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Principios del Aprender

Primera Parte, Capítulo 14

7 de febrero de 1973

Krishnamurti: Acabo de regresar de la India. He notado que las cosas se están poniendo muy mal, el mundo se encuentra en un estado destructivo muy peculiar, está degenerando, la gente no quiere trabajar, hay huelgas. Aparentemente, la guerra ha terminado en Vietnam, pero no hay allí paz verdadera. El mundo comunista también está muy perturbado; hay corrupción en todas partes, corrupción no sólo en el sentido de pasar dinero bajo la mesa, sino también en el sentido de que cada cual piensa egocéntricamente, fragmentariamente y en círculos. Tampoco nuestros artistas pueden ir más lejos, han llegado al fin de las cosas. Han probado todas las formas de expresión y ellos también han llegado a un punto desde el que ya no pueden avanzar más. Y la pobreza, tal como la que existe en la India y de la que ustedes no saben absolutamente nada, se está extendiendo, especialmente en los lugares donde hay severas sequías. Con la pobreza viene la degradación y aparecen todas las formas de violencia. Cosas terribles están ocurriendo en Sudamérica, en Brasil, etc. No sé si ustedes se dan cuenta de todo esto; probablemente están estudiando la historia actual, los sucesos corrientes, y uno se pregunta cuál va a ser el resultado de todo eso. Ustedes van a tener que enfrentarse a ello cuando dejen este lugar.

¿Cuál es, entonces, la relación entre la comunidad de aquí y la vasta comunidad del mundo? ¿Qué va a ocurrir con todos ustedes? Ésa no es una cuestión teórica o tan sólo una cuestión intelectualmente estimulante. Cuando dejen este lugar, ¿cuál será el destino de ustedes ‑ si puedo emplear esa palabra - qué irá a sucederles? ¿Saben cómo trabajar física e intelectualmente y, por lo tanto, valerse por si solos contra esta corriente que arrebata a todo el mundo? ‑ la corriente inmensamente egoísta del mercantilismo. O van a ser arrastrados en ella consciente o inconscientemente y, si saben trabajar, estudiar, cómo utilizar la mente, puede ser que encajen dentro de ella. ¿Serán succionados por esa corriente, o sabrán sostenerse solos?

Así, cuando uno viene a Brockwood y ve la belleza del invierno, los árboles desnudos, las hermosas vetas de las ramas, la paz y la quietud, la belleza del lugar, uno está algo sacudido por el contraste de todo ello. Y se pregunta si Brockwood les ofrece la oportunidad ‑o puede que si y ustedes no la emplean- de usar verdaderamente el cerebro, las más altas capacidades que poseen en lo intelectual, en lo físico y en lo psicológico. Uno quiere gritar frente a las cosas que están ocurriendo, y aquí hay un grupo, una comunidad de personas bastante serias, bastante reflexivas, donde las ideas y la libertad y la llamada disciplina marchan juntas. ¿O se ha abusado de la palabra libertad y significa hacer lo que a uno le place?

¿Qué es lo que juntos estamos haciendo aquí? Brockwood es una comunidad, lo que se llama un centro educacional. Me pregunto si «educación» es en absoluto la palabra correcta. Cuando uno emplea esa palabra tal como se entiende generalmente, ella significa aprender de los libros, acopiar información y utilizarla, ya sea egoístamente o para una causa particular o una secta particular ‑y tornándose uno importante dentro de esa secta u organización. Generalmente es eso lo que sucede. ¿Estamos empleando nuestras mentes a su más alta capacidad, o sólo las estamos frenando? Vamos, quiero averiguar qué dicen ustedes, qué piensan. Me temo que uno tenga que ser terriblemente serio, aunque uno pueda reír y jugar y pasar un buen rato; en el fondo uno ha de ser terriblemente serio en este mundo ‑ustedes tienen que enfrentarse a él.

