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Principios del Aprender

Primera Parte, Capítulo 15

25 de mayo de 1973
Reunión con el cuerpo de profesores solamente

Krishnamurti: No sé si ustedes estuvieron considerando lo que decíamos el otro día: cómo el conocimiento condiciona la mente y si es posible enseñar hechos, dar información, etc. ‑ todo lo cual es conocimiento - sin condicionar la mente. ¡Uno ha concedido tan tremenda importancia al conocimiento! Para ciertas mentes de la India el conocimiento es un camino hacia Dios. En el Oriente, creo, el conocimiento representa un modo de vida en que el mismo estudiar los libros sagrados ‑ el Talmud, los diversos Sufras y el Korán - el memorizar y repetir los textos, lo acerca a uno a lo que ellos llaman Dios, Alá o Jehová.

Nosotros decimos que el condicionamiento ocurre no sólo culturalmente, en el sentido de la religión, de la moralidad social, etc., sino también por causa del conocimiento mismo. ¿Es posible enseñar a los estudiantes y enseñarnos nosotros mismos a liberar la mente del conocimiento y, no obstante, utilizar el conocimiento sin hacer que la mente funcione de modo mecánico? Si yo fuera un maestro aquí, estaría sumamente interesado en cómo lograr este descondicionamiento en mí mismo y en el estudiante. Ya examinamos eso: en el mismo acto de enseñar yo aprendo acerca de mi propio condicionamiento y veo el condicionamiento del niño y aprendo cómo descondicionar la mente. Ahora bien, ¿podemos investigar esta cuestión de si el conocimiento condiciona la mente y, en caso de que así sea, el modo de impedir que lo haga? ‑impedir que la mente quede moldeada en el propio acto de enseñar y dar información.

Interlocutor: El conocimiento mismo no condiciona nuestra mente. Es nuestra actitud hacia el conocimiento lo que la condiciona; el solo tener los hechos en la cabeza no condiciona la mente.

Krishnamurti: ¿Por qué debo llevar los hechos en mi mente? Ellos están en la enciclopedia, en los libros -¿por qué debo llevar todo esto en mi mente?

Interlocutor: Una gran parte de la función que corresponde a la mente está en un nivel donde el conocimiento es necesario como una herramienta.

Krishnamurti: Si yo quiero construir un puente, debo tener cierto conocimiento y experiencia, necesito información técnica. Utilizo ese conocimiento para construir un puente. Veo la necesidad de retener ciertos conocimientos en la mente, ¿pero cómo he de evitar que el ingeniero abuse de ese conocimiento diciendo: «Utilizaré esto para mi propio progreso»? ¿Es ése el problema?

Interlocutor 1: Sí, es el abuso.

Interlocutor 2: ¿No lo es también el hecho de que la mente no puede permanecer quieta? Uno sale a pasear y está pensando en el puente, no mira los árboles.

Krishnamurti: Pero si he de construir un puente tengo que pensar mucho acerca de eso.

Interlocutor: Parecería que cuanto más conocimiento e información puedo llevar con comodidad en la mente, tanto mejor estoy, porque no tengo que buscarlos en un libro. Puedo referirme a ellos con mucha facilidad.

Krishnamurti: ¿Cuál es, entonces, la función del conocimiento? Aquí están ustedes enseñando matemática, geografía, biología, etc.; ¿qué función tiene ello en la vida?

Interlocutor: Es una herramienta que el individuo puede usar en la acción.

Krishnamurti: Acción en una dirección particular.

Interlocutor: El conocimiento es el trasfondo desde el cual uno se mueve en la acción, sea que ese conocimiento proceda de la experiencia o de en libro.

Krishnamurti: Ayer estuve hablando a unos padres en Londres. Tienen un hijo de diecinueve años. Cuando tenía dieciocho estaba asistiendo a la universidad y súbitamente abandonó todo, se dedicó a las drogas, entregó cuanto dinero tenía a un gurú particular y medita una hora por día. Los padres están preocupados y preguntan: «Qué va a pasar con él?»

