, de bienestar, una vida sin perturbación, lo cual es casi imposible; y si ustedes se enfrentan de hecho a las contrariedades, ¿podrán escapar de ellas? «No me gusta este lugar, esta gente, este empleo», por lo tanto, me voy, me escapo de eso para hacer otra cosa que será más satisfactoria. ¿Usan ustedes a otros para su propia satisfacción? ¿Y es el amor la utilización de otros ‑ sea sexualmente o como compañía o para la propia satisfacción personal - no de manera superficial sino mucho más profundamente?

¿Cómo van a enfrentarse ustedes a todo esto, que es la vida? Las personas que en el mundo se llaman educadas, que han ido al colegio, a la universidad, tienen un buen empleo, encajan en un lugar y ahí se quedan y progresan. Ellas tienen sus propias preocupaciones, sus propias contrariedades.

Uno puede aprobar algunos exámenes y obtener un empleo, o puede ser que uno haya sido educado tecnológicamente. Pero desde el punto de vista psicológico, uno no conoce nada acerca de sí mismo; es infeliz, desdichado porque no puede lograr esto o aquello, riñe con la propia esposa o marido ‑ ustedes saben lo que ocurre. Y son todas personas muy educadas que han leído libros pero que han descuidado el campo total de la vida. Y la gente no educada hace lo mismo. Ustedes van a ser educados ‑no sé por qué pero van a serlo- ¿y luego qué? ¿llevar una vida cómoda? No es que uno esté contra la comodidad, pero si ustedes van buscando comodidad en la vida, ésta se vuelve más bien falsa, superficial, y entonces tienen que amoldarse hasta un grado tremendo a la estructura cultural en que viven. Y si se debelan contra la cultura y se unen a un grupo que tiene su propio patrón, también tienen que encajar dentro de eso.

Vemos que la mayoría de los seres humanos en el mundo quieren estar seguros, a salvo, cómodos, quieren llevar una vida de gratificación en la que no tengan demasiadas contrariedades ‑donde se conformen superficialmente pero sublevándose contra el conformismo, donde se tornen exteriormente respetables, pero interiormente rebeldes, donde obtengan un empleo, se casen, tengan hijos y responsabilidades- pero como la mente quiere algo que es mucho más que eso, ellos viven descontentos, corren de una cosa a otra. Al ver todo esto, no sólo un segmento, una fracción de ello, sino la totalidad del mapa, ¿qué irán a hacer todos ustedes? ¿O es una pregunta que no pueden contestar a la edad que tienen? ‑tal vez sean demasiado jóvenes, son sus propias ocupaciones, y lo otro pueda esperar.

Interlocutor: Uno sabe lo que le gustaría hacer.

Krishnamurti: ¿Usted sabe lo qué quiere hacer?

Interlocutor: Yo sé lo que me gustaría hacer.

Krishnamurti: ¿Qué es lo que a usted le gustaría hacer? ¡A mí me gustaría ser la Reina de Inglaterra! O alguna cosa sumamente grande, y no puedo. No tengo la capacidad. Por lo tanto, cuando usted dice que le gustaría hacer algo que ha de darle placer, satisfacción, eso es lo que todos desean: bienestar, placer, satisfacción. «Esto es lo que quiero hacer porque haciéndolo me siento feliz». Y cuando a lo largo de ese sendero usted tiene que enfrentarse a una oposición, no sabe cómo encararla y entonces trata de escapar de ello. ¿Sabe?, ésta es una cuestión realmente difícil, no es tan simple decir lo que a uno le gustaría hacer. Se trata de un asunto muy complejo, por eso dije: ¿es esto preguntar demasiado? ¿O a la edad que tienen ya están comenzando a vislumbrar lo que quieren hacer, no sólo el próximo año sino para el resto de sus vidas?

Interlocutor: No somos demasiado jóvenes.

Krishnamurti: No lo sé. No sé si son demasiado viejos o demasiado jóvenes. Son ustedes los que tienen que contestar a eso, no yo. Estoy exponiendo esto para ustedes, para que lo investiguen.

Interlocutor: Algunos de nosotros somos ya demasiado viejos. Ya estamos formados. Hemos tenido experiencias, etc., que a todos nos hace estar muy aburridos de la vida.

Krishnamurti: Usted sabe, el otro día estuvimos considerando el hecho de que siempre pensamos acerca de nosotros mismos. Y cuando usted piensa acerca de sí mismo, ¿no lo es generalmente en torno de lo que le proporciona el placer más intenso? «Voy a hacer esto porque va a darme una tremenda satisfacción». ¿Cómo encara, entonces, todas estas cosas? ¿No debería educárseles no sólo en geografía, matemática, historia, etc., sino también en este campo, donde tienen que descubrir por sí mismos cómo vivir en este mundo monstruoso ‑¿no forma eso parte de la educación? Ahora bien, ¿cómo emprenderían ustedes la educación de sí mismos que les permitiera enfrentarse a esta vida? ¿Esperan que algún otro los eduque, tal como los educan en matemáticas y demás materias?