¿Cómo responderán después? Eso depende de lo que hagan ahora. Si han observado lo que ocurre en el mundo, cómo está de fragmentado, dividido, cada cual luchando con el otro comercialmente, intelectual y emocionalmente; los diferentes tipos de guerras, económicas, sociales, la lucha de clases, la guerra corriente con sus carnicerías, y el culto del éxito. Ustedes tienen que enfrentarse a esto. ¿Tienen la capacidad de verlo y de no entrar para nada en el juego? Yo pienso que Brockwood les ofrece una oportunidad para que tengan esta fuerza interior que les permita hacer frente a todo esto. Si emplean o no esa oportunidad, es cosa de ustedes y, por supuesto, de las personas adultas también. Por eso yo siento que es muy importante saber qué significa trabajar; en lo físico con las manos, y en lo psicológico con la mente ‑trabajar duro. ¿Hacen ustedes eso aquí? ¿O todo es más bien flojo? ¿O dicen: «Somos libres para hacer lo que queremos»?

Interlocutor: ¿Qué trabajo hay que hacer además del que implica ver todos los problemas? Yo entiendo que ése es el trabajo, ¿no es cierto?

Krishnamurti: ¿Pero cómo ve usted los problemas? Todo aquél que es de algún modo sensible, que es un poco observador, ve estos problemas.

Interlocutor: Bueno, uno tiene que ver cómo reacciona, cómo actúa.

Krishnamurti: ¿Cómo reacciona usted? ¿Ve todo esto como si estuviera «ahí afuera», o lo ve en la relación?

Interlocutor: Lo veo como una expresión. Lo veo como el arte. Todos los problemas son expresiones.

Krishnamurti: ¿Considera que todo eso es parte de usted mismo? ¿O usted no pertenece a ello? ¿Es usted un extraño que lo está mirando? ¿O mira sin ser un extraño? Usted lo observa todo: el culto del éxito, la brutalidad, la adoración intelectual de las cosas, la acumulación de conocimientos. ¿Es usted todo eso, o es diferente de todo eso?

Interlocutor: No me siento ni de un modo ni de otro.

Krishnamurti: Todo eso es el resultado de nuestra codicia, nuestra ambición, nuestro afán de competencia, nuestra adoración del éxito, nuestra afirmación del sí mismo, nuestra irreflexión -¿está usted libre de todo eso?

Interlocutor: Puede que no estemos libres de ello, pero no somos parte de eso ahora.

Krishnamurti: Usted puede estar libre de eso. Pero si no está libre, ¿se da cuenta de que forma parte de eso?

Interlocutor: Uno podría decir todos los días: “Yo no soy parte de este fumar, de este beber”, pero cualquier día eso puede sucederle a uno. Aun cuando yo esté en mi cuarto y permanezca quieto en él, puedo, no obstante, ser egoísta...

Krishnamurti: Lo que quiero decir es: ¿mira todo esto como algo diferente de usted, o usted es parte de ello? Puede haber momentos en que no lo es ‑puede no serlo cuando está pensando quietamente- pero en tanto uno sea egoísta, ambicioso, codicioso, posesivo, uno es eso.

Interlocutor: En Brockwood podemos sentir que no somos parte de ello, o nos engañamos a nosotros mismos con que no somos parte de ello.

Krishnamurti: No lo sé, se lo estoy preguntando. Usted puede estar engañándose a sí mismo pensando: «Nosotros somos diferentes, somos jóvenes; por lo tanto, no es aún tarea nuestra interesarnos en eso». Si ustedes no echan los cimientos ahora cuando son jóvenes, no veo cómo van a hacerlo más tarde. Dentro de diez años más, se casarán y tendrán hijos.

Interlocutor: Existe cierta tendencia a discriminar entre lo que es desagradable y lo que es necesario. Para descender a las cosas prácticas, tenemos que asociarnos o vernos envueltos en todo lo que hay aquí. Un ejemplo simple es el trabajo en el jardín ‑es muy agradable trabajar afuera citando hay sol y el tiempo es cálido...