¿Qué va a pasar con estos muchachos y chicas que tenemos aquí después de que ustedes les hayan enseñado, les hayan proporcionado toda la información acerca de arte, música, geometría, historia e inglés ‑ lo que sea? Habrán adquirido todo ese maravilloso conocimiento técnico, ¿y luego qué pasará con ellos? ¿Los convertirá eso en amanuenses glorificados de una sociedad podrida? ¿Para qué? Si un muchacho no va a la universidad a fin de adquirir un titulo, encuentra muy difícil conseguir un trabajo, a menos que posea alguna cualidad particular. Entonces, ¿qué es lo que estamos tratando de hacer? Les proporcionamos todo ese conocimiento y luego dejamos un campo inmenso, la otra parte de la vida, completamente descuidado. ¿Saben lo que quiero decir?

Interlocutor 1: No sé si ese campo está completamente descuidado. Durante el transcurso de esto los estudiantes descubren qué es lo que les gusta hacer, a qué pueden dedicar sus energías. Ellos van descubriendo poco a poco en qué pueden ocupar sus vidas.

Interlocutor 2: También entran en contacto con otros valores, porque escuchamos junto con ellos las pláticas de usted y, hasta donde podemos, las aplicamos en nuestra relación con el estudiante.

Interlocutor 3: Pero el estudiante tiene que lograr el sentimiento de un propósito en la vida que vaya más allá de las realizaciones intelectuales que le ocuparán su vivir cotidiano. El ha de ver el cuadro completo del vivir: “¿Para qué estoy viviendo?”

Interlocutor 4: ¿Puede una persona joven contestar a esa pregunta?

Interlocutor 5: Nosotros podemos empezar a inquirir...

Interlocutor 6: Existe muchísima incertidumbre en los jóvenes ‑ en las mentes de otras personas también - cerca del área en que el conocimiento es bueno y útil y dónde está fuera de lugar, dónde se descarría. Yo pienso que la confusión entre estos dos aspectos surge constantemente entre los jóvenes y entre las personas que le escuchan a usted o que han leído sus libros. En cierto modo eso está claro y, no obstante, hay confusión acerca de dónde está la frontera entre ambos aspectos del conocimiento.

Krishnamurti: ¿Puedo plantear la cuestión de manera diferente? ¿Cuál es la función de un maestro?

Interlocutor: Indicar un modo de viví.

Krishnamurti: Aparte de «El maestro es el discípulo», ¿cuál es la función de un maestro?

Interlocutor: ¿Sería posible inspirar al estudiante con la clase de energía que le permita después continuar por sí mismo?

Krishnamurti: ¿Inspira usted a sus estudiantes? No me agrada esa palabra «inspirar». Yo no quiero inspirar a nadie -¿quién soy yo?

Interlocutor: Uno no los inspira, los deja librados a su propia energía. Uno remueve la cosa que está estorbándolos.

Krishnamurti: ¿Es ésa la función de un maestro? -¿hacerlos estudiar, inspirarlos, alentarlos o estimularlos para que estudien cuando ellos no están interesados? Usted dice que debemos ayudarlos a encontrar su propósito en la vida.

Interlocutor: A descubrir lo que la vida es, en el sentido de ver dónde yo, como individuo, encajo en la totalidad de la vida.

Krishnamurti: Mire lo que está ocurriendo en el mundo. Miles de estudiantes dejan la universidad y se dedican a las drogas, al sexo ‑ individualmente o en grupos -, se escapan, se incorporan a comunidades espantosas, a sectas, se afeitan las cabezas, danzan en las calles, entregan todo su dinero a un gurú.

Interlocutor: Eso ocurre porque no han tenido la educación adecuada.

Krishnamurti: ¿Nosotros les estamos dando la educación adecuada?

Interlocutor: Si lo hacemos, ellos no harán estas cosas.

Krishnamurti: No, no se trata de que ellos no lo harán. ¿Qué estamos nosotros tratando de hacer como maestros? Les damos comida vegetariana, les pedimos que se levanten a tiempo, que sean limpios, que mantengan aseado su cabello; intentamos decirles que se adapten. ¿Qué es lo que básicamente intentamos hacer aquí?

Interlocutor: Lo principal es estar alerta a nuestro condicionamiento en la relación que establecemos con el niño.

Krishnamurti: No.

Interlocutor: Tal como está la situación, tenemos que consumir mucho tiempo en la relación con los niños, señalándoles todas estas cosas que ellos hacen diariamente, como el correr por las galerías. De ese modo una está casi obligada a deteriorar su relación con el niño. Ya lo ve, un niño no tiene aquí una madre, tiene veinte, treinta madres ‑ todas se turnan para señalarle qué es lo que está haciendo mal. Lo que deseo saber es qué clase de educación, qué modo de acercarnos al niño haría que éste ya no quisiera correr más por las galerías.

