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Principios del Aprender

Primera Parte, Capítulo 13

17 de junio de 1973

Krishnamurti: El otro día estuvimos hablando de la cordura y la mediocridad, acerca de lo que esas palabras significan. Nos preguntábamos si al vivir en este lugar como una comunidad, somos personas mediocres. Y también nos preguntábamos si estamos totalmente sanos, vale decir físicamente, mentalmente, emocionalmente. ¿Somos seres equilibrados y sanos? Todo eso está implícito en las palabras cordura, totalidad. ¿Nos estamos educando mutuamente para ser mediocres, ligeramente locos, ligeramente desequilibrados?

El mundo está completamente loco, enfermo, corrupto. Aquí, con nuestra educación, ¿estamos engendrando el mismo desequilibrio, la misma locura y corrupción? Esta es una cuestión muy seria. ¿Podemos descubrir la verdad de ello? No lo que pensamos que deberíamos ser en términos de cordura, sino descubrir realmente por nosotros mismos si nos estamos educando unos a otros para ser verdaderamente cuerdos y no mediocres.

Interlocutor: Muchos de nosotros tendremos un empleo al cual deberemos ir todos los días; muchos se casarán y tendrán hijos ‑ esas cosas van a suceder.

Krishnamurti: ¿Cuál es su lugar en este mundo como ser humano que se supone educado, que tiene que ganarse la vida, que puede o no casarse, tener la responsabilidad de los hijos, una casa y una hipoteca, y que puede estar atrapado en eso por el resto de su vida?

Interlocutor: Tal vez esperamos que alguien cuidará de nosotros.

Krishnamurti: Eso significa que debe tener la capacidad de hacer alguna cosa. Usted no puede decir simplemente: «Por favor, cuiden de mi» ‑nadie va a hacerlo. No se deprima por eso. Sólo mírelo, familiarícese con ello, conozca todas las tretas que la gente utiliza para engañarse los unos a los otros. Los políticos nunca unirán al mundo, por el contrario; puede que no haya una guerra real, pero hay una guerra económica que está en marcha. Si usted es un científico, es un esclavo del gobierno. Todos los gobiernos son más o menos corruptos, algunos más, otros menos, pero todos están corruptos. Por lo tanto, mire todo eso sin deprimirse, no diga: «¿Qué voy a nacer, cómo me enfrentaré a todo esto si no tengo la capacidad?» Usted tendrá la capacidad; cuando sepa cómo mirar tendrá una tremenda capacidad.

¿Cuál es, entonces, su lugar en todo eso? Si usted ve la totalidad, puede formularse esa pregunta, pero si meramente se dice: «¿Qué voy a hacer?», y no ve la totalidad, entonces se encuentra atrapado, entonces no hay respuesta para ello.

Interlocutor: No hay duda de que lo principal para nosotros es, antes que nada, discutir estas cosas abiertamente. Pero pienso que la gente teme un poco discutir con libertad. Tal vez podría verse amenazado aquello que realmente les interesa.

Krishnamurti: ¿Tiene usted miedo?

Interlocutor: Si digo que lo que deseo es un automóvil veloz, entonces quizás haya alguien que lo cuestione.

Krishnamurti: Debe ser cuestionado. Yo recibo cartas que me cuestionan todo el tiempo; he sido retado desde mi niñez.

Interlocutor: Señor, hay algo que siempre me preocupa cuando se discuten estas cosas. Se dice que vivimos en una sociedad industrial altamente mecanizada, y que si algunos de nosotros podemos optar por estar fuera de ella, es porque hay otras personas que sí van a la oficina y trabajan y se vuelven mecánicas.

Krishnamurti: Por supuesto.

Interlocutor: Nosotros no podríamos estar fuera de ello sin esas personas que cumplen con sus mecanizadas y desdichadas existencias.

Krishnamurti: No. La cuestión es cómo vivir en este mundo sin pertenecer a él. ¿Cómo vivir en medio de esta locura y, no obstante, estar cuerdo?

Interlocutor: ¿Dice usted que el hombre que va a la oficina y lleva una vida aparentemente mecánica, podría hacer todo eso y ser, no obstante, una clase diferente de ser humano? En otras palabras, no es necesariamente el sistema...

Krishnamurti: Este sistema, sea lo que fuere, torna mecánica la mente.

Interlocutor: ¿Pero tiene que tornarla mecánica?

Krishnamurti: Es lo que está sucediendo.