Krishnamurti: Sí, pero es terrible en un día como éste. Mire, ¿qué van a hacer, cuál es el futuro de todos ustedes? ¿Qué quieren hacer? ¿O no han pensado acerca de eso? Si no han pensado en ello, déjenlo así, quizá sean demasiado jóvenes para pensar al respecto. Pero si lo hacen, si piensan en eso, les pregunto: ¿qué va a ser de ustedes?

Interlocutor: No entiendo muy bien qué quiere usted decir. ¿Se trata de lo que uno pueda hacer, o de lo que piensa que quiere hacer?

Krishnamurti: Ambas cosas. Puede separar lo que puede hacer de lo que quiere hacer? ¿Qué es lo que quiere hacer?

Interlocutor: Yo podría decir lo que no quiero hacer. No quiero ser parte de lo que veo.

Krishnamurti: Yo puedo no querer participar en toda esta confusión, pero algo tengo que hacer. No puedo decir meramente: «Yo no quiero ser eso» y quedarme en mi habitación. Tengo que comer, tengo que vestirme, tengo que tener un techo.

Interlocutor: Uno puede trabajar. Puede salir de aquí y obtener una ocupación.

Krishnamurti: ¿Qué es lo que quiere hacer en este mundo?

Interlocutor: Uno puede conseguir un empleo.

Krishnamurti: Un empleo no es el punto. Si tiene bastante suerte usted puede conseguir un empleo. O puede depender de otro. Conocí a un hombre que había venido caminando y viajando gratis desde Nueva York, y que trabajó durante la travesía por mar y nuevamente viajó gratis en automóvil desde París hasta Delhi. ¿Comprende lo que eso significa? El era un Brahmín y un estricto vegetariano, de modo que durante todo el viaje vivió de pepinos, unas pocas frutas y, de cuando en cuando, una naranja en las tres semanas. El decía: «Quiero ir a la India, y cuando llegue allá voy a dedicar mi vida a ser un hombre verdaderamente religioso» ‑sea lo que fuere que eso pueda significar. Ahora bien, ¿qué es lo que va a pasar con usted? ‑estoy realmente interesado.

Interlocutor: Me parece que cuanto más miro las cosas, menos cosas quiero hacer.

Krishnamurti: Menos cosas quiere usted hacer.

Interlocutor: En cierto sentido, sí. No quiero hacer nada que tenga que ver con los negocios; la mayoría de las cosas están envueltas en eso.

Krishnamurti: Lo sé, pero a pesar de eso, ¿qué es lo que usted hará? No puede simplemente sentarse tieso y decir: «No quiero hacer nada». Usted tiene que comer, tiene que vestirse y tiene que pagar por dormir en alguna parte.

Interlocutor: Hay tan pocas cosas que uno pueda hacer.

Krishnamurti: ¿Hay tan pocas cosas? ¿Quiere usted viajar gratis hasta la India? ¡No, no lo haga! ¿Hay tan pocas cosas que hacer en la vida sin que uno se vea involucrado en toda esta confusión?

Interlocutor: Yo miraría más bien todo lo que uno puede hacer, pero todo parece estar contaminado por esta confusión.

Krishnamurti: Por lo tanto, eso significa que todo lo que haga estará contaminado -¿no es así?

Interlocutor: Bueno, uno tiene que vérselas con eso.

Krishnamurti: ¿Cómo se las verá con eso, entonces? Usted tiene que pagar los impuestos, etc. ¿Ingresará en un monasterio ­‑mucha gente está haciendo eso- pero le gustará esa clase de vida? ¿O esta cuestión no es pertinente para personas que todavía son demasiado jóvenes? Pero ustedes tienen edad suficiente para saber que, a menos que echen los cimientos ahora, y vean cómo observan ‑no analíticamente- cuáles son sus reacciones y por que existen esas reacciones, a menos que lo hagan, será muy difícil que puedan afrontar esto.

Interlocutor: Me pregunto si uno puede sobrevivir cuando lo ponen en un sitio donde todos están combatiendo el uno contra el otro.