Krishnamurti: No. Me gustaría considerarlo de este modo ‑ puedo estar equivocado. Usted sabe lo que está ocurriendo en el mundo; políticamente todos los gobiernos están corruptos, realmente corruptos, no en la superficie sino profundamente. Y están todos esos gurús que recorren el mundo recogiendo dinero y seguidores, deformando las mentes de los jóvenes; hay drogas de diversos tipos, hay ejércitos, hay negocios. Viendo lo que ocurre, no de manera abstracta sino de hecho, ¿qué es lo que estamos tratando de hacer con estos niños? ¿Hacerlos encajar en eso?

Interlocutor: En parte, hacer que vean todo eso tal como es; ello está, de cierta manera, reflejado en nuestro propio medio

Krishnamurti: No, seamos un poco más concretos en esto, un poco más directos. ¿Qué es lo que nosotros tratamos de hacer?

Interlocutor 1: Yo quiero alentarlos a mirar la vida con mayor seriedad. Ellos parecen muy indiferentes y dejados, en particular los más jóvenes.

Interlocutor 2: Los momentos cuando la educación tuvo para mí más significado fueron aquellos en que mi horizonte mental experimentó súbitamente una expansión debida a la influencia de un maestro, o de algún impacto cultural. Fue una expansión del sentido de los valores que colocó las cosas en perspectiva.

Interlocutor 3: Lo fundamental es el sentido de los valores en un mundo donde pasa cualquier cosa.

Interlocutor 4: ¿No estamos tratando de descubrir un modo de vida diferente; Se han puesto en marcha sistemas de vida tan feos, como el de hacer lo que a uno se le venga en ganas ‑tan superficial, tan carente de sustancia. Puede que haya para el niño otra manera de vivir en la que exista una profundidad infinita.

Interlocutor 5: La personalidad de aquél que le trae algo al niño, tiene que ser aceptable para él. El niño percibe que somos personas más bien comunes ‑no veo por qué debería escucharnos. Yo siento que, en primer lugar, tenemos que dar origen a una nueva cualidad en nosotros mismos.

Interlocutor 6: ¿Sí, Doris? ¿En primer lugar para nosotros mismos.

Interlocutor 7: Sí, yo creo que sí.

Krishnamurti: Ciertamente, no.

Interlocutor 1: No en sentido egocéntrico sino que, en primer lugar, se trata de descubrir con certeza para nosotros mismos una manera realmente mejor de vivir juntos.

Interlocutor 2: Bueno, si descubrimos eso para nosotros mismos, ¿no lo estamos descubriendo como una totalidad, y no sólo para cada uno de nosotros en particular?

Interlocutor 3: Nada es para nuestra propia persona, por supuesto; no estamos tratando de glorificar sutilmente nuestros yoes individuales, al contrario. Pero yo siento que la cualidad existencial en cada uno de los que estamos aquí, debería ser inmensamente más vital.

Krishnamurti: «Debería ser» - ¡ahora estamos perdidos!

Interlocutor: ¿Pero qué hemos de hacer?

Krishnamurti: Quiero atacar el problema. Aquí estoy, un maestro -¿qué estoy tratando de hacer?

Interlocutor: Muchos de los estudiantes ya se dan cuenta de los acontecimientos del mundo exterior; yo pienso que es por eso que algunos de los mayores entre ellos están cuestionando la corrupción del gobierno.

Krishnamurti: Sí, ¿entonces qué? Cuando ellos se enfrenten a todo esto, cuando salgan al mundo, ¿serán absorbidos por él? ¿O dirán meramente: «Lo siento, no tendré nada que ver con eso», y se alejarán del mundo?

Interlocutor: Tienen que descubrir por sí mismos.

Krishnamurti: ¿Cómo lo descubrirán, qué les dará la luz, el discernimiento para decir: «No haré eso»?

Interlocutor 1: Eso es lo que intentadas hacer aquí, y es eso también lo que ellos exigen.

Interlocutor 2: Esa es la razón por la que algunos de nosotros vinimos aquí.

Krishnamurti: Ahora seamos claros - ¿es eso lo que estamos tratando de hacer? ¿Ayudarlos a que vean «lo que es», la corrupción, etc., y a que no caigan en modo alguno dentro de esa trampa?

Interlocutor: Eso es sólo una parte de ello.