Interlocutor: Todos los jóvenes deben enfrentarse al hecho de que crecen, y ven que pueden estar obligados a tomar un empleo que les imponga esa mecanización. ¿Puede haber otra respuesta a ello?

Krishnamurti: Mi pregunta es: ¿Cómo vivir cuerdamente en este loco mundo? Aunque yo tenga que ir a la oficina y ganarme el sustento, debe haber un corazón diferente, una mente diferente. ¿Ocurre eso aquí, en este lugar? ¿Existen aquí esta mente y este corazón diferentes? ¿O sólo estamos dándole vueltas a la noria para ser arrojados dentro de este mundo monstruoso?

Interlocutor 1: Gracias a la automatización, no hay ninguna necesidad de tener un trabajo de ocho horas por seis días a la semana. Lo que está ocurriendo es que esta época nos proporciona ahora el tiempo extra para atender a nuestro otro lado.

Interlocutor 2: Pero decimos que queremos ocio y no sabemos cómo emplear el ocio.

Interlocutor 3: ¿No hay nada malo, seguramente, en ganarse la vida?

Krishnamurti: Nunca dije que fuera malo ganarse la vida; uno tiene que ganarse la vida. Yo me gano la vida hablando a la gente en muchos lugares. Lo he estado haciendo durante cincuenta años, y hago lo que me gusta. Hago lo que realmente pienso que es correcto, verdadero; ése es para mí el modo de vivir ‑no impuesto sobre mí por nadie- y ésa es mi manera de ganarme la vida.

Interlocutor: Yo justamente quería decir que usted puede hacer eso porque hay gente que se ocupa de que los aviones vuelen.

Krishnamurti: Por supuesto, eso lo sé; sin ellos yo no podría viajar. Pero si no hubiera aviones yo permanecería en un sitio, en el pueblo donde he nacido y, a pesar de eso, haría la misma cosa ahí.

Interlocutor: Sí, pero en esta sociedad altamente mecanizada donde la utilidad es lo que impulsa, éste es el modo en que las cosas están organizadas.

Krishnamurti: No, otra gente hace el trabajo sucio y yo hago el trabajo limpio.

Interlocutor: ¿Así es que uno procura hacer el trabajo limpio?

Krishnamurti: De eso se trata.

Interlocutor: Pero aparte de ganarnos la vida, tenemos que empezar a darnos cuenta de que para vivir cuerdamente y aun así, ganarnos la subsistencia en este mundo, tiene que haber una revolución interior.

Krishnamurti: Estoy planteando la misma cuestión de una manera diferente. ¿Cómo he de vivir con salud mental en este mundo de locos? Eso no significa que no voy a ganarme la vida, que no voy a casarme, que no voy a asumir responsabilidades. Para vivir cuerdamente en este mundo de locos, debo negar ese mundo, y dentro de mí debe producirse una revolución tal que me vuelva cuerdo y funcione cuerdamente. Eso es todo cuanto quiero decir.

Interlocutor: Debido a que he sido criado de una manera insensata tengo que cuestionarlo todo.

Krishnamurti: Eso es la educación. A usted lo han enviado aquí, o vino aquí contaminado por la locura del mundo. No se engañe a sí mismo, usted ha sido condicionado por este mundo insensato creado por las generaciones pasadas ‑ incluyendo a sus padres - y viene aquí y tiene que descondicionarse usted mismo, tiene que experimentar un cambio tremendo. ¿Ocurre ese cambio? O decimos meramente: «Bueno, hacemos un poco de trabajo útil aquí y allá, día tras día», y para la época en que dejen este lugar, dentro de dos años o cuatro, se despedirán habiendo hecho una pequeña labor de remiendos?

Interlocutor: Parece haber un conflicto entre lo que queremos, lo que deseamos hacer, y lo que es necesario.

Krishnamurti: ¿Qué es lo que usted desea hacer? Yo quiero ser ingeniero porque veo que eso produce mucho dinero, o esto o lo de más allá. ¿Puedo confiar en ese deseo? ¿Puedo confiar en mis instintos, que han sido deformados? ¿Puedo fiarme de mis pensamientos? ¿En qué he de confiar? Por lo tanto, la educación está para producir una inteligencia que no es mero instinto o deseo o alguna urgencia mezquina, sino una inteligencia que habrá de funcionar en este mundo.