Krishnamurti: Sí, póngase a sí mismo en esa situación. ¿Ha pensado acerca de la violencia? ¿Qué hay envuelto en la violencia, cómo surge, cuál es la estructura de la violencia? Está la violencia física y está la violencia de obedecer; ¿está usted obedeciendo y, por lo tanto, es violento? ¿Comprende lo que quiero significar? Cuando yo le obedezco y reprimo lo que pienso, esa represión estallará un día. Así que existe la violencia física y la que es engendrada por la obediencia; la violencia del competir, del amoldarse. Cuando me amoldo a un patrón, soy violento. ¿Ve la conexión? Cuando vivo una vida fragmentada ‑ o sea, cuando pienso una cosa y digo otra, hago otra ‑ eso es fragmentación y eso también engendra violencia. Yo puedo ser muy tranquilo, gentil, hacer todo el trabajo que me piden que haga, pero ardo de cólera; eso indica que, por dentro, ha habido represión. De modo que la violencia no es sólo violencia física, es una cuestión muy compleja. Y si usted no ha pensado al respecto, cuando tenga que enfrentarse a la violencia reaccionará de la manera menos inteligente.

Interlocutor: ¿Puede uno vivir en este mundo absolutamente sin ninguna violencia?

Krishnamurti: Investigue, trabaje. Descubra cómo vivir una vida en la que no haya violencia.

Interlocutor: Hace un momento hablaba usted de la represión. Tal vez aquí, si discutimos cosas, la violencia pudiera presentarse y no ser reprimida. Yo no sé si ésa es una forma de represión.

Krishnamurti: Tomemos las cosas una por una. Usted sabe en qué consiste la violencia física, el encolerizarse, el golpearse unos a otros, o cuando alguien lo intimida verbalmente. Esa es una clase de violencia. Obedecer es violencia, ¿no es así? ¿O diría usted que no es violencia? Yo obedezco cuando conservo el lado izquierdo en la carretera - ¿es eso violencia?

Interlocutor: No, eso es inteligencia; si usted no lo hiciera sería atropellado.

Krishnamurti: Sí, ¿y eso qué significa?

Interlocutor: Es un hecho.

Krishnamurti: De modo que hay hechos, ¿y qué más? Prosiga.

Interlocutor: Y cosas que creamos en la cabeza pero que no tienen existencia real.

Krishnamurti: Yo obedezco la ley que dispone que me mantenga a la derecha en Europa y a la izquierda en Inglaterra. ¿Es eso violencia? Evidentemente, no. Si usted obedece a alguien de quien piensa que es superior en conocimientos, ¿es eso violencia? Yo le enseño matemáticas y usted lo discutirá conmigo, pero en eso hay cierta forma de imitación, conformidad y obediencia, ¿no es cierto? ¿Es violencia eso? La sociedad le dice que usted debe ir y matar a los musulmanes o a los comunistas -¿es eso violencia?

Interlocutor: Sí.

Krishnamurti: ¿Por qué? En ello no está solamente involucrada la violencia física, sino también el así llamado amor a la patria, el nacionalismo, su división interna como inglés, alemán, ruso o musulmán ‑ lo cual es una forma de violencia. ¿Cómo, entonces, tendrá usted el discernimiento para ver dónde el obedecer no es violencia y dónde sí lo es? ¿Ve la diferencia? Yo acato, imito cuando conduzco por la derecha o la izquierda. En este país me pongo pantalones, pero cuando voy a la India visto un traje hindú -¿es eso una clase de amoldamiento? E internamente, ¿me amoldo a ser un hindú, a mi tradición, a mis creencias? - ¿no es violencia eso? ¿Dónde está, pues, la línea divisoria entre la violencia y el ver por uno mismo las circunstancias en que la libertad es orden? Toda violencia es desorden. No malentiendan lo que estoy expresando y no digan después: «Yo no quiero amoldarme», y vayan a hacer alguna tontería. Todo el mundo está envuelto en la violencia, en diferentes categorías de desorden. En el mundo de los negocios reina un desorden tremendo, aunque haya maravillosas compañías muy eficientemente manejadas; pero ellas están en lucha la una con la otra ‑ hay desorden.