Krishnamurti: ¿Cuál es la otra parte? ¿Darles conocimientos? ¿Ayudarlos a que tengan valor para combatir? Yo hablé con el director de una de las escuelas de la India. Le pregunté: «Usted ha estado haciendo esto por cerca de cuarenta años, ha consumido su vida en esto, ¿ha valido la pena?» Contestó: «Sí». Entonces le pregunté: «En todos estos cuarenta años, ¿ha habido algún muchacho o alguna chica que sobresalieran, que no entrara en esta terrible ciénaga de iniquidad?» Contestó: «No lo sé, fueron muy pocos». Entonces le dije: «¿Usted quiere decir que en los cuarenta años que pasó aquí sólo uno o dos han evitado eso?»

Interlocutor: ¿Dónde está la dificultad, en el maestro o en el alumno?

Krishnamurti: En ambos. Usted carece del material. Si uno quiere hacerse un buen traje, necesita tener un buen material.

Interlocutor 1: Yo diría que el material ya está algo deformado.

Interlocutor 2: No es en modo alguno bueno si uno no acepta cualquier material que pueda encontrar en todas partes; todo se va por la borda si usted solo aspira a tener lo mejor. Pero tome al primer niño que pueda sacar de los barrios bajos de Londres. Si eso puede hacerse de algún modo, puede ser hecho con ese niño.

Interlocutor 3: Yo no emplearía esa frase ‑buen material o mal material- simplemente diría que todos son seres humanos.

Interlocutor 4: Ello implica, entonces, que la sociedad está compuesta por seres humanos cuya intención es, en todos los casos, hacer la cosa correcta, actuar intuitivamente, ser sensibles, atentos, estar conscientes con respecto a sus acciones. Si así fuera, entonces me parece que eso anula el propósito de tener una escuela como ésta, si tomamos simplemente la masa de la humanidad y decimos que la intención de cada uno es estar despierto y ser sensible, que la influencia juega en papel tan pequeño. Pienso que, indudablemente, existe una diferencia. Creo que es una cuestión de quién viene aquí ‑ trátese de todo el personal o del estudiante - y cuál es la intención de ellos al estar aquí.

Interlocutor 5: Hay algunos que han mostrado una predisposición a vivir de un modo diferente, han demostrado interés. Ya hay una inteligencia.

Krishnamurti: Ahora bien, ¿qué parte juega en eso el conocimiento?

Interlocutor: Una flor, un perro, no tienen conocimiento y, por lo tanto, viven la clase de vida que les corresponde. Uno necesita el conocimiento; el modo en que uno usa ese conocimiento da la medida del que lo usa.

Krishnamurti: Por lo tanto, usted dice que lo realmente importante es el modo en que un ser humano usa el conocimiento.

Interlocutor: No, no puede ser eso.

Krishnamurti: ¿Por qué no?

Interlocutor 1: El conocimiento no juega un papel en el ser verdadero.

Interlocutor 2: Vivir correctamente no depende en absoluto de ninguna clase de conocimiento.

Interlocutor 3: Pero el vivir mismo depende del conocimiento.

Interlocutor 4: ¿De qué clase de conocimiento estamos hablando?

Krishnamurti: Digamos a qué clase de conocimiento nos referimos.

Interlocutor: Al conocimiento académico, el conocimiento científico; éste forma parte de lo que somos. En este momento lo estamos usando para discernir, si lo prefiere.

Krishnamurti: Llamémoslo conocimiento académico; ésa es una cosa. El conocimiento de cómo vivir usando ese conocimiento, es otra cosa. ¿O el conocimiento es la cosa total? ¿Y dónde interviene en esto la libertad, la espontaneidad? Está el conocimiento académico; si yo aprendo acerca de mí mismo y utilizo ese conocimiento acerca de mí mismo, en ello no hay libertad. No sé si estoy comunicando esto.

Interlocutor: ¿Dice usted que Acto necesita del conocimiento académico para aprender sobre sí mismo?

Krishnamurti: No. ¿Debo ir a la universidad para aprender acerca de mí mismo?

Interlocutor: Pero el ir a la universidad no impide que usted se conozca a sí mismo.

Krishnamurti: Por lo tanto, está el conocimiento propio y está el conocimiento académico, el cual es siempre el pasado, sumando, restando, moldeándose a sí mismo ‑todo eso. Si digo: «Yo me conozco a mí mismo», ése es el conocimiento que he adquirido observándome a mí mismo. Eso no me da libertad ‑todavía estoy atrapado en el conocimiento de mí mismo.