Interlocutor: No.

Krishnamurti: ¿No? ¿Está bien seguro? Si nadie va a educarlo en cuanto al modo psicológico, interno de vivir la vida, ¿cómo lo hará usted? ¿Cómo va a educarse a sí mismo? ¿Sabe lo que está sucediendo en el mundo? Aparte de las monstruosidades y las guerras y las carnicerías y todas las cosas terribles que ocurren, las personas que piensan que saben, están tratando de educarlos ‑no con relación al mundo tecnológico: eso es claro, simple y factual.

El otro día, en la televisión, cierto obispo dijo: el conocimiento de Dios es amor y si ustedes no tienen conocimiento de Dios no pueden vivir, la vida carece de sentido. ¿Entienden? Ahora bien, está esa declaración hecha muy enfáticamente por un obispo bien conocido, o por quien sea que fuere; yo lo escuché y dije: estoy aprendiendo, quiero descubrir. Quiero que se me eduque. Y él tiene explicaciones razonables, y uno mira su collar, o su capa, o su mitra y dice: «Oh, es un sacerdote, es un hombre viejo que está repitiendo las viejas fruslerías» ‑eso no vale nada, y uno lo aparta de sí. Y luego viene un hombre y nos ofrece un patrón de vida (escuchen esto, por favor) que parece razonable, lógico, y debido a su personalidad, a su apariencia, al modo en que viste y camina ‑ya conocen todos los trucos- ustedes dicen: «Sí, él ha alcanzado algo». Y lo escuchan. Y mediante el mismo acto de escucharlo se condicionan por lo que él dice, uno es así?

Interlocutor: Eso depende de cómo uno escucha.

Krishnamurti: Si usted no sabe cómo escuchar a ese obispo, dirá: «Qué razonable es, él dice que hemos vivido de este modo por dos mil años, ése es el modo correcto, mediante el conocimiento de Dios». Yo lo escucho y hay algo que me atrae y lo acepto. El ha influido sobre mí. Y también influye sobre mí un hombre que dice: «Haz esto y obtendrás la iluminación». Por lo tanto, recibo la influencia de todo lo que me rodea. ¿Qué debo hacer? Yo quiero educarme a mí mismo, porque veo muy bien que nadie va a educarme en ese terreno. Porque ellos nunca se han educado a sí mismos, nunca han investigado y examinado, no han intentado investigar, no han mirado y observado, sino que siempre han estado ajustándose a un patrón, a un modelo, ya se trate del modelo zen, o del modelo cristiano o del comunista, y tratan de enseñarme cómo vivir de acuerdo con ese patrón; ellos no se han educado a sí mismos en el sentido de que estamos hablando, aunque puedan ser hábiles en argumentos y en dialéctica. De modo que como nadie me ayudará a educarme internamente, ¿por dónde empezaré? Y veo que si no hago eso me convierto en un hombre a quien le falta el justo equilibrio. Puedo ser muy bueno escribiendo un ensayo y adquiriendo un titulo ‑¿y luego qué? Todo lo demás que constituye mi vida es desdeñado. ¿Cómo, pues, me educaré a mí mismo, tornándome maduro en un campo donde muy poca gente se toma la molestia de investigar, de inquirir? O si lo han hecho, han impuesto su pensar sobre otros, no los han ayudado a descubrir por sí mismos. No sé si ustedes ven esto. ¿Comprenden de qué estoy hablando? Freud, Jung, Adler y otros analistas, que han investigado esto y han expuesto determinados hechos rastreando toda la conducta hasta el condicionamiento de la infancia, etcétera, han formulado ciertas pautas, y uno puede investigar en esa dirección y obtener más informaciones, pero así no aprenden acerca de sí mismos; están aprendiendo conforme a lo que dice alguna otra persona. Entonces, ¿cómo procederán al respecto? ‑sabiendo lo que es la vida, lo que está ocurriendo en el mundo, las guerras, el antagonismo, los políticos, los sacerdotes, los hippies con su poquito de filosofía, la gente que toma drogas, los que organizan comunas y el odio entre las diversas clases. Tomen eso en lo que atañe a lo externo; e interiormente la gente es ambiciosa, está llena de codicia, envidia, es brutal, violenta, se explotan los unos a los otros. Estos son hechos. No estoy exagerando.

Ahora, viendo todo esto, ¿qué es lo que haré? ¿Habré de ajustarme a algún patrón cómodo, que es lo que en realidad deseo, hacer una realización para mí mismo? Porque si ustedes no tienen cierta chispa, una llama interior ahora, a la edad de quince, dieciséis, veinte o veinticinco años, eso va a ser muy difícil cuando tengan cincuenta. Entonces es mucho más difícil cambiar. ¿Qué he de hacer, pues? ¿Cómo me enfrentaré a todo esto, cómo lo miraré, cómo escucharé todo este terrible ruido en el mundo? ‑los sacerdotes, los técnicos, el hombre talentoso, los obreros, las huelgas continuas. ¿Escogeré un ruido particular que me atrae y seguiré ese ruido por el resto de mi vida? ¿Qué haré? Este es un tremendo problema, no es un problema simple.