¿Está nuestra educación en Brockwood ayudándolos a ser inteligentes? Con esa palabra quiero significar: ser sensible, no a los propios deseos, no a los propios requerimientos, sino ser sensible al mundo, a lo que está sucediendo en el mundo. Por cierto, la educación no consiste en proveerlos meramente de conocimientos, sino en darles también la capacidad de mirar objetivamente el mundo, de ver lo que está ocurriendo ‑las guerras, la destrucción, la violencia, la brutalidad. El objeto de la educación es descubrir cómo vivir de modo diferente, no sólo aprobar exámenes, graduarse, llegar a ser competente en ciertas direcciones. Su función es ayudarles a encarar el mundo de un modo completamente distinto, inteligente, un modo en el cual sepan que deben ganarse la vida, en el que conozcan todas las responsabilidades, las desdichas que todo eso trae consigo. Mi pregunta es: ¿aquí se está haciendo eso? ¿Está el educador educándose al igual que el estudiante?

Interlocutor: Su pregunta es también mi pregunta. Yo pregunto si esta educación tiene lugar aquí.

Krishnamurti: ¿Usted pregunta si una educación de tal naturaleza tiene lugar aquí en Brockwood como para ayudarle a tornarse tan inteligente, tan perceptivo y alerta que pueda enfrentarse a esta locura? De no ser así, ¿de quién es la culpa?

Interlocutor: ¿Cuál es la base que hace posible esta educación?

Krishnamurti: Mire, ¿por qué recibe usted una educación?

Interlocutor: Realmente no lo sé.

Krishnamurti: Por lo tanto, tiene que investigar el sentido de la educación, ¿no es así? ¿Qué es la educación? ¿Consiste ésta en proporcionales información, conocimientos con respecto a diversos temas, etcétera, un buen entrenamiento académico? Debe ser eso, ¿verdad? Millones de personas son lanzadas al exterior por las universidades y los colegios.

Interlocutor: Ellos le dan a uno las herramientas para poder vivir.

Krishnamurti: ¿Pero qué manos van a usar esas herramientas? Son las mismas manos que han producido este mundo, con sus guerras y todo lo demás.

Interlocutor: Quiere decir que las herramientas están ahí pero que si no hay una revolución interna psicológica, uno podrá seguir empleando esas herramientas del mismo viejo modo y mantendrá así la continuidad de la podredumbre.

Krishnamurti: Si esta revolución no ocurre aquí, entonces, ¿a qué se debe? Y si ocurre, ¿afecta de hecho a la mente, o es todavía una idea y no una realidad como la de tener que comer tres veces al día? Esa es una realidad, alguien tiene que cocinar, no se trata de una idea.

De manera que les pregunto: ¿tiene lugar aquí esta clase de educación de la que estamos hablando? Si es así, es preciso que descubramos el modo de animarla, de darle vida. Y si no es así, investiguemos por qué.

Interlocutor: Eso no parece que esté ocurriendo en toda la escuela.

Krishnamurti: ¿Por qué? Puede estar ocurriendo con unos pocos individuos aquí y allá -¿por qué no ocurre con todos nosotros?

Interlocutor: Yo siento que es como una Jerguilla que quiere germinar pero el suelo de arriba es demasiado duro.

Krishnamurti: ¿Ha visto usted crecer la hierba a través del cemento?

Interlocutor 1: Bueno ésta es una semilla débil ya lo ve. (Risas)

Interlocutor 2: ¿Pero nos darnos cuenta de que somos mediocres y queremos salirnos de ello? ‑ ésa es la cuestión.

Krishnamurti: Yo le pregunto a usted: ¿es usted mediocre? No estoy empleando esta palabra en ningún sentido agraviante ‑empleo la palabra «mediocre» tal como está descrita en el diccionario. Usted está obligado a ser un burgués si meramente persigue sus propias insignificantes actividades en vez de ver la totalidad -el mundo en su totalidad y el pequeño lugar particular que le pertenece en el mundo, y no a la inversa. La gente no ve lo total, ellos persiguen sus propios pequeños deseos, sus pequeños placeres, sus pequeñas vanidades y brutalidades, pero si vieran la totalidad y comprendieran el lugar que ocupan en ella, su relación con la totalidad sería por completo diferente.

Usted, que vive en Brockwood como un estudiante que integra una pequeña comunidad, en relación con sus maestros y sus compañeros de estudios, ¿ve la totalidad de lo que está ocurriendo en el mundo? Eso es lo primero. Verlo con objetividad, sin emocionalismo, sin prejuicios, sin parcialidad, sino simplemente mirarlo. Los diversos gobiernos no resolverán este problema, ni lo harán los políticos; ellos no se interesan en esto. Ellos quieren mantener más o menos el status quo con alguna pequeña alteración aquí y allá. Ellos no quieren la unidad del hombre, quieren la unidad de Inglaterra. Pero aun en eso los diferentes partidos no dicen: «Reunámonos todos e investiguemos qué es lo mejor para el hombre».