Interlocutor: En la idea que tengo de mí mismo.

Krishnamurti: Sí, señor.

Interlocutor: Eso es usar los métodos del conocimiento científico y aplicarlos al conocimiento de uno mismo; ése es el problema.

Krishnamurti: No. Supongamos que alguien nunca ha estado en la universidad; él puede aprender acerca de sí mismo en su relación con todo el mundo.

Interlocutor: ¿Pero construye él sobre eso, o debe desprenderse de lo acumulado?

Krishnamurti: En el momento en que lo acumula, eso se vuelve un impedimento y, por lo tanto, él nunca es libre. Me pregunto si me estoy expresando con claridad.

Interlocutor: ¿Dice usted que en el aprender acerca de uno mismo hay dos cosas? Una es recoger los pequeños hechos que incumben a uno mismo, almacenarlos y decir: “Yo hago esto y esto». La otra es una percepción de ese proceso total a una profundidad recóndita en la cual súbitamente uno ve la cosa completa y entonces ha terminado con ella.

Krishnamurti: Lo cual nada tiene que ver con la acumulación de conocimientos sobre usted mismo.

Interlocutor: Usted quiere decir que uno ve a en grado tal que todo el conocimiento de los trozos pequeños puestos juntos desaparece porque uno los ha visto.

Krishnamurti: Usted ve la totalidad de sí mismo...

Interlocutor: ...y, por lo tanto, tengo libertad.

Krishnamurti: Correcto. Eso es libertad. Si aprendo acerca de mí mismo y digo: «No debo hacer esto, debo hacer aquello» ‑ usted sabe, todas las pequeñas cosas insignificantes que se suceden- ese conocimiento va a mutilarme completamente: no me atreveré a hacer nada con libertad, con espontaneidad. Ahora creo que empezamos a ver cuáles son las diferentes clases de conocimiento. Qué es, entonces, lo que tratamos de crear en el estudiante? No sólo enseñarle conocimiento libresco, eso está entendido. ¿Qué es, entonces, lo otro? ¿Están tratando de ayudar al estudiante a que se conozca poco a poco? -¿coleccionando el conocimiento de sí mismo por medio de pequeñas acciones? ¿O tratamos de ayudarle para que pueda discernir en la totalidad de ello? Pienso que esto es importante. ¿Cómo ha de tener él un discernimiento interno total de modo que todo ocupe el lugar que le corresponde? ‑ todas las pequeñas cosas ‑ cómo comportarse, cómo establecer buenas relaciones, todo cae en su lugar. Ahora bien, ¿cómo le comunicaré esto y cómo le ayudaré al respecto?

Interlocutor: Si uno señala una acción, un proceso en tiempo presente, pareciera que uno mismo debe integrar eje proceso; uno debe estar explorándolo activamente en sí mismo; de otro modo eso se vuelve simplemente en hecho más que se agrega a todos los otros.

Krishnamurti: Simplemente otra serie de ideas; comprendo eso. Escuche: yo estoy enseñando matemática y también le estoy diciendo al estudiante que se levante temprano, que se acueste a la hora indicada, que coma adecuadamente, que se lave, etc. Y, no obstante, quiero ayudarle a que tenga un discernimiento que lo capacite para levantarse a la hora apropiada y para hacer con facilidad todas las otras cosas. Hay, pues, tres cosas en las que estoy involucrado: el saber académico, el decirle qué hacer y, al propio tiempo, decirle: «Mire, si usted logra el discernimiento, todo caerá en su lugar». Tengo las tres corrientes fluyendo juntas y en armonía. Ahora, ¿de qué modo comunico esto? ¿Cómo he de ayudarle?

Interlocutor: El debe ver dónde encajan todas ellas.

Krishnamurti: No. No. De nuevo lo está encajando en esto. Entonces él dirá: «Muy bien, encajaré en esto».

Primero mire el problema. El saber académico es una corriente. La otra son los detalles tales como, «Levántese, no haga esto, no haga eso» ‑que usted también debe atender. Y la tercera corriente consiste en decir: «Mire, tener esa suprema inteligencia significa que usted se comportará instintivamente del modo correcto». Deje que las tres corrientes se deslicen juntas y en armonía.

Interlocutor: Es muy difícil que...