Interlocutor: Yo quiero experimentar.

Krishnamurti: ¿Experimentar?

Interlocutor: Dejar que las cosas vengan a mí.

Krishnamurti: Escuche lo que digo. «Viendo todo esto, yo no sé qué hacer. No sabiendo qué hacer voy a procurar una salida fácil ‑ es lo que hago generalmente». No se engañe a sí mismo. Este es un problema tremendamente complejo.

Interlocutor: Pero procurar la salida fácil no es todavía algo real.

Krishnamurti: Espere, no estoy completamente seguro. Me enfrento a todo eso, es un estruendo terrible éste que prosigue todo el tiempo, el griterío, los empujones; y encuentro que existe una salida fácil, me hago monje. Eso es lo que ocurre en ciertas partes del mundo, porque la gente ya no tiene más confianza en los políticos, en los científicos, en los tecnócratas, en los predicadores. Y por eso digo: «Voy a apartarme de todo esto y me volveré un monje solitario con mi escudilla de limosnero» ‑es lo que hacen en la India. O, no sabiendo qué hacer, voy a la deriva. ¿Saben lo que eso significa? ‑continuar en lo mismo día tras día, no incomodarse. O si uno debe encontrar una salida, se fuerza a sí mismo o se une a un grupo que cree estar tremendamente adelantado. ¿Es eso lo que van a hacer todos ustedes? Si yo tuviera aquí una hija o un hijo, ése sería mi interés como padre, me sentiría tremendamente preocupado. Y Brockwood está preocupado ‑para mí esto es de extraordinaria importancia. Todos ustedes pueden ir a colegios y universidades, obtener un titulo y un empleo. Pero eso es demasiado simple, es una salida que tampoco resuelve nada. Por lo tanto, si yo tuviera un hijo o una hija, preguntaría: «¿Cómo se les educará en el campo donde por sí mismos no demuestran interés?» Y los otros no saben cómo ayudarles a comprender ese inmenso campo que ha sido tan descuidado.

Por lo tanto, yo sé lo que haría, en el sentido de que diría a una hija o a un hijo: mira, escucha todo esto, escucha todo el ruido que hay en el mundo, no tomes partido, no saltes a ninguna conclusión, simplemente escucha. No digas que un ruido es mejor que otro ruido; todos son ruidos, de modo que primero escucha. Y escucha también tu propio ruido, tu charla, tus deseos ‑«yo quiero ser esto y no quiero ser aquello»- averigua qué significa escuchar. Investiga, no aceptes lo que te digan. Discútelo conmigo y averigua primero el significado de ello. Investiga qué significa pensar, por qué piensas, cuál es el trasfondo de tu pensar. Obsérvate a ti mismo, no te vuelvas egocéntrico en ese observar. Interésate tremendamente en la observación, que es una más amplia expansión de uno mismo.

Interlocutor: ¿Dijo usted que estar tremendamente interesado en la observación es una más amplia expansión del propio “yo”?

Krishnamurti: Dije, obsérvate a ti mismo. Si yo fuera un padre estaría enormemente interesado en el problema, en la cuestión de cómo educar a la gente en este campo donde no existe una real comprensión o ayuda. Eso es lo que quise significar. Pero después dije: si te observas a ti mismo hay peligro de que te vuelvas egocéntrico ‑ un tremendo peligro. Uno debe observar eso también.

Y también dije que querría discutir con el grupo, averiguar cómo piensan ustedes, por qué piensan y en qué piensan. No para cambiarlo, no para reprimirlo o superarlo, sino para averiguar por qué piensan ustedes en absoluto. ¡Prosigan, cuestiónenlo! Yo no sé si han advertido que la mayoría de los libros, toda la estructura social, religiosa, moral y ética, la relación entre los seres humanos, etc., están basados en el pensar.

Interlocutor: Sí.

Krishnamurti: «Esto es bueno, esto es malo, esto debe ser, esto no debe ser» ‑ todo se basa en la estructura del pensamiento. ¿Están seguros? ‑no estén de acuerdo conmigo.

Ahora quiero descubrir si ése es el modo de vivir, el basarlo todo sobre el pensamiento, sobre lo que me agrada y lo que me desagrada, sobre lo que deseo hacer y lo que no deseo hacer. Probablemente ustedes nunca piensan acerca de eso. Háganlo ahora.

Interlocutor: Porque nuestro pensar es, o bien sobre lo que uno desea, o bien sobre lo que uno no desea. Toda eso proviene del “yo”.

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