Interlocutor: Pero usted no dice que eso no es posible.

Krishnamurti: Ellos no lo hacen.

Interlocutor: ¿Nosotros sí?

Krishnamurti: Nosotros estamos observando, en primer lugar observamos el mundo. Y cuando usted ve el todo, ¿cuál es su deseo en relación con la totalidad? Si no ve la totalidad y persigue meramente su particular instinto, propensión o deseo, ésa es la esencia de la mediocridad, eso es lo que está ocurriendo en el mundo.

Vea, en los tiempos antiguos, las personas realmente serias decían: «No tendremos nada que ver con el mundo, nos haremos monjes, nos convertiremos en predicadores, viviremos sin propiedades, sin casarnos, sin posición alguna en la sociedad. Nosotros somos maestros, recorreremos los pueblos y el país, la gente nos alimentará y nosotros les enseñaremos moralidad, les enseñaremos cómo ser buenos, cómo no odiarse unos a otros». Eso es lo que solía suceder, pero nosotros ya no podemos hacer eso. En la India se puede todavía. Uno puede andar de Norte a Sur y de Este a Oeste mendigando. Póngase cierta túnica y lo alimentarán y lo vestirán, porque eso forma parte de la tradición de la India. Pero aun eso está comenzando a decaer por la cantidad de charlatanes que hay.

Por lo tanto, tenemos que ganarnos la subsistencia, tenemos que vivir en este mundo una vida que sea inteligente, cuerda, no mecánica ‑ése es el punto. Y la educación está para ayudarnos a ser cuerdos, inteligentes y no mecánicos. Siempre estoy repitiendo esto. Ahora bien, ¿de qué modo vamos nosotros, usted y yo, a discutir esto y a averiguar primero qué es lo que realmente somos, y así ver si eso puede ser cambiado en su totalidad? Por consiguiente, primero mírese a sí mismo, no lo eluda, no diga: «Qué terrible, qué feo». Observe simplemente si usted lleva en si todas las tendencias a la locura que ha producido este feo mundo. Y si observa sus propias desviaciones particulares, descubra el modo de cambiar. Hablemos acerca de ello, eso es la relación, eso es la amistad, el afecto, eso es el amor. Hablar acerca de ello y decir: «Mire, yo soy codicioso; siento que soy terriblemente tonto». ¿Puede eso ser cambiado radicalmente? Ello forma parte de nuestra educación.

Interlocutor: Es cuando me siento inseguro que me vuelvo tonto.

Krishnamurti: Por supuesto. ¿Pero está seguro? No teorice al respecto. ¿Está buscando seguridad? -¿en alguien, en una profesión, en alguna cualidad o en una idea?

Interlocutor: Uno necesita seguridad.

Krishnamurti: ¿Ve como la defiende? Primero averigüe si está buscando seguridad; no diga que uno la necesita. Después veremos si es necesaria o no, pero primero vea si está buscando seguridad. ¡Por supuesto que lo está! ¿Ha comprendido el significado y las implicaciones de la palabra «depender»? ‑depender de la gente, de las ideas, de todo lo que proviene del exterior. Depender de alguna creencia, o de la imagen que usted tiene de sí mismo ‑de que es un gran hombre, de que posee esto o aquello- ya conoce todo este desatino. Por lo tanto, tiene que comprender cuáles son las implicaciones de esa palabra y comprender si usted está atrapado en esas cosas. Si ve que depende de alguien para esa seguridad suya, entonces usted empieza a cuestionar, entonces está comenzando a aprender. Comienza a aprender qué implican la dependencia, el apego. En la seguridad están envueltos el temor y el placer. Cuando no existe la seguridad, usted se siente perdido, aislado, solo; y cuando se siente solo, escapa ‑por medio de la bebida, de las mujeres o lo que sea que haga. Actúa neuróticamente porque en realidad no ha resuelto este problema.