Krishnamurti: No, no diga que es difícil, no diga nada, primero mire la cosa. Si usted dice que es muy difícil, ahí ha terminado todo.

Interlocutor: El tercer elemento es un concepto.

Krishnamurti: No, no es un concepto, no es una idea ‑concepto significa una idea, una conclusión. Yo veo tres cosas: el discernimiento de la inteligencia, la conducta en los detalles y el saber académico; y siento que ellas no se mueven en conjunto, no forman un río armonioso. Por lo tanto, me digo: ¿qué he de hacer, cómo enseñar estas tres cosas de modo tal que constituyan una totalidad? Cuando usted escucha esto saca una conclusión y dice: «Si, acepto eso como una idea». Yo digo que no es una idea. Entonces ello se vuelve difícil y usted dice: «No sé qué hacer». Pero si eso es una realidad, ¿cómo he de comunicar la realidad de eso ‑ no la idea - al estudiante? Personalmente, yo jamás he tenido un problema o un conflicto con relación a todo esto.

Ahora bien; en mi condición de maestro, viviendo aquí en una relación más bien intima con los estudiantes ‑ íntima en el sentido de un contacto cotidiano -, ¿cómo he de mostrarles esto? Les hago una pregunta a ustedes. ¿cómo le mostrarán esto al niño? ‑pero no como una idea. Si eso es una idea, entonces quiere decir que ustedes deben practicarla, deben luchar con ella ,entonces comienza todo ese desatino.

Interlocutor: Bueno, si eso tiene significado para mí, entonces es significativo.

Krishnamurti: ¿Es significativo para usted?

Interlocutor: Es muy, muy significativo.

Krishnamurti: ¿En qué sentido? ¿Cuándo usa usted la palabra «significativo»?

Interlocutor: Yo siento que estos tres elementos son extremadamente importantes.

Krishnamurti: Lo lamento, me niego a decir que eso es importante.

Interlocutor: Lo es.

Krishnamurti: Bien, ¿cómo lo comunica al estudiante?

Interlocutor: Es seguro que la belleza del discernimiento se comunica a sí misma ­‑ la pura belleza de ello.

Krishnamurti: Señor, ¿sabe lo que está diciendo? Yo no quiero escuchar, estoy mirando a ese pájaro y usted dice: «Vea la belleza de esto». Que la semilla fructifique en él. ¿Cómo va usted a plantar esa semilla? ¿Comprende?

Interlocutor: Sí, comprendo. Pero también veo que si uno solamente puede plantar la semilla, y si en la relación no se encuentran una mente equilibrada con otra mente equilibrada, entonces nada surge de ello.

Krishnamurti: Estoy de acuerdo. Bien, ¿cómo se propone usted que eso ocurra? Tome un muchacho, usted le ayuda, le da todo lo que necesita en el sentido de un buen ambiente y alimento adecuado, le dice lo que tiene que hacer, le enseña académicamente, etc.; entonces algo sucede y todo fracasa absolutamente para el muchacho por el resto de su vida. Se dedica a la bebida, a las mujeres o a las drogas, trampea, hace las cosas más espantosas que sea posible ‑ está terminado. He visto suceder esto. Si usted planta una semilla en la tierra, ella puede morir, pero la semilla misma es la verdad del árbol, de la planta. Ahora bien, ¿puede hacerse esto con nosotros, con los niños, con usted y conmigo?

Interlocutor 1: Hay algo que puede hacerse; por definición, eso no puede ser medido.
Interlocutor 2: Un niño viene aquí por un tiempo muy corto y procede, tal vez, de un ambiente muy perturbado; sólo podemos ofrecerle lo que tenemos. Si somos bastante equilibrados, si somos muy serios a ese respecto, si existe una relación adecuada, él se lleva esto consigo cuando sale y penetra en el mundo.

Krishnamurti: Usted dice: «Si somos serios, si somos equilibrados» - ¿pero lo somos?

Interlocutor: Creo que ésa es una de las cosas básicas que estamos cuestionando.

Krishnamurti: ¿Soy yo, lo es usted, somos nosotros básicamente serios y equilibrados? ‑ lo bastante serios para decir: «Mire», y comunicarlo verbal y no verbalmente?

Interlocutor: Señor, eso es lo que quise significar por belleza ‑ la comunicación no verbal.