Por lo tanto, veo el desorden, y veo que estar libre del desorden, es orden -¿correcto? Tiene que haber la inteligencia o el discernimiento para ver que cualquier movimiento hacia el desorden es violencia. Si yo me pongo pantalones en este país, ¿es eso amoldarse? Para mí no lo es. Pero sí es amoldarse el decir: «Yo soy un hindú, ésa es mi tradición, mi creencia, mi costumbre». De modo que ahí no me amoldaré, porque el amoldamiento conduce al desorden. Por consiguiente, extirpo de mi sangre el hinduismo. Esa es verdadera libertad. ¿Qué significa obedecer? «Debemos hacer esto», «Conserva tu izquierda», «Concurre a la iglesia» o, «Tú eres un inglés». Cuando usted se da cuenta de los factores de desorden, entonces está libre porque hay orden en su vida.

Esta es la verdadera educación: vivir una vida de tremendo orden en la que se comprende la obediencia, en la que se ve cuándo es necesario amoldarse y cuándo ello es completamente innecesario, y en la que se ve en qué circunstancias uno está imitando.

Interlocutor: ¿Diría usted que cuando uno imita internamente está en conflicto? Por ejemplo, cuando uno aprende un idioma y lo hace porque siente que tiene que hacerlo.

Krishnamurti: No hay nada que usted tenga que hacer. Si está forzado por las circunstancias, eso es violencia. Pertenecer a una secta, a un grupo, a un país, eso es realmente violencia porque separa a la gente. Veo que tales cosas suceden -¿es esto lo que yo hago? El verdadero trabajo es descubrir si estoy haciéndolo, eso es lo que entiendo por trabajo, no sólo la jardinería, la cocina o el estudio; esas cosas son parte de ello, pero el trabajo real, verdadero, es ver, comprender si uno vive en desorden. Usted puede tener exteriormente un orden tremendo, ponerse ropas limpias, lavarse, ser puntual en todas las comidas, pero el verdadero orden es interno. Y porque usted tiene ese orden, hará las cosas de un modo ordenado. Si dice: «Me ocuparé del jardín», se ocupará del jardín haya mal o buen tiempo. ¡Oh, ustedes no trabajan ‑yo he hecho todas estas cosas!

Interlocutor: Nosotros lo aprendemos haciéndolo. No estamos sugiriendo que debemos retirarnos a nuestros cuartos para investigar.

Krishnamurti: ¡Buen Dios, no! Ustedes aprenden en la acción. El hacer es el aprender.

Interlocutor: Tenemos que averiguar si estamos cooperando o si nos amoldamos; si estamos cooperando, entonces eso no debe realmente conducirnos a contradicciones.

Krishnamurti: Tampoco tiene que cooperar porque sean obligados por alguien, o porque circunstancias violentas los obliguen. ¿O es que quieren cooperar, aman la cooperación y desean hacer cosas juntos? Eso es orden; yo no puedo vivir en mi cuarto, aislado en mí mismo.

Interlocutor: ¿Y ahí no hay contradicción en absoluto?

Krishnamurti: Evidentemente, no. Pero si me obliga, o me obligan las circunstancias, o si siento que si no lo hiciera sería despreciado, eso es violencia. Pero no lo es si veo que debemos trabajar juntos, que la vida es trabajar juntos, que no puedo vivir aislado en mí mismo. Después de todo, yo descubro si soy violento al hacer cosas con usted ‑ por mi modo de jugar, de hablar, de escucharlo. Descubro cosas en la relación. De otro modo no puedo descubrir, no puedo sentarme en mi cuarto intentando averiguar si soy violento. Puedo imaginar que no soy violento, pero la verdadera prueba, la acción verdadera viene con la relación; ahí veo si soy o no violento. Ese es el verdadero trabajo. Y si usted hace eso tiene una energía tremenda, porque su vida está en orden.

Principios del Aprender

Primera Parte, Capítulo 14

7 de febrero de 1973

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