De modo que investigue, aprenda el sentido, la significación y las implicaciones de esa palabra tal como son en realidad, no en teoría. Aprenda, eso es parte de nuestra educación. Yo dependo de ciertas personas. Dependo de ellas para mi seguridad, para mi protección, mi dinero, mi placer, etc. Por lo tanto, si ellas hacen algo que me trastorna, me atemorizo, me irrito, me enojo, me siento celoso, frustrado, y entonces me alejo rápidamente y pongo mis garfios en alguna otra persona. El mismo problema prosigue todo el tiempo. Por consiguiente, me digo: comprendamos primero qué significa esto. Yo tengo que tener dinero, debo tener alimento, ropas y un techo, ésas son cosas normales. Pero cuando en ello entra a jugar el dinero, todo el ciclo recomienda. Así es que debo aprender y saber acerca de la cosa en su totalidad; no después que ya me he comprometido, entonces es demasiado tarde. Me comprometo al casarme con alguien, y entonces estoy atrapado, dependo de alguien y la batalla comienza: quiero ser libre pero estoy preso en las responsabilidades, en la hipoteca.

Aquí hay un problema: Tungki dice: «Debo tener seguridad». Yo contesté: antes de decir «debo», investigue lo que eso significa, aprenda al respecto.

Interlocutor: Debo tener comida y ropas y una casa.

Krishnamurti: Sí, prosiga.

Interlocutor: Para tener eso necesito ganar bastante dinero.

Krishnamurti: De modo que usted hace lo que puede. ¿Entonces qué ocurre?

Interlocutor: Para ganar este dinero dependo de alguien...

Krishnamurti: Usted depende de la sociedad, de su patrón, del que lo emplea. El lo persigue por todas partes, es brutal, y usted tolera eso porque depende de él. Es lo que está pasando en todo el mundo. Por favor, mírelo primero, como mira un mapa. Usted dice: tengo que ganarme la subsistencia. Yo sé que para ganarme la subsistencia dependo de la sociedad tal como es. Ello requiere tantas horas diarias durante cinco o seis días a la semana, y si no me gano la vida no tengo nada. Esa es una cosa. Y también dependo internamente de mi mujer, o de un sacerdote, o de un consejero -¿comprende?

Interlocutor: Sabiendo, pues, todo eso, yo no quiero casarme. Veo la dependencia, todas las dificultades que sobrevendrán.

Krishnamurti: Usted no está aprendiendo. No diga que no va a casarse, primero vea en qué consiste el problema. Yo necesito alimentos, ropas y un techo, esas son necesidades primarias y debido a ellas dependo de la sociedad tal como es, sea capitalista o comunista. Eso lo sé y voy a mirar en otras direcciones; necesito seguridad emocionalmente, y eso significa depender de alguien, de mi mujer, de los amigos, de los vecinos, no importa de quién. Y cuando dependo de alguien, siempre existe el temor. Estoy aprendiendo, todavía no digo qué hacer. Yo dependo de usted, usted es mi hermano, mi esposa, mi marido, y en el momento que usted desaparece, estoy perdido, tengo miedo ‑ hago cosas neuróticas. Veo que depender de las personas conduce a eso.

También me pregunto: ¿dependo de las ideas? De una creencia, como la de que existe un Dios ‑ o no - de que debemos tener una hermandad universal, lo que fuere; ésa es otra forma de dependencia. Y viene usted y dice: «Qué desperdicio es todo esto; usted está viviendo en un mundo de ilusión». Así es que me siento vacilar y digo: «¿Qué he de hacer?» Entonces, en vez de aprender sobre ello, abrazo algún otro culto. ¿Alcanza a ver todo esto? ¿Descubre que es insuficiente en sí mismo y por eso depende? Entonces busca suficiencia dentro de usted: «Yo estoy muy bien, he encontrado a Dios, aquello en que creo es verdadero, mi experiencia es lo real». Así es que uno se pregunta: ¿qué hay tan completamente seguro que nunca sea perturbado?

Interlocutor: Yo no veo la dependencia en las dos cosas de que usted habla...

Krishnamurti: Nos preguntamos qué significado tienen las implicaciones del deseo de seguridad. Estamos mirando el mapa de la seguridad. Este me muestra que yo dependo del alimento, las ropas y el techo por trabajar en una sociedad corrupta ‑y veo qué efecto produce depender de las personas. No digo que eso deba ser así o que no deba ser así. El mapa dice: mira, este camino conduce al temor, al placer, a la ira, la realización, la frustración y la neurosis. Y también dice: mira el mundo de las ideas; depender de las ideas es la más endeble forma de seguridad; las ideas son solamente palabras que se han vuelto realidad como una imagen; tú vives de una imagen. Y el mapa dice: sé autosuficiente. De modo que dependo de mí mismo, debo tener confianza en mí mismo. ¿Qué soy yo mismo? Yo soy el resultado de todo esto. Por lo tanto, el mapa me ha mostrado todas estas cosas y ahora uno se pregunta: «¿Dónde hay seguridad completa ‑incluyendo un empleo y todo lo demás?» ¿Dónde la encontrará usted?