Krishnamurti: Para comunicar algo de manera no verbal uno debe ser asombrosamente claro en sí mismo, límpido, y debe tener esa genuina seriedad, todo eso que acabamos de decir. ¿Soy yo así, lo es usted?

Interlocutor: ¿No estamos enseñando y aprendiendo juntos? ¿No prestamos atención a cada detalle de lo que sucede durante el día? De modo que todo el tiempo uno toma el hecho que se presenta por sí mismo. Debido a De uno siente esto con tanta intensidad, la fuerza está ahí y entonces uno puede encararse con cada momento del día. Y eso no es censura; es discernimiento, si prefiere definirlo así. Y ello también está ligado con el conocimiento.

Krishnamurti: Entiendo eso. Pero yo estoy tratando de descubrir cómo puedo comunicar esta cosa ‑las tres corrientes moviéndose juntas.

Interlocutor: Uno encara el hecho. Para tomar un ejemplo: alguien preguntó. “¿Puedo armar la tienda?”, y yo le dije: “No la ponga cerca de la carretera”. Ella contestó: “¿Por qué no? Soy una persona libre”. En otras palabras: “Usted no tiene que decírmelo”. Así que le expliqué a esa persona por qué. Uno lo examina de modo que ella comprenda la situación, que es factual; eso incluye el lado académico, y también interviene la entonación de la voz.

Krishnamurti: Lo sé.

Interlocutor: Así, ello es tratar todo el tiempo con cosas que no están separadas.

Krishnamurti: ¿Será esto comunicado al estudiante?

Interlocutor: A veces sí y otras veces no. Uno tiene que trabajar en ello y volver a investigarlo.

Krishnamurti: Dice usted, entonces, que uno debe estar en eso todo el tiempo.

Interlocutor: Todo el tiempo. No en el sentido de: “Usted no ha hecho eso”. Eso es encasillar las cosas, es mezquino y provoca un sentimiento erróneo, no discernimiento. Es como si usted entrara en una habitación y dijera: “No lo haga de ese modo”.

Krishnamurti: Veo eso. No lo estoy cuestionando, pienso que todo está muy bien ‑no digo esto con un sentido de superioridad.

Interlocutor: El otro lado de la cuestión es que, si sólo permanecemos en ese nivel y eso se convierte en el elemento con el cual estamos trabajando en la relación con el otro, si es así, entonces eso nos vuelve otra vez a nosotros mismos y a nuestra relación ‑ una relación equilibrada entre personas equilibradas, si es que tal cola es posible. Si no, ello es siempre una medida correctiva y nunca una acción penetrante, una relación en profundidad.

Krishnamurti: Sí, señor.

Interlocutor 1: ¿No está esa misma acción en un nivel penetrante, profundo?

Interlocutor 2: Eso depende de que ello llegue a ese nivel y uno pueda sentirlo. Tal vez yo esté hablando demasiado acerca de un ejemplo especifico, porque conozco la situación y conozco a ese niño y conozco mi propia relación con el niño a ese nivel. Quizás estoy cuestionando si esa relación ha penetrado alguna vez la superficie. Yo no siento que eso sea siempre verdadero en la relación con un niño pequeño. ¿Tenemos el derecho de seleccionar y decir: parece que existe una posibilidad de discernimiento en un niño, y de que en otro niño esa posibilidad no existe? ¿Rechazamos al niño, o decimos: esto es lo que necesita este niño y lo referimos a eso?

Krishnamurti: Tome a cada niño por separado.

Interlocutor: De eso se trata.

Krishnamurti: Señor, todo lo que usted ha dicho es correcto. ¿Hay una manera diferente de abordar esto? Lo que quiero decir es muy difícil ponerlo en palabras. ¿Puede esta semilla fructificar sin que usted haga nada al respecto? Nosotros hacemos algo a ese respecto: mi relación con el niño, el modo en que me comporto, lo que hago, lo que soy ‑ sentimental o equilibrado - el aprender acerca de mí mismo para después ayudar al niño ‑ todo eso. Conocemos todo eso como si fuera, probablemente, el único camino. Yo pregunto si existe, de alguna manera, otro camino por el cual esta cosa ocurra sin que nosotros hagamos algo al respecto ‑que aún así eso tenga lugar.

Interlocutor: Seguramente debe existir, en cualquier verdadera relación...

Krishnamurti: Usted está trayéndolo a la relación...

Interlocutor: ¿Hay un modo por el cual una persona tenga una comprensión profunda con respecto al significado de su vida? ¿Es posible ver...

Krishnamurti: ... la cosa entera instantáneamente.

Interlocutor: Por supuesto que debe ser posible.

Krishnamurti: ¿Cómo?

Interlocutor: Ciertamente, una relación en una situación cualquiera es, a este respecto, sólo algo secundario ‑ el discernimiento lo es, por definición, en sí mismo. Por lo tanto, si hablamos de la educación como de algo que básicamente es comprensión de uno mismo y percepción alerta, entonces una comunidad, un medio ambiente, una relación pueden indicar algo; pero el individuo debe ver ‑eso tiene que ser el origen- que ello procede de adentro, no de afuera.

Krishnamurti: Entiendo todo eso. Yo estoy tratando de averiguar otra cosa. Un estudiante viene aquí terriblemente condicionado, o la familia está dispersa ‑esto y lo de más allá. Y yo, como maestro, también vengo aquí condicionado. Estoy aprendiendo acerca de mí mismo, ayudándolo en nuestra relación, soy tranquilo, sereno, etc. Estoy descondicionándome y descondicionándolo en nuestra relación. Conocemos eso, lo hemos discutido, lo hemos visto. Ahora me pregunto: ¿existe un modo de hacer algo que produzca la semilla que debe fructificar naturalmente en la persona?

Interlocutor: Lo que usted trata de decir es. ¿existe un modo de hacerlo cuando una persona no puede hablar por usted? ‑sin embargo usted me muestra el modo. ¿Es eso lo que usted quiere significar?

Krishnamurti: No del todo. Señor, ¿podemos producir un milagro?

Interlocutor: Esa es la cuestión.

Krishnamurti: Espere ‑¿usted comprende, señor?

Interlocutor: ¿Necesitamos producir en milagro? ¿O simplemente...

Krishnamurti: Pienso que ambas cosas están involucradas ‑ un milagro también es necesario. ¿Comprende lo que quiero significar por milagro? No me refiero a algo como lo de Lourdes.

Interlocutor: ¿Usted dice: si la semilla está ahí tal corno la semilla en la tierra, y las condiciones son convenientes, entonces ella florecerá?

Krishnamurti: No, no lo entiendo de ese modo. Sabemos que el niño, así como el maestro, viene aquí condicionado y tiene que aprender a descondicionarse a sí mismo. Este descondicionamiento significa: el lado académico, la conducta en los detalles así como el ver la totalidad, todo eso marchando juntamente. Eso es lo que trato de comunicar al estudiante y en ello estoy aprendiendo cómo vivir de ese modo. Eso toma demasiado tiempo. Así que me digo: «Un milagro debe ocurrir para cambiar eso instantáneamente». Puede que ambos sean necesarios a un tiempo ‑el milagro así como lo otro. ¿Podemos producir ambos? Pienso que podemos. Y eso ocurre, si, como usted acaba de decirlo, somos equilibrados, serios ‑ lo que significa no sentimentales, no verbales, no imaginativos sino factuales - si tratamos con ello de ese modo, el milagro se presenta.

Interlocutor: Eso es casi el milagro ¿no es cierto?

Krishnamurti: Sí, señor. Pienso que eso es lo que se necesita aquí ‑ un milagro en ese sentido. Eso sólo puede ocurrir si de verdad somos tremendamente serios y estrictamente factuales. ¿Podemos comunicar al estudiante lo factual? ‑ nunca lo ideal, nunca lo que «deberíamos ser» y el sentimiento implícito en lo que «debería» ser. Pienso que entonces el milagro se produce. Si usted me dice que soy un tonto y veo eso como un hecho, entonces ocurre el milagro. Todos nosotros nos hemos educado sobre la base de «lo que debería ser», sobre las ideas, una manera sentimental de vivir, y estos muchachos y chicas también están acostumbrados a eso; ellos afrontan los hechos sólo por un rato y los convierten en sentimiento. ¿Podemos comunicarles que nunca deben entrar para nada en ese campo?

Interlocutor: Eso significa que, como comunidad debemos descartar todo eso por completo porque de otro modo nuestra relación es una constante interpretación de la conducta ajena en vez de ser una verdadera percepción alerta y una comprensión profunda de las cosas.

Krishnamurti: Sí, absolutamente.

Principios del Aprender

Primera Parte, Capítulo 15

25 de mayo de 1973
Reunión con el cuerpo de profesores solamente

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