Interlocutor: Uno la encuentra cuando no tiene temores.

Krishnamurti: No ha comprendido lo que estoy diciendo. Ponga un mapa de estos frente a usted. Mírelo en su totalidad: la seguridad física, la seguridad emocional, la seguridad intelectual y la seguridad en sus propios pensamientos, en sus propios sentimientos, en la confianza que tiene en sí mismo. Usted dice: qué endeble es todo esto. Mirándolo todo y viendo su endeblez, su insuficiencia, la falta de realidad que hay tras de ello, ¿dónde está, entonces, la seguridad? Es el aprender acerca de esto lo que aporta inteligencia. Por lo tanto, en la inteligencia hay seguridad. ¿Ha comprendido esto?

Interlocutor: ¿Puede uno vivir sin seguridad?

Krishnamurti: Usted no ha aprendido a mirar primeramente. Ha aprendido a mirar a través de su imagen particular; esa imagen le ha dado el sentimiento de seguridad. Así que primero aprenda a mirar el mapa, ponga a un lado la imagen de lo que usted piensa que es la seguridad ‑que usted debe tener- y simplemente mire. ¿Cuáles son las implicaciones del deseo de seguridad? Cuando usted descubre que no hay seguridad en nada que haya buscado, que no hay seguridad en la muerte, ni seguridad en el vivir, cuando ve todo eso, entonces el mismo ver el hecho de que no hay seguridad en las cosas donde uno la ha buscado, es inteligencia. Esa inteligencia le da seguridad completa.

Por lo tanto, el aprender es el principio de la seguridad. El acto de aprender es inteligencia, y en el aprender hay una tremenda seguridad. ¿Está usted aprendiendo aquí?

Interlocutor: En la familia dicen que, para ganarse la vida, uno debe procurar tener una cantidad de conocimientos. Existe esta idea acerca de la seguridad, esta necesidad básica.

Krishnamurti: Sí, Tungki, eso es muy cierto. Su familia, la tradición, dicen que usted debe tener seguridad física, que debe tener un empleo, que debe tener conocimientos, una técnica, que debe especializarse, que debe ser esto y aquello a fin de tener esa seguridad.

Interlocutor: Esa es una idea.

Krishnamurti: Yo necesito dinero, ésa no es una idea ‑todo lo demás es una idea. La continuidad física en la seguridad es lo real; todo lo otro carece de realidad. Y ver eso es inteligencia. En esa inteligencia existe la más completa seguridad; yo puedo vivir en cualquier parte, en el mundo comunista o en un mundo capitalista.

¿Recuerda que el otro día dijimos que la meditación es observar? Ese es el principio de la meditación. Usted no puede observar este mapa si tiene la más ligera distorsión en su mente, si la mente está deformada por el prejuicio, por el temor. Mirar este mapa implica mirar sin prejuicio. Por lo tanto, aprenda en la meditación qué es estar libre de prejuicios; eso es parte de la meditación ‑no el mero hecho de sentarse en algún lugar con las piernas cruzadas. Eso lo torna a uno tremendamente responsable, no sólo para consigo mismo y su relación personal, sino con respecto a todo lo demás, el jardín, los árboles, la gente que a uno lo rodea ‑todo se vuelve tremendamente importante.

Ser serio es también divertirse. Usted no puede ser serio si carece de diversión. El otro día hablamos acerca del yoga, ¿no es así? Yo les enseñé algunos ejercicios respiratorios. Ustedes deben hacer todo eso como una diversión, tienen que gozar las cosas, ¿entienden?

Interlocutor: Hay ciertas cosas como el aprender. Yo no creo que sea posible discutirlas con un sentido de diversión.

Krishnamurti: ¡Oh, sí! Es posible. Mire, Tungki, el aprender es una diversión. Ver cosas nuevas es una gran diversión; realizar un gran descubrimiento por sí mismo, le da a usted una energía tremenda ‑ no así cuando algún otro lo descubre y le habla sobre ello, entonces eso es de segunda mano. Cuando uno está aprendiendo, es divertido ver algo totalmente nuevo, tal como lo es el descubrir un nuevo insecto, una nueva especie. Descubrir cómo funciona mi mente, ver todos sus matices, las sutilezas: es divertido aprender acerca de ello.

Principios del Aprender

Primera Parte, Capítulo 13

17 de junio de 1973

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